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13 de julio 2015    /   BUSINESS
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San Francisco, campo de pruebas de la guerra biológica

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La niebla en San Francisco sale de paseo a primeras horas de la madrugada. Ella no es de alturas, le gusta acariciar la ciudad, son pareja de hecho. Deambula con pausa por las subidas y bajadas, abraza los rascacielos del Financial District y envuelve con su sábana el Golden Gate para dejar postales perfectas al amanecer desde Fort Baker, el faro de Point Bonita y, especialmente, desde Marin Headlanes, parte del parque nacional Golden Gate.
Unas olas blancas características que han inspirado desde siempre a poetas, escritores y fotógrafos. Jack Kerouac escribió en On The Road: «Vagaba como un fantasma demacrado, y ahí estaba ella, Frisco, largas calles desiertas con cables de tranvía cubiertos de niebla y blancura». Van Morrison cantó en Into The Mystic: «Cuando la sirena de la niebla suene, volveré a casa. Y cuando esa sirena de la niebla suene quiero oírla. No tengo por qué temerla». Y Herb Caen, periodista local y voz de la conciencia de San Francisco, la mitificó en una columna semanal durante sesenta años en San Francisco Chronicle. Hoy, la niebla, hasta tiene una cuenta de Twitter.

Pero un hecho que muchos no saben sobre la niebla de la ciudad de las startups es que, en los años cincuenta, el ejército estadounidense llevó a cabo un experimento para saber si este fenómeno atmosférico podía ayudar a propagar armas biológicas en un llamado «ataque biológico simulado». El experimento fue un éxito tal como explica la revista Discover: «uno de los experimentos humanos más grandes de la historia».
Humano porque los residentes de San Francisco nunca supieron (ni consintieron) este ataque biológico, y hay pruebas de que causó la muerte de al menos un ciudadano y hospitalizó a otros diez. Parece otra teoría conspirativa de internet, y cuando lo busquéis por Google percibiréis desinformación antes que información, pero el núcleo de esta historia está documentado.
Una prueba de ataque biológico exitosa
A finales de septiembre de 1950, todavía en época de nieblas en San Francisco, miembros de la marina estadounidense rociaron serratia en un mar blanco de nubes de tres kilómetros y medio de la costa de San Francisco. La serratia es una bacteria que tiende a afectar los sistemas respiratorio y urinario. Desde el punto de vista del ejército estadounidense, el experimento fue un éxito tal como contó Wall Street Journal en 2001 de un informe oficial de la marina: «Se ha percibido que un ataque biológico en este área puede ser lanzado desde el mar, y esas dosis de forma efectiva pueden ser producidas relativamente en grandes áreas».
Se estima que los 800.000 residentes de la ciudad recibieron altas dosis de serratia, inhalando millones de bacterias en los varios días de pruebas. El ejército, en su informe, concluyó que «la serratia raramente causa enfermedad, y que si hay enfermedad resultante es insignificante». Sin embargo, un informe de 2005 de la Administración de Alimentos y Medicamentos mantiene que «la bacteria serratia puede causar enfermedades serias que ponen en riesgo la vida en pacientes con sistemas inmunológicos débiles».

 En los años cincuenta, el ejército estadounidense llevó a cabo un experimento para saber si este fenómeno atmosférico podía ayudar a propagar armas biológicas


