19 octubre, 2018    /   CREATIVIDAD
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Rokudenashiko, la artista detenida por hacer «arte coño»

19 octubre, 2018    /   CREATIVIDAD     por
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La artista japonesa Rokudenashiko fue detenida y procesada por hacer manko art o, lo que es lo mismo, «arte coño». En el cómic Obscenidad narra su desagradable experiencia con el sistema judicial nipón y su lucha por derribar el tabú que envuelve a los órganos genitales femeninos en su país.

En japonés existe «自虐», un concepto que se podría trasladar al castellano como «autoflagelación». Es una idea que suele estar presente en el reality manga, un género en el que los dibujantes exponen con humor los acontecimientos más sonrojantes, bochornosos o inusuales de su existencia, para solaz y disfrute de sus lectores.

«La realidad en Japón es tan dura que los japoneses tendemos a conectar más fácilmente con las historias de personas que han fracasado un poco en la vida que con las de aquellas que han tenido éxito», explica Rokudenashiko. Esta artista japonesa comenzó su carrera escribiendo y dibujando ese tipo de mangas, uno de los cuales dedicó a su vaginoplastia, operación a la que se sometió por no sentirse excesivamente contenta con el tamaño de sus labios.

A partir de esa experiencia, la vida de Rokudenashiko cambió radicalmente. Contenta por el aspecto de su nueva vagina, la artista comenzó a hacerse moldes de su vulva, los decoró con abalorios, invitó a otras mujeres a que se hicieran moldes de las suyas y comenzó a exponerlas como obras de arte. Una decisión que no fue muy bien recibida en un país que, paradójicamente, celebra el festival Kanamara Matsuri, en el que se adora y pasea un falo de enormes dimensiones.

«Las pollas son genitales masculinos y Japón es un país muy abierto a las representaciones del sexo masculino. Mientras que chinko (polla) es aceptable, está estrictamente prohibido pronunciar manko (coño) en la televisión o en la radio. Aunque es cierto que no hay una ley escrita sobre ello, la gente lo tiene tan interiorizado que, en la práctica, sí que se aplica esa prohibición. Tanto es así, que los adultos no quieren hablar con los niños sobre el manko», indica.

«Si un niño habla sobre el sexo masculino sí se acepta, pero si dice manko, será regañado. De la misma manera, está mal visto que las niñas sientan curiosidad por el sexo en general y sobre el suyo en particular, porque los hombres temen a las mujeres que controlan su sexualidad».

Lo que sí que está expresamente prohibido en Japón es la exhibición de los órganos sexuales. «Se debe a que la cultura cristiana fue importada durante la era Meiji», explica Rokudenashiko. Eso provoca que no se puedan reproducir desnudos de cintura para abajo, salvo que se pixelen los órganos sexuales. Si se cumple esa limitación, es posible reproducir y vender cualquier contenido de carácter sexual.

«Lo que en Europa se consideraría pornografía pura y dura, en Japón puede encontrarse como si nada en tiendas de conveniencia», comenta Rokudenashiko y añade que, aunque en virtud de esa regulación la policía tiene la potestad de perseguir a los que no cumplen esas normas, lo cierto es que «los dueños de sex-shops parecen estar exentos de esa persecución y, cuando se les detiene con material explícito, suelen argumentar que están vendiendo artículos de broma».

Lo que no fue una broma fue la experiencia sufrida por Rokudenashiko por reivindicar su manko e intentar acabar con el tabú que lo envuelve utilizando como herramienta el arte.

Después de sus primeras exposiciones con piezas en las que mostraba vulvas, después de diseñar divertidos muñecos con forma de manko o fundas de móvil con un coño en su superficie, la artista puso en marcha un crowdfounding para fabricar una canoa cuya forma reproducía su propio manko, previamente escaneado y fabricado con una impresora 3D. La policía, haciendo uso de sus atribuciones, allanó el domicilio de Rokudenashiko, requisó su material de trabajo, sus piezas de arte y la detuvo.

«Normalmente, cuando uno es detenido no se le considera culpable hasta que no es juzgado. Sin embargo, la población japonesa asocia la imagen del arresto a la de la culpabilidad y a que eres una persona peligrosa y malvada. Esto hace que, incluso cuando eres declarada inocente, has de soportar la vergüenza social que se deriva de haber sido detenida. A eso se suma que nadie quiere hablar de lo terrible que es la detención y la estancia en prisión porque se considera algo humillante. ¡Ah!, y eso sin olvidar que en Japón todavía tenemos vigente la pena de muerte».

La detención de Rokudenashiko salió en todos los medios de comunicación, que no ahorraron calificativos degradantes para la artista. La mostraron con el peor aspecto posible, no le dejaron aparecer en pantalla con sus características pelucas de colores y la calificaron de «supuesta artista». Una maniobra orquestada por las autoridades y la prensa, que puso a la sociedad nipona en su contra.

