20 de diciembre 2021    /   CREATIVIDAD
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Salva Espín: «Lo bueno que pueda tener el ser humano está simbolizado en la figura del superhéroe»

20 de diciembre 2021    /   CREATIVIDAD     por          
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Salva Espín (Murcia, 1982) camina por la vida sin capa ni espada, pero siempre con un bolígrafo a mano por si hay que dibujar superhéroes. Así se recuerda ya desde niño, con una vocación desmedida por contar historias y una genialidad artística que vuela desde 2007 por medio planeta tras el todopoderoso sello de Marvel. «Es como un sueño hecho realidad», apunta  el ilustrador.

Deadpool, Spiderman, Lobezno, Capitán América, Hulk, la Patrulla X… La cartera de superhéroes con la que trabaja Salva Espín lo han convertido en un emblema con miles de seguidores y varios premios de prestigio. Sus intervenciones en diferentes eventos y en el programa La Resistencia han ampliado su celebridad y le han granjeado el cariño del público no solo por sus dotes como dibujante de cómics, sino por su cercanía y sentido del humor.

En la entrevista confiesa que el cachondeo le viene de serie —su familia es un pilar maestro en su vida— y que valora el privilegio —logrado con mucho esfuerzo— de poder dedicarse a lo que más le gusta. «Todo eso hace que tengamos buen humor. Cuando uno se pone a hablar de algo que le gusta, se transmite», reflexiona el murciano más internacional.

Compartimos charla tras un intenso fin de semana en Yecla, Murcia. Allí, la gran fiesta del enoturismo rindió un homenaje a los llamados «superhéroes de la pandemia», colectivos y personas que han brillado por su solidaridad en esta época de la covid-19. Y quién mejor que Salva Espín —cartel heroico mediante— para certificarlo con su experiencia, trazos perfectos, buen rollo y limones. Le damos al Rec…

¿Cómo se definiría Salva Espín a estas alturas? 

Pues Salva Espín ahora mismo, más allá de futuro padre, antes novio-marido y ahora marido-marido oficialmente, en lo profesional es una persona que tiene la suerte de haber acabado dedicándose a lo que más le gusta. Voy haciendo más y más cosas en la zona de confort y también en otro tipo de medios que aún no he trabajado, pero que me apasionan. Y siempre con la intención patente de hacer las cosas por pasión. Salva Espín es una persona que se divierte mientras va haciendo sus aventuras vitales.

¿Cuántas horas trabajas al día?

Como buen autónomo, todas las horas que tiene un día y algunas más. (Risas.) Al final, uno saca adelante el trabajo productivo que va con fecha y hay que facturar, pero, aparte, está el trabajo de futuras cosas, proyectos que a lo mejor luego se quedan estancados o no, pero que sirven para avanzar como objetivo vital, como artista. Voy como los ordenadores: con una base en segundo plano trabajando. Incluso esta entrevista me sirve para luego plantearme mi autobiografía…

¿En qué momento te diste cuenta de que te encantaba dibujar?

Desde que tengo uso de razón, siempre me recuerdo dibujando. Siempre me veo con un lápiz en la mano. (Durante la entrevista, de hecho, Salva Espín juguetea con un boli entre las manos).

Y por pasión al dibujo, gracias a mis padres tenía siempre en casa cómics, libros y pelis de acción, género de fantasía. Y eso activaba la imaginación para crear mis personajes o dibujar los que más me gustaban: Dragon Ball, las Tortugas Ninja, los Masters del Universo… Y otra parte son los videojuegos, que los descubrí yo. En casa, mis padres me compraron alguna videoconsola y eso era otra vía para activar la imaginación. Se juntaban dos medios para hacer ilustraciones y, luego, contar historias a través de la viñeta.

