8 de abril 2016    /   ENTRETENIMIENTO
por
ilustracion  Óscar Giménez

Rock ‘n’ Draw | Jeff Buckley y lo que Memphis se quedó

8 de abril 2016    /   ENTRETENIMIENTO     por        ilustracion  Óscar Giménez
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Eternal Life is now on my trail
Got my red glitter coffin, man, just need one last nail.

Aunque los dos primero versos de Eternal Life sonasen, dadas las posteriores circunstancias, premonitorios, nada hacía intuir en la existencia de Jeff Buckley que fueran escritos con esa intención, con la de establecer aviso de despedida.

Jeff Buckley era un joven hipersensible y, en ocasiones, a esa fina piel se le atribuye también el sambenito del tormento interior. Sin embargo, Buckley se fundió con las aguas del río Wolf porque la línea de la vida, muy traicionera ella, se diluye sin que uno pueda darse cuenta. De pronto. Fin.

Morir con las botas puestas siempre fue un síntoma de integridad. Al autor estadounidense, sin embargo, la circunstancia le llegó por accidente una noche de mayo de 1997.

El autor estadounidense heredó el apellido de su padre, el psicodélico autor folk Tim Buckley. Sin embargo, éste solo le vio de pasada en muy contadas ocasiones, menos de las que se pueden contar con los dedos de una sola mano, de hecho. Comparten genes, apellido y muerte prematura, pero fue la madre de Jeff, Mary Guibert, la que alimentó a la fiera musical desde que comenzó a tenerse en pie.

Jeff Buckley lo dejó todo por hacer y, aun así, su madre sigue tratando de conseguir que cada susurro y cada armonía del músico californiano salgan a la luz con el mimo que solo una madre puede dar a lo único que le queda de su hijo.

El trabajo de recuperación y orfebrería sonora intenta compensar la imprudencia y el optimismo del que se cree inmortal, una combinación que privó al mundo de la delicadeza onírica de Jeff Buckley. Aunque diera tiempo a que su Hallelujah brotase para acompañarnos, su vida se quedó allí, en el fondo de un canal de Memphis.

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Jeff-buckley

Rock ‘n’ Draw es una sección que cuenta cada dos semanas historias del pop y el rock de los últimos 80 años que merecen ser contadas. Os proponemos textos breves y las emocionales ilustraciones de Óscar Giménez, especialmente creadas para contar cada historia de un vistazo.

Si quieres ver entregas anteriores, acerca de Eagles of Death Metal y la sala Bataclan, de la muerte del Lemmy Kilmister, la obsesión de David Bowie por el cosmos, el tiempo que PJ Harvey pasó encerrada en una caja acristalada o la soledad de Janis Joplin, las tienes a un clic.

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Jeff Buckley era un joven hipersensible y, en ocasiones, a esa fina piel se le atribuye también el sambenito del tormento interior. Sin embargo, Buckley se fundió con las aguas del río Wolf porque la línea de la vida, muy traicionera ella, se diluye sin que uno pueda darse cuenta. De pronto. Fin.

Morir con las botas puestas siempre fue un síntoma de integridad. Al autor estadounidense, sin embargo, la circunstancia le llegó por accidente una noche de mayo de 1997.

El autor estadounidense heredó el apellido de su padre, el psicodélico autor folk Tim Buckley. Sin embargo, éste solo le vio de pasada en muy contadas ocasiones, menos de las que se pueden contar con los dedos de una sola mano, de hecho. Comparten genes, apellido y muerte prematura, pero fue la madre de Jeff, Mary Guibert, la que alimentó a la fiera musical desde que comenzó a tenerse en pie.

Jeff Buckley lo dejó todo por hacer y, aun así, su madre sigue tratando de conseguir que cada susurro y cada armonía del músico californiano salgan a la luz con el mimo que solo una madre puede dar a lo único que le queda de su hijo.

El trabajo de recuperación y orfebrería sonora intenta compensar la imprudencia y el optimismo del que se cree inmortal, una combinación que privó al mundo de la delicadeza onírica de Jeff Buckley. Aunque diera tiempo a que su Hallelujah brotase para acompañarnos, su vida se quedó allí, en el fondo de un canal de Memphis.

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