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20 de mayo 2016    /   CREATIVIDAD
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Los ruidos enlatados que aumentan la concentración

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Ir a una cafetería a trabajar y ponerte en los auriculares el sonido ambiente de una cafetería enlatada y virtual puede parecer, además de una tontería, la última frontera que quedaba por cruzar para abandonar por completo el mundo real. También trabajar en casa y reproducir en bucle, durante horas, un ruido de hojas secas arrastrándose o el traqueteo de un tren puede simbolizar muy bien el empeño de una generación por no estar nunca donde se está.

Sin embargo, es lo que hacen las decenas de miles de usuarios de páginas y aplicaciones que prometen algo que, en principio, hace que se le levante a uno la ceja de la sospecha: un ruido constante e ininterrumpido reduce el estrés, elimina distracciones, aumenta la creatividad, la concentración y la productividad.

La web Noisli.com acaba de expandir su territorio lanzando una versión para iOS de su contenido y una extensión para Chrome. Desde su creación en 2013, millones de usuarios han accedido al site desde 220 países. La página es una plantilla muy simple en la que aparecen 16 opciones de sonido que se pueden activar simultáneamente, eligiendo la intensidad de cada una. El crepitar del fuego, ululaciones del viento, truenos, ventiladores industriales, agua, grillos, mar. Cada usuario puede guardar su combinación o compartirla.

«Antes de lanzar el proyecto, trabajábamos como diseñadores freelance desde casa y era muy difícil motivarnos, no distraernos con otras cosas o no sentirnos aislados, ya que no teníamos otros compañeros alrededor. Entonces creamos nuestra propia solución al problema y quisimos compartirla con todo el mundo», recuerda su fundadora, Sabine Staggl, a Yorokobu.

En Noisli eligieron, sobre todo, sonidos de la naturaleza por sus cualidades balsámicas: «Escuchar sonidos naturales tiene también el poder de reducir el  nivel de estrés y mejorar las funciones cognitivas».

noisli

Los freelance son la mina de oro de estas iniciativas. Periodistas, community managers o diseñadores gráficos pasan casi todo el día delante del ordenador, una herramienta que se esfuerza cada vez más en dispersarnos la concentración.

En el libro Superficiales. ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?, Nicholas Carr investigó la forma en que la red influía en nuestros hemisferios. Según dice, la concentración profunda se hace tarea prácticamente imposible frente a un ordenador porque está diseñado para estimular la zona del cerebro que nos aporta una satisfacción instantánea. Cada vez que salta una notificación o que nos llega un correo, nuestra cabeza abandona lo que está haciendo y se pone a valorar si atender o no al reclamo, de manera que se rompe el flujo de información con el que trabajábamos. Se crea una forma de estar frente a la pantalla en la que la mente espera constantemente el pinchacito de dopamina que supone cada interrupción.

Esta actitud procrastinadora es el demonio de los freelance. «Para quienes trabajan por su cuenta el desafío es la absoluta libertad a la hora de plantearse los horarios, el lugar o la forma de trabajar. La total flexibilidad hace duro mantener un nivel alto de productividad», incide Staggl.

No es que con los ruidos de fondo que proponen empresas como Noisli desaparezcan las notificaciones o no se oigan, lo que ocurre es que estos sonidos están diseñados para bloquear la dispersión mental. «Hay estudios que cuentan cómo una pequeña dosis de ruido, no demasiado tranquila ni demasiado ruidosa, puede mejorar la concentración. Por otro lado, es muy complicado concentrarse en un entorno demasiado silencioso, porque los ruidos repentinos nos molestarán más», explica. La clave está en la uniformidad de los sonidos: «Manteniendo un ruido de fondo constante podemos prevenir distracciones».

Algunos estudios hablan de cómo el ruido influye positivamente en las personas que desarrollan una tarea creativa: los lleva a mayores niveles de concentración y eleva su capacidad de creación. No obstante, deben aplicarse unas frecuencias de sonido muy concretas porque el riesgo de incurrir en lo contrario es alto. De hecho, otras investigaciones, como apunta el portal Quora, advierten del riesgo de fomentar el estrés, incluso, a nivel hormonal.

«Nuestros ruidos suaves tienen todas las características necesarias: no tienen picos y contienen gran cantidad de frecuencias tales como el ruido blanco. Este hace que si hay otras voces nunca te des cuenta de ellas porque esos sonidos externos se añaden a lo que ya estás escuchando», detalla la fundadora de Noisli. Se trata de enmascarar el exterior, de crearnos una burbuja sonora que armonice las intromisiones y las neutralice.

El problema de las cafeterías de verdad, y de la vida en general, es su espontaneidad y su desestructuración. El soplete de calentar la leche bufa sin aviso, las convulsiones de la televisión, los camareros que gritan; sacar los platos del lavavajillas con su golpeteo de tazas y vasos es para un freelance un apuñalamiento en la sien. Del mismo modo, no es raro que uno se queje de los ruidos para ocultar la pereza. El silencio absoluto, además de porque los ruidos sorprenden más, tampoco resulta óptimo por su falta de severidad. El silencio acoge agradecido cualquier pensamiento absurdo con que queramos llenarlo.

Los ruidos suaves, en el fondo, sólo cumplen la labor de disuadirte de ti mismo. «Necesitamos disciplina propia y perseverancia para entrenar nuestra mente y no dejarnos llevar, necesitamos bloquearlo todo durante 20 minutos para poder tener un tiempo de trabajo ininterrumpido». No hay milagros. Hace falta un mínimo de motivación y de gusto por el trabajo para poder alcanzar esa cosa casi mitológica a la que un psicólogo con nombre impronunciable llamó flow.