Ahí ya tienes la vocación, el don, la genialidad. Pero, Salva, ¿quién te dice que eres especial dibujando? Ese espaldarazo clave…

Por un lado, está la parte humana: la familia. Y, luego, los profesores, la parte de la escuela. Y, claro, también el mercado; porque cuando ya empezaba a hacer ilustraciones que estaban bien, tebeíllos tipo fanzines, los vendía a amigos de la familia o en el cole. Y esto lo hacía para conseguir perricas, para ahorrar y comprarme algún videojuego o para jugar en los recreativos.

La parte humana eran mis padres, los primeros. Veían que me gustaba dibujar y que lo que dibujaba estaba chulo. Mi padre dibujaba de joven y mis abuelos cuentan que siempre dibujó bien. Vivían en Sabadell, Barcelona, uno de los sitios más icónicos de la ilustración en España, pero mi padre no acabó enfocándose a eso. Aunque siempre tuvo el gusto por el dibujo y por ayudarme a mí en esos primeros pasos. También, a mi madre le gustan las manualidades y ese tipo de cosas y con ella iba a clases de pintura al centro cultural de mi pueblo, El Campillo de El Esparragal, Murcia. La parte humana apoyando son ellos los primeros.

«El único secreto para dibujar está en dibujar, dibujar y, la tercera recomendación, ¡dibujar!»

Imagino que trabajar en el coloso Marvel es un sueño. ¿Cómo lo valoras?

Fue todo bastante orgánico. En los últimos años del instituto y en los primeros de la universidad coleccionaba bastantes cómics, y eso se juntó con descubrir que había españoles dibujando en Marvel. Yo no sabía los pasos que había que hacer para dedicarme o ganarme la vida dibujando superhéroes que todo el mundo conocía, pero eso —ver españoles en Marvel— daba esperanza. Era como decir: «Mira, se puede». Y con eso en mente, yo ya empecé a hacer cómics para concursos. Lo que más cuesta, en realidad, es llevar adelante tus proyectos; cuesta mucho hacer muchas páginas.

Perdona, un paréntesis: ¿cuándo supone hacer un cómic de unas 30 páginas?

En general, podemos decir que para unas 20 páginas suelen dar 30 días, pero eso hace que tengas que estar dedicado todo el tiempo a eso. Entonces lo ideal es tener más tiempo y trabajar más desahogado. Y luego hay gente que, básicamente, para unas 40 páginas se tira un año. Sobre todo, en el mercado francés. La cuestión es que si quieres hacer un trabajo bien hecho desde la página en blanco, haciéndolo tú todo, si te descuidas te puedes tirar una semana por cada página.

Y seguimos con lo de Marvel… Te presentas a un salón de cómic y ¡fichado!

Claro, el caso es que cuando acabas Bellas Artes [Salva Espín se licenció en la Politécnica de Valencia] es de ese tipo de carreras que sales con el diploma y, aunque en algunos trabajos te piden la licenciatura, para las grandes empresas lo importante es el portafolio. La licenciatura vale más para empresas que requieran perfiles artísticos en general, pero otras empresas quieren ver el portafolio y luego ya te preguntarán detalles.

Entonces, para el mundo de los cómics yo iba con el diploma de la carrera y con mi portafolio con historias terminadas. Y eso lo vieron en un salón de cómic en 2007, les gustó lo que mostré y al poquito ya tenía una oferta para empezar una miniserie con Marvel.

Casi 15 años después, hoy, ¿cómo es tu experiencia con Marvel?

¡Casi 15 años, sí! Es como un sueño hecho realidad. Para empezar, me gusta mucho trabajar desde casa. Me he acostumbrado estar a mis cosas dibujando. Y a la hora de hacer cómics, el estar dentro de una cadena artística de producción facilita las cosas para lanzar páginas. Requiere tanto tiempo que no me da para avanzar con mis personajes propios, pero por suerte el poder avanzar en el mundo de los cómics en el día a día me sacia. Eso hace que toda la energía artística también la pueda dedicar a otros terrenos en el mundo de la educación o de los videojuegos. Proyectos con sello que completan o dan variedad a mi vida profesional.

