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31 de diciembre 2015    /   CREATIVIDAD
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‘Aquí’: Un clásico del cómic inspirado por el sistema operativo Windows

31 de diciembre 2015    /   CREATIVIDAD     por          
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En 1989, Richard McGuire publicó Aquí en la mítica revista Raw. Era un cómic des apenas seis páginas que se convirtió en un clásico instantáneo hasta el punto de influir en la obra de dibujantes como Chris Ware.

La década de los 80, denostada cuando la comparan con las de los 50, 60 o 70, fue una época de gran actividad creativa. En Nueva York, la escena musical, artística y editorial vivía uno de sus momentos más interesantes y Richard McGuire era uno de sus artífices. Nacido en Nueva Jersey en 1957, McGuire estudiaba arte, trabajaba en galerías, tocaba el bajo en su grupo Liquid Liquid y dibujaba cómics.

Su primera historieta, ‘Aquí’, narraba lo que sucedía en un lugar a lo largo del tiempo de un modo tan novedoso que, inmediatamente, se convirtió en un clásico que inspiró a otros como Jimmy Corrigan. Más de veinte años después, McGuire ha retomado ese trabajo para hacer una obra más madura, que ya es considerada, de nuevo, un clásico.

Yorokobu: La primera versión de ‘Aquí’ eran seis páginas. ¿No pensaste en incluirla en esta nueva versión?

Richard McGuire: Sí, lo pensé, pero decidí no hacerlo porque se hubiera violentado la estructura del libro. En este nuevo ‘Aquí’, la habitación donde se desarrolla la historia son dobles páginas y esto permite una mayor inmersión. En la original, la abundancia de viñetas rompen esa fluidez. Además, el libro, tal y como está ahora, está concebido como una pequeña escultura. Es un todo que, por un lado, tiene la parte de atrás de la casa que corresponde a la parte trasera de la chimenea y, por otro, la fachada por la que entras a la casa.

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Y: ¿Por qué entrar en la casa por la ventana?

R.M.: Básicamente porque no hay puerta (risas). En realidad, tuve bastantes complicaciones con la portada. Peter Mendelson es un diseñador especializado en portadas de libros. Lo conocí por un amigo común y le comenté que quería enseñarle la que tenía pensada. Era una especie de collage con superposiciones, muy en la línea de cómo es la historia. En cuanto se la enseñé, me dijo que «la portada de un libro no tiene que reproducir lo que hay en el interior. ¿Por qué no pones la parte de fuera de la casa?». Tenía toda la razón.

Y: Por algo se gana la vida haciendo portadas.

R.M.: Sí, absolutamente (risas). Pero, a pesar de ello, tuve muchos problemas porque no daba con la imagen. Pintaba y pintaba pero no me convencía nada. Solo tenía la idea de que debía haber la franja de sombra oblicua, nada más. Cuando por fin di con la ventana, no conseguía colocar el título. Lo fui reduciendo hasta que quedó en el lugar y al tamaño en el que está. Cuando lo vio Mendelson me dio otro consejo: «Mueve un poco la cortina y que parte de la última letra del título quede tapada por ella». En la versión española no es apreciable porque la última letra es una «i», pero en la original la «e» de «Here» queda un poco tapada. Es una portada que no dice nada, pero que te invita a mirar qué te vas a encontrar dentro.

Los recuerdos saltan de un momento al otro. Van y vienen, así es como funciona nuestra memoria

Y: ¿Qué encontramos en ‘Aquí’? ¿Es una segunda parte? ¿Es otra obra?

R.M.: La original es un ejercicio de estilo y la segunda es una obra más profunda. Cuando hice la primera y la publiqué en Raw, Spiegelman me dijo que me pensase algo para el siguiente número, pero no se me ocurría nada y preferí hacer cuentos para niños. Hacia 1998 o 2000 me escribió Chris Ware una carta, ¡una carta de fan!, diciéndome que le había gustado mucho mi trabajo y que había sido una inspiración para Jimmy Corrigan. Entonces pensé retomar la idea, profundizar en ella. No fui capaz de dar con la forma de contarlo. Me marché a Francia a hacer animaciones y, cuando regresé, me puse a trabajar en el libro. Aun así, tardó mucho.

Y: Más de diez años.

R.M.: Sí, pero no todo el tiempo estuve trabajando en el proyecto. Cuando por fin di con el encuadre que quería, me hice una maqueta de la habitación. Con una cámara de vídeo y una lámpara a modo de sol, rodé cómo serían las diferentes horas del día allí. Eso es lo que acabó dándome la pista de cómo debía de hacerlo. Después de eso tardé tres años en acabarlo. Uno de documentación y otros dos para dibujarlo.

