16 de enero 2020    /   IDEAS
por
 Rocío Cañero

Sabanización: ¿Cómo será el mundo sabanizado que auguran los científicos?

16 de enero 2020    /   IDEAS     por          Rocío Cañero
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Leo en el periódico que ha empezado el proceso de sabanización del mundo.
Sabanización.
Sa-ba-ni-za-ción.

Imagino un planeta envuelto en sábanas blancas.
No hay montes, no hay pinos; solo extensos campos de cubiertas níveas.
Pienso que es una palabra nueva para llamar a los desiertos que traen los calores.

Sigo leyendo. Es así.
La voz es tan clara que no engaña.
Pero unos párrafos después algo me asombra.

Sabanización no viene de sábana; viene de sabana

Mi imaginación visual se ha adelantado a mis conocimientos biogeográficos.

Sabanización

Esa voz me lleva antes a ver un paisaje desconsolado que a pensar en un bioma entre la selva y el pastizal.

Pienso entonces en la faceta cinematográfica de las palabras.
Advierto que emiten imágenes antes de pasar por las entendederas.

Mis ojos se detuvieron en sabanización porque puso ante mí la estampa de un globo terráqueo recién salido de la colada.

De haber sabido que esa sabanización no venía de la ropa de cama, sino de los biomas, mi atención no hubiera parado ahí. Y eso que los paisajes bioclimáticos tienen un repertorio de nombres irresistibles:

Estepa (muy literario)
Manglar (de redonda sonoridad)
Tundra (fuerte como el rayo)
Chaparral (la poética del chaparrón)

Tanto se habla ya de la sabanización que la Fundéu le ha dado el visto bueno:

«Es un neologismo válido para aludir al proceso de degradación de zonas de bosque, selvas y bosques tropicales», escribieron en la planta 14 del edificio de Madrid desde donde, allá en lo alto, miran las palabras.

Y su explicación confirmó mi desengaño:

«Es un término bien formado a partir del sustantivo sabana (‘llanura, en especial si es muy dilatada y no tiene vegetación arbórea’)».

No hay sábana en el mundo que pueda secar mis lágrimas sabanizadas.

Leo en el periódico que ha empezado el proceso de sabanización del mundo.
Sabanización.
Sa-ba-ni-za-ción.

Imagino un planeta envuelto en sábanas blancas.
No hay montes, no hay pinos; solo extensos campos de cubiertas níveas.
Pienso que es una palabra nueva para llamar a los desiertos que traen los calores.

Sigo leyendo. Es así.
La voz es tan clara que no engaña.
Pero unos párrafos después algo me asombra.

Sabanización no viene de sábana; viene de sabana

Mi imaginación visual se ha adelantado a mis conocimientos biogeográficos.

Sabanización

Esa voz me lleva antes a ver un paisaje desconsolado que a pensar en un bioma entre la selva y el pastizal.

Pienso entonces en la faceta cinematográfica de las palabras.
Advierto que emiten imágenes antes de pasar por las entendederas.

Mis ojos se detuvieron en sabanización porque puso ante mí la estampa de un globo terráqueo recién salido de la colada.

De haber sabido que esa sabanización no venía de la ropa de cama, sino de los biomas, mi atención no hubiera parado ahí. Y eso que los paisajes bioclimáticos tienen un repertorio de nombres irresistibles:

Estepa (muy literario)
Manglar (de redonda sonoridad)
Tundra (fuerte como el rayo)
Chaparral (la poética del chaparrón)

Tanto se habla ya de la sabanización que la Fundéu le ha dado el visto bueno:

«Es un neologismo válido para aludir al proceso de degradación de zonas de bosque, selvas y bosques tropicales», escribieron en la planta 14 del edificio de Madrid desde donde, allá en lo alto, miran las palabras.

Y su explicación confirmó mi desengaño:

«Es un término bien formado a partir del sustantivo sabana (‘llanura, en especial si es muy dilatada y no tiene vegetación arbórea’)».

No hay sábana en el mundo que pueda secar mis lágrimas sabanizadas.

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