«Mis primeros referentes fueron los autores americanos de los años 80 y 90, que son los que sueles ver al principio como coleccionista de cómics, pero los que hicieron que me planteara dibujar cómics de superhéroes eran los dibujantes españoles que empezaron a dibujar en Estados Unidos: Carlos Pacheco, Salvador Larroca, Pasqual Ferry…»

Muchos dibujantes ahora te citarían a ti. Pero ¿a quién admira Salva Espín del gremio de la ilustración?

Bueno, entre los primeros referentes estaban los autores americanos de los años 80 y  90, que son los que sueles ver al principio como coleccionista de cómics, pero los que hicieron que me planteara dibujar cómics de superhéroes eran los dibujantes españoles que empezaron a dibujar en Estados Unidos. Por ejemplo, Carlos Pacheco, Salvador Larroca, Pasqual Ferry

La primera vez que me puse a coleccionar cómics coincidió que sacaron un librito que era Cómics made in Spain; y ahí había 25 autores que estaban dedicándose a la ilustración de superhéroes de franquicias importantes. Todos los que salen en este libro son referentes para mí.

¿Alguna recomendación o pauta a alguien que quiera dedicarse a dibujar?

Sobre todo, que tiene que dibujar todos los días. El único secreto está en dibujar, dibujar y, la tercera recomendación, ¡dibujar! Es el secreto más importante. Luego, ya cada uno tiene sus propias formas de dibujar, depende del perfil propio. Y este año estoy bastante orgulloso de haber empezado un máster de dibujos de cómics, donde nos enfocamos al mundo laboral.

Todavía no hay una educación enfocada a que los estudiantes, sobre todo en el mundo del cómic, sepan no solo ilustrar, sino narrar y contar historias. Ahí, esa vuelta de tuerca profesional, no solo artística, es muy importante. Estamos aplicando justo lo que a mí me habría gustado encontrarme cuando era alumno.

¿Superhéroes favoritos? ¿Y por qué?

Tengo un empate entre cinco. Están Deadpool, Spiderman, Lobezno, Hulk y Hulka (She-Hulk). Son superhéroes que tienen una parte humana muy importante. Y, en general, coinciden en dos tipos de perfiles: los que son muy brutos o de fuerza física, como Hulk y Hulka o Lobezno, que están cabreados; y los otros, que son fuertes, pero también son más chistosos. Tienen un perfil con humor. Me gusta disfrutarlos cuando tienes que estar agachando el lomo en la mesa de dibujo. (Risas.)

¿Cómo has vivido la pandemia?

En lo personal, en mi familia, por suerte, no ha habido ningún problema grave con el coronavirus. Hay que llevar cuidado y adaptarse. En cuanto a estar encerrado en casa, como los dibujantes estamos tanto tiempo en casa siempre, no lo he notado casi nada en ese sentido.

¿Y quiénes son los superhéroes de la pandemia? ¿Cómo te sientes ante el éxito?

Mira, una de las cosas positivas que podemos sacar de haber vivido esta situación —que todavía hay que llevar cuidado— es que se ha podido ver cómo las personas, ante una situación difícil, acaban sacando esa parte positiva que simboliza a los superhéroes.

Todo lo bueno que pueda tener el ser humano está simbolizado en la figura del superhéroe. Antes del superpoder, está el llevar hacia delante las cosas positivas del ser humano. Aquí en Yecla, el proyecto enoturista de los superhéroes de la pandemia refleja a gente de todos los sectores que han puesto su granito de arena para hacer fácil la vida a mucha gente que lo estaba pasando mal.

En la gala lo comentabas… ¿Es Murcia una suerte de Sillicon Valley del cómic?

