26 de julio 2016    /   ENTRETENIMIENTO
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En este país sólo existe un libro oficial y no es la Biblia ni el Corán: la historia del Ruhnama

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Si algún amigo no deja de insistir en que compres su libro o no logra hablar de otra cosa, puedes empezar a respirar. No es lo peor que te puede pasar. Podrías vivir en Turkmenistán y entonces habrías memorizado el Ruhnama (‘El libro del alma’) en el colegio, habrías recitado sus versos en la hora de matemáticas y lo habrías estudiado al detalle en detrimento de otras asignaturas como los idiomas.

Años después, tendrías que volver a memorizarlo para obtener el permiso de conducir o para intentar acceder a un puesto de funcionario o para ejercer la medicina. Turkmenistán tiene libro oficial y omnipresente. No se trata de una constitución, ni siquiera del Corán, sino de un volumen escrito por Saparmyrat Niyázov, el anterior presidente. Una especie de tratado para ser buen turcomano que en realidad no es más que un libro autobiográfico en el que reúne sus ideas, reflexiones, leyendas, cuentos, poemas y alucinaciones.

Así lo resume el propio Niyázov al abrir el libro: «El Ruhnama ha absorbido los quinientos años de historia de nuestra nación, las perlas de su sabiduría, filosofía, mentalidad, sus sueños y aspiraciones, su cultura y estilo de vida únicos, así como su rico mundo interior».

El presidente, en realidad, estaba hablando de sí mismo. Sustituir en esta frase la primera persona del plural por la del singular no habría supuesto ninguna diferencia. Como dijo en el documental Shadow of the Holy Book un activista turcomano afincado en Austria, el libro supuestamente histórico «ni siquiera tiene un listado de fuentes». En sus páginas, Niyázov intenta incluso convencer al mundo de que sus antecesores son los de toda la Humanidad.

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Para convencerse y demostrar que su pluma merecía la pena, Niyázov llegó a convocar un premio de poesía de que él mismo era el único miembro del jurado y que, por supuesto, ganó.

«Si pronuncio la menor palabra contra ti, deja que mi lengua se seque como una hoja. Si nunca traiciono a mi patria y a su gran líder Saparmyrat Turkmenbashi, deja que mi vida quede reducida a cenizas». Así reza uno de los fragmentos del libro que los niños recitaban con afectación religiosa en clase, de pie y con la mano en el corazón.

El Ruhnama Libro del Alma debe ser el centro de este universo. En este universo, todos los asuntos cósmicos presentes y futuros deben girar en torno a la atracción del Ruhnama, de su fuerza centrípeta y de sus órbitas

A su criterio, el libro fue merecedor incluso de dar nombre a septiembre cuando decidió renombrar los meses a su gusto, así como de nombrar algunos pueblos de Turkmenistán. El 12 de septiembre es el día del Ruhnama por excelencia. Con motivo de la fiesta, el amado líder aparecía en alguna de sus cadenas televisivas para lanzar un mensaje de amor a su propio libro y, en realidad, a sí mismo.

Aquel que lea tres veces el Ruhnama encontrará riqueza espiritual, se volverá más inteligente y, además, irá directamente al paraíso

«Hoy es el Día del Ruhnama. Gracias por vuestras felicitaciones. Yo también os felicito desde el fondo de mi corazón. El Ruhnama tiene un gran valor para todos nosotros, para el futuro y el presente de los turcomanos. Si caminamos, vivimos y trabajamos por el Ruhnama todo estará bien, si Alá quiere», decía rodeado de ramos de flores en una de sus apariciones.

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Niyázov también hizo construir un enorme monumento que aparentemente tiene la forma de un libro pero que en realidad es el Ruhnama. Un descomunal mamotreto que se abre al atardecer, exactamente a las 20.00 horas para reproducir en una pantalla los pasajes de los que Niyázov se sentía especialmente orgulloso.

En 2007, meses después de la muerte de Niyázov, apareció ‘Shadow of the Holy Book’ (‘La sombra del libro Sagrado’), un documental finlandés que durante una hora y media aborda el impacto del libro en la sociedad y la obsesión del presidente con su propia obra.

La pregunta que llevó a los productores a hacer el documental fue cómo había sido posible que las grandes multinacionales del mundo se hubieran encargado de traducir una obra tan infame que había sido escrita con la única finalidad de servir como herramienta opresora. Algunas empresas como Siemens fueron las responsables de traducir el Ruhnama a más de cuarenta idiomas. Pero Arto Halonen, el director de la cinta, nunca recibió respuesta.

