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25 de enero 2019    /   IDEAS
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Los ritos de la España laica: las ceremonias religiosas se adaptan a los ateos

25 de enero 2019    /   IDEAS     por          
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Las fiestas ya no son lo que eran. O simplemente no son. Cinco de cada 10 niños nacidos en España no se bautiza, una proporción que se mantiene casi invariable al hacer la comunión. De estos niños comulgados, menos de la mitad acabará celebrando la confirmación.

Al llegar a la edad adulta las tornas cambian. No porque mucha más gente cumpla con los ritos eclesiásticos (solo dos de cada 10 matrimonios se celebran por la Iglesia y siete de cada decena de funerales son religiosos) sino porque hay una alternativa civil que mantiene a flote las celebraciones. El famoso acrónimo de la BBC (bodas, bautizos y comuniones) se va a quedar en los huesos de la primera B.

Se conoce como ritos de paso a los rituales que marcan las transiciones vitales. En Europa, la gran mayoría de estos rituales han sido monopolizados por la Iglesia durante siglos y coinciden, casi con exactitud, con los sacramentos eclesiásticos. Pero a medida que la religión pierde importancia en nuestra sociedad, hay ciertos ritos que afrontan la extinción mientras que otros se secularizan, mutando en la forma pero permaneciendo en fondo, ¿por qué?

 

Mar Griera, socióloga especializada en religiones de la Universidad Autónoma de Barcelona, tira de Bauman y su concepto de sociedad líquida para explicarlo. «Ahora nuestra vida depende de muchos factores, se ha roto la homogeneidad, las trayectorias vitales no son tan clásicas ni estáticas y ciertos rituales pierden sentido», opina.

El ejemplo más claro lo encontramos en vicaría. Antes el matrimonio duraba para siempre, se daba en una franja de edad concreta, suponía la emancipación primera del hogar materno, el paso inmediatamente anterior a tener hijos. Era importante. Ahora se convive con la pareja, incluso se comparten hijos e hipoteca antes de esta celebración, cuya importancia se diluye también por lo relativo de su duración. Ya no hay un felices para siempre porque nada es para siempre.

O casi nada. «Hay eventos, como la muerte», avisa Griera, «que se van a seguir produciendo de forma cierta y concreta y la celebración de un rito aquí tiene una explicación, no solo religiosa o social, sino psicológica». Por eso los funerales civiles han aumentado tanto.

La socióloga asegura que hace unos años, este era el rito religioso que permanecía más estable, «porque afecta sobre todo a gente mayor y porque no había una alternativa tan clara», explica. Pero el año pasado hizo un estudio y se quedó asombrada. A nivel nacional, en los últimos diez años, este tipo de actos ha aumentando en un 70%, aunque si lo ponemos en perspectiva siguen siendo minoría, solo tres de cada diez funerales es laico.

La antítesis de la muerte es el nacimiento, por ello cabe pensar que el bautismo debería estar viviendo un fenómeno civil análogo al del funeral. Pero no es así. En su libro Bateig sense Aigua. Accions i celebracions civils a Catalunya, la investigadora Rosa Canela, asegura que la consolidación de los bautizos civiles aún está en camino y que si no ocurre pronto, el bautizo en general puede llegar a desaparecer.

El mayor miedo en este caso es el miedo al ridículo. La razón social de un bautizo es presentar al bebé en sociedad y nadie quiere hacerlo en una ceremonia civil que todavía es vista con desconfianza. Es cierto que tanto los matrimonios como los funerales civiles se enfrentaron a un rechazo similar en sus inicios, pero el tiempo pasa y los bautizos civiles siguen siendo una rareza en nuestro país.

Griera cree que esto se debe a la particular situación de España. «Aquí no ha habido competidor, la Iglesia ha sido tan fuerte que no ha permitido que haya surgido una alternativa. Después, su declive ha sido tan pronunciado y rápido que no ha dado tiempo a que se consoliden otras opciones».

En 1978, el 90,5% de los españoles se confesaba católico, en 2018 esa cifra se redujo hasta el 67,7%. El porcentaje mengua hasta el 20% si hablamos de católicos practicantes. Esta tendencia no es exclusiva de España. La rapidez con la que se está produciendo sí.

Aquí no ha habido competidor, la Iglesia ha sido tan fuerte que no ha permitido que haya surgido una alternativa. Después, su declive ha sido tan pronunciado y rápido que no ha dado tiempo a que se consoliden otras opciones

En otros países, la pérdida de poder de la Iglesia se ha venido produciendo de forma gradual durante el siglo XX. «Por eso es muy interesante comparar nuestra situación con las sociedades del norte de Europa», comenta la socióloga.

