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29 de febrero 2016    /   BUSINESS
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Un templo románico dedicado a la parranda

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En San Pedro de Etxano no cuadra nada. Es la única iglesia románica conocida que, en lugar de transmitir la doctrina cristiana, refleja mensajes profanos.

Quienes saben leer los símbolos del románico se quedan pasmados: en la portada no aparecen el Cristo en majestad y los veinticuatro reyes ancianos del Apocalipsis, como dicta el canon, sino un señor de grandes barbas postizas celebrando una fiesta de carnaval con sus amigotes; y en la decoración del edificio se pueden leer las fórmulas de alquimia que se estudiaban en el siglo XII, dictadas por uno de los mayores sabios de la época, un sacerdote inglés que fue consejero del rey de Navarra y estaba mosqueado con la Iglesia. Un señor lo suficientemente sabio, rico y mosqueado como para construir este edificio burlón.

Foto: Javier Intxusta
Foto: Javier Intxusta

La Valdorba, estallido del románico

La iglesia de San Pedro es pequeña y sencilla: una nave de piedra arenisca con un ábside semicircular. Destaca poco, en el fondo de una vaguada, entre campos de cereal y un bosque de quejigos. ¿Qué hace aquí? ¿Era la iglesia de un pueblo, de un monasterio, de un palacio? Alrededor solo quedan las ruinas del poblado de Etxano, perdidas en el bosque, a unos trescientos metros: bastante alejadas.

En la Valdorba, este valle de la Navarra Media que apenas reúne 2.500 habitantes, se cuentan treinta templos románicos. Una concentración asombrosa. Ahora es un territorio despoblado, alejado de los caminos, silencioso, pero en el siglo XII fue un cogollo geopolítico: una zona fronteriza con el reino de Aragón, que el rey Sancho VI el Sabio quiso reforzar. Otorgó privilegios a los pobladores que se instalaron allí, construyó caminos, hospederías, monasterios, iglesias, y llevó el auge del románico. Entre el año 1100 y el 1160 se levantaron casi todos los templos del valle: un despliegue frenético de trabajos, artes y saberes.

Foto: Miguel Fernández
Foto: Miguel Fernández

«En las iglesias de la Valdorba trabajaron los mejores maestros de la época», explica el guía local Javier Intxusta. «Y en cuatro de ellas, incluida la de Etxano, se repiten las características del taller del Bearne, uno de los más prestigiosos. Fueron los constructores del monasterio de Leire, del castillo de Loarre, de las iglesias de Santa María la Real de Sangüesa y Santa María de Uncastillo: los mejores edificios en esta zona entre Navarra y Aragón».

Los expertos identifican las obras de ese taller por algunos elementos formales y, sobre todo, por sus mensajes. Quien sepa leerlos descubrirá que en la arquitectura y la escultura de la Valdorba se plasma el pensamiento más avanzado del siglo XII.

Foto: Miguel Fernández
Foto: Miguel Fernández

Cómo leer un templo

«El románico es un lenguaje de símbolos, que se utilizaba para divulgar la doctrina cristiana», explica Esther Capellán, de la Asociación para el Desarrollo de la Valdorba. «Incluso la arquitectura es catecismo. Todos los elementos de un templo sirven para transmitir el mensaje. Nosotros ya no sabemos descifrarlo, si no somos expertos, pero en el siglo XII todos conocían las claves. La planta y la portada, por ejemplo, son rectángulos coronados por semicírculos. El rectángulo representa el mundo terrenal, el semicírculo es el mundo celestial que lo corona. Los campesinos entendían las imágenes representadas en los capiteles, los episodios bíblicos que representaban y sus conclusiones morales, pero es que los eruditos sabían extraer lecturas más profundas de esas mismas imágenes. Una imagen tiene hasta cuatro interpretaciones simultáneas: generalmente encontramos una alusión al Antiguo Testamento, otra al Nuevo, una censura de vicios y exaltación de virtudes, y una referencia al más allá. Un señor tocando el arpa entre águilas habla del rey David pero también da noticia de una época concreta, en la que el reino de Navarra estaba asediado por enemigos».

Foto: Javier Intxusta
Foto: Javier Intxusta

Puestos a leer templos, ninguno es tan interesante como la iglesia —la supuesta iglesia— de San Pedro de Etxano. Es un puro misterio. Consta que lo construyeron junto a un palacio cuyas ruinas desaparecieron, jamás estuvo adscrito a ningún monasterio ni a ninguna orden de la Iglesia, data del siglo XII pero no aparece en ningún documento hasta el XV… Y se trata del único edificio románico del mundo que transmite mensajes profanos.