Ir a una cafetería a trabajar y ponerte en los auriculares el sonido ambiente de una cafetería enlatada y virtual puede parecer, además de una tontería, la última frontera que quedaba por cruzar para abandonar por completo el mundo real. También trabajar en casa y reproducir en bucle, durante horas, un ruido de hojas secas arrastrándose o el traqueteo de un tren puede simbolizar muy bien el empeño de una generación por no estar nunca donde se está.

Sin embargo, es lo que hacen las decenas de miles de usuarios de páginas y aplicaciones que prometen algo que, en principio, hace que se le levante a uno la ceja de la sospecha: un ruido constante e ininterrumpido reduce el estrés, elimina distracciones, aumenta la creatividad, la concentración y la productividad.

La web Noisli.com acaba de expandir su territorio lanzando una versión para iOS de su contenido y una extensión para Chrome. Desde su creación en 2013, millones de usuarios han accedido al site desde 220 países. La página es una plantilla muy simple en la que aparecen 16 opciones de sonido que se pueden activar simultáneamente, eligiendo la intensidad de cada una. El crepitar del fuego, ululaciones del viento, truenos, ventiladores industriales, agua, grillos, mar. Cada usuario puede guardar su combinación o compartirla.

«Antes de lanzar el proyecto, trabajábamos como diseñadores freelance desde casa y era muy difícil motivarnos, no distraernos con otras cosas o no sentirnos aislados, ya que no teníamos otros compañeros alrededor. Entonces creamos nuestra propia solución al problema y quisimos compartirla con todo el mundo», recuerda su fundadora, Sabine Staggl, a Yorokobu.

En Noisli eligieron, sobre todo, sonidos de la naturaleza por sus cualidades balsámicas: «Escuchar sonidos naturales tiene también el poder de reducir el  nivel de estrés y mejorar las funciones cognitivas».

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Los freelance son la mina de oro de estas iniciativas. Periodistas, community managers o diseñadores gráficos pasan casi todo el día delante del ordenador, una herramienta que se esfuerza cada vez más en dispersarnos la concentración.

En el libro Superficiales. ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?, Nicholas Carr investigó la forma en que la red influía en nuestros hemisferios. Según dice, la concentración profunda se hace tarea prácticamente imposible frente a un ordenador porque está diseñado para estimular la zona del cerebro que nos aporta una satisfacción instantánea. Cada vez que salta una notificación o que nos llega un correo, nuestra cabeza abandona lo que está haciendo y se pone a valorar si atender o no al reclamo, de manera que se rompe el flujo de información con el que trabajábamos. Se crea una forma de estar frente a la pantalla en la que la mente espera constantemente el pinchacito de dopamina que supone cada interrupción.

Esta actitud procrastinadora es el demonio de los freelance. «Para quienes trabajan por su cuenta el desafío es la absoluta libertad a la hora de plantearse los horarios, el lugar o la forma de trabajar. La total flexibilidad hace duro mantener un nivel alto de productividad», incide Staggl.

No es que con los ruidos de fondo que proponen empresas como Noisli desaparezcan las notificaciones o no se oigan, lo que ocurre es que estos sonidos están diseñados para bloquear la dispersión mental. «Hay estudios que cuentan cómo una pequeña dosis de ruido, no demasiado tranquila ni demasiado ruidosa, puede mejorar la concentración. Por otro lado, es muy complicado concentrarse en un entorno demasiado silencioso, porque los ruidos repentinos nos molestarán más», explica. La clave está en la uniformidad de los sonidos: «Manteniendo un ruido de fondo constante podemos prevenir distracciones».

Algunos estudios hablan de cómo el ruido influye positivamente en las personas que desarrollan una tarea creativa: los lleva a mayores niveles de concentración y eleva su capacidad de creación. No obstante, deben aplicarse unas frecuencias de sonido muy concretas porque el riesgo de incurrir en lo contrario es alto. De hecho, otras investigaciones, como apunta el portal Quora, advierten del riesgo de fomentar el estrés, incluso, a nivel hormonal.

«Nuestros ruidos suaves tienen todas las características necesarias: no tienen picos y contienen gran cantidad de frecuencias tales como el ruido blanco. Este hace que si hay otras voces nunca te des cuenta de ellas porque esos sonidos externos se añaden a lo que ya estás escuchando», detalla la fundadora de Noisli. Se trata de enmascarar el exterior, de crearnos una burbuja sonora que armonice las intromisiones y las neutralice.

El problema de las cafeterías de verdad, y de la vida en general, es su espontaneidad y su desestructuración. El soplete de calentar la leche bufa sin aviso, las convulsiones de la televisión, los camareros que gritan; sacar los platos del lavavajillas con su golpeteo de tazas y vasos es para un freelance un apuñalamiento en la sien. Del mismo modo, no es raro que uno se queje de los ruidos para ocultar la pereza. El silencio absoluto, además de porque los ruidos sorprenden más, tampoco resulta óptimo por su falta de severidad. El silencio acoge agradecido cualquier pensamiento absurdo con que queramos llenarlo.

Los ruidos suaves, en el fondo, sólo cumplen la labor de disuadirte de ti mismo. «Necesitamos disciplina propia y perseverancia para entrenar nuestra mente y no dejarnos llevar, necesitamos bloquearlo todo durante 20 minutos para poder tener un tiempo de trabajo ininterrumpido». No hay milagros. Hace falta un mínimo de motivación y de gusto por el trabajo para poder alcanzar esa cosa casi mitológica a la que un psicólogo con nombre impronunciable llamó flow.

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