Una semana después del experimento, once personas fueron ingresadas en el entonces hospital de la Universidad de Stanford con infecciones urinarias graves. Los antibióticos de aquella época no hacían mucho efecto ante los síntomas presentados en los pacientes, y uno de ellos, Edward Nevin, recién operado del corazón, murió por la infección. Fue entonces cuando los doctores del hospital, ante la similitud de los casos, publicaron un informe descriptivo y poco conclusivo en 1951 sobre la rareza de esta bacteria que desprendía un pigmento rojo. Se trata del primer estallido de serratia documentado de la historia.
Treinta años después, el nieto de Nevin, Edward Nevin III, intentó demandar sin éxito al Gobierno tras la publicación de varios documentos desclasificados en 1977 que probaban la naturaleza de los experimentos en San Francisco. El ejército siempre ha mantenido que esos casos de infecciones ocurrieron dentro del hospital; sin embargo, ha habido más casos de serratia desde los años cincuenta en la zona de la bahía, tal como repasa en un timeline San Francisco Chronicle.
Otros experimentos biológicos con humanos
En los siguientes veinte años a la prueba con la niebla de San Francisco, el ejército estadounidense llevó a cabo otros 239 experimentos secretos sobre poblaciones civiles con armas biológicas, tal como contaron varios medios en los años setenta, entre ellos Washington Post, New York Times y Associated Press. En un testimonio al Congreso de los Estados Unidos en 1994, Leonard Cole, experto en bioterrorismo y profesor de la facultad de Medicina de la Universidad de Rutgers, afirmó que nada de esto se hizo público hasta 1976 con la publicación de un artículo. En él se apuntaba el testimonio de una persona a un subcomité del Senado sobre experimentos en el metro de Nueva York.

El ejército siempre ha mantenido que esos casos de infecciones ocurrieron dentro del hospital; sin embargo, ha habido más casos de serratia desde los años cincuenta en la zona de la bahía


Todas estas pruebas consistieron en soltar serratia y otros microorganismos biológicos en localizaciones como el mencionado metro de Nueva York, un aeropuerto en Washington DC o la autopista de Pensilvania, además de pequeñas poblaciones. Según afirma la revista Discover: «la exposición no era más catastrófica que la de los microbios del polvo, pero para niños y personas mayores suponía riesgos para la salud». Este programa de ataques biológicos simulados fue un éxito tal como contó Cole en 1999 en su libro Clouds of Secrecy, y se desconoce la cantidad exacta de experimentos llevados a cabo en suelo no estadounidense por el ejército americano, aunque sí se han desclasificado informes de experimentos en Okinawa, Japón.

La niebla en San Francisco sale de paseo a primeras horas de la madrugada. Ella no es de alturas, le gusta acariciar la ciudad, son pareja de hecho. Deambula con pausa por las subidas y bajadas, abraza los rascacielos del Financial District y envuelve con su sábana el Golden Gate para dejar postales perfectas al amanecer desde Fort Baker, el faro de Point Bonita y, especialmente, desde Marin Headlanes, parte del parque nacional Golden Gate.
Unas olas blancas características que han inspirado desde siempre a poetas, escritores y fotógrafos. Jack Kerouac escribió en On The Road: «Vagaba como un fantasma demacrado, y ahí estaba ella, Frisco, largas calles desiertas con cables de tranvía cubiertos de niebla y blancura». Van Morrison cantó en Into The Mystic: «Cuando la sirena de la niebla suene, volveré a casa. Y cuando esa sirena de la niebla suene quiero oírla. No tengo por qué temerla». Y Herb Caen, periodista local y voz de la conciencia de San Francisco, la mitificó en una columna semanal durante sesenta años en San Francisco Chronicle. Hoy, la niebla, hasta tiene una cuenta de Twitter.