La iglesia que rompe las reglas

La iglesia de San Pedro rompe todas las reglas narrativas del románico. El experto Ander Ortega elaboró una teoría —ya consolidada— para leer las rarezas de este edificio y de sus mensajes.

Los feligreses entran a las iglesias y avanzan hasta el punto más sagrado en el ábside, donde se encuentran las cuatro columnas con los capiteles mejor labrados y con los mensajes doctrinales más importantes. En Etxano, en cambio, los capiteles principales del interior muestran imágenes extrañas.

Se ve a una persona con un libro abierto, a la que lamen dos leones; algo que parece —dicho sea con precauciones— una gran vulva custodiada por dos personas; y una mujer arrodillada que se sujeta un pie, creando con su cuerpo la forma del número 4. Es un número clave en la simbología del románico —por los cuatro puntos cardinales, los cuatro elementos, los cuatro humores….— pero su grafía árabe, la que usamos hoy en día, no llegó a Occidente hasta que la introdujo cierto personaje inglés. Ojo a este dato.

Foto: Javier Intxusta
Foto: Javier Intxusta

Vamos a la portada, la más fastuosa de todo el románico rural navarro y probablemente la más extraña del mundo.

El modelo clásico dice que en el tímpano de la portada debe aparecer la imagen de Cristo Pantocrátor, todopoderoso. En Etxano, vaya, el tímpano está vacío.

En una de las arquivoltas aparecen 25 personajes sentados a una mesa. Según la representación habitual, deberían ser Cristo y 24 reyes ancianos que llevan perfumes y tocan cítaras —instrumentos de cuerda, como corresponde a la música sagrada—. Es decir: la visión del Apocalipsis descrita por San Juan. Pero aquí los personajes tocan instrumentos populares: cuernos, flauta cuadrada, flauta panera y castañuelas. Otros cuantos golpean la mesa o tienen las manos levantadas, símbolo de que están cantando.

Es una juerga por todo lo alto.

Foto: Javier Intxusta
Foto: Javier Intxusta

En el centro de la composición, preside la mesa un hombre de barbas exageradas con rizos vueltos hacia fuera, al igual que otros personajes que lucen barbas y peinados extravagantes. A la derecha de este hombre aparece una máscara. Y a la derecha de la máscara, un personaje con dos cabezas. Este personaje es Jano, el dios romano que mira al año que se va y al año que llega, en cuyo honor se celebraba una mascarada invernal que luego se fundiría con los carnavales del calendario cristiano. La máscara es un símbolo evidente del carnaval. Y las barbas y los peinados representan disfraces. Conclusión: el señor de Etxano y sus amigotes están celebrando una mascarada.

Ese mismo personaje, ese señor medieval, aparece en otra escena de la portada: en un primer capitel, dos caballeros levantan palmas para recibir con honores a alguien; en el segundo, ese alguien —que tiene la cara borrada por la erosión— aparece sentado y los caballeros le ponen sus manos en los brazos, como señal de respeto; y en el tercer capitel se ve que ese alguien es el mismo hombre de las barbas exageradas que preside el carnaval en la arquivolta, que aquí recibe un regalo de los dos caballeros arrodillados.

El sabio inglés

Detrás de la escena de fiesta hay mucho más. Hemos quedado en que los símbolos del románico tienen interpretaciones múltiples, de manera que los 25 personajes y sus posturas, instrumentos y objetos están diciéndonos otras cosas. Por ejemplo: son símbolos que se pueden leer como una fórmula de alquimia. Cada una de las 25 imágenes representa un elemento químico, un estado de la materia o alguno de los cuatro elementos básicos, y Javier Intxusta los lee como fórmulas que prefiere no explicar en público. «José Luis García Lloret escribió una tesis en la que asegura que los artesanos del taller del Bearne, los constructores de esta iglesia, conocían los símbolos de la alquimia y los empleaban. Pero falta completar el estudio en Etxano», dice.

Intxusta también lee los canecillos: las pequeñas esculturas situadas bajo el alero, alrededor de todo el edificio, que representan imágenes de bestias, contorsionistas, juglares, escenas sexuales, soles, vegetales… Las interpretaciones que lee Intxusta forman relatos coherentes. Y cuando señala las cadencias y los ciclos de los símbolos, las sumas dan siempre el número diez, el símbolo de la perfección.

