5 de junio 2017    /   ENTRETENIMIENTO
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El exótico planeta Rusia

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Es muy raro que, a estas alturas, existan aún ciudadanos rusos vivos. Al menos, si atendemos al testimonio que internet o más concretamente YouTube, que es el mayor compendio mundial de conocimiento.

Rusia es un país en el que, en palabras del fotógrafo armenio Alexander Petrosyan, «todo está mal, la norma se considera insensatez y viceversa, la sociedad parece tragicómica». La estética y las costumbres hacen equilibrismo en un punto exacto de exotismo. La Europa occidental ve a los rusos como gente no muy diferente a ellos pero con costumbres que parecen de extraterrestres.

En 1979 llegó Misha. Vimos que los soviéticos no podían ir en serio en su plan de dominación mundial si se presentaban con semejante oso pusilánime. Hasta entonces, todo lo que venía de más allá de los Urales era la encarnación del mal.

Todavía quedarían testimonios de aquel terror primigenio en los años posteriores a los Juegos Olímpicos de Moscú. Por ejemplo, los mamporros de Ivan Drago en Rocky IV provocan aún escalofríos entre el patriota medio estadounidense. Menos mal que el Potro de Filadelfia puso las cosas en su sitio.

Sin embargo, si uno se pone ahora a construirse una imagen artificial y poco fiel del ruso medio a través del estercolero YouTube, lo hará de charlotada en charlotada. Y eso es lo que nos gusta, qué demonios: generarnos argumentos manipulados a partir de fuentes seleccionadas con poco criterio y aún menor gusto.

Así que, allá vamos. Esto es lo YouTube dice acerca de Rusia.

Si hay algo que no admite discusión es que no hay accidentes de coche como los de Rusia. Ni en calidad ni en cantidad, ya que un buen puñado de los automóviles de allí van equipados con cámaras de televisión en el salpicadero. El objetivo es evitar abusos o fraudes de otros conductores con ganas de sacar algo de pasta a través de las aseguradoras de los vehículos.

Si hay algo más común que un político español corrupto, es un ruso estampándose contra tu coche para timar al seguro. Por supuesto, en YouTube hay multitud de canales llenos exclusivamente de accidentes de tráfico grabados allí.

Otra de las categorías reina es la de rusos borrachos haciendo cosas. Lo de que la gente borracha haga cosas es patrimonio no solo ruso, sino de toda la humanidad. Sin embargo, la estética hipnótica, la prestancia a la hora de llevar chándal y esos pasos de baile, herencia directa cosaca, son tan característicos que deberían estar protegidos por la UNESCO.

Los rusos borrachos hacen otras cosas, como pelear o tirarse de los tejados, esto último no necesariamente borrachos.

Fuera de la categoría de ‘rusos borrachos’ pero dentro de la categoría de ‘rusos con machete que bailan techno a la vez que cocinan’, encontramos al ruso que hace un kebab en menos de 30 segundos.

Que el pueblo ruso es el que más se alegra en esos felices días que son las bodas es una realidad que se mide en el número de balas disparadas en cada celebración.

Finalmente, el mayor legado que ha dejado al mundo el pueblo ruso: Dimitri y el baile que uno tiene que hacer cuando no sabe qué contestar a la prensa.

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Rusia es un país en el que, en palabras del fotógrafo armenio Alexander Petrosyan, «todo está mal, la norma se considera insensatez y viceversa, la sociedad parece tragicómica». La estética y las costumbres hacen equilibrismo en un punto exacto de exotismo. La Europa occidental ve a los rusos como gente no muy diferente a ellos pero con costumbres que parecen de extraterrestres.

En 1979 llegó Misha. Vimos que los soviéticos no podían ir en serio en su plan de dominación mundial si se presentaban con semejante oso pusilánime. Hasta entonces, todo lo que venía de más allá de los Urales era la encarnación del mal.

Todavía quedarían testimonios de aquel terror primigenio en los años posteriores a los Juegos Olímpicos de Moscú. Por ejemplo, los mamporros de Ivan Drago en Rocky IV provocan aún escalofríos entre el patriota medio estadounidense. Menos mal que el Potro de Filadelfia puso las cosas en su sitio.

Sin embargo, si uno se pone ahora a construirse una imagen artificial y poco fiel del ruso medio a través del estercolero YouTube, lo hará de charlotada en charlotada. Y eso es lo que nos gusta, qué demonios: generarnos argumentos manipulados a partir de fuentes seleccionadas con poco criterio y aún menor gusto.

Así que, allá vamos. Esto es lo YouTube dice acerca de Rusia.

Si hay algo que no admite discusión es que no hay accidentes de coche como los de Rusia. Ni en calidad ni en cantidad, ya que un buen puñado de los automóviles de allí van equipados con cámaras de televisión en el salpicadero. El objetivo es evitar abusos o fraudes de otros conductores con ganas de sacar algo de pasta a través de las aseguradoras de los vehículos.

Si hay algo más común que un político español corrupto, es un ruso estampándose contra tu coche para timar al seguro. Por supuesto, en YouTube hay multitud de canales llenos exclusivamente de accidentes de tráfico grabados allí.

Otra de las categorías reina es la de rusos borrachos haciendo cosas. Lo de que la gente borracha haga cosas es patrimonio no solo ruso, sino de toda la humanidad. Sin embargo, la estética hipnótica, la prestancia a la hora de llevar chándal y esos pasos de baile, herencia directa cosaca, son tan característicos que deberían estar protegidos por la UNESCO.

Los rusos borrachos hacen otras cosas, como pelear o tirarse de los tejados, esto último no necesariamente borrachos.

Fuera de la categoría de ‘rusos borrachos’ pero dentro de la categoría de ‘rusos con machete que bailan techno a la vez que cocinan’, encontramos al ruso que hace un kebab en menos de 30 segundos.

Que el pueblo ruso es el que más se alegra en esos felices días que son las bodas es una realidad que se mide en el número de balas disparadas en cada celebración.

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