9 de enero 2017    /   CIENCIA
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Que te dejen es, quizá, lo mejor que te puede pasar… sobre todo si eres mujer

9 de enero 2017    /   CIENCIA     por          
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A Scarlett O’Hara no le sentó nada bien que Rhett Butler diera un abrupto portazo a su relación. La caprichosa sureña se arrojó sollozando sobre su aterciopelada escalera convencida de que era el fin del mundo. Pero al poco, recordó que tenía una plantación en la que podría reconstruir su vida. Cesó el llanto y repitió su mantra: «Realmente, mañana será otro día».

Este spoiler de Lo que el viento se llevó (Victor Fleming, 1939) no es gratuito. Viene como anillo al dedo para ilustrar los resultados de un estudio elaborado por la Universidad de Binghamton (EEUU) en colaboración con la University College London (Reino Unido) que apuntan que, durante una ruptura, las féminas sufren más intensamente que los varones.

Sin embargo, después son más Ave Fénix que estos, que acarrean el lastre del desamor durante más tiempo. Parece que las mujeres pagan al contado la factura del dolor, mientras que los hombres optan por hacerlo a plazos, con los intereses derivados que ello supone.

El estudio, publicado en Evolutionary Behavioural Sciences, se basó en los testimonios de 5.700 personas de 96 países diferentes y su director, el antropólogo Craig Morris, aventura que el desgarro inicial que experimenta la mujer se debe a que habitualmente se implica más en la relación.

La razón es meramente evolutiva: «Un breve encuentro amoroso podía conllevar nueve meses de embarazo y años de lactancia para las mujeres, por lo que ellas son más exigentes a la hora de elegir una pareja de calidad. Eso hace que la pérdida duela más», explica el antropólogo.

Cuanto más fuerte apuestas, más tienes que perder y en el momento en el que el crupier retira las fichas del amor, la sensación de bancarrota emocional atenaza a la jugadora. Paradójicamente, la elevada inversión es la que después le reembolsa el crédito emocional. «Muchas mujeres, al implicarse más en la relación, ceden espacio emocional y tiempo a su pareja. Se adaptan a él y dejan de hacer muchas cosas. Por ello, tras la ruptura, les es más fácil llenar esos espacios recuperando actividades que les gustaban. En cambio, el hombre se había acomodado y le cuesta más saber qué hacer sin su pareja. Además, las mujeres están más acostumbradas a gestionar sus emociones, hablan con las amigas, exteriorizan lo ocurrido y aprenden lecciones», apunta la sexóloga Ana Fernández Alonso, directora del centro AsturSex y directora de cursos de sexología en la Universidad de Oviedo.

Fijémonos en los clásicos, que ilustran arquetipos inherentes a nuestra psique y demuestran que, por mucho que hayamos inventado el smartphone, no hemos evolucionado tanto como pretendemos. Existe un extenso repertorio de heroínas que cedieron su espacio por amor y que, tras una lacerante ruptura, supieron recuperarlo.

Una patrona de las abandonadas es sin duda Ariadna, que traicionó a su padre dándole un hilo a su amado Teseo, que le permitió matar al Minotauro y salir indemne del laberinto. Sin embargo, Teseo tenía otros planes de futuro –como casarse con la hermana de Ariadna— y la dejó abandonada en una playa de Naxos. El despertar al dolor de la pérdida debió ser aún peor que el que experimentó Hillary Clinton el nueve de noviembre. Pero al poco, pasó por allí Baco, que la hizo su esposa, por lo que Ariadna tuvo una animada existencia repleta de bacanales.

Otra desdichada dejada fue Medea, que ayudó a Jasón a hacerse con el vellocino de oro, enfrentándose también a su familia y utilizando su brujería para hacer que él medrara allá por donde iban. Pero cuando la princesa hechicera entró en la madurez, Jasón la dejó por Creúsa, la hija del rey de Corinto, que, a la sazón decidió desterrarla. Medea asesinó a la nueva novia de su amado, a su padre, y a los dos hijos que había tenido con Jasón para vengarse de él. Tras esta ‘traumática’ ruptura, se desposó con Egeo, hizo las paces con su padre y alcanzó la inmortalidad.

Medea rehizo su vida, sin embargo su método no sería recomendado por diez de cada diez psicólogos. La venganza no es buena medicina para los corazones rotos, porque lo opuesto al amor no es el odio, sino la indiferencia. Aunque la persona que fue abandonada no planee una venganza, en muchos casos la solución rápida es culpar al otro y atrincherarse en el papel de víctima.

La mente anhela encontrar una razón, como si tenerla fuera un salvoconducto para huir de la frustración. «Buscar explicaciones lógicas no funciona, porque las razones de una ruptura son emocionales. Hacerlo es fácil, porque evita el dolor, pero es ineficaz porque no se pasa el duelo», garantiza Antonio de Dios, psicólogo de Avatar Psicólogos y del Hospital Quirón de Marbella. Según el especialista, lo mejor en estos trances es admitir que nos sentimos mal porque hemos perdido algo que queríamos, sin enredarse en explicaciones que prorrogarán el dolor.