«No es casual. En aquella época surgió una corriente pitagórica que pretendía explicar el universo y la existencia de Dios con el estudio de números», dice Intxusta. «Esos temas se discutían en el siglo XII en Chartres (Francia), una de las escuelas de pensamiento más importantes de Europa. Todas las teorías de entonces, en temas de cabalística, cosmología, teología o alquimia, están reflejadas en este edificio. En Etxano tenemos una profundidad de temas que no hay en muchas catedrales».

Miguel Fernández
Miguel Fernández

Hay un personaje que pudo traer los saberes de Chartres a Etxano: el inglés Robert de Ketton.

Abundan las pistas. A Ketton se le sitúa en la escuela de Chartres, tradujo el Corán y varios tratados árabes de álgebra, alquimia y astronomía; introdujo en Occidente conceptos como el seno y el coseno, y los números árabes a partir del 4, ese dígito que aparece representado en uno de los capiteles de Etxano, cuando apenas estaba extendido en Europa.

Y tuvo mucho peso en Navarra. Fue consejero del rey Sancho VI el Sabio, ocupó el cargo de archidiácono en la Valdonsella —la zona fronteriza con el reino de Aragón donde más trabajó el taller del Bearne—, y encabezó una rebelión contra el obispo de Pamplona, a quien acusó de homicida. La jugada le salió mal, perdió un juicio, perdió su cargo. Así que es posible que se retirara a un palacio de la Valdorba —que ya no existe— y que mandara construir este templo, como gesto de rebeldía. «El tema del edificio es el carnaval», dice Intxusta, «y el carnaval era la mayor desviación permitida por la Iglesia: parece un desafío que llega justo hasta el límite de lo tolerado».

¿Era Ketton, el señor de Etxano, el barbudo que preside la escena del carnaval, la persona que mandó construir este edificio? «Por ahora es una hipótesis», dice Intxusta, «pero solo pudo hacerlo alguien como él: un personaje poderoso, con dinero, con los conocimientos científicos, filosóficos y arquitectónicos más avanzados de la época».

En San Pedro de Etxano no cuadra nada. Es la única iglesia románica conocida que, en lugar de transmitir la doctrina cristiana, refleja mensajes profanos.

Quienes saben leer los símbolos del románico se quedan pasmados: en la portada no aparecen el Cristo en majestad y los veinticuatro reyes ancianos del Apocalipsis, como dicta el canon, sino un señor de grandes barbas postizas celebrando una fiesta de carnaval con sus amigotes; y en la decoración del edificio se pueden leer las fórmulas de alquimia que se estudiaban en el siglo XII, dictadas por uno de los mayores sabios de la época, un sacerdote inglés que fue consejero del rey de Navarra y estaba mosqueado con la Iglesia. Un señor lo suficientemente sabio, rico y mosqueado como para construir este edificio burlón.

Foto: Javier Intxusta
Foto: Javier Intxusta

La Valdorba, estallido del románico

La iglesia de San Pedro es pequeña y sencilla: una nave de piedra arenisca con un ábside semicircular. Destaca poco, en el fondo de una vaguada, entre campos de cereal y un bosque de quejigos. ¿Qué hace aquí? ¿Era la iglesia de un pueblo, de un monasterio, de un palacio? Alrededor solo quedan las ruinas del poblado de Etxano, perdidas en el bosque, a unos trescientos metros: bastante alejadas.

En la Valdorba, este valle de la Navarra Media que apenas reúne 2.500 habitantes, se cuentan treinta templos románicos. Una concentración asombrosa. Ahora es un territorio despoblado, alejado de los caminos, silencioso, pero en el siglo XII fue un cogollo geopolítico: una zona fronteriza con el reino de Aragón, que el rey Sancho VI el Sabio quiso reforzar. Otorgó privilegios a los pobladores que se instalaron allí, construyó caminos, hospederías, monasterios, iglesias, y llevó el auge del románico. Entre el año 1100 y el 1160 se levantaron casi todos los templos del valle: un despliegue frenético de trabajos, artes y saberes.