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Los inversores extranjeros tampoco se salvan del libro oficial de Turkmenistán: es necesario aprenderlo para hacer negocios en el país, de ahí que en su momento vieran una buena oportunidad para ganarse los favores del presidente llevando su libro por el mundo y haciéndolo comprensible a todos.

El primero fue Ahmet Çalic, un empresario turco amigo de Erdogan que propuso su traducción al turco y al inglés. Tras él, varios empresarios que querían hacer negocios en un lugar tan inaccesible como Turkmenistán trataron de ganarse los favores del presidente incluso escribiéndole las cartas que quería leer. Un alto directivo de Culligan llegó a escribirle una carta solicitando permiso para traducir el Ruhnama al croata y al italiano. «Estoy seguro de que el Sagrado Ruhnama será una revelación para mucha gente y les ayudará a encontrar el sentido de la vida», escribió.

El excéntrico currículum de Niyázov lo explica todo

Niyazov ya gorbernaba desde tiempos soviéticos. Tras la independencia de Turkmenistán en 1991, se convirtió en el máximo líder de un estado que gobernó con mano férrea mientras daba su toque más personal a la capital, Ashgabat.

Entre sus estrafalarias manías y medidas, destacaron la prohibición del ballet, de la ópera, de la barba, del bigote y de los dientes de oro. También prohibió el maquillaje entre los presentadores de las cuatro cadenas públicas. La mayoría de sus prohibiciones, vistas en conjunto, iban destinadas a dejar la cara al descubierto y en ellas aflora cierta manía persecutoria. No en vano, encarceló a tantas personas por atentar contra él o por haberlo intentado (o pensado) que su paranoia culminaba en amnistías masivas.

Los nombres de los meses no eran de su agrado. Por eso, enero pasó a ser Turkmenbashí, el pseudónimo con el que él mismo se llamaba y que significa «padre de todos los turcomanos». Abril pasó a llamarse como su madre y, septiembre, como su libro. Otros miembros de su familia gozaron del honor de dar nombre a todo un mes.

El día del cumpleaños del presidente, coincidía con la gran fiesta nacional. También creó el Día del Melón.

Además, tenía la costumbre de avergonzar a los ministros en público, por ejemplo, haciéndoles correr hasta 36 kilómetros.

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Entre sus ideas más extravagantes, destaca su intento por construir un zoo específico para pingüinos y pistas de patinaje sobre hielo en el desierto de Karakum, que alcanza los 50º.

Eliminar asignaturas para sustituirlas por el aprendizaje del Ruhnama fue otra de sus proezas ególatras. El libro, fue lanzado en un cohete ruso para que orbitara alrededor de la Tierra. Así lo anunció él mismo: «El libro que conquistó los corazones de millones de personas en la Tierra ahora está conquistando el espacio».

Se entiende, por tanto, que cerrara las bibliotecas del país o que algunas tuvieran sólo un libro o dos. Los turcomanos, según él, sólo necesitaban el Ruhnama y, de manera secundaria, el Corán.

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¿El fin del libro del alma turcomana?

En diciembre de 2006, el médico personal de Niyázov, Berdymuhamedov, le encontró muerto. Fue la primera persona que supo de la muerte del líder y pronto se convirtió en el nuevo padre del país.

Aunque no ha eliminado los símbolos de Niyázov de golpe, poco a poco y de manera muy discreta ha ido reduciendo su presencia en todas las esquinas del país. Lo hace, en realidad, para susttituirla por la suya. Por eso, en 2011 decidió que había llegado el momento de retirar el libro entre los estudiantes de secundaria, para los que era un requisito indispensable si querían aprobar. El Ministerio de Educación acabó retirándolo completamente de las aulas.

En los últimos años, el nuevo presidente no ha dejado de insistir en la necesidad de recuperar la figura del poeta turcomano del siglo XIII Magtymguly Pyragy, un líder espiritual que Niyázov eclipsó por decisión propia.

Sólo él podía ser el líder espiritual de su pueblo y tal concepto tenía de sí mismo que, cuando vio el resultado de Children of the earthquake, una película que contaba cómo quedó huérfano tras un terremoto que arrasó Ashgabat en 1948, acabó clausurando los cines y estudios del país durante dos años, según cuenta el director en el documental Shadow of the Holy Book. ¿Cuál fue el error? Niyazov aparecía como un niño huérfano, quizá algo heroico, pero no aparecía como un dios.