Sí… (Risas.) De hecho, solo en Yecla, donde estamos hablando, hay muchos talentos autóctonos. Por ejemplo, aquí, en el Hotel Avenida, hay pinturas de talentos de la zona que están impresionantes. Hay incluso varios concursos, propuestas para potenciar esto, la gente ha respondido muy bien a las charlas sobre cómics. Es un interés y un talento emergente increíble. En muchos lugares del Levante y Murcia el arte sigue creciendo.

Vamos con tu paso recurrente y triunfal por la tele con Broncano y compañía. Te hiciste muy célebre en La Resistencia. ¿Cómo vives esa eclosión?

Para un público diferente o que me conocía por el personaje, La Resistencia ha servido para poner cara al que está detrás de las páginas. Antes solía pasar que la gente me conocía primero por los dibujos, por el personaje, y luego me veían en algún evento y ahí ya nos conocíamos. Pero ahora, es enchufar el móvil o la tele y tienes a alguien al que le pones cara. Con La Resistencia, muchos dirían: «Este que me sonaba de los dibujos, de la barbita y las canas, es el de los dibujos»… (Risas.)

 

¿Y ese buen humor tan espontáneo te viene de fábrica?

El cachondeo ¡y llevar limones! En la familia, cuando hay cosecha y vamos a una visita fuera de Murcia, fuera de nuestro código postal, llevamos, en plan ofrenda, unos limones. [Salva Espín tiene un conocido y pizpireto superhéroe limón]. Fue lo que hice en La Resistencia —me echó mi abuelo muchos limones en el maletero— y es algo normal en la familia.

También es normal que nos acabemos dedicando a las cosas que nos gustan. Por ejemplo, mi abuelo con el campo, que es donde encuentra la verdadera felicidad. Y todo eso hace que tengamos buen humor. Cuando uno se pone a hablar de algo que le gusta, se transmite. E inspira. 

 

Podríamos hablar horas y horas, pero tienes que irte a comer con la familia. ¡Gracias por tu tiempo, Salva! ¿Cómo se despediría un superhéroe?

¡Nos vemos en las páginas de los cómics! ¡Y luego con una exclamación! (Risas.)

[Salva Espín hace un sonido y un gesto casi irreproducible: «¡Puumm!»].

 

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Salva Espín (Murcia, 1982) camina por la vida sin capa ni espada, pero siempre con un bolígrafo a mano por si hay que dibujar superhéroes. Así se recuerda ya desde niño, con una vocación desmedida por contar historias y una genialidad artística que vuela desde 2007 por medio planeta tras el todopoderoso sello de Marvel. «Es como un sueño hecho realidad», apunta  el ilustrador.

Deadpool, Spiderman, Lobezno, Capitán América, Hulk, la Patrulla X… La cartera de superhéroes con la que trabaja Salva Espín lo han convertido en un emblema con miles de seguidores y varios premios de prestigio. Sus intervenciones en diferentes eventos y en el programa La Resistencia han ampliado su celebridad y le han granjeado el cariño del público no solo por sus dotes como dibujante de cómics, sino por su cercanía y sentido del humor.

En la entrevista confiesa que el cachondeo le viene de serie —su familia es un pilar maestro en su vida— y que valora el privilegio —logrado con mucho esfuerzo— de poder dedicarse a lo que más le gusta. «Todo eso hace que tengamos buen humor. Cuando uno se pone a hablar de algo que le gusta, se transmite», reflexiona el murciano más internacional.

Compartimos charla tras un intenso fin de semana en Yecla, Murcia. Allí, la gran fiesta del enoturismo rindió un homenaje a los llamados «superhéroes de la pandemia», colectivos y personas que han brillado por su solidaridad en esta época de la covid-19. Y quién mejor que Salva Espín —cartel heroico mediante— para certificarlo con su experiencia, trazos perfectos, buen rollo y limones. Le damos al Rec…

¿Cómo se definiría Salva Espín a estas alturas? 

