30 de septiembre 2013    /   CREATIVIDAD
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Sacándole punta a las cosas

30 de septiembre 2013    /   CREATIVIDAD     por          
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Poca gente utiliza los lápices más allá de un día de compras por Ikea (por cierto, yo cada vez que voy me llevo un puñado). Los lápices se han quedado como instrumento de dibujo para niños y algunos pocos profesionales. Enrique Barro es uno de ellos. Pero este barcelonés de 26 años no los utiliza precisamente para dibujar.

Con los lápices, Enrique crea delicadas esculturas y composiciones. “El lápiz es un elemento pop, un elemento muy cotidiano, como una cuchara. Es perfecto como objeto conductor entre mi discurso artístico y el espectador. No hago más que invitar a fijarse, a disfrutar de una manera virgen, el resultado de mis piezas es aquello que ellos quieren ver”, comenta.

Barro, estudió bachillerato artístico en la Escuela Massana para posteriormente comenzar un ciclo formativo de grado superior en escultura en la misma escuela. Allí Gabriel, uno de sus profesores, le abrió los ojos. “Me enseñó que el arte no tiene significado por mucho que uno tenga un discurso” y decidió dejarlo antes de acabar el segundo año.

Durante su periodo de formación trabajó como ayudante de Xavier Corberó. “Fue duro porque dudé entre currar para él o los estudios y al final no hice ninguna de las dos cosas. Estaba justo empezando estudios de escultura, era muy joven para entonces e inconsciente”, recuerda el catalán. Pasó una temporada en EE UU y Polonia y después se marchó al bajo Ampurdán, donde vive y trabaja como artista desde hace casi dos años.

1-4Aunque abandonase sus estudios, fue ahí dónde vio el potencial de los lapiceros. “Me centré en los microuniversos que dibujaban los lápices de manera involuntaria al sacar punta, cómo cae el polvo y las marcas que dibuja”, añade.

Y así, poco a poco, Barro ha ido creando un otoño personal en el que las virutas de sus lápices sustituyen a las hojas caídas de los árboles, convirtiendo el objeto cotidiano en una pieza artística con vida, como su obra Memoria de un lápiz. “Normalmente la gente no utiliza ni un lápiz entero en toda su vida… y cuando lo usan, le sacan punta poco a poco. Pero si lo pelas entero se retuerce, te dice cosas. Son brutales las formas que genera. Esa es su vida, de manera súbita”, explica el catalán.

Enrique Barro reconoce que trabaja por rachas, pero que solo consigue resultados cuando está concentrado. Actualmente tiene entre manos un cartel para unas jornadas de música vanguardista japonesa en Barcelona, el joven sello discográfico Neurecords le ha encargado la portada del próximo disco de John Luther Adams y además, prepara unas piezas para la galería Miguel Alzueta también de la ciudad Condal. No se le puede pedir más a un lápiz.

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Poca gente utiliza los lápices más allá de un día de compras por Ikea (por cierto, yo cada vez que voy me llevo un puñado). Los lápices se han quedado como instrumento de dibujo para niños y algunos pocos profesionales. Enrique Barro es uno de ellos. Pero este barcelonés de 26 años no los utiliza precisamente para dibujar.

Con los lápices, Enrique crea delicadas esculturas y composiciones. “El lápiz es un elemento pop, un elemento muy cotidiano, como una cuchara. Es perfecto como objeto conductor entre mi discurso artístico y el espectador. No hago más que invitar a fijarse, a disfrutar de una manera virgen, el resultado de mis piezas es aquello que ellos quieren ver”, comenta.

Barro, estudió bachillerato artístico en la Escuela Massana para posteriormente comenzar un ciclo formativo de grado superior en escultura en la misma escuela. Allí Gabriel, uno de sus profesores, le abrió los ojos. “Me enseñó que el arte no tiene significado por mucho que uno tenga un discurso” y decidió dejarlo antes de acabar el segundo año.

Durante su periodo de formación trabajó como ayudante de Xavier Corberó. “Fue duro porque dudé entre currar para él o los estudios y al final no hice ninguna de las dos cosas. Estaba justo empezando estudios de escultura, era muy joven para entonces e inconsciente”, recuerda el catalán. Pasó una temporada en EE UU y Polonia y después se marchó al bajo Ampurdán, donde vive y trabaja como artista desde hace casi dos años.

1-4Aunque abandonase sus estudios, fue ahí dónde vio el potencial de los lapiceros. “Me centré en los microuniversos que dibujaban los lápices de manera involuntaria al sacar punta, cómo cae el polvo y las marcas que dibuja”, añade.

Y así, poco a poco, Barro ha ido creando un otoño personal en el que las virutas de sus lápices sustituyen a las hojas caídas de los árboles, convirtiendo el objeto cotidiano en una pieza artística con vida, como su obra Memoria de un lápiz. “Normalmente la gente no utiliza ni un lápiz entero en toda su vida… y cuando lo usan, le sacan punta poco a poco. Pero si lo pelas entero se retuerce, te dice cosas. Son brutales las formas que genera. Esa es su vida, de manera súbita”, explica el catalán.

Enrique Barro reconoce que trabaja por rachas, pero que solo consigue resultados cuando está concentrado. Actualmente tiene entre manos un cartel para unas jornadas de música vanguardista japonesa en Barcelona, el joven sello discográfico Neurecords le ha encargado la portada del próximo disco de John Luther Adams y además, prepara unas piezas para la galería Miguel Alzueta también de la ciudad Condal. No se le puede pedir más a un lápiz.

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