19 de junio 2020    /   CREATIVIDAD
por
 David González

Riccardo Falcinelli: «Los colores neutros abundan en el diseño del hogar porque dan sensación de espacio a pisos cada vez más pequeños»

19 de junio 2020    /   CREATIVIDAD     por          David González
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La tradición de pintar las casas de blanco en Andalucía se remonta a la época romana y musulmana, pero se hizo aún más popular en el siglo XIX, cuando la cal se recomendó como desinfectante para protegerse de enfermedades y epidemias. Tal fue la belleza del resultado, que cuando hubo que atraer a los primeros turistas, se pintaron pueblos enteros como reclamo. 

Ni el significado de los colores ha sido siempre el mismo ni han existido todos siempre. Sin embargo, el uso que hacemos de ellos suele estar cargado de una importancia simbólica. El diseñador Riccardo Falcinelli (Roma, 1973) ha escrito en Cromorama (Taurus, 2019) una investigación sobre el origen de los colores, sus significados y las convenciones sociales que los sustentan.

La revolución industrial cambió por completo el mundo del color, puso cualquier combinación al alcance de la mano por el mismo precio. ¿Qué nos espera en el futuro?

El futuro lo veo muy luminoso, muy bueno. Especialmente por los ordenadores y los teléfonos. Si viene una revolución en los próximos años será más por los materiales que por los colores propiamente dichos. Nuevos materiales, nuevas superficies. 

Pero esos colores salidos de la revolución industrial son planos; en el Renacimiento el mismo color no era igual nunca, dependía del autor que lo hubiera mezclado. ¿Dónde estaba realmente la riqueza o la escasez cromática?

La riqueza cromática la tenemos hoy. Actualmente, podemos pensar en el color de muchas maneras diferentes. Hay colores planos, pero también reflectantes, están los colores brillantes del medio digital… Si somos conscientes de todas las posibilidades que hay, es fácil deducir que el color hoy ofrece múltiples variantes. De hecho, cuando observas un cuadro de la Edad Media y te das cuenta de que los colores planos no existen, si eres consciente es porque puedes comparar. No tienes más que mirar la pantalla de tu smartphone o cualquier superficie plástica que tengas a mano y ver que es diferente a la paleta de colores de un cuadro antiguo. Esto, en el pasado, era absolutamente imposible. No tenían con qué comparar, no sabían que un color podía ser plano. La mayoría de la gente no es consciente de esto. Cuanto más compleja se vuelve la sociedad, más complicada es entenderla en términos estéticos. 

Otra cosa es que hoy estemos rodeados de colores más estandarizados. Estoy seguro de que hay grandes artistas en esta época, pero en el arte convencional hay una estandarización y si el color está estandarizado, la obra que vemos se estandariza de alguna forma. Igualmente, también hay mucha gente que parece igual. Copias unos de otros. Es algo inevitable, es lo que yo llamo la democracia anarquista. Tengo un estudio de diseño gráfico y recibo muchos porfolios de ilustradores. El noventa por ciento de ellos es siempre lo mismo. No puedes distinguir uno de otro. Hoy hay mucha gente que diseña, que dibuja, que crea y, lógicamente, verdadero talento tienen muy pocos. 

En tu libro es muy interesante la historia del color azul, un invento relativamente reciente, según cuentas.

Es un color muy moderno en el arte, el diseño, la moda y este tipo de cosas, porque antes del siglo XV era casi imposible de conseguir. Hasta el Renacimiento no empezaron a utilizar lapislázuli para elaborar pintura y era una piedra muy cara. Solo se podía conseguir en Afganistán, algo que no ha cambiado. Allí están todas las reservas, solo hay un poquito más en Chile. En el Renacimiento, traer algo de tan lejos lo convertía en un material tan caro casi como el oro. Por eso, los cuadros con azules eran muy apreciados, valiosos e importantes, y este color se reservaba para la Virgen, la Madonna, etc… 

En los siglos XVIII y XIX este color empezó a ser más accesible porque se pudo elaborar por otros métodos y extraer de otras fuentes, como el azul de Persia. En ese momento se convirtió en un color espiritual. En la cultura romántica, por ejemplo, siempre aparece en muchas situaciones y personajes como sinónimo de un valor absoluto. 