Pues Salva Espín ahora mismo, más allá de futuro padre, antes novio-marido y ahora marido-marido oficialmente, en lo profesional es una persona que tiene la suerte de haber acabado dedicándose a lo que más le gusta. Voy haciendo más y más cosas en la zona de confort y también en otro tipo de medios que aún no he trabajado, pero que me apasionan. Y siempre con la intención patente de hacer las cosas por pasión. Salva Espín es una persona que se divierte mientras va haciendo sus aventuras vitales.

¿Cuántas horas trabajas al día?

Como buen autónomo, todas las horas que tiene un día y algunas más. (Risas.) Al final, uno saca adelante el trabajo productivo que va con fecha y hay que facturar, pero, aparte, está el trabajo de futuras cosas, proyectos que a lo mejor luego se quedan estancados o no, pero que sirven para avanzar como objetivo vital, como artista. Voy como los ordenadores: con una base en segundo plano trabajando. Incluso esta entrevista me sirve para luego plantearme mi autobiografía…

¿En qué momento te diste cuenta de que te encantaba dibujar?

Desde que tengo uso de razón, siempre me recuerdo dibujando. Siempre me veo con un lápiz en la mano. (Durante la entrevista, de hecho, Salva Espín juguetea con un boli entre las manos).

Y por pasión al dibujo, gracias a mis padres tenía siempre en casa cómics, libros y pelis de acción, género de fantasía. Y eso activaba la imaginación para crear mis personajes o dibujar los que más me gustaban: Dragon Ball, las Tortugas Ninja, los Masters del Universo… Y otra parte son los videojuegos, que los descubrí yo. En casa, mis padres me compraron alguna videoconsola y eso era otra vía para activar la imaginación. Se juntaban dos medios para hacer ilustraciones y, luego, contar historias a través de la viñeta.

Ahí ya tienes la vocación, el don, la genialidad. Pero, Salva, ¿quién te dice que eres especial dibujando? Ese espaldarazo clave…

Por un lado, está la parte humana: la familia. Y, luego, los profesores, la parte de la escuela. Y, claro, también el mercado; porque cuando ya empezaba a hacer ilustraciones que estaban bien, tebeíllos tipo fanzines, los vendía a amigos de la familia o en el cole. Y esto lo hacía para conseguir perricas, para ahorrar y comprarme algún videojuego o para jugar en los recreativos.

La parte humana eran mis padres, los primeros. Veían que me gustaba dibujar y que lo que dibujaba estaba chulo. Mi padre dibujaba de joven y mis abuelos cuentan que siempre dibujó bien. Vivían en Sabadell, Barcelona, uno de los sitios más icónicos de la ilustración en España, pero mi padre no acabó enfocándose a eso. Aunque siempre tuvo el gusto por el dibujo y por ayudarme a mí en esos primeros pasos. También, a mi madre le gustan las manualidades y ese tipo de cosas y con ella iba a clases de pintura al centro cultural de mi pueblo, El Campillo de El Esparragal, Murcia. La parte humana apoyando son ellos los primeros.

«El único secreto para dibujar está en dibujar, dibujar y, la tercera recomendación, ¡dibujar!»

Imagino que trabajar en el coloso Marvel es un sueño. ¿Cómo lo valoras?

Fue todo bastante orgánico. En los últimos años del instituto y en los primeros de la universidad coleccionaba bastantes cómics, y eso se juntó con descubrir que había españoles dibujando en Marvel. Yo no sabía los pasos que había que hacer para dedicarme o ganarme la vida dibujando superhéroes que todo el mundo conocía, pero eso —ver españoles en Marvel— daba esperanza. Era como decir: «Mira, se puede». Y con eso en mente, yo ya empecé a hacer cómics para concursos. Lo que más cuesta, en realidad, es llevar adelante tus proyectos; cuesta mucho hacer muchas páginas.

Perdona, un paréntesis: ¿cuándo supone hacer un cómic de unas 30 páginas?

