23 de agosto 2017    /   DIGITAL
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Sarahah, el nuevo caldero de los mensajes anónimos

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Aunque haya jefes que piden consejos a sus empleados sobre cómo mejorar las cosas en la oficina, puede que haya pocas personas que se atrevan a dar su opinión por miedo a las consecuencias. Esto pensaba el desarrollador saudí Zain al-Abidin Tawfiq cuando decidió crear Sarahah, una web que, previo registro, permite enviar mensajes anónimos a otros usuarios.

El desarrollador tenía como objetivo alcanzar el millar de mensajes compartidos pero después de un año, a finales de 2016, no se habían enviado ni 200. Tawfiq decidió entonces abarcar el tema de una forma diferente: Sarahah saldría del ámbito corporativo y estaría destinado a que los amigos pudieran tener una relación más sincera.

Después de ser lanzada en el mercado estadounidense y europeo a mediados del pasado mes de julio, Sarahah (sinceridad, en árabe) ha conseguido encabezar la lista de las aplicaciones más descargadas en 30 países (entre ellos, Reino Unido, Francia y EEUU). Según el Financial Times, ha cosechado 15 millones de usuarios registrados y ya ha alcanzado 250 millones de visitas.

El análisis de los mensajes que los usuarios reciben y comparten en Twitter parece demostrar que en muchos casos Sarahah se puede emplear para hacer críticas constructivas y escribir mensajes de apoyo, pero que otras veces el anonimato deja campo abierto a los excesos verbales y a las formas de acoso tan comunes en las redes sociales.

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«Chica, quiero solo untar tus galletas», escribió un hombre sin nombre a una muchacha de 22 años de pelo azul-rubio que se declaró en Twitter intolerante a la lactosa. Otra publicó en la misma red social la misiva de alguien con modales de antaño que le pedía que le «dejara echar ketchup a su tortilla», mientras que un chico tuvo que echarse atrás frente a la posibilidad de que otro perfecto desconocido le «lamiera todo».

https://twitter.com/hiitsericaaa/status/895873652465336320

https://twitter.com/gabsp_3/status/895704201321488384

https://twitter.com/Max_H_Art/status/899337530931335169

El éxito de Sarahah ha sido tan rápido que en algo más de un mes ha tenido que desmentir su primer bulo. Alguien hizo correr la voz de que en 48 horas la aplicación iba a hacer públicos todos los perfiles, una amenaza desmentida por la empresa hace unos días.

Que se quede tranquila entonces la persona que a corazón abierto le declara a una tal Tincho que es una «lástima que tenga nariz grande y sea barrigón, porque tiene ojos lindos» o quien le pregunta a una tal Tatiana si «es bien lerda».

https://twitter.com/TatianaRodrigz/status/899145490662555648

En el extraño juego que se ha generado a raíz del éxito de la aplicación, que no permite de momento contestar a los mensajes anónimos pero sí compartirlos en otras redes sociales, cabe también la historia de una persona que le confiesa a una tal Brisa, quizás su compañera, que le cae muy bien. El escritor anónimo le aconseja además que se ponga a ver memes cuando esté triste o que le haga bullying por medir un metro sesenta. Brisa le contesta que no es necesario.

https://twitter.com/xdoblasadx/status/899430557297389569

El miedo a que la aplicación se convierta en el paraíso de ciberacoso y que detrás del anonimato se esconda todo tipo de amenaza para los adolescentes, entre los cuales Sarahah se ha hecho popular a raíz del acuerdo firmado con Snapchat, parece estar de camino a cumplirse y podría ser una de las causas de su fracaso. La revista Wired recopilaba hace unos días otros servicios que tuvieron mucho éxito por permitir comunicarse de forma anónima y que hoy en día están olvidados.

Entre ellos figuran Secret o Ask.fm. Este último estuvo relacionado hace cuatro años en el suicidio de Hannah, una chica británica de 14 años que se quitó la vida tras recibir mensajes como «bébete lejía» o «mátate». Su historia tuvo tanta repercusión que el entonces primer ministro británico David Cameron pidió boicotear la web, que en respuesta, se comprometió a cambiar su política de seguridad.

Como otras aplicaciones, Sarahah permite bloquear a las personas que hacen un uso abusivo del servicio. Pero estas medidas podrían no ser suficientes para reducir los riesgos o la huida masiva de los usuarios una vez acabada la parábola viral.

Tawfiq imaginaba que iban a primar los mensajes del estudiante sin nombre que comunica a su profesor que le considera un profesional estupendo o la quizás amiga de toda la vida que aprovecha la red social para reforzar la estima de una compañera que se ve fea por su celulitis.