Son muchas las trampas que nos juega la testa cuando el corazón está de luto. Una de ellas es la ‘atracción de la frustración’, un término acuñado por la antropóloga y bióloga Helen Fisher. Esto es que, tras la ruptura, esa pareja a la que le veías defectos se convierte dechado de virtudes y ansías recuperarlo como única alternativa posible a la felicidad. Un peligroso espejismo cuando crees morir de sed.

Pero antes de dejarse llevar por los arrebatos y de escribir encendidos mensajes, vale la pena analizar lo que realmente está ocurriendo. «Muchas veces, en relaciones estables, lo que duele no es perder a la otra persona si no el estatus de estar en pareja, pues aunque las cosas no fueran del todo bien, ya te habías instalado en la zona de confort», apunta Fernández.

Aprender a lidiar con un descalabro sentimental debería incluirse en la enseñanza obligatoria, pues es una situación a la que tarde o temprano todos nos enfrentaremos. Cada cinco minutos se rompe en España un matrimonio, según datos del INE y en nuestro país somos especialmente “dejones”, ya que un estudio de Businessinsider.com apunta que contamos con uno de los índices más altos de divorcio, con un 61%.

Y que sea mal de muchos, no es consuelo de tontos, pues el mal de amores duele y no únicamente en sentido metafórico. Un estudio llevado a cabo en la Universidad de California en Los Angeles (EEUU) demostró que las regiones de nuestro cerebro en las que se detecta el dolor físico y el sentimental están estrechamente relacionadas.

Como decía Buda: «el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional». Y aunque cueste ponerse zen con el corazón hecho añicos, una ruptura debería ayudarnos a aprender y a crecer. Según el estudio antes mencionado, la fórmula que mejor funciona, aunque no haya varitas mágicas para los pesares del amor, es por la que optan las mujeres: comentar lo ocurrido, dar espacio al dolor e intentar encontrar nuevas motivaciones. Como dice Antonio de Dios: «No puedes abandonar a alguien sin hacerle más independiente».

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A Scarlett O’Hara no le sentó nada bien que Rhett Butler diera un abrupto portazo a su relación. La caprichosa sureña se arrojó sollozando sobre su aterciopelada escalera convencida de que era el fin del mundo. Pero al poco, recordó que tenía una plantación en la que podría reconstruir su vida. Cesó el llanto y repitió su mantra: «Realmente, mañana será otro día».

Este spoiler de Lo que el viento se llevó (Victor Fleming, 1939) no es gratuito. Viene como anillo al dedo para ilustrar los resultados de un estudio elaborado por la Universidad de Binghamton (EEUU) en colaboración con la University College London (Reino Unido) que apuntan que, durante una ruptura, las féminas sufren más intensamente que los varones.

Sin embargo, después son más Ave Fénix que estos, que acarrean el lastre del desamor durante más tiempo. Parece que las mujeres pagan al contado la factura del dolor, mientras que los hombres optan por hacerlo a plazos, con los intereses derivados que ello supone.

El estudio, publicado en Evolutionary Behavioural Sciences, se basó en los testimonios de 5.700 personas de 96 países diferentes y su director, el antropólogo Craig Morris, aventura que el desgarro inicial que experimenta la mujer se debe a que habitualmente se implica más en la relación.

La razón es meramente evolutiva: «Un breve encuentro amoroso podía conllevar nueve meses de embarazo y años de lactancia para las mujeres, por lo que ellas son más exigentes a la hora de elegir una pareja de calidad. Eso hace que la pérdida duela más», explica el antropólogo.

Cuanto más fuerte apuestas, más tienes que perder y en el momento en el que el crupier retira las fichas del amor, la sensación de bancarrota emocional atenaza a la jugadora. Paradójicamente, la elevada inversión es la que después le reembolsa el crédito emocional. «Muchas mujeres, al implicarse más en la relación, ceden espacio emocional y tiempo a su pareja. Se adaptan a él y dejan de hacer muchas cosas. Por ello, tras la ruptura, les es más fácil llenar esos espacios recuperando actividades que les gustaban. En cambio, el hombre se había acomodado y le cuesta más saber qué hacer sin su pareja. Además, las mujeres están más acostumbradas a gestionar sus emociones, hablan con las amigas, exteriorizan lo ocurrido y aprenden lecciones», apunta la sexóloga Ana Fernández Alonso, directora del centro AsturSex y directora de cursos de sexología en la Universidad de Oviedo.

Fijémonos en los clásicos, que ilustran arquetipos inherentes a nuestra psique y demuestran que, por mucho que hayamos inventado el smartphone, no hemos evolucionado tanto como pretendemos. Existe un extenso repertorio de heroínas que cedieron su espacio por amor y que, tras una lacerante ruptura, supieron recuperarlo.

