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22 de septiembre 2016    /   BRANDED CONTENT
 

Cómo limpiar las aguas de Formentera haciendo vuelos submarinos

22 de septiembre 2016    /   BRANDED CONTENT              
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Primero una lata; a continuación un par de botellas, una de refresco y otra de detergente; después una sombrilla; más adelante unos neumáticos. Álvaro Soriano ha conseguido todo esto, y mucho más, en una sola tarde. Y no precisamente circulando por los lineales de ningún hipermercado. Más bien haciendo deep board bajo las aguas de Formentera. Se trata de un nuevo deporte acuático que consta de una tabla convexa, transparente, sujeta por un cabo a una lancha. La lancha empieza a navegar en superficie arrastrando al deportista, que se sumerge y se desplaza fácilmente con la sensación de estar nadando como un delfín. Dicen quienes lo han probado que es lo más parecido a un vuelo submarino.

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«Me dan ganas de llorar cuando veo toda la porquería que tiramos al mar», confiesa Álvaro. Pero en vez de llorar, este madrileño trotamundos de 29 años ha decidido actuar, y aprovechar la práctica de su deporte favorito para limpiar los fondos marinos de su amada Formentera. «De pequeño veraneaba con mis padres en la isla. Sus paisajes, sus aguas… En los desayunos, las lagartijas venían atraídas por el olor de las tostadas con mermelada. Siempre la he recordado como el paraíso», rememora. Por eso, cuando decidió montar su propia empresa de deep board eligió este trozo de tierra balear. Pero al sumergirse descubrió con tristeza que sus archiconocidas aguas turquesas eran como una alfombra preciosa que esconde demasiada mierda debajo.

Deep Board Formentera nació en 2015 gracias, entre otras cosas, a los 3.000 euros recaudados por la campaña de ronfunding de ron Ritual. «Fue mi padre quien me animó a que probara suerte, ¡y salió muy bien!», enfatiza Álvaro. Su iniciativa tiene una pata deportiva y otra medioambiental. «Queríamos poner nuestro granito de arena, involucrarnos con la gente de la isla, y promover el voluntariado entre la gente que viene de vacaciones», informa. Por eso, la empresa busca voluntarios para sacar basura del agua utilizando tablas de deep board. Hace unos domingos organizó una «ruta de limpieza», como las llaman, con un socorrista de la zona y una pareja de veraneantes. «Poco a poco, vamos teniendo más repercusión», se esperanza.

Álvaro conoció el deep board en Panamá. Estaba recién licenciado en Administración y Dirección de Empresas (ADE), carrera que había cursado entre España, Estados Unidos y Chile. Después de trabajar un tiempo en el país suramericano, regresó a Madrid. Y en ésas estaba, reubicándose, cuando le surgió embarcarse en un viaje mochilero a Costa Rica, con varios amigos. Una vez allí, todo el mundo les recomendó conocer Bocas del Toro, en la vecina Panamá, y sus playas maravillosas. Y allá que fueron. Contrataron un «tour de valientes», organizado por una empresa española, que consistía en quedarse a dormir en una de las islas más alejadas del archipiélago.

El deep board era una de las actividades complementarias de aquella aventura. A Álvaro le enganchó desde el minuto uno. «Recuerdo que le dije a los organizadores, ¡pero qué envidia!, ¡qué paraíso!, yo me quedaría a vivir aquí. Y me contestaron, si quieres, puedes quedarte, te contratamos». Así que se quedó, ante estupor de sus amigos, que se volvieron sin él a Madrid.

Su aventura panameña duró un año. Hasta 2014. «No sé por qué me volví a España», reconoce. O quizás sí: se le había metido entre ceja y ceja montar una empresa de deep board en su país. En Formentera. Al principio se trataba solo de hacer de su pasión una manera de ganarse la vida. Después descubrió la sucia cara B de su paraíso de la infancia, y quiso acabar con ella. «Poco a poco me fui informando, e investigando. Los fondos marinos de Formentera son hogar de la Posidonia, uno de los organismos vivos más grandes y longevos del mundo, que dan a estas aguas su color característico. Pues bien, la basura está acabando con las praderas de Posidonia», se lamenta. Y con la fauna marina. «Hemos sacado del mar redes abandonadas con peces atrapados, que hemos liberado», denuncia.

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«Con nuestra tabla transparente deepboard disfrutamos de cada detalle del fondo marino, hasta de la basura que se acumula en él por el mal uso y la falta de conservación de nuestras aguas», escribe Álvaro en su web. Cree que es responsabilidad de todos, de quienes viven y de quienes recalan temporalmente en la isla, ayudar a que sus aguas turquesas solo escondan Posidonia y mucha vida marina.


