19 de febrero 2018    /   IDEAS
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Saber de finanzas no es cosa de pijos

19 de febrero 2018    /   IDEAS     por          
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Hace unos días la bolsa tuvo su lunes negro. El Dow Jones sufrió la mayor caída en puntos de su historia y llegó a ceder un 4,6 (hasta 24.345 puntos). El índice de Wall Street se dejó cerca de 1.200 enteros en la que fue la mayor caída diaria en puntos de su historia.

Estoy seguro de que con tan breve introducción he conseguido que más de la mitad de los lectores hayan abandonado ya la lectura de este artículo.

Resulta inevitable. La mayoría de las personas interesadas en temas artísticos, tecnológicos, ecológicos o sociales piensan que las finanzas no van con ellos. Que es un galimatías de especuladores y que allá se las apañen los ricos con sus problemas.

Pero no es así. Las finanzas tienen su lógica, sus reglas y sus perversiones. Y debemos conocerlas si queremos saber cómo y por qué suceden las cosas en el mundo y, en consecuencia, cómo y por qué nos afectan a nosotros.

El pasado lunes negro la bolsa cayó, paradójicamente, por el buen dato de empleo en EEUU. Porque, al disminuir el paro, suceden dos cosas: hay más personas consumiendo y a las empresas le cuesta más dinero contratar nueva mano de obra.

Estos dos datos generan inflación. Y aquí es donde comienza la perversión del big data. Al estar la bolsa globalizada y dependiente de una inmensa cantidad de variables absolutamente incontrolables por el ser humano, las decisiones de compra y venta se deja en manos de los algoritmos.

Muchos de esos algoritmos estaban programados para vender acciones en el caso de que se produjera una contratación de trabajadores por encima de lo previsto. Y así sucedió. Pero al tratarse de cifras tan elevadas, el S&P 500, el principal índice estadounidense, se vino abajo activando, en un imparable efecto dominó, muchos stop loss. Es decir, las alertas que tienen los grandes inversores para no perder más de la cuenta en el caso de una caída importante. Y ahí fue cuando sobrevino la inevitable catástrofe.

Los asesores financieros, cuyo principal trabajo consiste en calmar a sus clientes para que no muevan el dinero hacia inversiones más conservadoras (y con comisiones más bajas para ellos), insisten en que se trató tan solo de una corrección en la bolsa, dado que hubo gente que quiso recoger beneficios tras varias semanas de fuertes subidas.

Pero al margen de que eso también fuera cierto, en el actual mundo de las finanzas están sucediendo dos cosas contradictorias: por un lado, el big data permite a los inversores controlar en tiempo real una cantidad impresionante de información para minimizar situaciones imprevisibles y sorpresas desagradables. Pero, por otro, eso supone dejar las decisiones en manos de algoritmos que pueden llevarnos al caos global a nada que les llegue, por una serie de azares imprevisibles, una avalancha de ciertos datos a los que responderán con decisiones inmediatas, frías, deshumanizadas e irreversibles.

No se trata de vivir en el pánico ni de guardar los ahorros en un calcetín. Pero sí de ser conscientes de que saber de finanzas no es algo que podamos delegar en unos pocos señores con corbata y señoras con traje chaqueta. Cada uno de nosotros, en la medida de lo posible, debemos de tener un cierto nivel de cultura financiera si queremos influir, con nuestras decisiones y nuestros votos, en una economía que nos atañe a todos.

Hace unos días la bolsa tuvo su lunes negro. El Dow Jones sufrió la mayor caída en puntos de su historia y llegó a ceder un 4,6 (hasta 24.345 puntos). El índice de Wall Street se dejó cerca de 1.200 enteros en la que fue la mayor caída diaria en puntos de su historia.

Estoy seguro de que con tan breve introducción he conseguido que más de la mitad de los lectores hayan abandonado ya la lectura de este artículo.

