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25 de enero 2019    /   CINE/TV
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Rodolfo Valentino: cómo un grupo de mujeres creó al primer ‘latin lover’

25 de enero 2019    /   CINE/TV     por          
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Cuando Rodolfo Valentino murió en 1926, con solo 31 años, se desató la locura. A su funeral acudieron unas 100.000 personas, una multitud que intentó colarse usando todos los métodos a su alcance para ver el que presumían bello cadáver. Empujones, gritos, desmayos, ventanas rotas… Hubo hasta suicidios (no en el funeral en sí, sino esos días) de seguidoras destrozadas.

Fue el primer latin lover de la historia y el fenómeno fan le persiguió hasta su muerte, algo que un grupo de la población, los hombres, nunca comprendió: Rodolfo era extranjero, afeminado, se cuidaba demasiado. Poco macho, en definitiva.

El éxito era incomprensible para ellos, pero totalmente lógico para ellas. Como cuenta Emily W. Leider en Dark Lover, su biografía sobre el actor, si del sector masculino hubiese dependido, Valentino nunca habría conseguido un papel de galán. Pero afortunadamente para Rodolfo y la historia del séptimo arte, en esa época había muchas mujeres con poder en la industria del cine.

Cuando el cine era cosa de mujeres

Aquí va un dato sorprendente: entre 1912 y 1919, Universal tenía contratadas a once directoras que en ese periodo de tiempo dirigieron 170 películas. Había tamién productoras, guionistas, montadoras… Muchas de ellas eran bastante poderosas y Rodolfo Valentino tuvo la suerte de llamar la atención de una de ellas: June Mathis. Volveremos a ella más adelante.

Valentino y Carmel Myers en ‘Society Sensation’ (1918)

Rodolfo, italiano de pura cepa, estaba en Estados Unidos desde 1913. Era ya un buen bailarín cuando llegó, algo que había aprendido y perfeccionado viviendo en París, y a eso se dedicó los primeros años: combinó ser camarero con una carrera como taxi dancer, pareja de baile por horas en salones de la alta sociedad, una profesión muy en boga en la época, pero poco bien vista (se relacionaba con la prostitución).

Su talento para el baile hizo que consiguiera sus primeros papeles en el cine; muchas veces sin mención en los créditos, era o extra en un baile o extra del bando de los malos. Al fin y al cabo, ¿cómo poner a alguien tan moreno y de aspecto tan exótico entre los buenos? Incluso cuando sus papeles empezaron a crecer, era siempre o un villano o un aristócrata de moral dudosa, nunca el galán principal, hasta que ellas intervenían.

Las primeras en verlo fueron las actrices. Dorothy Gish consiguió que en 1919 le dieran a Rodolfo el papel del amante «oscuro» que le decían a la heroína que entraría en su vida; Carmel Myers, a quien Rudy (así llamaban a Rodolfo sus amigos) había conocido bailando, convenció al director Paul Powers de que lo contratase como su love interest en dos comedias. Su amiga Mae Murray hizo lo propio para otro par de películas.

La más importante, no obstante, fue Eyes of Youth. Aunque su papel no era muy grande –sale solo en la última parte de la película interpretando a una especie de gigoló contratado para seducir a la protagonista y pillarla en una situación comprometida–, fue la primera gran producción en la que participó. Y ese pequeño papel fue el que vio June Mathis, lo que cambiaría su carrera para siempre.

June Mathis: una de las mujeres más poderosas del cine

Mathis fue una de las mujeres más importantes y con más poder en el mundo del cine durante la época muda. Guionista y la ejecutiva mejor pagada de Hollywood en su momento, tenía poder sobre muchos aspectos de las producciones en las que participaba.

Poco después de descubrir a Valentino en Eyes of Youth, le habían encargado escribir el guion para la adaptación al cine de Los cuatro jinetes del apocalipsis, de Blasco Ibáñez. Su guion gustó tanto que le pidieron que sugirirera director y protagonista. Rex Ingram y Rodolfo Valentino, dijo ella. Lo de Valentino no gustó mucho a los grandes poderes de la Metro ya que era un actor desconocido, pero Mathis insistió y se salió con la suya.

June Mathis y Rodolfo Valentino (1922)

La influencia de June Mathis no se limitó a conseguirle el papel y lanzar su carrera, sino que el propio Rodolfo aseguraba que durante todo el rodaje había seguido sus indicaciones. «Cuando ensayaba, podía ver en su cara si le gustaba cómo estaba haciendo la escena, y si no era así, me llamaba de forma discreta y me decía “yo no lo haría así, Rudy, creo que funcionaría mejor así”», recoge la biografía escrita por Leider.

