5 de marzo 2018    /   DIGITAL
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Amigos, están robando criptomonedas a punta de pistola

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Caminas de noche por un callejón oscuro. Al doblar la esquina, una sombra sale detrás de un contenedor. No distingues bien, puede que sean los nervios, pero lleva algo en la mano derecha. Algo con lo que te amenaza. ¿Es una pistola? ¿Quizá un cuchillo? A lo mejor es solo un palo.

Estas situaciones no son agradables. Sabes que estás sufriendo un atraco, pero cuando vas a buscar la cartera del bolsillo, el caco te dice que no, que sabe que ahí no llevas nada. Que mejor le pases la dirección y la clave para tu monedero electrónico y que va a llevarse tus criptomonedas, que tus euros para qué los quiere. Amigos, esto que suena Black Mirror ha pasado ya unas cuantas veces en el mundo real.

La última vez fue el pasado mes de enero. El día 22, en el pueblo de Moulsford, Oxfordshire, cuatro hombres armados y enmascarados echaron abajo la puerta del hogar de los brokers Danny Aston, su novia Amy Jay y el hijo en común. Pillaron al niño, lo llevaron fuera de la casa (de 800.000 libras) y les obligaron, bajo amenaza de hacerle algo al chaval, a transferirles una fortuna en bitcoins. Según las últimas informaciones en prensa, los ladrones sabían perfectamente quienes eran y ahora la pareja tiene miedo –lógico– de volver a su casa.

Antes, el 26 de diciembre, Pavel Lerner, un analista y experto en tecnología blockchain de la empresa británica EXMO Finance, un mercado de criptomonedas, fue secuestrado por enmascarados en el barrio de Obolon, en Kiev. A los pocos días lo liberaron tras el pago de un rescate de un millón de euros en bitcoins.

En Nueva York, a mediados de ese mismo mes, un hombre llamado Louis Meza, de 35 años, fue acusado de secuestro, robo a mano armada y robo de 1,8 millones de dólares en ether, la segunda criptomoneda en popularidad. Al parecer era amigo de la víctima y se valió de esta relación para acercarse sin que sospechase.

La oficina del fiscal del distrito dijo entonces que este delito «demostraba la cada vez más frecuente intersección entre el cibercrimen y el de la vida real», y advertía de que se puede esperar «que este tipo de crimen sea cada vez más común mientras siga subiendo el valor de las criptomonedas».

Ha habido casos similares, también frustrados finalmente por las autoridades, en Honk Kong, Otawa y Estambul. Aunque el original, el primer robo maestro de cibermonedas, fue en 2015, cuando según The New York Observer, un bombero fue secuestrado y apuñalado por cinco ladrones para robarle unos pocos miles de dólares en bitcoins.

En medio de esta ola, un ingeniero y criptocreyente, Jameson Lopp, publicó un post en Medium con varios consejos de seguridad. Tras argüir, con bastante razón, que la facilidad de transferencia de las criptomonedas juega en contra de los usuarios cuando son conocidas sus fortunas, explica que desconectar la geolocalización en las redes sociales, no publicar donde estás hasta haber dejado esa localización, usar una vivienda a nombre de una compañía… son una buena forma de protegerse.

Luego, comienza a ponerse más serio y habla de contratar alarmas, usar puertas y ventanas de seguridad, tener una habitación del pánico y, justo lo que hace falta en un país con 1.800 muertos por disparos en lo que llevamos de 2018, hacerse con un arma de fuego. En diciembre hubo un hilo en Twitter que se llamó Guns + Bitcoin Hardware Wallets en el que diferentes usuarios publicaban fotografías de su cartera física de criptomonedas y el arma que tienen. Por suerte, hubo alguno que lo tomó con un poco de humor.

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Estas situaciones no son agradables. Sabes que estás sufriendo un atraco, pero cuando vas a buscar la cartera del bolsillo, el caco te dice que no, que sabe que ahí no llevas nada. Que mejor le pases la dirección y la clave para tu monedero electrónico y que va a llevarse tus criptomonedas, que tus euros para qué los quiere. Amigos, esto que suena Black Mirror ha pasado ya unas cuantas veces en el mundo real.

La última vez fue el pasado mes de enero. El día 22, en el pueblo de Moulsford, Oxfordshire, cuatro hombres armados y enmascarados echaron abajo la puerta del hogar de los brokers Danny Aston, su novia Amy Jay y el hijo en común. Pillaron al niño, lo llevaron fuera de la casa (de 800.000 libras) y les obligaron, bajo amenaza de hacerle algo al chaval, a transferirles una fortuna en bitcoins. Según las últimas informaciones en prensa, los ladrones sabían perfectamente quienes eran y ahora la pareja tiene miedo –lógico– de volver a su casa.

Antes, el 26 de diciembre, Pavel Lerner, un analista y experto en tecnología blockchain de la empresa británica EXMO Finance, un mercado de criptomonedas, fue secuestrado por enmascarados en el barrio de Obolon, en Kiev. A los pocos días lo liberaron tras el pago de un rescate de un millón de euros en bitcoins.

En Nueva York, a mediados de ese mismo mes, un hombre llamado Louis Meza, de 35 años, fue acusado de secuestro, robo a mano armada y robo de 1,8 millones de dólares en ether, la segunda criptomoneda en popularidad. Al parecer era amigo de la víctima y se valió de esta relación para acercarse sin que sospechase.

La oficina del fiscal del distrito dijo entonces que este delito «demostraba la cada vez más frecuente intersección entre el cibercrimen y el de la vida real», y advertía de que se puede esperar «que este tipo de crimen sea cada vez más común mientras siga subiendo el valor de las criptomonedas».

Ha habido casos similares, también frustrados finalmente por las autoridades, en Honk Kong, Otawa y Estambul. Aunque el original, el primer robo maestro de cibermonedas, fue en 2015, cuando según The New York Observer, un bombero fue secuestrado y apuñalado por cinco ladrones para robarle unos pocos miles de dólares en bitcoins.

En medio de esta ola, un ingeniero y criptocreyente, Jameson Lopp, publicó un post en Medium con varios consejos de seguridad. Tras argüir, con bastante razón, que la facilidad de transferencia de las criptomonedas juega en contra de los usuarios cuando son conocidas sus fortunas, explica que desconectar la geolocalización en las redes sociales, no publicar donde estás hasta haber dejado esa localización, usar una vivienda a nombre de una compañía… son una buena forma de protegerse.

Luego, comienza a ponerse más serio y habla de contratar alarmas, usar puertas y ventanas de seguridad, tener una habitación del pánico y, justo lo que hace falta en un país con 1.800 muertos por disparos en lo que llevamos de 2018, hacerse con un arma de fuego. En diciembre hubo un hilo en Twitter que se llamó Guns + Bitcoin Hardware Wallets en el que diferentes usuarios publicaban fotografías de su cartera física de criptomonedas y el arma que tienen. Por suerte, hubo alguno que lo tomó con un poco de humor.

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