La empresa lo dice alto y claro en su cuenta de Twitter: «Dejad un mensaje constructivo» y el creador ha reafirmado, en su última entrevista publicada en el periódico India Today, su fe en el valor de las críticas positivas engendradas en la seguridad del anonimato. Aunque en ese planteamiento quizás haya una contradicción de fondo: si los mensajes fueran sensatos, ¿costaría dar la cara por ellos?

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El desarrollador tenía como objetivo alcanzar el millar de mensajes compartidos pero después de un año, a finales de 2016, no se habían enviado ni 200. Tawfiq decidió entonces abarcar el tema de una forma diferente: Sarahah saldría del ámbito corporativo y estaría destinado a que los amigos pudieran tener una relación más sincera.

Después de ser lanzada en el mercado estadounidense y europeo a mediados del pasado mes de julio, Sarahah (sinceridad, en árabe) ha conseguido encabezar la lista de las aplicaciones más descargadas en 30 países (entre ellos, Reino Unido, Francia y EEUU). Según el Financial Times, ha cosechado 15 millones de usuarios registrados y ya ha alcanzado 250 millones de visitas.

El análisis de los mensajes que los usuarios reciben y comparten en Twitter parece demostrar que en muchos casos Sarahah se puede emplear para hacer críticas constructivas y escribir mensajes de apoyo, pero que otras veces el anonimato deja campo abierto a los excesos verbales y a las formas de acoso tan comunes en las redes sociales.

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«Chica, quiero solo untar tus galletas», escribió un hombre sin nombre a una muchacha de 22 años de pelo azul-rubio que se declaró en Twitter intolerante a la lactosa. Otra publicó en la misma red social la misiva de alguien con modales de antaño que le pedía que le «dejara echar ketchup a su tortilla», mientras que un chico tuvo que echarse atrás frente a la posibilidad de que otro perfecto desconocido le «lamiera todo».

https://twitter.com/hiitsericaaa/status/895873652465336320

https://twitter.com/gabsp_3/status/895704201321488384

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El éxito de Sarahah ha sido tan rápido que en algo más de un mes ha tenido que desmentir su primer bulo. Alguien hizo correr la voz de que en 48 horas la aplicación iba a hacer públicos todos los perfiles, una amenaza desmentida por la empresa hace unos días.

Que se quede tranquila entonces la persona que a corazón abierto le declara a una tal Tincho que es una «lástima que tenga nariz grande y sea barrigón, porque tiene ojos lindos» o quien le pregunta a una tal Tatiana si «es bien lerda».

https://twitter.com/TatianaRodrigz/status/899145490662555648

En el extraño juego que se ha generado a raíz del éxito de la aplicación, que no permite de momento contestar a los mensajes anónimos pero sí compartirlos en otras redes sociales, cabe también la historia de una persona que le confiesa a una tal Brisa, quizás su compañera, que le cae muy bien. El escritor anónimo le aconseja además que se ponga a ver memes cuando esté triste o que le haga bullying por medir un metro sesenta. Brisa le contesta que no es necesario.

https://twitter.com/xdoblasadx/status/899430557297389569

El miedo a que la aplicación se convierta en el paraíso de ciberacoso y que detrás del anonimato se esconda todo tipo de amenaza para los adolescentes, entre los cuales Sarahah se ha hecho popular a raíz del acuerdo firmado con Snapchat, parece estar de camino a cumplirse y podría ser una de las causas de su fracaso. La revista Wired recopilaba hace unos días otros servicios que tuvieron mucho éxito por permitir comunicarse de forma anónima y que hoy en día están olvidados.

Entre ellos figuran Secret o Ask.fm. Este último estuvo relacionado hace cuatro años en el suicidio de Hannah, una chica británica de 14 años que se quitó la vida tras recibir mensajes como «bébete lejía» o «mátate». Su historia tuvo tanta repercusión que el entonces primer ministro británico David Cameron pidió boicotear la web, que en respuesta, se comprometió a cambiar su política de seguridad.

Como otras aplicaciones, Sarahah permite bloquear a las personas que hacen un uso abusivo del servicio. Pero estas medidas podrían no ser suficientes para reducir los riesgos o la huida masiva de los usuarios una vez acabada la parábola viral.

Tawfiq imaginaba que iban a primar los mensajes del estudiante sin nombre que comunica a su profesor que le considera un profesional estupendo o la quizás amiga de toda la vida que aprovecha la red social para reforzar la estima de una compañera que se ve fea por su celulitis.

La empresa lo dice alto y claro en su cuenta de Twitter: «Dejad un mensaje constructivo» y el creador ha reafirmado, en su última entrevista publicada en el periódico India Today, su fe en el valor de las críticas positivas engendradas en la seguridad del anonimato. Aunque en ese planteamiento quizás haya una contradicción de fondo: si los mensajes fueran sensatos, ¿costaría dar la cara por ellos?

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