En los países escandinavos, ir a una confirmación es tan normal como ir a una boda. La confirmación humanista es un ritual civil que se empezó a celebrar en los años 50 en Noruega y que ha ido ganando en presencia desde entonces. Las comuniones también tienen allí una versión civil mucho más común que en España. Los ritos de paso, más que perderse, se han ido secularizando. Todos ellos.

Distintas formas, misma finalidad, ¿por qué son importantes los ritos de paso?

Los jóvenes de la tribu etíope hamer saltan desnudos sobre varios bueyes para simbolizar su paso a la edad adulta, las adolescentes latinoamericanas celebran su quinceañera, varias culturas circuncidan al adolescente en cuestión. Son diferentes rituales para celebrar un mismo momento: el paso a la edad adulta.

No todos provienen de tiempos ancestrales ni beben de culturas milenarias. En los últimos años se están instaurando nuevos ritos de paso, eventos más desenfadados y frívolos, como las fiestas de baby shower, los viajes de fin de curso o las inauguraciones de piso. Estos nuevos ritos tienen en común que exigen poco compromiso, tienen asociado un componente consumista y son fácilmente exportables.

Como bien demuestran estos ejemplos, la importancia de los ritos de paso no viene dictaminada por nuestro credo, ni siquiera por nuestra espiritualidad. Podrían definirse como una experiencia colectiva catártica con una función social, psicológica y política.

Según Griera, sirven para «reforzar el sentimiento de pertenencia a un grupo y crear fronteras sociales». Por otro lado nos ayudan a asimilar etapas de cambio, superar el duelo o compartir con nuestros seres queridos un momento de alegría. Cumplen una función que trasciende lo religioso.

En un mundo cada vez más alienado, los ritos de paso nos proporcionan momentos de conexión, puntos de anclaje en la comunidad. No tendría sentido renunciar a ellos solo porque no creamos en Dios

En su libro Religión para ateos, el ensayista Alain de Botton, aboga por que los ateos adopten ciertos aspectos del catolicismo en su vida diaria ignorando el más importante de todos: la existencia de Dios.

Es lo que él llama ateísmo 2.0., un sistema que no busca participar en la jerarquía eclesiástica, sino imitar algunos de los mecanismos que la han convertido en la sociedad más exitosa de la historia de la humanidad.

Uno de estos mecanismos a imitar serían los ritos. Según el autor, el ser humano tiene una necesidad de conexión, ritual y trascendencia que es común a creyentes y ateos. En un mundo cada vez más alienado, los ritos de paso nos proporcionan momentos de conexión, puntos de anclaje en la comunidad. No tendría sentido renunciar a ellos solo porque no creas en Dios.

Ritual Design Lab es un laboratorio de Silicon Valley que diseña rituales para la vida moderna. Fundada en 2015 por Kursat Ozenc y Margaret Hagan, esta empresa crea rituales a medida para individuos y empresas como Microsoft, uno de sus clientes.

La idea surgió cuando estos dos diseñadores del Stanford Institute ofrecieron un curso de diseño de rituales y las 100 plazas volaron. «La mayoría de alumnos eran laicos», explica Ozenc por email, «entonces nos dimos cuenta de que había un nicho ahí».

Los diseñadores contrataron al psicólogo Nick Hobson para que estudiara la función de los rituales y destacara sus beneficios. Según sus conclusiones, estos podrían resumirse en tres: Nos ayudan a regular las emociones, nos centran en nuestra meta y regulan nuestra conexión con otras personas. «Los rituales que ejecuta un artista antes de salir al escenario podrían ser un ejemplo perfecto de las dos primeras funciones», aclara Ozenc.

Ritual Design Lab diseña rituales desde un nuevo enfoque, pues sustituye a la deidad por el hombre, colocando a la persona en el centro del rito. Su finalidad es crear liturgias que, mediante la repetición o la observación de ciertas formalidades, puedan ayudarnos «a lidiar con el estrés o a crear estrategias para aceptar el cambio».

Puede parecer un servicio muy revolucionario, pero lo cierto es que simplemente están profesionalizando lo que anteriormente había hecho la sociedad, la religión, o el individuo en su esfera más privada. No hay nada nuevo bajo el sol.

La idea que subyace detrás de este laboratorio de rituales, la que predica el ensayista Alain De Botton y la que subraya la socióloga Mar de Griera viene a ser la misma. Los rituales son herramientas poderosas y positivas.

Despojados de su pátina mística, desnudados de la catarsis y la espiritualidad, los rituales de paso no se muestran ineficaces sino más poderosos, pues es entonces, cuando se reducen a su núcleo más puro, cuando revelan su poder, un poder que nunca ha residido en deidades lejanas sino en la unión de la sociedad. Pueden ayudar a crear hábitos, a fortalecer relaciones y a transformar organizaciones, incluso sociedades. Y si no lo crees mira qué bien le han funcionado a la Iglesia.

