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2 de marzo 2018    /   BUSINESS
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‘RIOT’: cómo organizar un disturbio virtual o ‘fostiar’ a quien lo monte

2 de marzo 2018    /   BUSINESS     por          
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Los bandos están frente a frente. A un lado, banderas y consignas, la protesta social. Al otro, cuadrados, en formación de tortuga, con los escudos al frente, las fuerzas del orden. Los ánimos se caldean. Llueven los insultos, las primeras piedras, los botes de humo, las definitivas pelotas de goma. Aguantar, retroceder, grabar los choques, denunciarlo en Facebook, pedir ayuda en Twitter.

Dentro de los videojuegos, es difícil encontrar algo que realmente sorprenda. Más si el género son los simuladores. Hay de ser Dios como Populus, de la vida real como Los Sims, de ser una casa embrujada como Haunting: Starring Polterguy. RIOT-Civil Unrest tiene por lo menos el mérito de haber encontrado una nueva arista: el de manifestaciones y disturbios callejeros.

Nada más comenzar, el juego lanza una pantalla de aviso en la que recomienda al jugador informarse por sí mismo de los acontecimientos que se narran en el juego. En él se pueden encarnar a dos facciones: la de los manifestantes o la de los antidisturbios. Los primeros llevan megáfonos, cócteles molotov, piedras… y tienen habilidades como levantar las manos y hacer una sentada, poner barricadas en las calles, los teléfonos móviles y las redes sociales para pedir apoyo. Los otros, porras, entrenamiento militar, cascos, estimulantes. Es de suponer que también mucha mala hostia.

El juego se divide entre cuatro campañas básicas con cuatro escenarios cada una. Una es en Italia y se basa en el longevo movimiento No Tav, del valle del Susa, al ladito de Turín, contra una línea de tren alta velocidad. La segunda es Keratea, Grecia, un pequeño pueblo al sur de Atenas donde quieren instalar un vertedero. La tercera es la Primavera Árabe y la cuarta, la que quizá interesa más para España, se llama Indignados. Adivinen de qué trata.

Según cuenta el director, Leonard Menchiari, en la web del juego, él mismo «ha estado experimentando esta forma de protesta en persona y ‘RIOT’ ha nacido como una forma de expresar y contar las historias de estas luchas». Es de suponer que Menchiari habrá estado del lado de las protestas, pero no edulcora tampoco el comportamiento que puede darse a veces, con posibilidad de atacar y cargar contra la policía.

Es interesante ver cómo las emociones juegan un papel en el desarrollo, que consigue bien reflejar el caos que se da en estas situaciones. Los manifestantes son una masa amorfa, donde cada unidad va un poco a su rollo pese a las indicaciones del jugador. Los policías, mucho menores en número, son más disciplinados. La violencia está presente aunque si se usa demasiado, da una ventaja al bando contrario en el siguiente escenario. Si se golpea demasiado a los antidisturbios, estos pueden reaccionar con una carga brutal o huyendo. En el otro lado, una estampida, un pánico, puede aplastar a los policías.

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Los escenarios de Indignados se dividen en evitar el desalojo de la Puerta del Sol de Madrid el 15 de mayo de 2011, defender la Plaza Catalunya en las mismas fechas y lograr hacer que los mossos retroceden. El bonus son las protestas mineras de Pozo Sotón, en Asturias, con sus cohetes, sus tirachinas y demás armas improvisadas. Los fondos se reconocen perfectamente, como los cánticos.

«Que no, que no, que no nos representan», «el pueblo unido jamás será vencido», «le llaman democracia y no lo es». Un gran fallo, al menos para alguien que sepa un poco de las manifestaciones españolas, es encontrarse con banderas de España, de las rojas y amarillas con el escudo constitucional, entre los manifestantes.

El juego está en lo que se llama acceso anticipado, es decir, es una versión beta muy avanzada que se lanza a un precio menor que el que supuestamente será el final de venta. Eso significa que tiene ligeros fallos, que se cuelga un poco y que a lo mejor la inteligencia artificial de los contrarios no está afinada del todo.

Eso no quita que el juego se pueda disfrutar y que sea divertido ver las evoluciones de los bandos sobre el terreno.  Sin ser complicado ni demasiado largo, merece la pena jugarlo de las dos formas: tratando de hacerlo lo mejor posible, evitando la violencia, o el modo animal, golpear, lanzar piedras, detener gente… y dejar que se desate el caos.

Lo que sí parece claro es de que lado están los desarrolladores por una declaración que hacen en la web: «Te necesitamos para correr la voz de este tema tan importante a través de los videojuegos. Deja de escuchar las mentiras de los medios, apaga la televisión y prepárate para luchar por tu libertad de expresión».