Y: Entre los cambios que se han producido desde la aparición de la primera versión están la aparición de internet y el libro electrónico. ¿Cómo es la versión e-book?

R.M.: Cuando estaba trabajando le dije a mi editor que me gustaría que hubiera diferentes formas de leerlo. Le propuse que cada libro fuera diferente cambiando el orden de los pliegos en la imprenta. Me respondió que lo olvidase, que era muy complicado. Sin embargo, en una charla que di en Londres conocí a un programador que me comentó que sí, que se podía hacer en una versión de e-book. En la versión electrónica se puede elegir entre lecturas aleatorias o el orden en que aparece en la versión impresa.

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Y: ¿Has incluido otras supuestas ventajas del libro electrónico, como sonidos o animaciones?

R.M.: No. No quería que la versión electrónica tuviera tantos ‘trucos’. Quería que fuera una experiencia lectora porque no es una película ni una cinta de animación. Por eso las animaciones son muy sutiles, se mueve levemente una cortina o las llamas de la chimenea. Cosas inapreciables que incluso te hagan decir «¿se ha movido?». Por otro lado, cuando salí de Nueva York había unas personas que querían hacer una versión de realidad virtual, con unas gafas que te dan la sensación de estar dentro de la habitación y van pasando las diferentes escenas.

En la zona de Nueva York hay varias centrales nucleares y lo que sucedió en Fukushima puede pasar allí

Y: Al hilo de lo de las ventanas, ¿es cierto que para hacer ‘Aquí’ te inspiraste en el sistema operativo de Windows?

R.M.: Sí, es cierto.

Y: Debes de ser la única persona a la que Windows le ha inspirado algo bueno…

R.M.: Sí (risas). La inspiración procede de dos fuentes. Una es la de Windows. Cuando decidí hacer el cómic, el encuadre de la viñeta que elegí fue la esquina porque el vértice iba a dividir la escena en dos: una que se desarrollaba en el pasado y otra en el futuro. Al empezar a dibujar, llegó un amigo que se acababa de comprar un ordenador y me enseñó que se podían abrir varias ventanas, y me dije «qué maravilla…».

Y: ¿Y la segunda inspiración?

R.M.: Es la foto que mi padre nos hacía a la familia todos los años en Navidad. Siempre en el mismo rincón de la casa. Cuando comencé con la historia me di cuenta de que esa forma de narrar, esa superposición de situaciones, había estado siempre presente en mi vida.

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Y: ¿Podríamos decir que ‘Aquí’ trata de la vida entendida como sucesión de momentos únicos e irrepetibles?

R.M.: Sí, pero más bien diría que es sobre cómo conceptuamos constantemente la idea del tiempo. Los recuerdos saltan de un momento al otro todo. Van y vienen, así es como funciona nuestra memoria.

Y: El hecho de que sea un libro sobre momentos pasados podría hacer que fuera triste, melancólico, sin embargo, el conjunto resulta muy divertido.

R.M.: Mientras trabajaba en el libro mis padres murieron. Estaba en Francia y cuando enfermaron iba y venía para ocuparme de ellos. Mi hermana mayor murió de cáncer, mi primo murió en un accidente, vendimos la casa en la que mis padres vivieron 50 años… Fue una época muy oscura para mi familia, pero a pesar del tono triste que pueda haber, también hay mucho humor. Como en esa escena en la que están contando un chiste y de repente uno muere de un ataque al corazón. Eso sucedió de verdad. Le pasó a un familiar de mi primo y, cuando me lo contaba, se estaba partiendo de risa. Pensé que tenía que ponerla en el libro. Incluso si los protagonistas me decían que no querían, tenía que incluirla porque la vida es así.

Y: ¿Eres optimista sobre el futuro de la humanidad? En el libro hay una escena en el que recreas un 2200 idílico, pero, cien años más tarde, en el 2300, otra sugiere una catástrofe parecida a un holocausto nuclear.

R.M.: Mientras trabajaba en el libro pasaron dos cosas: el accidente de Fukushima y el huracán Sandy en el área de Nueva York.  El mismo amigo que me descubrió Windows es experto en clima y me mostró las previsiones futuras para la zona de Nueva York que estará anegada. Decidí incluir esas escenas porque, además, en la zona de Nueva York hay varias centrales nucleares y lo que sucedió en Fukushima puede pasar allí. Le pregunté a mi amigo cuánto tiempo tardaría en irse la radioactividad en un caso semejante y, si te das cuenta, en un futuro mucho más lejano vuelve a haber flores gigantes y monstruos mutantes. No aparecen humanos, pero la vida continúa. No es un futuro como el de Blade Runner. En la ciencia ficción, el futuro siempre presenta un panorama deprimente.