Foto: Miguel Fernández
Foto: Miguel Fernández

«En las iglesias de la Valdorba trabajaron los mejores maestros de la época», explica el guía local Javier Intxusta. «Y en cuatro de ellas, incluida la de Etxano, se repiten las características del taller del Bearne, uno de los más prestigiosos. Fueron los constructores del monasterio de Leire, del castillo de Loarre, de las iglesias de Santa María la Real de Sangüesa y Santa María de Uncastillo: los mejores edificios en esta zona entre Navarra y Aragón».

Los expertos identifican las obras de ese taller por algunos elementos formales y, sobre todo, por sus mensajes. Quien sepa leerlos descubrirá que en la arquitectura y la escultura de la Valdorba se plasma el pensamiento más avanzado del siglo XII.

Foto: Miguel Fernández
Foto: Miguel Fernández

Cómo leer un templo

«El románico es un lenguaje de símbolos, que se utilizaba para divulgar la doctrina cristiana», explica Esther Capellán, de la Asociación para el Desarrollo de la Valdorba. «Incluso la arquitectura es catecismo. Todos los elementos de un templo sirven para transmitir el mensaje. Nosotros ya no sabemos descifrarlo, si no somos expertos, pero en el siglo XII todos conocían las claves. La planta y la portada, por ejemplo, son rectángulos coronados por semicírculos. El rectángulo representa el mundo terrenal, el semicírculo es el mundo celestial que lo corona. Los campesinos entendían las imágenes representadas en los capiteles, los episodios bíblicos que representaban y sus conclusiones morales, pero es que los eruditos sabían extraer lecturas más profundas de esas mismas imágenes. Una imagen tiene hasta cuatro interpretaciones simultáneas: generalmente encontramos una alusión al Antiguo Testamento, otra al Nuevo, una censura de vicios y exaltación de virtudes, y una referencia al más allá. Un señor tocando el arpa entre águilas habla del rey David pero también da noticia de una época concreta, en la que el reino de Navarra estaba asediado por enemigos».

Foto: Javier Intxusta
Foto: Javier Intxusta

Puestos a leer templos, ninguno es tan interesante como la iglesia —la supuesta iglesia— de San Pedro de Etxano. Es un puro misterio. Consta que lo construyeron junto a un palacio cuyas ruinas desaparecieron, jamás estuvo adscrito a ningún monasterio ni a ninguna orden de la Iglesia, data del siglo XII pero no aparece en ningún documento hasta el XV… Y se trata del único edificio románico del mundo que transmite mensajes profanos.

La iglesia que rompe las reglas

La iglesia de San Pedro rompe todas las reglas narrativas del románico. El experto Ander Ortega elaboró una teoría —ya consolidada— para leer las rarezas de este edificio y de sus mensajes.

Los feligreses entran a las iglesias y avanzan hasta el punto más sagrado en el ábside, donde se encuentran las cuatro columnas con los capiteles mejor labrados y con los mensajes doctrinales más importantes. En Etxano, en cambio, los capiteles principales del interior muestran imágenes extrañas.

Se ve a una persona con un libro abierto, a la que lamen dos leones; algo que parece —dicho sea con precauciones— una gran vulva custodiada por dos personas; y una mujer arrodillada que se sujeta un pie, creando con su cuerpo la forma del número 4. Es un número clave en la simbología del románico —por los cuatro puntos cardinales, los cuatro elementos, los cuatro humores….— pero su grafía árabe, la que usamos hoy en día, no llegó a Occidente hasta que la introdujo cierto personaje inglés. Ojo a este dato.

Foto: Javier Intxusta
Foto: Javier Intxusta

Vamos a la portada, la más fastuosa de todo el románico rural navarro y probablemente la más extraña del mundo.

El modelo clásico dice que en el tímpano de la portada debe aparecer la imagen de Cristo Pantocrátor, todopoderoso. En Etxano, vaya, el tímpano está vacío.

En una de las arquivoltas aparecen 25 personajes sentados a una mesa. Según la representación habitual, deberían ser Cristo y 24 reyes ancianos que llevan perfumes y tocan cítaras —instrumentos de cuerda, como corresponde a la música sagrada—. Es decir: la visión del Apocalipsis descrita por San Juan. Pero aquí los personajes tocan instrumentos populares: cuernos, flauta cuadrada, flauta panera y castañuelas. Otros cuantos golpean la mesa o tienen las manos levantadas, símbolo de que están cantando.

Es una juerga por todo lo alto.

