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17 de febrero 2016    /   CINE/TV
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Hastiados de sagas de superhéroes, el cine pide paso a nuevos formatos

17 de febrero 2016    /   CINE/TV     por          
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La lista de filmes más taquilleros del año pasado está encabeza por la nueva entrega de Star Wars, seguida por la cuarta película del universo Jurassic Park y cierra el podio la enésima Too Fast Too Furious. Luego llegan Avengers 2, Minions —retoña de Despicable Me— y James Bond 24. La primera de las diez sin ser secuela es Inside Out, de Pixar, con The Martian como única acompañante cerrando la lista tras otra de Mission: Impossible y la parte dos de la película tres de The Hunger Games. En el año 2000, Gladiator era la segunda y había otras seis que eran, digamos, películas sueltas. Parece que cada vez hay más sagas llenando los cines.

La explicación de este fenómeno es, según Javier Ruiz de Arcaute, uno de los autores del blog de cine Las Horas Perdidas, una mezcla de moda y miedo, que ha ido aumentando de forma progresiva desde la llegada de la primera gran franquicia de esta etapa, X-Men, incrementada por Matrix, The Lord of The Rings, Spiderman… y culminando con el universo cinematográfico de Marvel, un modelo a imitar en el que de un núcleo central surgen infinitas ramificaciones.

Para Pedro J. García, autor del blog Fuertecito no ve la tele, también entra en juego la influencia que la televisión ha tenido sobre la creación y el consumo de cine, con el público en general buscando historias a largo plazo, donde sus personajes se desarrollen y evolucionen. Una adaptación de unos recursos narrativos que el cómic primero y después la pequeña pantalla han practicado asiduamente.

Mentes preclaras y con evidente influencia en el mundo del cine, como Steven Spielberg, hablaron a lo largo del 2015 de la superhero fatigue, debido a la propia industria cíclica del cine. «Llegará un día en el que las historias mitológicas sean sustituidas por otro género que posiblemente algún joven cineasta está a punto de descubrir para todos nosotros», explicó el director legendario a AP, haciendo una analogía con el western, otrora niña bonita de los estudios y del que hoy se hacen pocas películas.

García ve que este concepto es una realidad y se sorprende de lo poco que ha tardado en llegar. Más que debido a una proliferación excesiva de este tipo de películas —«el año pasado solo tuvimos tres o cuatro»— apunta a las campañas de marketing y al ruido que generan en las redes sociales, así como al agotamiento de la fórmula, con el espectador quizá ya un poco cansado del mismo esquema. 2016, que entre sus siete películas de superhéroes cuenta con enfoques diferentes como Deadpool, Suicide Squad y Doctor Strange, le resulta más esperanzador.

Es evidente que los estudios aspiran a tener sus sagas. En el caso de los superhéroes, están Disney con la franquicia de Marvel menos lo relacionado con los X-Men y Fanstastic Four, cuyos derechos pertenecen a Fox, y Spiderman, de Sony, aunque a este han decidido compartirlo. Warner tiene los personajes de DC, como Batman, Superman, Aquaman… Pero además están activas Bourne, James Bond, Star Wars, Men in Black, Mission:Impossible y hasta Harry Potter con su Fantastic Beasts and Where to Find Them.

Las franquicias pueden tener de positivo que han continuado llevando público a las salas en un momento de cambio de los patrones de consumo, pero Ruiz de Arcaute se pregunta si no será pan para hoy y hambre para mañana. «Es inevitable la sensación de monotonía que acaban produciendo estas franquicias, no defraudan pero acaban por dejar de entusiasmar ya que la gente sabe qué historia va a ver y hay tantas previas en cada saga que sorprender de verdad resulta casi imposible», reflexiona. «El día que la gente se canse de esto ¿qué aliciente se dará para que vayan al cine?».

También hay que tener en cuenta los fracasos, como las sagas adolescentes que inundaron los cines en la primera década del nuevo milenio, con las productoras en busca de su mago adolescente o vampiro torturado particular. «Comienzan sagas con primeros capítulos que no cumplen las expectativas y dejan la historia a medias», rememora García, «Cazadores de sombras, The Host, Hermosas criaturas, Percy Jackson, La quinta ola… y al final, los que salen perjudicados son los espectadores».