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Resulta irónico que justo después de esta afirmación tan categórica se dediquen a listar todos las revistas que han reseñado su juego.

Los bandos están frente a frente. A un lado, banderas y consignas, la protesta social. Al otro, cuadrados, en formación de tortuga, con los escudos al frente, las fuerzas del orden. Los ánimos se caldean. Llueven los insultos, las primeras piedras, los botes de humo, las definitivas pelotas de goma. Aguantar, retroceder, grabar los choques, denunciarlo en Facebook, pedir ayuda en Twitter.

Dentro de los videojuegos, es difícil encontrar algo que realmente sorprenda. Más si el género son los simuladores. Hay de ser Dios como Populus, de la vida real como Los Sims, de ser una casa embrujada como Haunting: Starring Polterguy. RIOT-Civil Unrest tiene por lo menos el mérito de haber encontrado una nueva arista: el de manifestaciones y disturbios callejeros.

Nada más comenzar, el juego lanza una pantalla de aviso en la que recomienda al jugador informarse por sí mismo de los acontecimientos que se narran en el juego. En él se pueden encarnar a dos facciones: la de los manifestantes o la de los antidisturbios. Los primeros llevan megáfonos, cócteles molotov, piedras… y tienen habilidades como levantar las manos y hacer una sentada, poner barricadas en las calles, los teléfonos móviles y las redes sociales para pedir apoyo. Los otros, porras, entrenamiento militar, cascos, estimulantes. Es de suponer que también mucha mala hostia.

El juego se divide entre cuatro campañas básicas con cuatro escenarios cada una. Una es en Italia y se basa en el longevo movimiento No Tav, del valle del Susa, al ladito de Turín, contra una línea de tren alta velocidad. La segunda es Keratea, Grecia, un pequeño pueblo al sur de Atenas donde quieren instalar un vertedero. La tercera es la Primavera Árabe y la cuarta, la que quizá interesa más para España, se llama Indignados. Adivinen de qué trata.

Según cuenta el director, Leonard Menchiari, en la web del juego, él mismo «ha estado experimentando esta forma de protesta en persona y ‘RIOT’ ha nacido como una forma de expresar y contar las historias de estas luchas». Es de suponer que Menchiari habrá estado del lado de las protestas, pero no edulcora tampoco el comportamiento que puede darse a veces, con posibilidad de atacar y cargar contra la policía.

Es interesante ver cómo las emociones juegan un papel en el desarrollo, que consigue bien reflejar el caos que se da en estas situaciones. Los manifestantes son una masa amorfa, donde cada unidad va un poco a su rollo pese a las indicaciones del jugador. Los policías, mucho menores en número, son más disciplinados. La violencia está presente aunque si se usa demasiado, da una ventaja al bando contrario en el siguiente escenario. Si se golpea demasiado a los antidisturbios, estos pueden reaccionar con una carga brutal o huyendo. En el otro lado, una estampida, un pánico, puede aplastar a los policías.

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Los escenarios de Indignados se dividen en evitar el desalojo de la Puerta del Sol de Madrid el 15 de mayo de 2011, defender la Plaza Catalunya en las mismas fechas y lograr hacer que los mossos retroceden. El bonus son las protestas mineras de Pozo Sotón, en Asturias, con sus cohetes, sus tirachinas y demás armas improvisadas. Los fondos se reconocen perfectamente, como los cánticos.

«Que no, que no, que no nos representan», «el pueblo unido jamás será vencido», «le llaman democracia y no lo es». Un gran fallo, al menos para alguien que sepa un poco de las manifestaciones españolas, es encontrarse con banderas de España, de las rojas y amarillas con el escudo constitucional, entre los manifestantes.

El juego está en lo que se llama acceso anticipado, es decir, es una versión beta muy avanzada que se lanza a un precio menor que el que supuestamente será el final de venta. Eso significa que tiene ligeros fallos, que se cuelga un poco y que a lo mejor la inteligencia artificial de los contrarios no está afinada del todo.

Eso no quita que el juego se pueda disfrutar y que sea divertido ver las evoluciones de los bandos sobre el terreno.  Sin ser complicado ni demasiado largo, merece la pena jugarlo de las dos formas: tratando de hacerlo lo mejor posible, evitando la violencia, o el modo animal, golpear, lanzar piedras, detener gente… y dejar que se desate el caos.

Lo que sí parece claro es de que lado están los desarrolladores por una declaración que hacen en la web: «Te necesitamos para correr la voz de este tema tan importante a través de los videojuegos. Deja de escuchar las mentiras de los medios, apaga la televisión y prepárate para luchar por tu libertad de expresión».

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Resulta irónico que justo después de esta afirmación tan categórica se dediquen a listar todos las revistas que han reseñado su juego.

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