«En Japón muy poca gente se tomó mi caso en serio. Solo cuando trascendió y se conoció en otros países aparecieron personas que apoyaron mi causa, cosa que me animó mucho. A pesar de todo, gracias a ese proceso conocí a mi actual esposo, me casé con él y tuvimos un hijo precioso, lo que es maravilloso. En ese sentido, le estoy agradecida a la policía por proporcionarme un sistema de encuentros vis a vis».

Fiel al género «自虐», Rokudenashiko ha contado su experiencia en prisión en Obscenidad, un manga publicado por Astiberri que repasa su detención, las mala praxis de los agentes de policía que, además de someterla a infinidad de burlas no la informaron de sus derechos para que tuviera un juicio justo, y su estancia en las prisiones japonesas, en las que los reclusos están sometidos a un férreo control que endurece y agrava injustamente su condena.

Un trabajo tan divertido como escalofriante que tal vez sirva para derribar tabúes, derogar ciertas leyes machistas y humanizar el sistema judicial nipón.

«Japón es literalmente una isla y la población japonesa reside en su gran mayoría en ella, por lo que la objetividad y perspectiva que tienen de las cosas es muy pobre. Me resulta imposible cambiar la concepción del mundo de los japoneses porque, desde la infancia, han sido educados para no disentir de la mayoría. Sin embargo, mi caso ha sido discutido ampliamente en las redes sociales e incluso en las escuelas de derecho, por lo que espero que, si no puedo cambiar las cosas por arriba, que mi trabajo anime a las personas a empezar a pensar por sí mismas».

En la actualidad Rokudenashiko reside fuera de Japón. Mientras cría sus hijos y trabaja en un cómic dirigido al público japonés en el que reflexiona sobre las diferencias entre la vida en su país y en el extranjero, espera que se resuelvan los procesos judiciales que aún tiene pendientes.

«El Tribunal Supremo de Japón me declaró inocente del delito de obscenidad. Sin embargo, continúo procesada por distribuir datos obscenos en 3D, un cargo derivado del crowdfounding que organicé y cuya recompensa a los participantes era poder descargar un archivo vectorial de mi vagina escaneada. A pesar de todo, sigo haciendo manko art y, de hecho, considero al proceso judicial del que he sido objeto como parte de ese proyecto. Es como una colaboración artística que realizase con toda la nación japonesa».

La artista japonesa Rokudenashiko fue detenida y procesada por hacer manko art o, lo que es lo mismo, «arte coño». En el cómic Obscenidad narra su desagradable experiencia con el sistema judicial nipón y su lucha por derribar el tabú que envuelve a los órganos genitales femeninos en su país.

En japonés existe «自虐», un concepto que se podría trasladar al castellano como «autoflagelación». Es una idea que suele estar presente en el reality manga, un género en el que los dibujantes exponen con humor los acontecimientos más sonrojantes, bochornosos o inusuales de su existencia, para solaz y disfrute de sus lectores.

«La realidad en Japón es tan dura que los japoneses tendemos a conectar más fácilmente con las historias de personas que han fracasado un poco en la vida que con las de aquellas que han tenido éxito», explica Rokudenashiko. Esta artista japonesa comenzó su carrera escribiendo y dibujando ese tipo de mangas, uno de los cuales dedicó a su vaginoplastia, operación a la que se sometió por no sentirse excesivamente contenta con el tamaño de sus labios.

A partir de esa experiencia, la vida de Rokudenashiko cambió radicalmente. Contenta por el aspecto de su nueva vagina, la artista comenzó a hacerse moldes de su vulva, los decoró con abalorios, invitó a otras mujeres a que se hicieran moldes de las suyas y comenzó a exponerlas como obras de arte. Una decisión que no fue muy bien recibida en un país que, paradójicamente, celebra el festival Kanamara Matsuri, en el que se adora y pasea un falo de enormes dimensiones.

«Las pollas son genitales masculinos y Japón es un país muy abierto a las representaciones del sexo masculino. Mientras que chinko (polla) es aceptable, está estrictamente prohibido pronunciar manko (coño) en la televisión o en la radio. Aunque es cierto que no hay una ley escrita sobre ello, la gente lo tiene tan interiorizado que, en la práctica, sí que se aplica esa prohibición. Tanto es así, que los adultos no quieren hablar con los niños sobre el manko», indica.

«Si un niño habla sobre el sexo masculino sí se acepta, pero si dice manko, será regañado. De la misma manera, está mal visto que las niñas sientan curiosidad por el sexo en general y sobre el suyo en particular, porque los hombres temen a las mujeres que controlan su sexualidad».

Lo que sí que está expresamente prohibido en Japón es la exhibición de los órganos sexuales. «Se debe a que la cultura cristiana fue importada durante la era Meiji», explica Rokudenashiko. Eso provoca que no se puedan reproducir desnudos de cintura para abajo, salvo que se pixelen los órganos sexuales. Si se cumple esa limitación, es posible reproducir y vender cualquier contenido de carácter sexual.

«Lo que en Europa se consideraría pornografía pura y dura, en Japón puede encontrarse como si nada en tiendas de conveniencia», comenta Rokudenashiko y añade que, aunque en virtud de esa regulación la policía tiene la potestad de perseguir a los que no cumplen esas normas, lo cierto es que «los dueños de sex-shops parecen estar exentos de esa persecución y, cuando se les detiene con material explícito, suelen argumentar que están vendiendo artículos de broma».