Pero un hecho que muchos no saben sobre la niebla de la ciudad de las startups es que, en los años cincuenta, el ejército estadounidense llevó a cabo un experimento para saber si este fenómeno atmosférico podía ayudar a propagar armas biológicas en un llamado «ataque biológico simulado». El experimento fue un éxito tal como explica la revista Discover: «uno de los experimentos humanos más grandes de la historia».
Humano porque los residentes de San Francisco nunca supieron (ni consintieron) este ataque biológico, y hay pruebas de que causó la muerte de al menos un ciudadano y hospitalizó a otros diez. Parece otra teoría conspirativa de internet, y cuando lo busquéis por Google percibiréis desinformación antes que información, pero el núcleo de esta historia está documentado.
Una prueba de ataque biológico exitosa
A finales de septiembre de 1950, todavía en época de nieblas en San Francisco, miembros de la marina estadounidense rociaron serratia en un mar blanco de nubes de tres kilómetros y medio de la costa de San Francisco. La serratia es una bacteria que tiende a afectar los sistemas respiratorio y urinario. Desde el punto de vista del ejército estadounidense, el experimento fue un éxito tal como contó Wall Street Journal en 2001 de un informe oficial de la marina: «Se ha percibido que un ataque biológico en este área puede ser lanzado desde el mar, y esas dosis de forma efectiva pueden ser producidas relativamente en grandes áreas».
Se estima que los 800.000 residentes de la ciudad recibieron altas dosis de serratia, inhalando millones de bacterias en los varios días de pruebas. El ejército, en su informe, concluyó que «la serratia raramente causa enfermedad, y que si hay enfermedad resultante es insignificante». Sin embargo, un informe de 2005 de la Administración de Alimentos y Medicamentos mantiene que «la bacteria serratia puede causar enfermedades serias que ponen en riesgo la vida en pacientes con sistemas inmunológicos débiles».

 En los años cincuenta, el ejército estadounidense llevó a cabo un experimento para saber si este fenómeno atmosférico podía ayudar a propagar armas biológicas


Una semana después del experimento, once personas fueron ingresadas en el entonces hospital de la Universidad de Stanford con infecciones urinarias graves. Los antibióticos de aquella época no hacían mucho efecto ante los síntomas presentados en los pacientes, y uno de ellos, Edward Nevin, recién operado del corazón, murió por la infección. Fue entonces cuando los doctores del hospital, ante la similitud de los casos, publicaron un informe descriptivo y poco conclusivo en 1951 sobre la rareza de esta bacteria que desprendía un pigmento rojo. Se trata del primer estallido de serratia documentado de la historia.
Treinta años después, el nieto de Nevin, Edward Nevin III, intentó demandar sin éxito al Gobierno tras la publicación de varios documentos desclasificados en 1977 que probaban la naturaleza de los experimentos en San Francisco. El ejército siempre ha mantenido que esos casos de infecciones ocurrieron dentro del hospital; sin embargo, ha habido más casos de serratia desde los años cincuenta en la zona de la bahía, tal como repasa en un timeline San Francisco Chronicle.
Otros experimentos biológicos con humanos
En los siguientes veinte años a la prueba con la niebla de San Francisco, el ejército estadounidense llevó a cabo otros 239 experimentos secretos sobre poblaciones civiles con armas biológicas, tal como contaron varios medios en los años setenta, entre ellos Washington Post, New York Times y Associated Press. En un testimonio al Congreso de los Estados Unidos en 1994, Leonard Cole, experto en bioterrorismo y profesor de la facultad de Medicina de la Universidad de Rutgers, afirmó que nada de esto se hizo público hasta 1976 con la publicación de un artículo. En él se apuntaba el testimonio de una persona a un subcomité del Senado sobre experimentos en el metro de Nueva York.

El ejército siempre ha mantenido que esos casos de infecciones ocurrieron dentro del hospital; sin embargo, ha habido más casos de serratia desde los años cincuenta en la zona de la bahía


Todas estas pruebas consistieron en soltar serratia y otros microorganismos biológicos en localizaciones como el mencionado metro de Nueva York, un aeropuerto en Washington DC o la autopista de Pensilvania, además de pequeñas poblaciones. Según afirma la revista Discover: «la exposición no era más catastrófica que la de los microbios del polvo, pero para niños y personas mayores suponía riesgos para la salud». Este programa de ataques biológicos simulados fue un éxito tal como contó Cole en 1999 en su libro Clouds of Secrecy, y se desconoce la cantidad exacta de experimentos llevados a cabo en suelo no estadounidense por el ejército americano, aunque sí se han desclasificado informes de experimentos en Okinawa, Japón.

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