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12 de septiembre 2016    /   CREATIVIDAD
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Manual para montar un teatro en un edificio en ruinas

12 de septiembre 2016    /   CREATIVIDAD     por          
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Desde finales de los años ochenta, la Sala Beckett de Barcelona ha alojado algunas de las propuestas teatrales más innovadoras de la ciudad. José Sanchís Sinisterra fijó allí la sede de su Teatro Fronterizo y por el Obrador de la Beckett han pasado destacados dramaturgos catalanes del panorama actual.

FLORES Y PRATS

En 2006, la propiedad del inmueble cambió las condiciones del arrendamiento y, después de agrios pleitos y desencuentros, la Beckett se vio obligada a dejar el local en el que estaba para trasladarse a una nueva sede ubicada en el edificio de la Antigua Cooperativa Pau i Justícia en el barrio de Poblenou.

«Era un edificio abandonado, que hacía años había pasado a manos municipales, pero que se había ido deteriorando mucho hasta casi entrar en estado de ruina», explican Eva Prats y Ricardo Flores, del estudio de arquitectura Flores & Prats. «En 2011, la Beckett convocó un concurso de arquitectura público, con un jurado formado por diferentes técnicos del Ayuntamiento y la Generalitat, además del director técnico del Teatro Nacional y el director de la sala, Toni Casares».

El concurso tenía dos fases. La primera exigía demostrar que se habían realizado obras de características similares y que se contaba con equipo suficiente como para llevarlo a cabo. La segunda fase consistía en presentar un plan en el que se diera solución a las necesidades de la Sala Beckett, para lo cual había que salvar un importante inconveniente: el teatro precisaba 4.300 metros cuadrados y el edificio a rehabilitar solo contaba con 2.900 metros cuadrados de superficie.

El proyecto fue finalmente adjudicado al estudio Flores & Prats, que plantearon elevar las cubiertas de chapa antiguas para albergar lo que de otro modo hubiera sido imposible: dos salas de ensayo y residencias para artistas invitados. Además, el estudio propuso desde un primer momento una forma de trabajar que no se sustentaba en un proceso lineal, sino que avanzaba, retrocedía, probaba, descartaba y buscaba nuevos caminos hasta dar con la solución.

«Ese proceso fue clave para todo lo que vendría después, porque el proyecto se tuvo que replantear varias veces por temas de viabilidad económica. Pasamos dos años dibujando diferentes versiones del proyecto original, para encajarlo en un presupuesto que se reducía a un tercio del inicial. Durante ese tiempo hicimos un trabajo intenso en decidir con el equipo de la Beckett a qué cosas renunciar y a cuáles no. El hecho de formar un equipo tan unido y de mucha discusión fue fundamental para poder sacarlo adelante sin perder los objetivos y el espíritu del proyecto».

Durante seis largos años, Flores y Prats estuvieron trabajando para rehabilitar un edificio que, si bien había sido la sede de una cooperativa obrera, distaba mucho de poder ser la sede de una compañía teatral.

«El edificio original no servía a nivel acústico, porque su construcción era muy sencilla en espesores de suelos y paredes. Por eso mismo, tampoco servía a nivel de resistencia estructural. Además, un teatro y centro de dramaturgia como este busca ofrecer funciones en más de una sala simultáneamente, lo que exige que cada sala esté muy bien aislada respecto del resto del edificio, e incluso del bar-restaurante de la planta baja».

A pesar de todos estos problemas, el principal logro de la intervención realizada por Flores y Prats fue la de actualizar el edificio original sin que apenas se notara y sin que perdiera su aspecto delicado y frágil de la construcción preexistente.

«Aunque tenía esas carencias, desde el punto de vista espacial el edificio original tenía muchas ventajas: las salas principales encajaban bastante bien con los nuevos usos de teatro, salas de ensayo y de formación que debíamos colocar ahí. Además, las dimensiones de esos espacios eran ya ideales para hacer actividades de teatro. Por tanto, desde el principio nos interesó recuperar todo lo heredado, sin jerarquizar. Para ello hicimos un extenso inventario para poder reutilizar todos los elementos posibles. Una vez hecho el proyecto definitivo, los mosaicos, las puertas, los armarios o los rosetones pasaron a un lugar distinto al original. Hubo un movimiento de piezas por todo el edificio para que al final parezca que ahí no ha pasado nada»

El proyecto de la Sala Beckett ha entrado casi in extremis en el libro Pensado a mano, un volumen que recoge los primeros 15 años de este estudio de arquitectura.

«El libro define unas líneas de trabajo o intereses que hemos ido desarrollando en estos años y que nos interesaría seguir investigando a partir de ahora: la vivienda social, la participación vecinal, la rehabilitación. En este sentido, la Sala Beckett forma parte de nuestro interés por la rehabilitación y la reutilización de antiguas estructuras. Una forma de valorar positivamente y respetar una ocupación anterior, dando al nuevo proyecto un sentido temporal, que hace que pase a formar parte de esa herencia y consiguiendo que, al final, no sea posible reconocer de qué tiempo es ese lugar».