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En 1989, Richard McGuire publicó Aquí en la mítica revista Raw. Era un cómic des apenas seis páginas que se convirtió en un clásico instantáneo hasta el punto de influir en la obra de dibujantes como Chris Ware.

La década de los 80, denostada cuando la comparan con las de los 50, 60 o 70, fue una época de gran actividad creativa. En Nueva York, la escena musical, artística y editorial vivía uno de sus momentos más interesantes y Richard McGuire era uno de sus artífices. Nacido en Nueva Jersey en 1957, McGuire estudiaba arte, trabajaba en galerías, tocaba el bajo en su grupo Liquid Liquid y dibujaba cómics.

Su primera historieta, ‘Aquí’, narraba lo que sucedía en un lugar a lo largo del tiempo de un modo tan novedoso que, inmediatamente, se convirtió en un clásico que inspiró a otros como Jimmy Corrigan. Más de veinte años después, McGuire ha retomado ese trabajo para hacer una obra más madura, que ya es considerada, de nuevo, un clásico.

Yorokobu: La primera versión de ‘Aquí’ eran seis páginas. ¿No pensaste en incluirla en esta nueva versión?

Richard McGuire: Sí, lo pensé, pero decidí no hacerlo porque se hubiera violentado la estructura del libro. En este nuevo ‘Aquí’, la habitación donde se desarrolla la historia son dobles páginas y esto permite una mayor inmersión. En la original, la abundancia de viñetas rompen esa fluidez. Además, el libro, tal y como está ahora, está concebido como una pequeña escultura. Es un todo que, por un lado, tiene la parte de atrás de la casa que corresponde a la parte trasera de la chimenea y, por otro, la fachada por la que entras a la casa.

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Y: ¿Por qué entrar en la casa por la ventana?

R.M.: Básicamente porque no hay puerta (risas). En realidad, tuve bastantes complicaciones con la portada. Peter Mendelson es un diseñador especializado en portadas de libros. Lo conocí por un amigo común y le comenté que quería enseñarle la que tenía pensada. Era una especie de collage con superposiciones, muy en la línea de cómo es la historia. En cuanto se la enseñé, me dijo que «la portada de un libro no tiene que reproducir lo que hay en el interior. ¿Por qué no pones la parte de fuera de la casa?». Tenía toda la razón.

Y: Por algo se gana la vida haciendo portadas.

R.M.: Sí, absolutamente (risas). Pero, a pesar de ello, tuve muchos problemas porque no daba con la imagen. Pintaba y pintaba pero no me convencía nada. Solo tenía la idea de que debía haber la franja de sombra oblicua, nada más. Cuando por fin di con la ventana, no conseguía colocar el título. Lo fui reduciendo hasta que quedó en el lugar y al tamaño en el que está. Cuando lo vio Mendelson me dio otro consejo: «Mueve un poco la cortina y que parte de la última letra del título quede tapada por ella». En la versión española no es apreciable porque la última letra es una «i», pero en la original la «e» de «Here» queda un poco tapada. Es una portada que no dice nada, pero que te invita a mirar qué te vas a encontrar dentro.

Los recuerdos saltan de un momento al otro. Van y vienen, así es como funciona nuestra memoria

Y: ¿Qué encontramos en ‘Aquí’? ¿Es una segunda parte? ¿Es otra obra?

R.M.: La original es un ejercicio de estilo y la segunda es una obra más profunda. Cuando hice la primera y la publiqué en Raw, Spiegelman me dijo que me pensase algo para el siguiente número, pero no se me ocurría nada y preferí hacer cuentos para niños. Hacia 1998 o 2000 me escribió Chris Ware una carta, ¡una carta de fan!, diciéndome que le había gustado mucho mi trabajo y que había sido una inspiración para Jimmy Corrigan. Entonces pensé retomar la idea, profundizar en ella. No fui capaz de dar con la forma de contarlo. Me marché a Francia a hacer animaciones y, cuando regresé, me puse a trabajar en el libro. Aun así, tardó mucho.

Y: Más de diez años.

R.M.: Sí, pero no todo el tiempo estuve trabajando en el proyecto. Cuando por fin di con el encuadre que quería, me hice una maqueta de la habitación. Con una cámara de vídeo y una lámpara a modo de sol, rodé cómo serían las diferentes horas del día allí. Eso es lo que acabó dándome la pista de cómo debía de hacerlo. Después de eso tardé tres años en acabarlo. Uno de documentación y otros dos para dibujarlo.