En la escena más famosa de la película, Valentino baila un tango. El primer latin lover había nacido.

Las mujeres que pusieron los toques finales

Aunque la influencia de June Mathis duró toda la carrera de Valentino –protagonizó más películas guionizadas por ella y fue, salvo alguna época de distancimiento, una buena amiga toda su vida–, no fue la única que puso su granito de arena para perfeccionar esa imagen de amante latino apasionado e irresistible.

La actriz y productora Alla Nazimova, 16 años mayor que Rudy y por aquel entonces ya muy poderosa en la industria cinematográfica, produjo y protagonizó la adaptación (guion de June Mathis) de La dama de las camelias en 1921

El protagonista masculino era Valentino y a Nazimova se le atribuye haber hecho una serie de sugerencias para alterar su físico: le depiló las cejas, le dijo que perdiera peso (de Rodolfo siempre se dice que le gustaba demasiado la pasta) y le puso sombra de ojos azul oscura y le pintó los labios (esto era habitual en el cine mudo, pero en los cuatro jinetes del apocalipsis había sido menos evidente).

En esa misma película, Rodolfo se enamoró de la que se convertiría en su segunda mujer, Natacha Rambova, que se ocupaba del diseño de vestuario y decorados. Ella le cambió el peinado, hasta entonces siempre engominado hacia atrás, y le dio un poco más de volumen. De hecho, Rambova trabajó en muchas de las películas de Valentino, a quien vistió y adornó como si fuese su maniquí particular.

Ese mismo año, Valentino fue el elegido para protagonizar Beyond the Rocks (película que se creía perdida, pero de la que apareció una copia hace unos años) junto a la estrellísima Gloria Swanson. Ya bajo los nocivos efectos de las primeras leyes del que sería el código Hays, que decía que los besos en pantalla no podían durar más de tres segundos, hubo que encontrar otras formas de mostrar el sex appeal de Rodolfo. El código no decía nada de los besos en la mano.

En una escena de la película, el personaje de Valentino besa arrebatado la mano de Swanson, con un sentimiento que insinúa todo lo que en realidad desearía estar haciendo. El beso, no obstante, no es el clásico: en vez del dorso, Valentino besa la palma de la mano de Gloria Swanson, una sensualidad extra e inesperada que sugirió al actor Elinor Glyn, la autora del libro (y peso pesado de la novela romántica) que la película adaptaba.

Y fue una montadora, Dorothy Arzner, la que escogió todos los primeros planos de Rodolfo haciendo de torero en Sangre y arena mientras se enfrentaba a los toros (en realidad las imágenes de los toros eran de stock, Valentino nunca tuvo que torear).

Un ‘look’ criticado… y copiado

Amado por el sector femenino de la población, el masculino reaccionó al éxito de Rudy con incredulidad y ataques a su masculinidad. Se rumoreaba que era gay –no se sabe si tuvo amantes hombres, aunque no sería de extrañar porque en su círculo la actitud hacia la sexualidad era abierta y fluida– y lo tachaban de teatral y volátil (características, ya se sabe, femeninas).

Ningún hombre, cuenta la biografía que decían los medios, querría parecerse a él. No obstante, esto no era del todo cierto: entre el público más joven (muchas veces incluso preadolescentes) se puso de moda el estilo Valentino. Patillas como Julio, su personaje de Los cuatro jinetes del apocalipsis, y sobre todo el pelo engominado hacia atrás. Se les llamaba los vaselinos.

Cuando murió, e incluso poco antes de su muerte, los estudios llevaban un tiempo buscando al nuevo Valentino. Actores como Ramón Novarro o Antonio Moreno lo intentaron, pero ninguno llegó a lograr lo que había logrado Rudy.

Rodolfo Valentino y Natacha Rambova (1927)

Un editorial en Moving Picture World en septiembre de 1926 ya apuntaba a que ningún intento de copia tendría éxito: «La guerra trajo a las flappers y su acompañante masculino se convirtió en el sheik [referencia al mayor éxito de Valentino]». Las flappers eran la nueva mujer que había dejado la guerra: más independiente y en busca de nuevas formas de placer. Pero tanto ellas como él eran un producto de la época y, por lo tanto, irrepetibles.

La llegada poco después del cine sonoro llenó la industria de hombres, industria que ya se tomaba en serio porque ya generaba mucho dinero. Estos, pasada la época de la posguerra, quisieron volver a una normalidad en la que las mujeres no salían del ámbito doméstico.