Resulta inevitable. La mayoría de las personas interesadas en temas artísticos, tecnológicos, ecológicos o sociales piensan que las finanzas no van con ellos. Que es un galimatías de especuladores y que allá se las apañen los ricos con sus problemas.

Pero no es así. Las finanzas tienen su lógica, sus reglas y sus perversiones. Y debemos conocerlas si queremos saber cómo y por qué suceden las cosas en el mundo y, en consecuencia, cómo y por qué nos afectan a nosotros.

El pasado lunes negro la bolsa cayó, paradójicamente, por el buen dato de empleo en EEUU. Porque, al disminuir el paro, suceden dos cosas: hay más personas consumiendo y a las empresas le cuesta más dinero contratar nueva mano de obra.

Estos dos datos generan inflación. Y aquí es donde comienza la perversión del big data. Al estar la bolsa globalizada y dependiente de una inmensa cantidad de variables absolutamente incontrolables por el ser humano, las decisiones de compra y venta se deja en manos de los algoritmos.

Muchos de esos algoritmos estaban programados para vender acciones en el caso de que se produjera una contratación de trabajadores por encima de lo previsto. Y así sucedió. Pero al tratarse de cifras tan elevadas, el S&P 500, el principal índice estadounidense, se vino abajo activando, en un imparable efecto dominó, muchos stop loss. Es decir, las alertas que tienen los grandes inversores para no perder más de la cuenta en el caso de una caída importante. Y ahí fue cuando sobrevino la inevitable catástrofe.

Los asesores financieros, cuyo principal trabajo consiste en calmar a sus clientes para que no muevan el dinero hacia inversiones más conservadoras (y con comisiones más bajas para ellos), insisten en que se trató tan solo de una corrección en la bolsa, dado que hubo gente que quiso recoger beneficios tras varias semanas de fuertes subidas.

Pero al margen de que eso también fuera cierto, en el actual mundo de las finanzas están sucediendo dos cosas contradictorias: por un lado, el big data permite a los inversores controlar en tiempo real una cantidad impresionante de información para minimizar situaciones imprevisibles y sorpresas desagradables. Pero, por otro, eso supone dejar las decisiones en manos de algoritmos que pueden llevarnos al caos global a nada que les llegue, por una serie de azares imprevisibles, una avalancha de ciertos datos a los que responderán con decisiones inmediatas, frías, deshumanizadas e irreversibles.

No se trata de vivir en el pánico ni de guardar los ahorros en un calcetín. Pero sí de ser conscientes de que saber de finanzas no es algo que podamos delegar en unos pocos señores con corbata y señoras con traje chaqueta. Cada uno de nosotros, en la medida de lo posible, debemos de tener un cierto nivel de cultura financiera si queremos influir, con nuestras decisiones y nuestros votos, en una economía que nos atañe a todos.

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Opiniones 3
  • Muy de acuerdo con el articulo, pero esperaba una recomendación final, no se, algunos libros o algo. Personalmente estoy bastante interesado en el tema de las finanzas, pero me cuesta encontrar libros de iniciación al mundillo. La mayoria de libros son o muy técnicos o basura charlatana que pretende hacerte creer que puedes sacar 3000 euros al mes dedicando 2 horas diarias al trading con solo leer ese libro.

    • Yo no sé recomendarte ningun libro específico, pero sí te diría que hay algunos cursos online (MOOCS) que ofrecen cursos gratis de finanzas. Échale un ojo a Coursera y EdX. Que hasta donde yo sé son las plataformas con más cursos de este tipo.
      EdX ofrece uno dado por el NY Stock Exchange, que aún no he hecho pero tiene buena pinta.
      Espero que esto te haya servido de algo.

  • Me atrevere a decir que es posible acceder a informacion financiera y educarse con mas facilidad gracias a internet. AirTm es una start up que ademas de ofrecer toda una gama de servicios de banco en la nube, tambien ofrece la posibilidad de aprender sobre esto de la economia digital.

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