 

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Al llegar a la edad adulta las tornas cambian. No porque mucha más gente cumpla con los ritos eclesiásticos (solo dos de cada 10 matrimonios se celebran por la Iglesia y siete de cada decena de funerales son religiosos) sino porque hay una alternativa civil que mantiene a flote las celebraciones. El famoso acrónimo de la BBC (bodas, bautizos y comuniones) se va a quedar en los huesos de la primera B.

Se conoce como ritos de paso a los rituales que marcan las transiciones vitales. En Europa, la gran mayoría de estos rituales han sido monopolizados por la Iglesia durante siglos y coinciden, casi con exactitud, con los sacramentos eclesiásticos. Pero a medida que la religión pierde importancia en nuestra sociedad, hay ciertos ritos que afrontan la extinción mientras que otros se secularizan, mutando en la forma pero permaneciendo en fondo, ¿por qué?

 

Mar Griera, socióloga especializada en religiones de la Universidad Autónoma de Barcelona, tira de Bauman y su concepto de sociedad líquida para explicarlo. «Ahora nuestra vida depende de muchos factores, se ha roto la homogeneidad, las trayectorias vitales no son tan clásicas ni estáticas y ciertos rituales pierden sentido», opina.

El ejemplo más claro lo encontramos en vicaría. Antes el matrimonio duraba para siempre, se daba en una franja de edad concreta, suponía la emancipación primera del hogar materno, el paso inmediatamente anterior a tener hijos. Era importante. Ahora se convive con la pareja, incluso se comparten hijos e hipoteca antes de esta celebración, cuya importancia se diluye también por lo relativo de su duración. Ya no hay un felices para siempre porque nada es para siempre.

O casi nada. «Hay eventos, como la muerte», avisa Griera, «que se van a seguir produciendo de forma cierta y concreta y la celebración de un rito aquí tiene una explicación, no solo religiosa o social, sino psicológica». Por eso los funerales civiles han aumentado tanto.

La socióloga asegura que hace unos años, este era el rito religioso que permanecía más estable, «porque afecta sobre todo a gente mayor y porque no había una alternativa tan clara», explica. Pero el año pasado hizo un estudio y se quedó asombrada. A nivel nacional, en los últimos diez años, este tipo de actos ha aumentando en un 70%, aunque si lo ponemos en perspectiva siguen siendo minoría, solo tres de cada diez funerales es laico.

La antítesis de la muerte es el nacimiento, por ello cabe pensar que el bautismo debería estar viviendo un fenómeno civil análogo al del funeral. Pero no es así. En su libro Bateig sense Aigua. Accions i celebracions civils a Catalunya, la investigadora Rosa Canela, asegura que la consolidación de los bautizos civiles aún está en camino y que si no ocurre pronto, el bautizo en general puede llegar a desaparecer.

El mayor miedo en este caso es el miedo al ridículo. La razón social de un bautizo es presentar al bebé en sociedad y nadie quiere hacerlo en una ceremonia civil que todavía es vista con desconfianza. Es cierto que tanto los matrimonios como los funerales civiles se enfrentaron a un rechazo similar en sus inicios, pero el tiempo pasa y los bautizos civiles siguen siendo una rareza en nuestro país.

Griera cree que esto se debe a la particular situación de España. «Aquí no ha habido competidor, la Iglesia ha sido tan fuerte que no ha permitido que haya surgido una alternativa. Después, su declive ha sido tan pronunciado y rápido que no ha dado tiempo a que se consoliden otras opciones».

En 1978, el 90,5% de los españoles se confesaba católico, en 2018 esa cifra se redujo hasta el 67,7%. El porcentaje mengua hasta el 20% si hablamos de católicos practicantes. Esta tendencia no es exclusiva de España. La rapidez con la que se está produciendo sí.

Aquí no ha habido competidor, la Iglesia ha sido tan fuerte que no ha permitido que haya surgido una alternativa. Después, su declive ha sido tan pronunciado y rápido que no ha dado tiempo a que se consoliden otras opciones

En otros países, la pérdida de poder de la Iglesia se ha venido produciendo de forma gradual durante el siglo XX. «Por eso es muy interesante comparar nuestra situación con las sociedades del norte de Europa», comenta la socióloga.

En los países escandinavos, ir a una confirmación es tan normal como ir a una boda. La confirmación humanista es un ritual civil que se empezó a celebrar en los años 50 en Noruega y que ha ido ganando en presencia desde entonces. Las comuniones también tienen allí una versión civil mucho más común que en España. Los ritos de paso, más que perderse, se han ido secularizando. Todos ellos.

Distintas formas, misma finalidad, ¿por qué son importantes los ritos de paso?