Foto: Javier Intxusta
Foto: Javier Intxusta

En el centro de la composición, preside la mesa un hombre de barbas exageradas con rizos vueltos hacia fuera, al igual que otros personajes que lucen barbas y peinados extravagantes. A la derecha de este hombre aparece una máscara. Y a la derecha de la máscara, un personaje con dos cabezas. Este personaje es Jano, el dios romano que mira al año que se va y al año que llega, en cuyo honor se celebraba una mascarada invernal que luego se fundiría con los carnavales del calendario cristiano. La máscara es un símbolo evidente del carnaval. Y las barbas y los peinados representan disfraces. Conclusión: el señor de Etxano y sus amigotes están celebrando una mascarada.

Ese mismo personaje, ese señor medieval, aparece en otra escena de la portada: en un primer capitel, dos caballeros levantan palmas para recibir con honores a alguien; en el segundo, ese alguien —que tiene la cara borrada por la erosión— aparece sentado y los caballeros le ponen sus manos en los brazos, como señal de respeto; y en el tercer capitel se ve que ese alguien es el mismo hombre de las barbas exageradas que preside el carnaval en la arquivolta, que aquí recibe un regalo de los dos caballeros arrodillados.

El sabio inglés

Detrás de la escena de fiesta hay mucho más. Hemos quedado en que los símbolos del románico tienen interpretaciones múltiples, de manera que los 25 personajes y sus posturas, instrumentos y objetos están diciéndonos otras cosas. Por ejemplo: son símbolos que se pueden leer como una fórmula de alquimia. Cada una de las 25 imágenes representa un elemento químico, un estado de la materia o alguno de los cuatro elementos básicos, y Javier Intxusta los lee como fórmulas que prefiere no explicar en público. «José Luis García Lloret escribió una tesis en la que asegura que los artesanos del taller del Bearne, los constructores de esta iglesia, conocían los símbolos de la alquimia y los empleaban. Pero falta completar el estudio en Etxano», dice.

Intxusta también lee los canecillos: las pequeñas esculturas situadas bajo el alero, alrededor de todo el edificio, que representan imágenes de bestias, contorsionistas, juglares, escenas sexuales, soles, vegetales… Las interpretaciones que lee Intxusta forman relatos coherentes. Y cuando señala las cadencias y los ciclos de los símbolos, las sumas dan siempre el número diez, el símbolo de la perfección.

«No es casual. En aquella época surgió una corriente pitagórica que pretendía explicar el universo y la existencia de Dios con el estudio de números», dice Intxusta. «Esos temas se discutían en el siglo XII en Chartres (Francia), una de las escuelas de pensamiento más importantes de Europa. Todas las teorías de entonces, en temas de cabalística, cosmología, teología o alquimia, están reflejadas en este edificio. En Etxano tenemos una profundidad de temas que no hay en muchas catedrales».

Miguel Fernández
Miguel Fernández

Hay un personaje que pudo traer los saberes de Chartres a Etxano: el inglés Robert de Ketton.

Abundan las pistas. A Ketton se le sitúa en la escuela de Chartres, tradujo el Corán y varios tratados árabes de álgebra, alquimia y astronomía; introdujo en Occidente conceptos como el seno y el coseno, y los números árabes a partir del 4, ese dígito que aparece representado en uno de los capiteles de Etxano, cuando apenas estaba extendido en Europa.

Y tuvo mucho peso en Navarra. Fue consejero del rey Sancho VI el Sabio, ocupó el cargo de archidiácono en la Valdonsella —la zona fronteriza con el reino de Aragón donde más trabajó el taller del Bearne—, y encabezó una rebelión contra el obispo de Pamplona, a quien acusó de homicida. La jugada le salió mal, perdió un juicio, perdió su cargo. Así que es posible que se retirara a un palacio de la Valdorba —que ya no existe— y que mandara construir este templo, como gesto de rebeldía. «El tema del edificio es el carnaval», dice Intxusta, «y el carnaval era la mayor desviación permitida por la Iglesia: parece un desafío que llega justo hasta el límite de lo tolerado».

¿Era Ketton, el señor de Etxano, el barbudo que preside la escena del carnaval, la persona que mandó construir este edificio? «Por ahora es una hipótesis», dice Intxusta, «pero solo pudo hacerlo alguien como él: un personaje poderoso, con dinero, con los conocimientos científicos, filosóficos y arquitectónicos más avanzados de la época».

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