14 de marzo 2016    /   ENTRETENIMIENTO
por
ilustracion  Óscar Giménez

Rock ‘n’ Draw | El superviviente Iggy Pop

14 de marzo 2016    /   ENTRETENIMIENTO     por        ilustracion  Óscar Giménez
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Bajo ciertas premisas, uno puede hacer lo que le venga en gana. Por eso, tampoco fue tan grave que el último trabajo discográfico en solitario de Iggy Pop, Après, fuera lo más cercano a un desastre que ha experimentado el animal de Muskegon (Michigan). Hizo lo que le apetecía y, para ello, antes tienes que haber alcanzado un estatus que te lo permita.

James Newell Osterberg Jr. llegó hasta ahí arriba a base de energía, crudeza y destrucción (propia y ajena). Sobrevivió a la polio y, gracias a ella, aunque sea indirectamente, destiló sus peculiares y reptilianos contoneos sobre el escenario. La cojera que le provocó la enfermedad es la causante de esos bamboleos.

Sobrevivió a los cortes que él mismo se infligía en su cuerpo y a los saltos al vacío desde el escenario; sobrevivió a la heroína y al psiquiátrico al que le llevaron sus adicciones (se dice que el Jean Genie de Bowie habla de su amigo Iggy).

Sobrevivió al estilo de vida que llevaba con sus Stooges: ha enterrado a todos sus miembros originales y a algunos de los que fueron entrando después de la fundación.

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Ha enterrado a sus grandes amigos del trío Lucky Strike y a sus casi 69 años aún le queda cuerda para grabar un disco con Josh Homme, el gran titán del rock actual.

Y en esas estamos. El viernes 18 de marzo, Iggy Pop escribe la última página de su carrera en estudio lanzando Post Pop Depression, cuyo título da una pista de cómo va a transcurrir la más próxima existencia de la estrella del punk americano.

Superó de sobra el año 1969 y, aunque sigue siendo un pasajero conduciendo por lo que le queda de vida, quedaron atrás las búsquedas para destruir con un corazón lleno de napalm. Iggy ha ido apaciguándose con el gotear de los años, en ocasiones utiliza una americana para cubrir un pecho que, en otros tiempos, se dejaba ver durante lo que duraba cada concierto y protagoniza anuncios de perfume o refrescos. ¿Y por qué un rudo punki curtido en Detroit se entrega a la buena vida? Probablemente porque puede. Porque ha sobrevivido.

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iggy-pop
Ilustración: Óscar Giménez.

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Bajo ciertas premisas, uno puede hacer lo que le venga en gana. Por eso, tampoco fue tan grave que el último trabajo discográfico en solitario de Iggy Pop, Après, fuera lo más cercano a un desastre que ha experimentado el animal de Muskegon (Michigan). Hizo lo que le apetecía y, para ello, antes tienes que haber alcanzado un estatus que te lo permita.

James Newell Osterberg Jr. llegó hasta ahí arriba a base de energía, crudeza y destrucción (propia y ajena). Sobrevivió a la polio y, gracias a ella, aunque sea indirectamente, destiló sus peculiares y reptilianos contoneos sobre el escenario. La cojera que le provocó la enfermedad es la causante de esos bamboleos.

Sobrevivió a los cortes que él mismo se infligía en su cuerpo y a los saltos al vacío desde el escenario; sobrevivió a la heroína y al psiquiátrico al que le llevaron sus adicciones (se dice que el Jean Genie de Bowie habla de su amigo Iggy).

Sobrevivió al estilo de vida que llevaba con sus Stooges: ha enterrado a todos sus miembros originales y a algunos de los que fueron entrando después de la fundación.

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Ha enterrado a sus grandes amigos del trío Lucky Strike y a sus casi 69 años aún le queda cuerda para grabar un disco con Josh Homme, el gran titán del rock actual.

Y en esas estamos. El viernes 18 de marzo, Iggy Pop escribe la última página de su carrera en estudio lanzando Post Pop Depression, cuyo título da una pista de cómo va a transcurrir la más próxima existencia de la estrella del punk americano.

Superó de sobra el año 1969 y, aunque sigue siendo un pasajero conduciendo por lo que le queda de vida, quedaron atrás las búsquedas para destruir con un corazón lleno de napalm. Iggy ha ido apaciguándose con el gotear de los años, en ocasiones utiliza una americana para cubrir un pecho que, en otros tiempos, se dejaba ver durante lo que duraba cada concierto y protagoniza anuncios de perfume o refrescos. ¿Y por qué un rudo punki curtido en Detroit se entrega a la buena vida? Probablemente porque puede. Porque ha sobrevivido.

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Ilustración: Óscar Giménez.

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