2 de junio 2017    /   CREATIVIDAD
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El cómic podría ser la solución a la crisis del periodismo

2 de junio 2017    /   CREATIVIDAD     por          
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¿Cómo se entiende el periodismo en el siglo XXI? ¿Qué utilidad tiene? ¿A qué restricciones está sometido? ¿Por qué los periodistas son vistos como una salvación y una amenaza? Estas son algunas de las preguntas a las que responde Oscuridades Programadas, una novela gráfica de la ilustradora estadounidente Sarah Glidden, publicada en España por Salamandra Graphic.

«En el Kurdistán iraquí la gente quería hablar con nosotros. Entendían que éramos el modo de dar a conocer lo que les sucedía. En Siria eran más reticentes. Había gente que pensaba que los periodistas no somos de fiar y, en el fondo, el periodismo se basa en una relación de confianza. Alguien tiene que creer en ti para contarte su historia y luego tú debes ser lo más honesto posible a la hora de transmitirla. En ocasiones, los periodistas no cuentan bien las cosas. Incluso yo he visto cómo han citado mal lo que yo he dicho. Por otra parte, tampoco ayuda que organizaciones como la CIA haya utilizado a periodistas como espías en zonas de conflicto».

En 20011, esta ilustradora estadounidense se embarcó junto a dos amigos periodistas independientes en un viaje por Irak, Turquía y Siria. A lo largo de ese periplo, conocieron el rigor del nuevo periodismo, no solo en sentido de ser fiel a lo narrado, sino de la precariedad en la que está sumida la profesión.

«No sé cómo es en España pero en Estados Unidos el periodismo está controlado por grandes compañías. Los editores deben vender anuncios, para lo cual deben vender periódicos. Esto lo tienen siempre en mente los editores, que seleccionan aquellas cosas que consideran que son comerciales. El problema de todo eso es darte cuenta de que hay gente pensando qué es lo que los demás debemos no debemos leer», indica.

En Oscuridades Programadas, Sarah Glidden documenta las dificultades de sus compañeros periodistas para vender sus contenidos a los medios occidentales. En el mejor de los casos, algunas de esas historias deben reconducirse para rebajar su crudeza; en el peor, son rechazadas provocando que todo el trabajo realizado sea inútil.

«En ocasiones resulta un poco deprimente. En mi opinión esto se solucionaría fomentando otros formas de financiar el periodismo. Por ejemplo, a mí me gusta mucho Democracy Now. Se financian por donaciones, no por anuncios, y eso hace que se note la diferencia. Ese es un ejemplo de que, cuando tienes medios independientes, la calidad del periodismo aumenta».



Oscuridades Programadas
es fruto de más de cinco años y medio de esfuerzo. Un proyecto que comenzó con un trabajo de campo en Irak, Turquía y Siria y continuó en Estados Unidos con la edición del material oral, el guion y el dibujo.

«Mientras mis compañeros periodistas hacían las entrevistas yo también tenía mi grabadora encendida. Además hacía bocetos, tomaba notas, hacía fotografías, me hacía planos de las habitaciones. Tomaba detalles de todo, desde el suelo hasta el techo, y me fijaba en los ademanes de las personas, su forma de moverse, las posturas, cómo colocaban las manos…».

Las posturas son muy importantes en Oscuridades Programadas. Como en la vida real, la comunicación gestual reproducida por Glidden transmite mucha información para un lector atento. «Por ejemplo, la escena en la que aparece el ministro sirio. Sus ademanes transmiten que eso que está contando no acaba de resultar muy creíble», explica Glidden.


Una de las preocupaciones de esta autora era ser lo más fiel posible a las conversaciones. Su mayor preocupación era poner en boca de los personajes palabras que no hubieran dicho. También era importante dejar claro que la conversación que se reproducía en una escena se estaba desarrollando en un idioma extranjero con la participación de un traductor. En definitiva, hacer un trabajo que sea tan riguroso como el periodismo aunque sea un cómic.

