4 de enero 2022    /   ENTRETENIMIENTO
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Roy Galán, entre lo íntimo y lo terrorífico

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Cuando era pequeño, Roy Galán se dormía escuchando historias. Él y su hermana tenían una colección de cintas con cuentacuentos que ponían en el radiocasete, las luces apagadas, las mantas embozadas hasta las orejas. Los cuentos eran como ovejas que les sobrevolaban las cabezas. Pero de vez en cuando se colaba una oveja negra.

«Recuerdo un cuento sobre unas ratas que me daba auténtico terror. Pero tenía demasiado miedo para levantarme y apretar el botón de stop», explica el escritor. «Así que lo escuchaba aterrorizado en la cama, paralizado, intentando taparme los oídos, pero también curioso». Este es el sentimiento que ha querido reproducir en su último trabajo, un audiolibro que no se escucha en casete, sino en la aplicación Storytel

Las moscas mansas es un cuento de terror, un ejercicio de autoficción y un retrato generacional de la España de los primeros años noventa. «Es la historia que llevo queriendo contar desde hace 20 años. Una historia sobre una familia diversa [Galán tenía dos madres], una historia de VIH [una de ellas murió a causa del virus], una historia de rechazo social y estigma, pero también una historia generacional». 

Roy Galán es un escritor, articulista y activista LGTB. Ha escrito seis libros, pero donde más gente lo lee es en las redes sociales. Cuenta con medio millón de seguidores en Instagram, 250.000 en Facebook y 32.000 en Twitter. En estas redes comparte sus reflexiones y pequeños escritos. Parte de la cultura pop para hablar de temas políticos o sociales. Así, un capítulo de La isla de las tentaciones, que para la mayoría da para echarse unas risas, una siesta o crear un meme, a él le da para reflexionar sobre la masculinidad tóxica, las dinámicas de pareja o la bifobia.

«La cultura popular se usa muchas veces como forma de evadirse, pero también puede servir para reflexionar», apunta. «Hay algo en ella que es común a todos. Si quieres que alguien te entienda, que empatice, tienes que usar un lugar común. Es un punto de partida para llegar a otros lugares».

 

Ese punto de partida está presente en el arranque de cada capítulo de Las moscas mansas. Cada narración empieza reproduciendo una noticia real de la época. La desaparición de las niñas de Alcasser o cuando Magic Johnson anunció que tenía SIDA. «Me gusta que la gente tenga que hacer memoria para seguir mi memoria», subraya.

Estas noticias entroncan después con el argumento de la historia, algo que el autor hace para enlazar los terrores sociales y los individuales. «Lo que sale en la tele tiene un impacto en la vida de las personas. Si sale una señora diciendo que el matrimonio igualitario es como juntar peras con manzanas, eso tiene un impacto en la vida de la gente».  

Pero lo destacable de Las moscas mansas no es lo que Galán mantiene sino lo que innova. Es la primera vez que utiliza el audio para contar una historia, una experiencia a la que le costó acostumbrarse, pero que disfrutó enormemente después. También es la primera vez que se adentra en el terror, un género que consume desde los 12 años pero que nunca antes había practicado. «Me he dado cuenta de que escribirlo es distinto. Es más duro. Yo me iba acojonado a la cama. Por otro lado, parte del libro es autoficción, así que era un poco terapia y un poco terror. Ha sido intenso».

Las moscas mansas puede escucharse y leerse. La app ofrece la opción de consumirlo como un libro tradicional, aunque se pierda parte de la experiencia. «Sería como ir a ver Spiderman y quedarte en la puerta del cine leyendo el guion», ironiza el autor. Storytel, como casi todas las aplicaciones de audio, ofrece también la posibilidad de pasar los audios a velocidad x2, una costumbre cada vez más extendida entre los denominados faster, personas que consumen productos culturales a toda pastilla para no quedarse fuera de la conversación.

«Creo que es un síntoma de una enfermedad actual que tiene que ver con la impaciencia», sentencia Galán . «La conversación de ascensor ya no va sobre el tiempo, va sobre qué serie estás viendo. Y cuantas más series ves, más válido eres socialmente. Ganas prestigio, estás al día, la gente ve las series o escucha los podcast a x2 para poder poner un tuit. Ese es el nivel».  

Galán cree que en los procesos de creación «hay un 50% de placer y un 50% de tortura», pero en este caso el segundo porcentaje se ha disparado. Rebuscar los episodios más traumáticos de tu infancia y revestirlos de terror puede ser duro. Tanto que el autor confiesa no haber escuchado algunos fragmentos del audiolibro.

«Me siento otra vez un niño escuchando el cuento de las ratas», reconoce. Su idea es poner al lector en esa posición también. Cree Galán que el terror nos incomoda. Que nos pone en un sitio vulnerable, casi infantil. Y que, contadas desde ese punto, las historias son más de verdad.

