5 de noviembre 2018    /   ENTRETENIMIENTO
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Si hay que estar en una trinchera, estoy en la de Rosalía

5 de noviembre 2018    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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El pasado miércoles, Rosalía se pegó un homenaje en la Plaza de Colón, en Madrid, y la cosa estuvo bastante guapa.

Mira, yo no sé si lo de Rosalía es hype o no. Lo que sí sé es que a lo que ofrece le sienta muy bien el músculo del perfecto plan diseñado para encumbrarla. Y como el talento ya lo tiene, pues todo rueda como el pelotón del Tour de Francia en los llanos de camino a Futuroscope.

Durante lo del miércoles noche se le ha escapado la primera lagrimilla cantando Catalina –su también primer hit– y ha brillado en su mejilla amplificada por la iluminación rojísimamente roja; le ha costado contener la satisfacción cuando la gente se ha puesto a cantar Pienso en tu mirá en plan macro karaoke y, al final, directamente se ha emocionado irremisiblemente; es capaz de echarle un poquitín de flamenco a la jauría de danzas urbanas que desata con Esto está encendío y que el asunto no chirríe; lleva a El Guincho dándole a las programaciones y la percusión; la banda ha marcado el compás en De aquí no sales con el acelerador de un quad, en plan brooom, broooom;  se ha metido entre el público a abrazarse y la cosa ha sido tan sincera que ha resultado hasta ligeramente incómoda.

Más allá de los fuegos artificiales y los quads, la mandanga que permite ver qué hay detrás de plan de negocio se ha lanzado hace unas horas, a medianoche. El mal querer, el disco de Rosalía, se ha concebido casi como una ópera rock, como un álbum con timeline que debe ser escuchado en el orden propuesto. Algo exótico en los tiempos del single en streaming. Y sostiene de maravilla todo lo que rodea a la cantante catalana.

El LP, que no es demasiado long, narra la vicisitud y contrariedad que rodea a una relación de pareja de las que acaba en negritud, una especie de Bodas de Sangre, pero sin cortijo en Níjar.

El mal querer, producido por la propia Rosalía y El Guincho, contiene todas las etapas de este tipo de aventuras venenosas: el «no me da buena espina este tipo», el romanticismo abstraído del abuso, la boda, el «me duele a mí más que a ti», el maltrato, el talego, el embarazo y la liberación.

Rosalía,

Los que esperaban un disco de ritmos urbanos se encontrarán que los tres singles lanzados hasta ahora marcan el techo en cuanto a ese tipo de sonido. Todo lo demás está más cerca de Los Ángeles (del disco) que de Canadá (los tres vídeos que ya se han visto) por más que los arreglos actuales sean transversales a la propuesta.

Rosalía está en el trayecto exacto para convertirse en una estrella global, pero El mal querer, que es un gran disco, da miedo porque apunta a dónde puede llegar la artista catalana. A donde quiera.

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Más allá de los fuegos artificiales y los quads, la mandanga que permite ver qué hay detrás de plan de negocio se ha lanzado hace unas horas, a medianoche. El mal querer, el disco de Rosalía, se ha concebido casi como una ópera rock, como un álbum con timeline que debe ser escuchado en el orden propuesto. Algo exótico en los tiempos del single en streaming. Y sostiene de maravilla todo lo que rodea a la cantante catalana.

El LP, que no es demasiado long, narra la vicisitud y contrariedad que rodea a una relación de pareja de las que acaba en negritud, una especie de Bodas de Sangre, pero sin cortijo en Níjar.

El mal querer, producido por la propia Rosalía y El Guincho, contiene todas las etapas de este tipo de aventuras venenosas: el «no me da buena espina este tipo», el romanticismo abstraído del abuso, la boda, el «me duele a mí más que a ti», el maltrato, el talego, el embarazo y la liberación.

Rosalía,

Los que esperaban un disco de ritmos urbanos se encontrarán que los tres singles lanzados hasta ahora marcan el techo en cuanto a ese tipo de sonido. Todo lo demás está más cerca de Los Ángeles (del disco) que de Canadá (los tres vídeos que ya se han visto) por más que los arreglos actuales sean transversales a la propuesta.

Rosalía está en el trayecto exacto para convertirse en una estrella global, pero El mal querer, que es un gran disco, da miedo porque apunta a dónde puede llegar la artista catalana. A donde quiera.

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