Fotografías: Adrià Goula

Desde finales de los años ochenta, la Sala Beckett de Barcelona ha alojado algunas de las propuestas teatrales más innovadoras de la ciudad. José Sanchís Sinisterra fijó allí la sede de su Teatro Fronterizo y por el Obrador de la Beckett han pasado destacados dramaturgos catalanes del panorama actual.

FLORES Y PRATS

En 2006, la propiedad del inmueble cambió las condiciones del arrendamiento y, después de agrios pleitos y desencuentros, la Beckett se vio obligada a dejar el local en el que estaba para trasladarse a una nueva sede ubicada en el edificio de la Antigua Cooperativa Pau i Justícia en el barrio de Poblenou.

«Era un edificio abandonado, que hacía años había pasado a manos municipales, pero que se había ido deteriorando mucho hasta casi entrar en estado de ruina», explican Eva Prats y Ricardo Flores, del estudio de arquitectura Flores & Prats. «En 2011, la Beckett convocó un concurso de arquitectura público, con un jurado formado por diferentes técnicos del Ayuntamiento y la Generalitat, además del director técnico del Teatro Nacional y el director de la sala, Toni Casares».

El concurso tenía dos fases. La primera exigía demostrar que se habían realizado obras de características similares y que se contaba con equipo suficiente como para llevarlo a cabo. La segunda fase consistía en presentar un plan en el que se diera solución a las necesidades de la Sala Beckett, para lo cual había que salvar un importante inconveniente: el teatro precisaba 4.300 metros cuadrados y el edificio a rehabilitar solo contaba con 2.900 metros cuadrados de superficie.

El proyecto fue finalmente adjudicado al estudio Flores & Prats, que plantearon elevar las cubiertas de chapa antiguas para albergar lo que de otro modo hubiera sido imposible: dos salas de ensayo y residencias para artistas invitados. Además, el estudio propuso desde un primer momento una forma de trabajar que no se sustentaba en un proceso lineal, sino que avanzaba, retrocedía, probaba, descartaba y buscaba nuevos caminos hasta dar con la solución.

«Ese proceso fue clave para todo lo que vendría después, porque el proyecto se tuvo que replantear varias veces por temas de viabilidad económica. Pasamos dos años dibujando diferentes versiones del proyecto original, para encajarlo en un presupuesto que se reducía a un tercio del inicial. Durante ese tiempo hicimos un trabajo intenso en decidir con el equipo de la Beckett a qué cosas renunciar y a cuáles no. El hecho de formar un equipo tan unido y de mucha discusión fue fundamental para poder sacarlo adelante sin perder los objetivos y el espíritu del proyecto».

Durante seis largos años, Flores y Prats estuvieron trabajando para rehabilitar un edificio que, si bien había sido la sede de una cooperativa obrera, distaba mucho de poder ser la sede de una compañía teatral.

«El edificio original no servía a nivel acústico, porque su construcción era muy sencilla en espesores de suelos y paredes. Por eso mismo, tampoco servía a nivel de resistencia estructural. Además, un teatro y centro de dramaturgia como este busca ofrecer funciones en más de una sala simultáneamente, lo que exige que cada sala esté muy bien aislada respecto del resto del edificio, e incluso del bar-restaurante de la planta baja».

A pesar de todos estos problemas, el principal logro de la intervención realizada por Flores y Prats fue la de actualizar el edificio original sin que apenas se notara y sin que perdiera su aspecto delicado y frágil de la construcción preexistente.

«Aunque tenía esas carencias, desde el punto de vista espacial el edificio original tenía muchas ventajas: las salas principales encajaban bastante bien con los nuevos usos de teatro, salas de ensayo y de formación que debíamos colocar ahí. Además, las dimensiones de esos espacios eran ya ideales para hacer actividades de teatro. Por tanto, desde el principio nos interesó recuperar todo lo heredado, sin jerarquizar. Para ello hicimos un extenso inventario para poder reutilizar todos los elementos posibles. Una vez hecho el proyecto definitivo, los mosaicos, las puertas, los armarios o los rosetones pasaron a un lugar distinto al original. Hubo un movimiento de piezas por todo el edificio para que al final parezca que ahí no ha pasado nada»

El proyecto de la Sala Beckett ha entrado casi in extremis en el libro Pensado a mano, un volumen que recoge los primeros 15 años de este estudio de arquitectura.

«El libro define unas líneas de trabajo o intereses que hemos ido desarrollando en estos años y que nos interesaría seguir investigando a partir de ahora: la vivienda social, la participación vecinal, la rehabilitación. En este sentido, la Sala Beckett forma parte de nuestro interés por la rehabilitación y la reutilización de antiguas estructuras. Una forma de valorar positivamente y respetar una ocupación anterior, dando al nuevo proyecto un sentido temporal, que hace que pase a formar parte de esa herencia y consiguiendo que, al final, no sea posible reconocer de qué tiempo es ese lugar».

Fotografías: Adrià Goula

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