Con la ropa siguió un camino parecido. Al principio era muy caro teñir materiales de azul. Si alguien se vestía de ese color es porque era muy rico. Por eso madame Bovary va vestida de azul. Sin embargo, a nosotros hoy ese detalle no nos dice nada. Nos parece una mera descripción de su atuendo, pero cuando salió el libro, el detalle de que fuese de azul significaba que pertenecía a un contexto concreto económico, social y cultural. Era especial, no era solo un personaje común. 

¿Así llegó a La bella y la bestia de Disney?

Claro, los estudios de animación investigan mucho. Cuando los niños y la mayoría de la gente ve dibujos animados, incluso los videojuegos, no es consciente de la documentación que hay detrás de estos productos. Mis alumnos me hacen mucho esta pregunta: ¿por qué se hace un trabajo de investigación de los símbolos si luego nadie se da cuenta? Yo creo que tiene que ver poco con el público y más con el diseñador. Cuando estás trabajando, si te apoyas en la documentación vas encontrando ideas que ensanchan tu imaginación. En este caso, decidieron vestir a la bestia como Werther, el personaje de Goethe, que es un héroe romántico. Supongo que fue así porque los diseñadores necesitaban un punto de partida desde el que empezar. 

En este caso se puede malinterpretar que vaya de azul, porque no sería debido a la tradicional división de sexos por la que ellos tienen que ir siempre de azul; un criterio, por cierto, que dices en el libro que es muy reciente, muy poco tradicional. 

Todo el mundo se ha quedado muy sorprendido con ese dato, quizá tanto como yo al descubrirlo. Es algo que pone de manifiesto el valor de las convenciones sociales con las que vivimos, que de algún modo es lo que he querido reflejar en mi libro. Vivimos en un mundo en el que el rojo es pasión, el negro la muerte, el azul es para chicos y el rosa para chicas. Con mi libro, he tratado de explicar en 500 páginas que nada de esto es necesariamente cierto. Son convenciones. 

Lo del rosa y el azul es muy sencillo. Hace cien años los niños iban vestidos de rosa, porque era una versión más suave del rojo, el color de Marte, dios de la guerra. Las niñas, en cambio, iban de azul claro. Una versión suave del color del velo de la Virgen. Mi hipótesis es que todo cambió cuando la mujer del presidente Eisenhower se presentó en un cóctel con un vestido rosa, algo completamente inusual en los años cincuenta. Aquello fue rompedor y muchas mujeres se pusieron a imitarla en un momento que coincidió con el lanzamiento de Barbie al mercado. Se utilizaron esos colores para distinguir a la muñeca y rápidamente todos los competidores de la industria juguetera hicieron lo mismo con las suyas. Hasta hoy. 

Ahora hay gente que intenta evitar que sus hijas vayan de rosa

Es normal. Hubo una historia, pero todo ha cambiado y debe empezar de nuevo. Con el éxito de Frozen también muchas niñas quieren ir de azul, como hace cien años. Lo que yo sugiero con mi libro es que nada es verdad con la historia de un color. Cualquier color puede servir para cualquier historia. 

En Italia, de todos modos, la mayoría de la gente viste de azul o negro, sobre todo los jóvenes entre 13 y 20 años. Estamos en un periodo en el que los diseñadores intentan no tener en cuenta las diferencias de sexo, no es una distinción que se considere importante. En mi caso, mi hijo tiene tres años y medio y su color favorito es el rojo. Siempre quiere ir con esos tonos y cuando le ve la gente mayor por la calle piensan que es una chica, pero es algo que no me pasa con los jóvenes. Aunque cuando empecé a trabajar en Cromorama, un compañero me dijo que cómo se me ocurría ponerme a investigar sobre los colores, que ese era un tema femenino (risas). 

Pensaba que la mayoría de diseñadores gráficos son hombres y trabajan con el color. 

En Italia a los diseñadores lo que les gusta es el blanco y negro, esos son los diseños importantes. El color para ellos es comercial. 

En el libro hablas de un fenómeno curioso, el metamerismo.