Los jóvenes de la tribu etíope hamer saltan desnudos sobre varios bueyes para simbolizar su paso a la edad adulta, las adolescentes latinoamericanas celebran su quinceañera, varias culturas circuncidan al adolescente en cuestión. Son diferentes rituales para celebrar un mismo momento: el paso a la edad adulta.

No todos provienen de tiempos ancestrales ni beben de culturas milenarias. En los últimos años se están instaurando nuevos ritos de paso, eventos más desenfadados y frívolos, como las fiestas de baby shower, los viajes de fin de curso o las inauguraciones de piso. Estos nuevos ritos tienen en común que exigen poco compromiso, tienen asociado un componente consumista y son fácilmente exportables.

Como bien demuestran estos ejemplos, la importancia de los ritos de paso no viene dictaminada por nuestro credo, ni siquiera por nuestra espiritualidad. Podrían definirse como una experiencia colectiva catártica con una función social, psicológica y política.

Según Griera, sirven para «reforzar el sentimiento de pertenencia a un grupo y crear fronteras sociales». Por otro lado nos ayudan a asimilar etapas de cambio, superar el duelo o compartir con nuestros seres queridos un momento de alegría. Cumplen una función que trasciende lo religioso.

En un mundo cada vez más alienado, los ritos de paso nos proporcionan momentos de conexión, puntos de anclaje en la comunidad. No tendría sentido renunciar a ellos solo porque no creamos en Dios

En su libro Religión para ateos, el ensayista Alain de Botton, aboga por que los ateos adopten ciertos aspectos del catolicismo en su vida diaria ignorando el más importante de todos: la existencia de Dios.

Es lo que él llama ateísmo 2.0., un sistema que no busca participar en la jerarquía eclesiástica, sino imitar algunos de los mecanismos que la han convertido en la sociedad más exitosa de la historia de la humanidad.

Uno de estos mecanismos a imitar serían los ritos. Según el autor, el ser humano tiene una necesidad de conexión, ritual y trascendencia que es común a creyentes y ateos. En un mundo cada vez más alienado, los ritos de paso nos proporcionan momentos de conexión, puntos de anclaje en la comunidad. No tendría sentido renunciar a ellos solo porque no creas en Dios.

Ritual Design Lab es un laboratorio de Silicon Valley que diseña rituales para la vida moderna. Fundada en 2015 por Kursat Ozenc y Margaret Hagan, esta empresa crea rituales a medida para individuos y empresas como Microsoft, uno de sus clientes.

La idea surgió cuando estos dos diseñadores del Stanford Institute ofrecieron un curso de diseño de rituales y las 100 plazas volaron. «La mayoría de alumnos eran laicos», explica Ozenc por email, «entonces nos dimos cuenta de que había un nicho ahí».

Los diseñadores contrataron al psicólogo Nick Hobson para que estudiara la función de los rituales y destacara sus beneficios. Según sus conclusiones, estos podrían resumirse en tres: Nos ayudan a regular las emociones, nos centran en nuestra meta y regulan nuestra conexión con otras personas. «Los rituales que ejecuta un artista antes de salir al escenario podrían ser un ejemplo perfecto de las dos primeras funciones», aclara Ozenc.

Ritual Design Lab diseña rituales desde un nuevo enfoque, pues sustituye a la deidad por el hombre, colocando a la persona en el centro del rito. Su finalidad es crear liturgias que, mediante la repetición o la observación de ciertas formalidades, puedan ayudarnos «a lidiar con el estrés o a crear estrategias para aceptar el cambio».

Puede parecer un servicio muy revolucionario, pero lo cierto es que simplemente están profesionalizando lo que anteriormente había hecho la sociedad, la religión, o el individuo en su esfera más privada. No hay nada nuevo bajo el sol.

La idea que subyace detrás de este laboratorio de rituales, la que predica el ensayista Alain De Botton y la que subraya la socióloga Mar de Griera viene a ser la misma. Los rituales son herramientas poderosas y positivas.

Despojados de su pátina mística, desnudados de la catarsis y la espiritualidad, los rituales de paso no se muestran ineficaces sino más poderosos, pues es entonces, cuando se reducen a su núcleo más puro, cuando revelan su poder, un poder que nunca ha residido en deidades lejanas sino en la unión de la sociedad. Pueden ayudar a crear hábitos, a fortalecer relaciones y a transformar organizaciones, incluso sociedades. Y si no lo crees mira qué bien le han funcionado a la Iglesia.

 

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Opiniones 1
  • Es la tradicion catoloca qe tiene poco que ve cn el cristianismo,
    la que ususrpó ls fiestas paganas….y ahora ns encontramos con su victimismo cinico
    Si hay nacimiento se celebra y lo demas tbn …si hay dinero para ello…
    Lo que no veo bien es celebrarlo reduciendolo todo a comida y alcohol.

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