Sea lo que sea, el cine necesita nuevos formatos.

La lista de filmes más taquilleros del año pasado está encabeza por la nueva entrega de Star Wars, seguida por la cuarta película del universo Jurassic Park y cierra el podio la enésima Too Fast Too Furious. Luego llegan Avengers 2, Minions —retoña de Despicable Me— y James Bond 24. La primera de las diez sin ser secuela es Inside Out, de Pixar, con The Martian como única acompañante cerrando la lista tras otra de Mission: Impossible y la parte dos de la película tres de The Hunger Games. En el año 2000, Gladiator era la segunda y había otras seis que eran, digamos, películas sueltas. Parece que cada vez hay más sagas llenando los cines.

La explicación de este fenómeno es, según Javier Ruiz de Arcaute, uno de los autores del blog de cine Las Horas Perdidas, una mezcla de moda y miedo, que ha ido aumentando de forma progresiva desde la llegada de la primera gran franquicia de esta etapa, X-Men, incrementada por Matrix, The Lord of The Rings, Spiderman… y culminando con el universo cinematográfico de Marvel, un modelo a imitar en el que de un núcleo central surgen infinitas ramificaciones.

Para Pedro J. García, autor del blog Fuertecito no ve la tele, también entra en juego la influencia que la televisión ha tenido sobre la creación y el consumo de cine, con el público en general buscando historias a largo plazo, donde sus personajes se desarrollen y evolucionen. Una adaptación de unos recursos narrativos que el cómic primero y después la pequeña pantalla han practicado asiduamente.

Mentes preclaras y con evidente influencia en el mundo del cine, como Steven Spielberg, hablaron a lo largo del 2015 de la superhero fatigue, debido a la propia industria cíclica del cine. «Llegará un día en el que las historias mitológicas sean sustituidas por otro género que posiblemente algún joven cineasta está a punto de descubrir para todos nosotros», explicó el director legendario a AP, haciendo una analogía con el western, otrora niña bonita de los estudios y del que hoy se hacen pocas películas.

García ve que este concepto es una realidad y se sorprende de lo poco que ha tardado en llegar. Más que debido a una proliferación excesiva de este tipo de películas —«el año pasado solo tuvimos tres o cuatro»— apunta a las campañas de marketing y al ruido que generan en las redes sociales, así como al agotamiento de la fórmula, con el espectador quizá ya un poco cansado del mismo esquema. 2016, que entre sus siete películas de superhéroes cuenta con enfoques diferentes como Deadpool, Suicide Squad y Doctor Strange, le resulta más esperanzador.

Es evidente que los estudios aspiran a tener sus sagas. En el caso de los superhéroes, están Disney con la franquicia de Marvel menos lo relacionado con los X-Men y Fanstastic Four, cuyos derechos pertenecen a Fox, y Spiderman, de Sony, aunque a este han decidido compartirlo. Warner tiene los personajes de DC, como Batman, Superman, Aquaman… Pero además están activas Bourne, James Bond, Star Wars, Men in Black, Mission:Impossible y hasta Harry Potter con su Fantastic Beasts and Where to Find Them.

Las franquicias pueden tener de positivo que han continuado llevando público a las salas en un momento de cambio de los patrones de consumo, pero Ruiz de Arcaute se pregunta si no será pan para hoy y hambre para mañana. «Es inevitable la sensación de monotonía que acaban produciendo estas franquicias, no defraudan pero acaban por dejar de entusiasmar ya que la gente sabe qué historia va a ver y hay tantas previas en cada saga que sorprender de verdad resulta casi imposible», reflexiona. «El día que la gente se canse de esto ¿qué aliciente se dará para que vayan al cine?».

También hay que tener en cuenta los fracasos, como las sagas adolescentes que inundaron los cines en la primera década del nuevo milenio, con las productoras en busca de su mago adolescente o vampiro torturado particular. «Comienzan sagas con primeros capítulos que no cumplen las expectativas y dejan la historia a medias», rememora García, «Cazadores de sombras, The Host, Hermosas criaturas, Percy Jackson, La quinta ola… y al final, los que salen perjudicados son los espectadores».

Sea lo que sea, el cine necesita nuevos formatos.

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