Lo que no fue una broma fue la experiencia sufrida por Rokudenashiko por reivindicar su manko e intentar acabar con el tabú que lo envuelve utilizando como herramienta el arte.

Después de sus primeras exposiciones con piezas en las que mostraba vulvas, después de diseñar divertidos muñecos con forma de manko o fundas de móvil con un coño en su superficie, la artista puso en marcha un crowdfounding para fabricar una canoa cuya forma reproducía su propio manko, previamente escaneado y fabricado con una impresora 3D. La policía, haciendo uso de sus atribuciones, allanó el domicilio de Rokudenashiko, requisó su material de trabajo, sus piezas de arte y la detuvo.

«Normalmente, cuando uno es detenido no se le considera culpable hasta que no es juzgado. Sin embargo, la población japonesa asocia la imagen del arresto a la de la culpabilidad y a que eres una persona peligrosa y malvada. Esto hace que, incluso cuando eres declarada inocente, has de soportar la vergüenza social que se deriva de haber sido detenida. A eso se suma que nadie quiere hablar de lo terrible que es la detención y la estancia en prisión porque se considera algo humillante. ¡Ah!, y eso sin olvidar que en Japón todavía tenemos vigente la pena de muerte».

La detención de Rokudenashiko salió en todos los medios de comunicación, que no ahorraron calificativos degradantes para la artista. La mostraron con el peor aspecto posible, no le dejaron aparecer en pantalla con sus características pelucas de colores y la calificaron de «supuesta artista». Una maniobra orquestada por las autoridades y la prensa, que puso a la sociedad nipona en su contra.

«En Japón muy poca gente se tomó mi caso en serio. Solo cuando trascendió y se conoció en otros países aparecieron personas que apoyaron mi causa, cosa que me animó mucho. A pesar de todo, gracias a ese proceso conocí a mi actual esposo, me casé con él y tuvimos un hijo precioso, lo que es maravilloso. En ese sentido, le estoy agradecida a la policía por proporcionarme un sistema de encuentros vis a vis».

Fiel al género «自虐», Rokudenashiko ha contado su experiencia en prisión en Obscenidad, un manga publicado por Astiberri que repasa su detención, las mala praxis de los agentes de policía que, además de someterla a infinidad de burlas no la informaron de sus derechos para que tuviera un juicio justo, y su estancia en las prisiones japonesas, en las que los reclusos están sometidos a un férreo control que endurece y agrava injustamente su condena.

Un trabajo tan divertido como escalofriante que tal vez sirva para derribar tabúes, derogar ciertas leyes machistas y humanizar el sistema judicial nipón.

«Japón es literalmente una isla y la población japonesa reside en su gran mayoría en ella, por lo que la objetividad y perspectiva que tienen de las cosas es muy pobre. Me resulta imposible cambiar la concepción del mundo de los japoneses porque, desde la infancia, han sido educados para no disentir de la mayoría. Sin embargo, mi caso ha sido discutido ampliamente en las redes sociales e incluso en las escuelas de derecho, por lo que espero que, si no puedo cambiar las cosas por arriba, que mi trabajo anime a las personas a empezar a pensar por sí mismas».

En la actualidad Rokudenashiko reside fuera de Japón. Mientras cría sus hijos y trabaja en un cómic dirigido al público japonés en el que reflexiona sobre las diferencias entre la vida en su país y en el extranjero, espera que se resuelvan los procesos judiciales que aún tiene pendientes.

«El Tribunal Supremo de Japón me declaró inocente del delito de obscenidad. Sin embargo, continúo procesada por distribuir datos obscenos en 3D, un cargo derivado del crowdfounding que organicé y cuya recompensa a los participantes era poder descargar un archivo vectorial de mi vagina escaneada. A pesar de todo, sigo haciendo manko art y, de hecho, considero al proceso judicial del que he sido objeto como parte de ese proyecto. Es como una colaboración artística que realizase con toda la nación japonesa».

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Opiniones 13
  • Cada uno su punto de vista ahí hobras de arte donde muestra el horror cuerpo despedazado y hombres desnudos. Ahí muestra vulvas para un hombre consciente no tiene nada de horror, para mí parecen pétalos de una flor.

  • Puestos a hacer hamparte ¡revolución!
    Japon y buena parte del mundo necesita un lavado de cara en cuanto a tabues y sexismo.

    Nuca será moral ni logico que la feminidad y la homosexualidad se vean a la altura o peores moralmente que la pedofilia, la violacion o verdaderas cosas que no deberian estar socialmente aceptadas.

  • Puestos a hacer hamparte ¡revolución!
    Japon y buena parte del mundo necesita un lavado de cara en cuanto a tabues y sexismo.

    Nuca será moral ni logico que la feminidad y la homosexualidad se vean a la altura o peores moralmente que la pedofilia, la violacion o verdaderas cosas que no deberian estar socialmente aceptadas.

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