La superficie del color refleja la luz que proyectamos sobre él, pero no siempre hay la misma longitud de onda. Dependiendo de la luz que utilices, dos objetos de diferente color pueden parecer iguales. Es algo que le suele pasar a menudo a los hombres con los calcetines, se piensan que son iguales y luego van por la calle con uno negro y otro azul. A las mujeres también les pasará, pero supongo que a los hombres más. El daltonismo sí que les ocurre solo a los hombres porque depende de los cromosomas masculinos. El porcentaje de daltónicos es bastante alto, un ocho por ciento de la población. 

Por el capitalismo o la sociedad de consumo hemos terminado asociando muchos colores a sabores.

Es psicológico, nuestro cerebro juzga siempre en relación a lo que ya conoce. Hemos experimentando durante años que los colores cálidos están asociados con el sabor dulce, como las mermeladas y las tartas, que nuestro cerebro tiende a pensar que siempre debe ser así. Si le das a una persona dos vasos de una bebida exactamente igual, pero en dos colores distintos, siempre te va a decir que el rojo le sabe más dulce y el verde más ácido. Y no está sugestionado, es que es verdad. El rojo lo va a sentir más dulce realmente. Nuestro cerebro crea esa sensación a partir de lo que estamos mirando. 

¿Cómo tuvo tanto éxito Coca-Cola si es una bebida negra?

La Guiness también y mira. Pero en realidad son marrones, no negras. Coca-Cola, cuando apareció, era una bebida energética. El nombre, de hecho, viene de que contenía cocaína. En aquella época, que el color fuese tan oscuro sugería a la gente que no era un producto natural. Hoy le damos mucho valor a que lo que consumimos sea natural, orgánico, etc., pero hace cien años lo químico se consideraba mejor que lo natural. 

¿Y por qué los estadounidenses rechazan los huevos con la cáscara marrón?

La mayoría de productos que compramos en los supermercados están también organizados de forma cromática. Nuestro cerebro, como he dicho, funciona con convenciones, con costumbres, le gustan las cosas a las que estamos acostumbrados. Así se da el caso de que hay preferencias nacionales. En Estados Unidos ocurre con los huevos marrones y también con la mantequilla amarilla. No los quieren. Les viene del rechazo que les produce todo lo que es grasiento porque no quieren engordar, aunque no saben que lo que más engorda es el azúcar. 

Las golosinas de los niños son de colores luminosos.

Los colores fuertes significan que las cosas están vivas; no es sorprendente que les gusten a los niños. En la vestimenta, al crecer, mucha gente cambia esas preferencias y deja de llevar colores vivos. Quizá todavía les gusten, pero simplemente deciden evitarlos. 

Los productos de la tecnología ¿por qué son casi siempre oscuros, negros o grises?

Los colores oscuros, metálicos, negro, gris, gris oscuro comunican una sensación de eficacia. Si miras a tu alrededor, seguro que encontrarás que la mayor parte de la tecnología es negra. Ahora, aquí, en mi estudio, mi impresora es negra, mi teléfono es negro, el disco duro es negro…. Si se hace uno de estos productos con un color más claro, la sensación que trasmitirá es que se trata de un juguete o algo para niños. Es siempre la misma historia, nosotros tenemos unas expectativas que aprovecha el marketing utilizando un color concreto para un determinado punto de vista narrativo. Por ejemplo, aquí hay una licuadora que se vende en blanco, el modelo estándar; en rojo, como para jóvenes, y luego puedes comprarla en gris metálico, que te da una sensación de nivel tecnológico. Pues bien, son todas la misma máquina, pero la metalizada cuesta un treinta por ciento más. El motor es el mismo, todo es igual, solo cambia el color de fuera, pero supone una diferencia de precio. 

¿Por qué en los hogares nórdicos vemos colores suaves y en los mediterráneos mucho más fuertes?

En los colores del diseño de interiores creo que cada vez se están volviendo más exitosos los colores neutrales porque cada vez vivimos en pisos más pequeños, y el gris, beige o blanco hacen que el espacio parezca más grande. Luego hay que tener en cuenta que el sol mediterráneo hace que destaquen los colores vivos, pero en Suecia, donde la luz es grisácea, no sientes la misma necesidad de usarlos. Casi nunca el mismo color significa lo mismo en culturas distintas. La universalidad del significado de los colores creo que es muy complicada.