Una patrona de las abandonadas es sin duda Ariadna, que traicionó a su padre dándole un hilo a su amado Teseo, que le permitió matar al Minotauro y salir indemne del laberinto. Sin embargo, Teseo tenía otros planes de futuro –como casarse con la hermana de Ariadna— y la dejó abandonada en una playa de Naxos. El despertar al dolor de la pérdida debió ser aún peor que el que experimentó Hillary Clinton el nueve de noviembre. Pero al poco, pasó por allí Baco, que la hizo su esposa, por lo que Ariadna tuvo una animada existencia repleta de bacanales.

Otra desdichada dejada fue Medea, que ayudó a Jasón a hacerse con el vellocino de oro, enfrentándose también a su familia y utilizando su brujería para hacer que él medrara allá por donde iban. Pero cuando la princesa hechicera entró en la madurez, Jasón la dejó por Creúsa, la hija del rey de Corinto, que, a la sazón decidió desterrarla. Medea asesinó a la nueva novia de su amado, a su padre, y a los dos hijos que había tenido con Jasón para vengarse de él. Tras esta ‘traumática’ ruptura, se desposó con Egeo, hizo las paces con su padre y alcanzó la inmortalidad.

Medea rehizo su vida, sin embargo su método no sería recomendado por diez de cada diez psicólogos. La venganza no es buena medicina para los corazones rotos, porque lo opuesto al amor no es el odio, sino la indiferencia. Aunque la persona que fue abandonada no planee una venganza, en muchos casos la solución rápida es culpar al otro y atrincherarse en el papel de víctima.

La mente anhela encontrar una razón, como si tenerla fuera un salvoconducto para huir de la frustración. «Buscar explicaciones lógicas no funciona, porque las razones de una ruptura son emocionales. Hacerlo es fácil, porque evita el dolor, pero es ineficaz porque no se pasa el duelo», garantiza Antonio de Dios, psicólogo de Avatar Psicólogos y del Hospital Quirón de Marbella. Según el especialista, lo mejor en estos trances es admitir que nos sentimos mal porque hemos perdido algo que queríamos, sin enredarse en explicaciones que prorrogarán el dolor.

Son muchas las trampas que nos juega la testa cuando el corazón está de luto. Una de ellas es la ‘atracción de la frustración’, un término acuñado por la antropóloga y bióloga Helen Fisher. Esto es que, tras la ruptura, esa pareja a la que le veías defectos se convierte dechado de virtudes y ansías recuperarlo como única alternativa posible a la felicidad. Un peligroso espejismo cuando crees morir de sed.

Pero antes de dejarse llevar por los arrebatos y de escribir encendidos mensajes, vale la pena analizar lo que realmente está ocurriendo. «Muchas veces, en relaciones estables, lo que duele no es perder a la otra persona si no el estatus de estar en pareja, pues aunque las cosas no fueran del todo bien, ya te habías instalado en la zona de confort», apunta Fernández.

Aprender a lidiar con un descalabro sentimental debería incluirse en la enseñanza obligatoria, pues es una situación a la que tarde o temprano todos nos enfrentaremos. Cada cinco minutos se rompe en España un matrimonio, según datos del INE y en nuestro país somos especialmente “dejones”, ya que un estudio de Businessinsider.com apunta que contamos con uno de los índices más altos de divorcio, con un 61%.

Y que sea mal de muchos, no es consuelo de tontos, pues el mal de amores duele y no únicamente en sentido metafórico. Un estudio llevado a cabo en la Universidad de California en Los Angeles (EEUU) demostró que las regiones de nuestro cerebro en las que se detecta el dolor físico y el sentimental están estrechamente relacionadas.

Como decía Buda: «el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional». Y aunque cueste ponerse zen con el corazón hecho añicos, una ruptura debería ayudarnos a aprender y a crecer. Según el estudio antes mencionado, la fórmula que mejor funciona, aunque no haya varitas mágicas para los pesares del amor, es por la que optan las mujeres: comentar lo ocurrido, dar espacio al dolor e intentar encontrar nuevas motivaciones. Como dice Antonio de Dios: «No puedes abandonar a alguien sin hacerle más independiente».

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Opiniones 5
  • El primer día del año que acaba de terminar, amaneció soleado, igual que hoy, sonaba, no muy lejos, la música de una banda acompañando un entierro, escribí, entonces, “nadie muere en este primer día de sol”, aunque, pensándolo ahora, tal vez era el funeral de ese año que terminaba. Empieza otro, contra todas las expectativas, iluminémoslo de esperanza.

  • Ojo, que quien toreó al Minotauro y a Ariadna fue Teseo, no Perseo, que fue el que hizo perder la cabeza a Medusa pero estaba to cebollita con Andrómeda.

  • Me encanta leer notas así de bien escritas y documentadas. Felicitaciones a quién la publicó.

  • Comentarios cerrados.

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