Este artículo te lo trae Ron Ritual. Si quieres conocer más historias con impacto positivo haz clic aquí.

Primero una lata; a continuación un par de botellas, una de refresco y otra de detergente; después una sombrilla; más adelante unos neumáticos. Álvaro Soriano ha conseguido todo esto, y mucho más, en una sola tarde. Y no precisamente circulando por los lineales de ningún hipermercado. Más bien haciendo deep board bajo las aguas de Formentera. Se trata de un nuevo deporte acuático que consta de una tabla convexa, transparente, sujeta por un cabo a una lancha. La lancha empieza a navegar en superficie arrastrando al deportista, que se sumerge y se desplaza fácilmente con la sensación de estar nadando como un delfín. Dicen quienes lo han probado que es lo más parecido a un vuelo submarino.

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«Me dan ganas de llorar cuando veo toda la porquería que tiramos al mar», confiesa Álvaro. Pero en vez de llorar, este madrileño trotamundos de 29 años ha decidido actuar, y aprovechar la práctica de su deporte favorito para limpiar los fondos marinos de su amada Formentera. «De pequeño veraneaba con mis padres en la isla. Sus paisajes, sus aguas… En los desayunos, las lagartijas venían atraídas por el olor de las tostadas con mermelada. Siempre la he recordado como el paraíso», rememora. Por eso, cuando decidió montar su propia empresa de deep board eligió este trozo de tierra balear. Pero al sumergirse descubrió con tristeza que sus archiconocidas aguas turquesas eran como una alfombra preciosa que esconde demasiada mierda debajo.

Deep Board Formentera nació en 2015 gracias, entre otras cosas, a los 3.000 euros recaudados por la campaña de ronfunding de ron Ritual. «Fue mi padre quien me animó a que probara suerte, ¡y salió muy bien!», enfatiza Álvaro. Su iniciativa tiene una pata deportiva y otra medioambiental. «Queríamos poner nuestro granito de arena, involucrarnos con la gente de la isla, y promover el voluntariado entre la gente que viene de vacaciones», informa. Por eso, la empresa busca voluntarios para sacar basura del agua utilizando tablas de deep board. Hace unos domingos organizó una «ruta de limpieza», como las llaman, con un socorrista de la zona y una pareja de veraneantes. «Poco a poco, vamos teniendo más repercusión», se esperanza.

Álvaro conoció el deep board en Panamá. Estaba recién licenciado en Administración y Dirección de Empresas (ADE), carrera que había cursado entre España, Estados Unidos y Chile. Después de trabajar un tiempo en el país suramericano, regresó a Madrid. Y en ésas estaba, reubicándose, cuando le surgió embarcarse en un viaje mochilero a Costa Rica, con varios amigos. Una vez allí, todo el mundo les recomendó conocer Bocas del Toro, en la vecina Panamá, y sus playas maravillosas. Y allá que fueron. Contrataron un «tour de valientes», organizado por una empresa española, que consistía en quedarse a dormir en una de las islas más alejadas del archipiélago.

El deep board era una de las actividades complementarias de aquella aventura. A Álvaro le enganchó desde el minuto uno. «Recuerdo que le dije a los organizadores, ¡pero qué envidia!, ¡qué paraíso!, yo me quedaría a vivir aquí. Y me contestaron, si quieres, puedes quedarte, te contratamos». Así que se quedó, ante estupor de sus amigos, que se volvieron sin él a Madrid.

Su aventura panameña duró un año. Hasta 2014. «No sé por qué me volví a España», reconoce. O quizás sí: se le había metido entre ceja y ceja montar una empresa de deep board en su país. En Formentera. Al principio se trataba solo de hacer de su pasión una manera de ganarse la vida. Después descubrió la sucia cara B de su paraíso de la infancia, y quiso acabar con ella. «Poco a poco me fui informando, e investigando. Los fondos marinos de Formentera son hogar de la Posidonia, uno de los organismos vivos más grandes y longevos del mundo, que dan a estas aguas su color característico. Pues bien, la basura está acabando con las praderas de Posidonia», se lamenta. Y con la fauna marina. «Hemos sacado del mar redes abandonadas con peces atrapados, que hemos liberado», denuncia.

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«Con nuestra tabla transparente deepboard disfrutamos de cada detalle del fondo marino, hasta de la basura que se acumula en él por el mal uso y la falta de conservación de nuestras aguas», escribe Álvaro en su web. Cree que es responsabilidad de todos, de quienes viven y de quienes recalan temporalmente en la isla, ayudar a que sus aguas turquesas solo escondan Posidonia y mucha vida marina.


Este artículo te lo trae Ron Ritual. Si quieres conocer más historias con impacto positivo haz clic aquí.

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