«Intento que mis diálogos sean lo más fidedignos posibles. Puede ser que las posturas, los gestos o los escenarios no sean exactamente los que había en ese momento, pero intento hacerlo lo mejor posible. Por eso, creo que mi trabajo sí que puede ser considerado periodismo. En ese sentido los cómics puede ser una buena forma de contar las cosas. Todo depende de cómo lo hagas porque la clave no radica en el medio, sino en el mensajero y la confianza que te transmita».

En los últimos años, trabajos como los de Joe Sacco y otros profesionales del cómic han explorado el mundo del periodismo a través del cómic. Una tendencia que ha sido muy bien aceptada por algunos medios, que han comenzado a confiar en este lenguaje para contar determinadas historias.

«Últimamente los comicperiodistas estamos teniendo más acceso a las publicaciones generalistas, lo cual está muy bien. Hace un tiempo cubrí la campaña de la candidata presidencial del Partido Verde para The Nib. En esa ocasión me pagaron el avión y los gastos… En todo caso, creo que todo eso es algo temporal. No creo que vaya a durar mucho porque los medios se acabarán cansando».

Hasta que esa saturación se produzca, tal vez haya algún medio que le pida a Sara Glidden que complete lo narrado en Oscuridades Programadas, cuyo contenido no aborda la guerra de Siria, la crisis de los refugiados o la victoria de Trump.

«Mientras hacía la novela gráfica comenzaron a suceder muchas cosas en Siria. Me daban ganas de continuar la historia, pero me di cuenta de que no soy una experta en Siria y me faltaba información. En todo caso, creo que lo más importante es la situación de los refugiados. En el libro se narra cómo era el proceso para obtener asilo en Estados Unidos en ese momento. Se tardaban dos años en conseguirlo porque te hacían informes, entrevistas, exámenes médicos… Ahora con Trump todo se ha endurecido. Según él los refugiados son terroristas aunque no sea así. El problema es que la gente a la que le gusta Trump se lo cree porque se va a creer cualquier cosa que él diga. En muchas ocasiones la gente va a creer lo que quiere creer».

¿Cómo se entiende el periodismo en el siglo XXI? ¿Qué utilidad tiene? ¿A qué restricciones está sometido? ¿Por qué los periodistas son vistos como una salvación y una amenaza? Estas son algunas de las preguntas a las que responde Oscuridades Programadas, una novela gráfica de la ilustradora estadounidente Sarah Glidden, publicada en España por Salamandra Graphic.

«En el Kurdistán iraquí la gente quería hablar con nosotros. Entendían que éramos el modo de dar a conocer lo que les sucedía. En Siria eran más reticentes. Había gente que pensaba que los periodistas no somos de fiar y, en el fondo, el periodismo se basa en una relación de confianza. Alguien tiene que creer en ti para contarte su historia y luego tú debes ser lo más honesto posible a la hora de transmitirla. En ocasiones, los periodistas no cuentan bien las cosas. Incluso yo he visto cómo han citado mal lo que yo he dicho. Por otra parte, tampoco ayuda que organizaciones como la CIA haya utilizado a periodistas como espías en zonas de conflicto».

En 20011, esta ilustradora estadounidense se embarcó junto a dos amigos periodistas independientes en un viaje por Irak, Turquía y Siria. A lo largo de ese periplo, conocieron el rigor del nuevo periodismo, no solo en sentido de ser fiel a lo narrado, sino de la precariedad en la que está sumida la profesión.

«No sé cómo es en España pero en Estados Unidos el periodismo está controlado por grandes compañías. Los editores deben vender anuncios, para lo cual deben vender periódicos. Esto lo tienen siempre en mente los editores, que seleccionan aquellas cosas que consideran que son comerciales. El problema de todo eso es darte cuenta de que hay gente pensando qué es lo que los demás debemos no debemos leer», indica.