Ya no hubo más Valentinos porque en Hollywood ya no había mujeres con el poder para crearlos.

Cuando Rodolfo Valentino murió en 1926, con solo 31 años, se desató la locura. A su funeral acudieron unas 100.000 personas, una multitud que intentó colarse usando todos los métodos a su alcance para ver el que presumían bello cadáver. Empujones, gritos, desmayos, ventanas rotas… Hubo hasta suicidios (no en el funeral en sí, sino esos días) de seguidoras destrozadas.

Fue el primer latin lover de la historia y el fenómeno fan le persiguió hasta su muerte, algo que un grupo de la población, los hombres, nunca comprendió: Rodolfo era extranjero, afeminado, se cuidaba demasiado. Poco macho, en definitiva.

El éxito era incomprensible para ellos, pero totalmente lógico para ellas. Como cuenta Emily W. Leider en Dark Lover, su biografía sobre el actor, si del sector masculino hubiese dependido, Valentino nunca habría conseguido un papel de galán. Pero afortunadamente para Rodolfo y la historia del séptimo arte, en esa época había muchas mujeres con poder en la industria del cine.

Cuando el cine era cosa de mujeres

Aquí va un dato sorprendente: entre 1912 y 1919, Universal tenía contratadas a once directoras que en ese periodo de tiempo dirigieron 170 películas. Había tamién productoras, guionistas, montadoras… Muchas de ellas eran bastante poderosas y Rodolfo Valentino tuvo la suerte de llamar la atención de una de ellas: June Mathis. Volveremos a ella más adelante.

Valentino y Carmel Myers en ‘Society Sensation’ (1918)

Rodolfo, italiano de pura cepa, estaba en Estados Unidos desde 1913. Era ya un buen bailarín cuando llegó, algo que había aprendido y perfeccionado viviendo en París, y a eso se dedicó los primeros años: combinó ser camarero con una carrera como taxi dancer, pareja de baile por horas en salones de la alta sociedad, una profesión muy en boga en la época, pero poco bien vista (se relacionaba con la prostitución).

Su talento para el baile hizo que consiguiera sus primeros papeles en el cine; muchas veces sin mención en los créditos, era o extra en un baile o extra del bando de los malos. Al fin y al cabo, ¿cómo poner a alguien tan moreno y de aspecto tan exótico entre los buenos? Incluso cuando sus papeles empezaron a crecer, era siempre o un villano o un aristócrata de moral dudosa, nunca el galán principal, hasta que ellas intervenían.

Las primeras en verlo fueron las actrices. Dorothy Gish consiguió que en 1919 le dieran a Rodolfo el papel del amante «oscuro» que le decían a la heroína que entraría en su vida; Carmel Myers, a quien Rudy (así llamaban a Rodolfo sus amigos) había conocido bailando, convenció al director Paul Powers de que lo contratase como su love interest en dos comedias. Su amiga Mae Murray hizo lo propio para otro par de películas.

La más importante, no obstante, fue Eyes of Youth. Aunque su papel no era muy grande –sale solo en la última parte de la película interpretando a una especie de gigoló contratado para seducir a la protagonista y pillarla en una situación comprometida–, fue la primera gran producción en la que participó. Y ese pequeño papel fue el que vio June Mathis, lo que cambiaría su carrera para siempre.

June Mathis: una de las mujeres más poderosas del cine

Mathis fue una de las mujeres más importantes y con más poder en el mundo del cine durante la época muda. Guionista y la ejecutiva mejor pagada de Hollywood en su momento, tenía poder sobre muchos aspectos de las producciones en las que participaba.

Poco después de descubrir a Valentino en Eyes of Youth, le habían encargado escribir el guion para la adaptación al cine de Los cuatro jinetes del apocalipsis, de Blasco Ibáñez. Su guion gustó tanto que le pidieron que sugirirera director y protagonista. Rex Ingram y Rodolfo Valentino, dijo ella. Lo de Valentino no gustó mucho a los grandes poderes de la Metro ya que era un actor desconocido, pero Mathis insistió y se salió con la suya.

June Mathis y Rodolfo Valentino (1922)

La influencia de June Mathis no se limitó a conseguirle el papel y lanzar su carrera, sino que el propio Rodolfo aseguraba que durante todo el rodaje había seguido sus indicaciones. «Cuando ensayaba, podía ver en su cara si le gustaba cómo estaba haciendo la escena, y si no era así, me llamaba de forma discreta y me decía “yo no lo haría así, Rudy, creo que funcionaría mejor así”», recoge la biografía escrita por Leider.