La tradición de pintar las casas de blanco en Andalucía se remonta a la época romana y musulmana, pero se hizo aún más popular en el siglo XIX, cuando la cal se recomendó como desinfectante para protegerse de enfermedades y epidemias. Tal fue la belleza del resultado, que cuando hubo que atraer a los primeros turistas, se pintaron pueblos enteros como reclamo. 

Ni el significado de los colores ha sido siempre el mismo ni han existido todos siempre. Sin embargo, el uso que hacemos de ellos suele estar cargado de una importancia simbólica. El diseñador Riccardo Falcinelli (Roma, 1973) ha escrito en Cromorama (Taurus, 2019) una investigación sobre el origen de los colores, sus significados y las convenciones sociales que los sustentan.

La revolución industrial cambió por completo el mundo del color, puso cualquier combinación al alcance de la mano por el mismo precio. ¿Qué nos espera en el futuro?

El futuro lo veo muy luminoso, muy bueno. Especialmente por los ordenadores y los teléfonos. Si viene una revolución en los próximos años será más por los materiales que por los colores propiamente dichos. Nuevos materiales, nuevas superficies. 

Pero esos colores salidos de la revolución industrial son planos; en el Renacimiento el mismo color no era igual nunca, dependía del autor que lo hubiera mezclado. ¿Dónde estaba realmente la riqueza o la escasez cromática?

La riqueza cromática la tenemos hoy. Actualmente, podemos pensar en el color de muchas maneras diferentes. Hay colores planos, pero también reflectantes, están los colores brillantes del medio digital… Si somos conscientes de todas las posibilidades que hay, es fácil deducir que el color hoy ofrece múltiples variantes. De hecho, cuando observas un cuadro de la Edad Media y te das cuenta de que los colores planos no existen, si eres consciente es porque puedes comparar. No tienes más que mirar la pantalla de tu smartphone o cualquier superficie plástica que tengas a mano y ver que es diferente a la paleta de colores de un cuadro antiguo. Esto, en el pasado, era absolutamente imposible. No tenían con qué comparar, no sabían que un color podía ser plano. La mayoría de la gente no es consciente de esto. Cuanto más compleja se vuelve la sociedad, más complicada es entenderla en términos estéticos. 

Otra cosa es que hoy estemos rodeados de colores más estandarizados. Estoy seguro de que hay grandes artistas en esta época, pero en el arte convencional hay una estandarización y si el color está estandarizado, la obra que vemos se estandariza de alguna forma. Igualmente, también hay mucha gente que parece igual. Copias unos de otros. Es algo inevitable, es lo que yo llamo la democracia anarquista. Tengo un estudio de diseño gráfico y recibo muchos porfolios de ilustradores. El noventa por ciento de ellos es siempre lo mismo. No puedes distinguir uno de otro. Hoy hay mucha gente que diseña, que dibuja, que crea y, lógicamente, verdadero talento tienen muy pocos. 

En tu libro es muy interesante la historia del color azul, un invento relativamente reciente, según cuentas.

Es un color muy moderno en el arte, el diseño, la moda y este tipo de cosas, porque antes del siglo XV era casi imposible de conseguir. Hasta el Renacimiento no empezaron a utilizar lapislázuli para elaborar pintura y era una piedra muy cara. Solo se podía conseguir en Afganistán, algo que no ha cambiado. Allí están todas las reservas, solo hay un poquito más en Chile. En el Renacimiento, traer algo de tan lejos lo convertía en un material tan caro casi como el oro. Por eso, los cuadros con azules eran muy apreciados, valiosos e importantes, y este color se reservaba para la Virgen, la Madonna, etc… 

En los siglos XVIII y XIX este color empezó a ser más accesible porque se pudo elaborar por otros métodos y extraer de otras fuentes, como el azul de Persia. En ese momento se convirtió en un color espiritual. En la cultura romántica, por ejemplo, siempre aparece en muchas situaciones y personajes como sinónimo de un valor absoluto. 