En Oscuridades Programadas, Sarah Glidden documenta las dificultades de sus compañeros periodistas para vender sus contenidos a los medios occidentales. En el mejor de los casos, algunas de esas historias deben reconducirse para rebajar su crudeza; en el peor, son rechazadas provocando que todo el trabajo realizado sea inútil.

«En ocasiones resulta un poco deprimente. En mi opinión esto se solucionaría fomentando otros formas de financiar el periodismo. Por ejemplo, a mí me gusta mucho Democracy Now. Se financian por donaciones, no por anuncios, y eso hace que se note la diferencia. Ese es un ejemplo de que, cuando tienes medios independientes, la calidad del periodismo aumenta».



Oscuridades Programadas
es fruto de más de cinco años y medio de esfuerzo. Un proyecto que comenzó con un trabajo de campo en Irak, Turquía y Siria y continuó en Estados Unidos con la edición del material oral, el guion y el dibujo.

«Mientras mis compañeros periodistas hacían las entrevistas yo también tenía mi grabadora encendida. Además hacía bocetos, tomaba notas, hacía fotografías, me hacía planos de las habitaciones. Tomaba detalles de todo, desde el suelo hasta el techo, y me fijaba en los ademanes de las personas, su forma de moverse, las posturas, cómo colocaban las manos…».

Las posturas son muy importantes en Oscuridades Programadas. Como en la vida real, la comunicación gestual reproducida por Glidden transmite mucha información para un lector atento. «Por ejemplo, la escena en la que aparece el ministro sirio. Sus ademanes transmiten que eso que está contando no acaba de resultar muy creíble», explica Glidden.


Una de las preocupaciones de esta autora era ser lo más fiel posible a las conversaciones. Su mayor preocupación era poner en boca de los personajes palabras que no hubieran dicho. También era importante dejar claro que la conversación que se reproducía en una escena se estaba desarrollando en un idioma extranjero con la participación de un traductor. En definitiva, hacer un trabajo que sea tan riguroso como el periodismo aunque sea un cómic.

«Intento que mis diálogos sean lo más fidedignos posibles. Puede ser que las posturas, los gestos o los escenarios no sean exactamente los que había en ese momento, pero intento hacerlo lo mejor posible. Por eso, creo que mi trabajo sí que puede ser considerado periodismo. En ese sentido los cómics puede ser una buena forma de contar las cosas. Todo depende de cómo lo hagas porque la clave no radica en el medio, sino en el mensajero y la confianza que te transmita».

En los últimos años, trabajos como los de Joe Sacco y otros profesionales del cómic han explorado el mundo del periodismo a través del cómic. Una tendencia que ha sido muy bien aceptada por algunos medios, que han comenzado a confiar en este lenguaje para contar determinadas historias.

«Últimamente los comicperiodistas estamos teniendo más acceso a las publicaciones generalistas, lo cual está muy bien. Hace un tiempo cubrí la campaña de la candidata presidencial del Partido Verde para The Nib. En esa ocasión me pagaron el avión y los gastos… En todo caso, creo que todo eso es algo temporal. No creo que vaya a durar mucho porque los medios se acabarán cansando».

Hasta que esa saturación se produzca, tal vez haya algún medio que le pida a Sara Glidden que complete lo narrado en Oscuridades Programadas, cuyo contenido no aborda la guerra de Siria, la crisis de los refugiados o la victoria de Trump.

«Mientras hacía la novela gráfica comenzaron a suceder muchas cosas en Siria. Me daban ganas de continuar la historia, pero me di cuenta de que no soy una experta en Siria y me faltaba información. En todo caso, creo que lo más importante es la situación de los refugiados. En el libro se narra cómo era el proceso para obtener asilo en Estados Unidos en ese momento. Se tardaban dos años en conseguirlo porque te hacían informes, entrevistas, exámenes médicos… Ahora con Trump todo se ha endurecido. Según él los refugiados son terroristas aunque no sea así. El problema es que la gente a la que le gusta Trump se lo cree porque se va a creer cualquier cosa que él diga. En muchas ocasiones la gente va a creer lo que quiere creer».

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