Imágenes: Commons de Flickr y capturas del documental Shadow of the Holy Book. 

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Si algún amigo no deja de insistir en que compres su libro o no logra hablar de otra cosa, puedes empezar a respirar. No es lo peor que te puede pasar. Podrías vivir en Turkmenistán y entonces habrías memorizado el Ruhnama (‘El libro del alma’) en el colegio, habrías recitado sus versos en la hora de matemáticas y lo habrías estudiado al detalle en detrimento de otras asignaturas como los idiomas.

Años después, tendrías que volver a memorizarlo para obtener el permiso de conducir o para intentar acceder a un puesto de funcionario o para ejercer la medicina. Turkmenistán tiene libro oficial y omnipresente. No se trata de una constitución, ni siquiera del Corán, sino de un volumen escrito por Saparmyrat Niyázov, el anterior presidente. Una especie de tratado para ser buen turcomano que en realidad no es más que un libro autobiográfico en el que reúne sus ideas, reflexiones, leyendas, cuentos, poemas y alucinaciones.

Así lo resume el propio Niyázov al abrir el libro: «El Ruhnama ha absorbido los quinientos años de historia de nuestra nación, las perlas de su sabiduría, filosofía, mentalidad, sus sueños y aspiraciones, su cultura y estilo de vida únicos, así como su rico mundo interior».

El presidente, en realidad, estaba hablando de sí mismo. Sustituir en esta frase la primera persona del plural por la del singular no habría supuesto ninguna diferencia. Como dijo en el documental Shadow of the Holy Book un activista turcomano afincado en Austria, el libro supuestamente histórico «ni siquiera tiene un listado de fuentes». En sus páginas, Niyázov intenta incluso convencer al mundo de que sus antecesores son los de toda la Humanidad.

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Para convencerse y demostrar que su pluma merecía la pena, Niyázov llegó a convocar un premio de poesía de que él mismo era el único miembro del jurado y que, por supuesto, ganó.

«Si pronuncio la menor palabra contra ti, deja que mi lengua se seque como una hoja. Si nunca traiciono a mi patria y a su gran líder Saparmyrat Turkmenbashi, deja que mi vida quede reducida a cenizas». Así reza uno de los fragmentos del libro que los niños recitaban con afectación religiosa en clase, de pie y con la mano en el corazón.

El Ruhnama Libro del Alma debe ser el centro de este universo. En este universo, todos los asuntos cósmicos presentes y futuros deben girar en torno a la atracción del Ruhnama, de su fuerza centrípeta y de sus órbitas

A su criterio, el libro fue merecedor incluso de dar nombre a septiembre cuando decidió renombrar los meses a su gusto, así como de nombrar algunos pueblos de Turkmenistán. El 12 de septiembre es el día del Ruhnama por excelencia. Con motivo de la fiesta, el amado líder aparecía en alguna de sus cadenas televisivas para lanzar un mensaje de amor a su propio libro y, en realidad, a sí mismo.

Aquel que lea tres veces el Ruhnama encontrará riqueza espiritual, se volverá más inteligente y, además, irá directamente al paraíso

«Hoy es el Día del Ruhnama. Gracias por vuestras felicitaciones. Yo también os felicito desde el fondo de mi corazón. El Ruhnama tiene un gran valor para todos nosotros, para el futuro y el presente de los turcomanos. Si caminamos, vivimos y trabajamos por el Ruhnama todo estará bien, si Alá quiere», decía rodeado de ramos de flores en una de sus apariciones.

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Niyázov también hizo construir un enorme monumento que aparentemente tiene la forma de un libro pero que en realidad es el Ruhnama. Un descomunal mamotreto que se abre al atardecer, exactamente a las 20.00 horas para reproducir en una pantalla los pasajes de los que Niyázov se sentía especialmente orgulloso.

En 2007, meses después de la muerte de Niyázov, apareció ‘Shadow of the Holy Book’ (‘La sombra del libro Sagrado’), un documental finlandés que durante una hora y media aborda el impacto del libro en la sociedad y la obsesión del presidente con su propia obra.

La pregunta que llevó a los productores a hacer el documental fue cómo había sido posible que las grandes multinacionales del mundo se hubieran encargado de traducir una obra tan infame que había sido escrita con la única finalidad de servir como herramienta opresora. Algunas empresas como Siemens fueron las responsables de traducir el Ruhnama a más de cuarenta idiomas. Pero Arto Halonen, el director de la cinta, nunca recibió respuesta.