Con la ropa siguió un camino parecido. Al principio era muy caro teñir materiales de azul. Si alguien se vestía de ese color es porque era muy rico. Por eso madame Bovary va vestida de azul. Sin embargo, a nosotros hoy ese detalle no nos dice nada. Nos parece una mera descripción de su atuendo, pero cuando salió el libro, el detalle de que fuese de azul significaba que pertenecía a un contexto concreto económico, social y cultural. Era especial, no era solo un personaje común. 

¿Así llegó a La bella y la bestia de Disney?

Claro, los estudios de animación investigan mucho. Cuando los niños y la mayoría de la gente ve dibujos animados, incluso los videojuegos, no es consciente de la documentación que hay detrás de estos productos. Mis alumnos me hacen mucho esta pregunta: ¿por qué se hace un trabajo de investigación de los símbolos si luego nadie se da cuenta? Yo creo que tiene que ver poco con el público y más con el diseñador. Cuando estás trabajando, si te apoyas en la documentación vas encontrando ideas que ensanchan tu imaginación. En este caso, decidieron vestir a la bestia como Werther, el personaje de Goethe, que es un héroe romántico. Supongo que fue así porque los diseñadores necesitaban un punto de partida desde el que empezar. 

En este caso se puede malinterpretar que vaya de azul, porque no sería debido a la tradicional división de sexos por la que ellos tienen que ir siempre de azul; un criterio, por cierto, que dices en el libro que es muy reciente, muy poco tradicional. 

Todo el mundo se ha quedado muy sorprendido con ese dato, quizá tanto como yo al descubrirlo. Es algo que pone de manifiesto el valor de las convenciones sociales con las que vivimos, que de algún modo es lo que he querido reflejar en mi libro. Vivimos en un mundo en el que el rojo es pasión, el negro la muerte, el azul es para chicos y el rosa para chicas. Con mi libro, he tratado de explicar en 500 páginas que nada de esto es necesariamente cierto. Son convenciones. 

Lo del rosa y el azul es muy sencillo. Hace cien años los niños iban vestidos de rosa, porque era una versión más suave del rojo, el color de Marte, dios de la guerra. Las niñas, en cambio, iban de azul claro. Una versión suave del color del velo de la Virgen. Mi hipótesis es que todo cambió cuando la mujer del presidente Eisenhower se presentó en un cóctel con un vestido rosa, algo completamente inusual en los años cincuenta. Aquello fue rompedor y muchas mujeres se pusieron a imitarla en un momento que coincidió con el lanzamiento de Barbie al mercado. Se utilizaron esos colores para distinguir a la muñeca y rápidamente todos los competidores de la industria juguetera hicieron lo mismo con las suyas. Hasta hoy. 

Ahora hay gente que intenta evitar que sus hijas vayan de rosa

Es normal. Hubo una historia, pero todo ha cambiado y debe empezar de nuevo. Con el éxito de Frozen también muchas niñas quieren ir de azul, como hace cien años. Lo que yo sugiero con mi libro es que nada es verdad con la historia de un color. Cualquier color puede servir para cualquier historia. 

En Italia, de todos modos, la mayoría de la gente viste de azul o negro, sobre todo los jóvenes entre 13 y 20 años. Estamos en un periodo en el que los diseñadores intentan no tener en cuenta las diferencias de sexo, no es una distinción que se considere importante. En mi caso, mi hijo tiene tres años y medio y su color favorito es el rojo. Siempre quiere ir con esos tonos y cuando le ve la gente mayor por la calle piensan que es una chica, pero es algo que no me pasa con los jóvenes. Aunque cuando empecé a trabajar en Cromorama, un compañero me dijo que cómo se me ocurría ponerme a investigar sobre los colores, que ese era un tema femenino (risas). 

Pensaba que la mayoría de diseñadores gráficos son hombres y trabajan con el color. 

En Italia a los diseñadores lo que les gusta es el blanco y negro, esos son los diseños importantes. El color para ellos es comercial. 

En el libro hablas de un fenómeno curioso, el metamerismo.