En general, podemos decir que para unas 20 páginas suelen dar 30 días, pero eso hace que tengas que estar dedicado todo el tiempo a eso. Entonces lo ideal es tener más tiempo y trabajar más desahogado. Y luego hay gente que, básicamente, para unas 40 páginas se tira un año. Sobre todo, en el mercado francés. La cuestión es que si quieres hacer un trabajo bien hecho desde la página en blanco, haciéndolo tú todo, si te descuidas te puedes tirar una semana por cada página.

Y seguimos con lo de Marvel… Te presentas a un salón de cómic y ¡fichado!

Claro, el caso es que cuando acabas Bellas Artes [Salva Espín se licenció en la Politécnica de Valencia] es de ese tipo de carreras que sales con el diploma y, aunque en algunos trabajos te piden la licenciatura, para las grandes empresas lo importante es el portafolio. La licenciatura vale más para empresas que requieran perfiles artísticos en general, pero otras empresas quieren ver el portafolio y luego ya te preguntarán detalles.

Entonces, para el mundo de los cómics yo iba con el diploma de la carrera y con mi portafolio con historias terminadas. Y eso lo vieron en un salón de cómic en 2007, les gustó lo que mostré y al poquito ya tenía una oferta para empezar una miniserie con Marvel.

Casi 15 años después, hoy, ¿cómo es tu experiencia con Marvel?

¡Casi 15 años, sí! Es como un sueño hecho realidad. Para empezar, me gusta mucho trabajar desde casa. Me he acostumbrado estar a mis cosas dibujando. Y a la hora de hacer cómics, el estar dentro de una cadena artística de producción facilita las cosas para lanzar páginas. Requiere tanto tiempo que no me da para avanzar con mis personajes propios, pero por suerte el poder avanzar en el mundo de los cómics en el día a día me sacia. Eso hace que toda la energía artística también la pueda dedicar a otros terrenos en el mundo de la educación o de los videojuegos. Proyectos con sello que completan o dan variedad a mi vida profesional.

«Mis primeros referentes fueron los autores americanos de los años 80 y 90, que son los que sueles ver al principio como coleccionista de cómics, pero los que hicieron que me planteara dibujar cómics de superhéroes eran los dibujantes españoles que empezaron a dibujar en Estados Unidos: Carlos Pacheco, Salvador Larroca, Pasqual Ferry…»

Muchos dibujantes ahora te citarían a ti. Pero ¿a quién admira Salva Espín del gremio de la ilustración?

Bueno, entre los primeros referentes estaban los autores americanos de los años 80 y  90, que son los que sueles ver al principio como coleccionista de cómics, pero los que hicieron que me planteara dibujar cómics de superhéroes eran los dibujantes españoles que empezaron a dibujar en Estados Unidos. Por ejemplo, Carlos Pacheco, Salvador Larroca, Pasqual Ferry

La primera vez que me puse a coleccionar cómics coincidió que sacaron un librito que era Cómics made in Spain; y ahí había 25 autores que estaban dedicándose a la ilustración de superhéroes de franquicias importantes. Todos los que salen en este libro son referentes para mí.

¿Alguna recomendación o pauta a alguien que quiera dedicarse a dibujar?

Sobre todo, que tiene que dibujar todos los días. El único secreto está en dibujar, dibujar y, la tercera recomendación, ¡dibujar! Es el secreto más importante. Luego, ya cada uno tiene sus propias formas de dibujar, depende del perfil propio. Y este año estoy bastante orgulloso de haber empezado un máster de dibujos de cómics, donde nos enfocamos al mundo laboral.

Todavía no hay una educación enfocada a que los estudiantes, sobre todo en el mundo del cómic, sepan no solo ilustrar, sino narrar y contar historias. Ahí, esa vuelta de tuerca profesional, no solo artística, es muy importante. Estamos aplicando justo lo que a mí me habría gustado encontrarme cuando era alumno.

¿Superhéroes favoritos? ¿Y por qué?