En la escena más famosa de la película, Valentino baila un tango. El primer latin lover había nacido.

Las mujeres que pusieron los toques finales

Aunque la influencia de June Mathis duró toda la carrera de Valentino –protagonizó más películas guionizadas por ella y fue, salvo alguna época de distancimiento, una buena amiga toda su vida–, no fue la única que puso su granito de arena para perfeccionar esa imagen de amante latino apasionado e irresistible.

La actriz y productora Alla Nazimova, 16 años mayor que Rudy y por aquel entonces ya muy poderosa en la industria cinematográfica, produjo y protagonizó la adaptación (guion de June Mathis) de La dama de las camelias en 1921

El protagonista masculino era Valentino y a Nazimova se le atribuye haber hecho una serie de sugerencias para alterar su físico: le depiló las cejas, le dijo que perdiera peso (de Rodolfo siempre se dice que le gustaba demasiado la pasta) y le puso sombra de ojos azul oscura y le pintó los labios (esto era habitual en el cine mudo, pero en los cuatro jinetes del apocalipsis había sido menos evidente).

En esa misma película, Rodolfo se enamoró de la que se convertiría en su segunda mujer, Natacha Rambova, que se ocupaba del diseño de vestuario y decorados. Ella le cambió el peinado, hasta entonces siempre engominado hacia atrás, y le dio un poco más de volumen. De hecho, Rambova trabajó en muchas de las películas de Valentino, a quien vistió y adornó como si fuese su maniquí particular.

Ese mismo año, Valentino fue el elegido para protagonizar Beyond the Rocks (película que se creía perdida, pero de la que apareció una copia hace unos años) junto a la estrellísima Gloria Swanson. Ya bajo los nocivos efectos de las primeras leyes del que sería el código Hays, que decía que los besos en pantalla no podían durar más de tres segundos, hubo que encontrar otras formas de mostrar el sex appeal de Rodolfo. El código no decía nada de los besos en la mano.

En una escena de la película, el personaje de Valentino besa arrebatado la mano de Swanson, con un sentimiento que insinúa todo lo que en realidad desearía estar haciendo. El beso, no obstante, no es el clásico: en vez del dorso, Valentino besa la palma de la mano de Gloria Swanson, una sensualidad extra e inesperada que sugirió al actor Elinor Glyn, la autora del libro (y peso pesado de la novela romántica) que la película adaptaba.

Y fue una montadora, Dorothy Arzner, la que escogió todos los primeros planos de Rodolfo haciendo de torero en Sangre y arena mientras se enfrentaba a los toros (en realidad las imágenes de los toros eran de stock, Valentino nunca tuvo que torear).

Un ‘look’ criticado… y copiado

Amado por el sector femenino de la población, el masculino reaccionó al éxito de Rudy con incredulidad y ataques a su masculinidad. Se rumoreaba que era gay –no se sabe si tuvo amantes hombres, aunque no sería de extrañar porque en su círculo la actitud hacia la sexualidad era abierta y fluida– y lo tachaban de teatral y volátil (características, ya se sabe, femeninas).

Ningún hombre, cuenta la biografía que decían los medios, querría parecerse a él. No obstante, esto no era del todo cierto: entre el público más joven (muchas veces incluso preadolescentes) se puso de moda el estilo Valentino. Patillas como Julio, su personaje de Los cuatro jinetes del apocalipsis, y sobre todo el pelo engominado hacia atrás. Se les llamaba los vaselinos.

Cuando murió, e incluso poco antes de su muerte, los estudios llevaban un tiempo buscando al nuevo Valentino. Actores como Ramón Novarro o Antonio Moreno lo intentaron, pero ninguno llegó a lograr lo que había logrado Rudy.

Rodolfo Valentino y Natacha Rambova (1927)

Un editorial en Moving Picture World en septiembre de 1926 ya apuntaba a que ningún intento de copia tendría éxito: «La guerra trajo a las flappers y su acompañante masculino se convirtió en el sheik [referencia al mayor éxito de Valentino]». Las flappers eran la nueva mujer que había dejado la guerra: más independiente y en busca de nuevas formas de placer. Pero tanto ellas como él eran un producto de la época y, por lo tanto, irrepetibles.

La llegada poco después del cine sonoro llenó la industria de hombres, industria que ya se tomaba en serio porque ya generaba mucho dinero. Estos, pasada la época de la posguerra, quisieron volver a una normalidad en la que las mujeres no salían del ámbito doméstico.

Ya no hubo más Valentinos porque en Hollywood ya no había mujeres con el poder para crearlos.

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