Y: Entre los cambios que se han producido desde la aparición de la primera versión están la aparición de internet y el libro electrónico. ¿Cómo es la versión e-book?

R.M.: Cuando estaba trabajando le dije a mi editor que me gustaría que hubiera diferentes formas de leerlo. Le propuse que cada libro fuera diferente cambiando el orden de los pliegos en la imprenta. Me respondió que lo olvidase, que era muy complicado. Sin embargo, en una charla que di en Londres conocí a un programador que me comentó que sí, que se podía hacer en una versión de e-book. En la versión electrónica se puede elegir entre lecturas aleatorias o el orden en que aparece en la versión impresa.

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Y: ¿Has incluido otras supuestas ventajas del libro electrónico, como sonidos o animaciones?

R.M.: No. No quería que la versión electrónica tuviera tantos ‘trucos’. Quería que fuera una experiencia lectora porque no es una película ni una cinta de animación. Por eso las animaciones son muy sutiles, se mueve levemente una cortina o las llamas de la chimenea. Cosas inapreciables que incluso te hagan decir «¿se ha movido?». Por otro lado, cuando salí de Nueva York había unas personas que querían hacer una versión de realidad virtual, con unas gafas que te dan la sensación de estar dentro de la habitación y van pasando las diferentes escenas.

En la zona de Nueva York hay varias centrales nucleares y lo que sucedió en Fukushima puede pasar allí

Y: Al hilo de lo de las ventanas, ¿es cierto que para hacer ‘Aquí’ te inspiraste en el sistema operativo de Windows?

R.M.: Sí, es cierto.

Y: Debes de ser la única persona a la que Windows le ha inspirado algo bueno…

R.M.: Sí (risas). La inspiración procede de dos fuentes. Una es la de Windows. Cuando decidí hacer el cómic, el encuadre de la viñeta que elegí fue la esquina porque el vértice iba a dividir la escena en dos: una que se desarrollaba en el pasado y otra en el futuro. Al empezar a dibujar, llegó un amigo que se acababa de comprar un ordenador y me enseñó que se podían abrir varias ventanas, y me dije «qué maravilla…».

Y: ¿Y la segunda inspiración?

R.M.: Es la foto que mi padre nos hacía a la familia todos los años en Navidad. Siempre en el mismo rincón de la casa. Cuando comencé con la historia me di cuenta de que esa forma de narrar, esa superposición de situaciones, había estado siempre presente en mi vida.

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Y: ¿Podríamos decir que ‘Aquí’ trata de la vida entendida como sucesión de momentos únicos e irrepetibles?

R.M.: Sí, pero más bien diría que es sobre cómo conceptuamos constantemente la idea del tiempo. Los recuerdos saltan de un momento al otro todo. Van y vienen, así es como funciona nuestra memoria.

Y: El hecho de que sea un libro sobre momentos pasados podría hacer que fuera triste, melancólico, sin embargo, el conjunto resulta muy divertido.

R.M.: Mientras trabajaba en el libro mis padres murieron. Estaba en Francia y cuando enfermaron iba y venía para ocuparme de ellos. Mi hermana mayor murió de cáncer, mi primo murió en un accidente, vendimos la casa en la que mis padres vivieron 50 años… Fue una época muy oscura para mi familia, pero a pesar del tono triste que pueda haber, también hay mucho humor. Como en esa escena en la que están contando un chiste y de repente uno muere de un ataque al corazón. Eso sucedió de verdad. Le pasó a un familiar de mi primo y, cuando me lo contaba, se estaba partiendo de risa. Pensé que tenía que ponerla en el libro. Incluso si los protagonistas me decían que no querían, tenía que incluirla porque la vida es así.

Y: ¿Eres optimista sobre el futuro de la humanidad? En el libro hay una escena en el que recreas un 2200 idílico, pero, cien años más tarde, en el 2300, otra sugiere una catástrofe parecida a un holocausto nuclear.

R.M.: Mientras trabajaba en el libro pasaron dos cosas: el accidente de Fukushima y el huracán Sandy en el área de Nueva York.  El mismo amigo que me descubrió Windows es experto en clima y me mostró las previsiones futuras para la zona de Nueva York que estará anegada. Decidí incluir esas escenas porque, además, en la zona de Nueva York hay varias centrales nucleares y lo que sucedió en Fukushima puede pasar allí. Le pregunté a mi amigo cuánto tiempo tardaría en irse la radioactividad en un caso semejante y, si te das cuenta, en un futuro mucho más lejano vuelve a haber flores gigantes y monstruos mutantes. No aparecen humanos, pero la vida continúa. No es un futuro como el de Blade Runner. En la ciencia ficción, el futuro siempre presenta un panorama deprimente.

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