La superficie del color refleja la luz que proyectamos sobre él, pero no siempre hay la misma longitud de onda. Dependiendo de la luz que utilices, dos objetos de diferente color pueden parecer iguales. Es algo que le suele pasar a menudo a los hombres con los calcetines, se piensan que son iguales y luego van por la calle con uno negro y otro azul. A las mujeres también les pasará, pero supongo que a los hombres más. El daltonismo sí que les ocurre solo a los hombres porque depende de los cromosomas masculinos. El porcentaje de daltónicos es bastante alto, un ocho por ciento de la población. 

Por el capitalismo o la sociedad de consumo hemos terminado asociando muchos colores a sabores.

Es psicológico, nuestro cerebro juzga siempre en relación a lo que ya conoce. Hemos experimentando durante años que los colores cálidos están asociados con el sabor dulce, como las mermeladas y las tartas, que nuestro cerebro tiende a pensar que siempre debe ser así. Si le das a una persona dos vasos de una bebida exactamente igual, pero en dos colores distintos, siempre te va a decir que el rojo le sabe más dulce y el verde más ácido. Y no está sugestionado, es que es verdad. El rojo lo va a sentir más dulce realmente. Nuestro cerebro crea esa sensación a partir de lo que estamos mirando. 

¿Cómo tuvo tanto éxito Coca-Cola si es una bebida negra?

La Guiness también y mira. Pero en realidad son marrones, no negras. Coca-Cola, cuando apareció, era una bebida energética. El nombre, de hecho, viene de que contenía cocaína. En aquella época, que el color fuese tan oscuro sugería a la gente que no era un producto natural. Hoy le damos mucho valor a que lo que consumimos sea natural, orgánico, etc., pero hace cien años lo químico se consideraba mejor que lo natural. 

¿Y por qué los estadounidenses rechazan los huevos con la cáscara marrón?

La mayoría de productos que compramos en los supermercados están también organizados de forma cromática. Nuestro cerebro, como he dicho, funciona con convenciones, con costumbres, le gustan las cosas a las que estamos acostumbrados. Así se da el caso de que hay preferencias nacionales. En Estados Unidos ocurre con los huevos marrones y también con la mantequilla amarilla. No los quieren. Les viene del rechazo que les produce todo lo que es grasiento porque no quieren engordar, aunque no saben que lo que más engorda es el azúcar. 

Las golosinas de los niños son de colores luminosos.

Los colores fuertes significan que las cosas están vivas; no es sorprendente que les gusten a los niños. En la vestimenta, al crecer, mucha gente cambia esas preferencias y deja de llevar colores vivos. Quizá todavía les gusten, pero simplemente deciden evitarlos. 

Los productos de la tecnología ¿por qué son casi siempre oscuros, negros o grises?

Los colores oscuros, metálicos, negro, gris, gris oscuro comunican una sensación de eficacia. Si miras a tu alrededor, seguro que encontrarás que la mayor parte de la tecnología es negra. Ahora, aquí, en mi estudio, mi impresora es negra, mi teléfono es negro, el disco duro es negro…. Si se hace uno de estos productos con un color más claro, la sensación que trasmitirá es que se trata de un juguete o algo para niños. Es siempre la misma historia, nosotros tenemos unas expectativas que aprovecha el marketing utilizando un color concreto para un determinado punto de vista narrativo. Por ejemplo, aquí hay una licuadora que se vende en blanco, el modelo estándar; en rojo, como para jóvenes, y luego puedes comprarla en gris metálico, que te da una sensación de nivel tecnológico. Pues bien, son todas la misma máquina, pero la metalizada cuesta un treinta por ciento más. El motor es el mismo, todo es igual, solo cambia el color de fuera, pero supone una diferencia de precio. 

¿Por qué en los hogares nórdicos vemos colores suaves y en los mediterráneos mucho más fuertes?

En los colores del diseño de interiores creo que cada vez se están volviendo más exitosos los colores neutrales porque cada vez vivimos en pisos más pequeños, y el gris, beige o blanco hacen que el espacio parezca más grande. Luego hay que tener en cuenta que el sol mediterráneo hace que destaquen los colores vivos, pero en Suecia, donde la luz es grisácea, no sientes la misma necesidad de usarlos. Casi nunca el mismo color significa lo mismo en culturas distintas. La universalidad del significado de los colores creo que es muy complicada.

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