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Los inversores extranjeros tampoco se salvan del libro oficial de Turkmenistán: es necesario aprenderlo para hacer negocios en el país, de ahí que en su momento vieran una buena oportunidad para ganarse los favores del presidente llevando su libro por el mundo y haciéndolo comprensible a todos.

El primero fue Ahmet Çalic, un empresario turco amigo de Erdogan que propuso su traducción al turco y al inglés. Tras él, varios empresarios que querían hacer negocios en un lugar tan inaccesible como Turkmenistán trataron de ganarse los favores del presidente incluso escribiéndole las cartas que quería leer. Un alto directivo de Culligan llegó a escribirle una carta solicitando permiso para traducir el Ruhnama al croata y al italiano. «Estoy seguro de que el Sagrado Ruhnama será una revelación para mucha gente y les ayudará a encontrar el sentido de la vida», escribió.

El excéntrico currículum de Niyázov lo explica todo

Niyazov ya gorbernaba desde tiempos soviéticos. Tras la independencia de Turkmenistán en 1991, se convirtió en el máximo líder de un estado que gobernó con mano férrea mientras daba su toque más personal a la capital, Ashgabat.

Entre sus estrafalarias manías y medidas, destacaron la prohibición del ballet, de la ópera, de la barba, del bigote y de los dientes de oro. También prohibió el maquillaje entre los presentadores de las cuatro cadenas públicas. La mayoría de sus prohibiciones, vistas en conjunto, iban destinadas a dejar la cara al descubierto y en ellas aflora cierta manía persecutoria. No en vano, encarceló a tantas personas por atentar contra él o por haberlo intentado (o pensado) que su paranoia culminaba en amnistías masivas.

Los nombres de los meses no eran de su agrado. Por eso, enero pasó a ser Turkmenbashí, el pseudónimo con el que él mismo se llamaba y que significa «padre de todos los turcomanos». Abril pasó a llamarse como su madre y, septiembre, como su libro. Otros miembros de su familia gozaron del honor de dar nombre a todo un mes.

El día del cumpleaños del presidente, coincidía con la gran fiesta nacional. También creó el Día del Melón.

Además, tenía la costumbre de avergonzar a los ministros en público, por ejemplo, haciéndoles correr hasta 36 kilómetros.

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Entre sus ideas más extravagantes, destaca su intento por construir un zoo específico para pingüinos y pistas de patinaje sobre hielo en el desierto de Karakum, que alcanza los 50º.

Eliminar asignaturas para sustituirlas por el aprendizaje del Ruhnama fue otra de sus proezas ególatras. El libro, fue lanzado en un cohete ruso para que orbitara alrededor de la Tierra. Así lo anunció él mismo: «El libro que conquistó los corazones de millones de personas en la Tierra ahora está conquistando el espacio».

Se entiende, por tanto, que cerrara las bibliotecas del país o que algunas tuvieran sólo un libro o dos. Los turcomanos, según él, sólo necesitaban el Ruhnama y, de manera secundaria, el Corán.

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¿El fin del libro del alma turcomana?

En diciembre de 2006, el médico personal de Niyázov, Berdymuhamedov, le encontró muerto. Fue la primera persona que supo de la muerte del líder y pronto se convirtió en el nuevo padre del país.

Aunque no ha eliminado los símbolos de Niyázov de golpe, poco a poco y de manera muy discreta ha ido reduciendo su presencia en todas las esquinas del país. Lo hace, en realidad, para susttituirla por la suya. Por eso, en 2011 decidió que había llegado el momento de retirar el libro entre los estudiantes de secundaria, para los que era un requisito indispensable si querían aprobar. El Ministerio de Educación acabó retirándolo completamente de las aulas.

En los últimos años, el nuevo presidente no ha dejado de insistir en la necesidad de recuperar la figura del poeta turcomano del siglo XIII Magtymguly Pyragy, un líder espiritual que Niyázov eclipsó por decisión propia.

Sólo él podía ser el líder espiritual de su pueblo y tal concepto tenía de sí mismo que, cuando vio el resultado de Children of the earthquake, una película que contaba cómo quedó huérfano tras un terremoto que arrasó Ashgabat en 1948, acabó clausurando los cines y estudios del país durante dos años, según cuenta el director en el documental Shadow of the Holy Book. ¿Cuál fue el error? Niyazov aparecía como un niño huérfano, quizá algo heroico, pero no aparecía como un dios.

Imágenes: Commons de Flickr y capturas del documental Shadow of the Holy Book. 

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