Tengo un empate entre cinco. Están Deadpool, Spiderman, Lobezno, Hulk y Hulka (She-Hulk). Son superhéroes que tienen una parte humana muy importante. Y, en general, coinciden en dos tipos de perfiles: los que son muy brutos o de fuerza física, como Hulk y Hulka o Lobezno, que están cabreados; y los otros, que son fuertes, pero también son más chistosos. Tienen un perfil con humor. Me gusta disfrutarlos cuando tienes que estar agachando el lomo en la mesa de dibujo. (Risas.)

¿Cómo has vivido la pandemia?

En lo personal, en mi familia, por suerte, no ha habido ningún problema grave con el coronavirus. Hay que llevar cuidado y adaptarse. En cuanto a estar encerrado en casa, como los dibujantes estamos tanto tiempo en casa siempre, no lo he notado casi nada en ese sentido.

¿Y quiénes son los superhéroes de la pandemia? ¿Cómo te sientes ante el éxito?

Mira, una de las cosas positivas que podemos sacar de haber vivido esta situación —que todavía hay que llevar cuidado— es que se ha podido ver cómo las personas, ante una situación difícil, acaban sacando esa parte positiva que simboliza a los superhéroes.

Todo lo bueno que pueda tener el ser humano está simbolizado en la figura del superhéroe. Antes del superpoder, está el llevar hacia delante las cosas positivas del ser humano. Aquí en Yecla, el proyecto enoturista de los superhéroes de la pandemia refleja a gente de todos los sectores que han puesto su granito de arena para hacer fácil la vida a mucha gente que lo estaba pasando mal.

En la gala lo comentabas… ¿Es Murcia una suerte de Sillicon Valley del cómic?

Sí… (Risas.) De hecho, solo en Yecla, donde estamos hablando, hay muchos talentos autóctonos. Por ejemplo, aquí, en el Hotel Avenida, hay pinturas de talentos de la zona que están impresionantes. Hay incluso varios concursos, propuestas para potenciar esto, la gente ha respondido muy bien a las charlas sobre cómics. Es un interés y un talento emergente increíble. En muchos lugares del Levante y Murcia el arte sigue creciendo.

Vamos con tu paso recurrente y triunfal por la tele con Broncano y compañía. Te hiciste muy célebre en La Resistencia. ¿Cómo vives esa eclosión?

Para un público diferente o que me conocía por el personaje, La Resistencia ha servido para poner cara al que está detrás de las páginas. Antes solía pasar que la gente me conocía primero por los dibujos, por el personaje, y luego me veían en algún evento y ahí ya nos conocíamos. Pero ahora, es enchufar el móvil o la tele y tienes a alguien al que le pones cara. Con La Resistencia, muchos dirían: «Este que me sonaba de los dibujos, de la barbita y las canas, es el de los dibujos»… (Risas.)

 

¿Y ese buen humor tan espontáneo te viene de fábrica?

El cachondeo ¡y llevar limones! En la familia, cuando hay cosecha y vamos a una visita fuera de Murcia, fuera de nuestro código postal, llevamos, en plan ofrenda, unos limones. [Salva Espín tiene un conocido y pizpireto superhéroe limón]. Fue lo que hice en La Resistencia —me echó mi abuelo muchos limones en el maletero— y es algo normal en la familia.

También es normal que nos acabemos dedicando a las cosas que nos gustan. Por ejemplo, mi abuelo con el campo, que es donde encuentra la verdadera felicidad. Y todo eso hace que tengamos buen humor. Cuando uno se pone a hablar de algo que le gusta, se transmite. E inspira. 

 

Podríamos hablar horas y horas, pero tienes que irte a comer con la familia. ¡Gracias por tu tiempo, Salva! ¿Cómo se despediría un superhéroe?

¡Nos vemos en las páginas de los cómics! ¡Y luego con una exclamación! (Risas.)

[Salva Espín hace un sonido y un gesto casi irreproducible: «¡Puumm!»].

 

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