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Cuando era pequeño, Roy Galán se dormía escuchando historias. Él y su hermana tenían una colección de cintas con cuentacuentos que ponían en el radiocasete, las luces apagadas, las mantas embozadas hasta las orejas. Los cuentos eran como ovejas que les sobrevolaban las cabezas. Pero de vez en cuando se colaba una oveja negra.

«Recuerdo un cuento sobre unas ratas que me daba auténtico terror. Pero tenía demasiado miedo para levantarme y apretar el botón de stop», explica el escritor. «Así que lo escuchaba aterrorizado en la cama, paralizado, intentando taparme los oídos, pero también curioso». Este es el sentimiento que ha querido reproducir en su último trabajo, un audiolibro que no se escucha en casete, sino en la aplicación Storytel

Las moscas mansas es un cuento de terror, un ejercicio de autoficción y un retrato generacional de la España de los primeros años noventa. «Es la historia que llevo queriendo contar desde hace 20 años. Una historia sobre una familia diversa [Galán tenía dos madres], una historia de VIH [una de ellas murió a causa del virus], una historia de rechazo social y estigma, pero también una historia generacional». 

Roy Galán es un escritor, articulista y activista LGTB. Ha escrito seis libros, pero donde más gente lo lee es en las redes sociales. Cuenta con medio millón de seguidores en Instagram, 250.000 en Facebook y 32.000 en Twitter. En estas redes comparte sus reflexiones y pequeños escritos. Parte de la cultura pop para hablar de temas políticos o sociales. Así, un capítulo de La isla de las tentaciones, que para la mayoría da para echarse unas risas, una siesta o crear un meme, a él le da para reflexionar sobre la masculinidad tóxica, las dinámicas de pareja o la bifobia.

«La cultura popular se usa muchas veces como forma de evadirse, pero también puede servir para reflexionar», apunta. «Hay algo en ella que es común a todos. Si quieres que alguien te entienda, que empatice, tienes que usar un lugar común. Es un punto de partida para llegar a otros lugares».

 

Ese punto de partida está presente en el arranque de cada capítulo de Las moscas mansas. Cada narración empieza reproduciendo una noticia real de la época. La desaparición de las niñas de Alcasser o cuando Magic Johnson anunció que tenía SIDA. «Me gusta que la gente tenga que hacer memoria para seguir mi memoria», subraya.

Estas noticias entroncan después con el argumento de la historia, algo que el autor hace para enlazar los terrores sociales y los individuales. «Lo que sale en la tele tiene un impacto en la vida de las personas. Si sale una señora diciendo que el matrimonio igualitario es como juntar peras con manzanas, eso tiene un impacto en la vida de la gente».  

Pero lo destacable de Las moscas mansas no es lo que Galán mantiene sino lo que innova. Es la primera vez que utiliza el audio para contar una historia, una experiencia a la que le costó acostumbrarse, pero que disfrutó enormemente después. También es la primera vez que se adentra en el terror, un género que consume desde los 12 años pero que nunca antes había practicado. «Me he dado cuenta de que escribirlo es distinto. Es más duro. Yo me iba acojonado a la cama. Por otro lado, parte del libro es autoficción, así que era un poco terapia y un poco terror. Ha sido intenso».

Las moscas mansas puede escucharse y leerse. La app ofrece la opción de consumirlo como un libro tradicional, aunque se pierda parte de la experiencia. «Sería como ir a ver Spiderman y quedarte en la puerta del cine leyendo el guion», ironiza el autor. Storytel, como casi todas las aplicaciones de audio, ofrece también la posibilidad de pasar los audios a velocidad x2, una costumbre cada vez más extendida entre los denominados faster, personas que consumen productos culturales a toda pastilla para no quedarse fuera de la conversación.

«Creo que es un síntoma de una enfermedad actual que tiene que ver con la impaciencia», sentencia Galán . «La conversación de ascensor ya no va sobre el tiempo, va sobre qué serie estás viendo. Y cuantas más series ves, más válido eres socialmente. Ganas prestigio, estás al día, la gente ve las series o escucha los podcast a x2 para poder poner un tuit. Ese es el nivel».  

Galán cree que en los procesos de creación «hay un 50% de placer y un 50% de tortura», pero en este caso el segundo porcentaje se ha disparado. Rebuscar los episodios más traumáticos de tu infancia y revestirlos de terror puede ser duro. Tanto que el autor confiesa no haber escuchado algunos fragmentos del audiolibro.

«Me siento otra vez un niño escuchando el cuento de las ratas», reconoce. Su idea es poner al lector en esa posición también. Cree Galán que el terror nos incomoda. Que nos pone en un sitio vulnerable, casi infantil. Y que, contadas desde ese punto, las historias son más de verdad.

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