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18 de noviembre 2019    /   ENTRETENIMIENTO
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¿Por qué hay tanta gente ofendida con el Satisfyer?

18 de noviembre 2019    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Ha pasado de ser ese juguete sexual del que se hablaba bajito en corrillos de mujeres a ser el protagonista de memes en los debates electorales. Y como todo lo que llega a la fama de golpe, el Satisfyer ha ganado sus adeptos y sus detractores.

Por si alguien aún no se ha enterado, la fama del juguete erótico viene de su capacidad de conseguir que las personas con clítoris puedan llegar al orgasmo en cuestión de minutos. La clave es que este juguete no está pensado para la penetración. Tiene una suave boquilla ergonómica, ideada para situar sobre la cabeza del clítoris, que produce una sensación que tampoco llega a ser una succión en sí misma, sino algo así como un pequeño golpeteo.

Las versiones más modernas, como el SONA de Lelo, del que ya hablamos aquí allá por 2017 (el succionador de clítoris, en realidad, no es nada nuevo), utilizan ondas sónicas para estimular no solo la parte externa del clítoris, sino también la interna, un terreno que sí era más desconocido.

Esta estimulación directa en el clítoris tiene como resultado un orgasmo más rápido y, por lo general, más intenso, demostrando, además, que el placer femenino está más ligado a ese pequeño órgano que a la vagina.

En principio, parecen todo ventajas. Desde que se dio a conocer en redes sociales y a través de los medios de comunicación, las tiendas eróticas vivieron una auténtica revolución, las ventas se dispararon y el Satisfyer se agotó en todas partes.

Pese a ello, parece que no todo el mundo ha visto la irrupción de este juguete como algo positivo.

Satisfyer

PARA TODOS LOS GUSTOS

Una de las tiendas eróticas que ha apostado desde el principio por la promoción del Satisfyer ha sido Platanomelón y, por tanto, han sido los primeros en recibir tanto las alabanzas como las críticas. «Si algo tenemos claro, es que a todos no nos tiene que gustar lo mismo».

De esta forma, «hemos visto que hay gente a la que le ha encantado, ya sea porque han tenido un orgasmo totalmente distinto a lo que están acostumbrados, porque lo han alcanzado en dos minutos, porque han descubierto la multiorgasmia o incluso porque es la primera vez que lo hacen. Por otra parte, también hay gente a la que no le ha gustado, porque lo perciben como un orgasmo demasiado rápido e intenso».

Insisten en que solo se trata de un juguete más de entre muchísimas otras opciones que pueden encontrarse en una tienda erótica y que, como siempre, lo que funciona para unas personas puede no ser lo ideal para otras.

Sin embargo, el debate sobre el Satisfyer no gira tanto en torno al mecanismo del juguete o las percepciones de las clientas, sino a lo que ha supuesto el mismo de una forma más global, abriendo muchas cuestiones para el debate.

LAS CRÍTICAS DE LAS DETRACTORAS

Muchos medios de comunicación se han hecho eco de las bondades del Satisfyer, pero también han aparecido diversos artículos de opinión en torno a la idea de la mercantilización del placer femenino o sobre la idea de orgasmos rápidos, como si de comida rápida se tratara. Lo quiero fácil y lo quiero ya, porque no me da la vida para nada más. Una triste realidad.

La cuestión más criticada ha sido precisamente la del eslogan del orgasmo en dos minutos. Hay que entender que no todas las mujeres llegan tan rápido ni llegan siempre al orgasmo, ya que, al fin y al cabo, también hay un componente emocional y de concentración, y no solo de estimulación, en esa explosión. También, que muchas mujeres consiguen llegar a múltiples orgasmos, por lo que no se trata solo de utilizarlo para ese primer desahogo, sino de disfrutar del tiempo que cada una quiera o necesite, repitiendo si hace falta.

«En el sexo también hay etapas y etapas, lo cual significa que quizás durante una época (y quien dice época dice días) te apetece disfrutar de un orgasmo de dos minutos y otras en las que dos minutos solo es el comienzo. Lo importante es variar para no morirse de aburrimiento», apuntan desde Platanomelón.

Otros critican que se vincule el orgasmo a un producto tan concreto, como si las mujeres no hubieran tenido orgasmos intensos, placenteros o repetidos hasta ese momento. O lo que es lo mismo, que para que una mujer goce de verdad tenga que hacer ese necesario desembolso económico en vez de apostar por el autoconocimiento (o el autocoñocimiento, como se dice).

La realidad es que los juguetes sexuales que facilitan el orgasmo existen desde la prehistoria, cuando eran herramientas manuales, y pasaron a ser un objeto comercial para todos los públicos a comienzos del siglo XX. No es, por tanto, la primera vez que un juguete erótico se ve como una forma de hacer caja con el orgasmo femenino. Pero quizás no se trata tanto de verlo como un enemigo, sino como de una variante o una alternativa más, entre otras muchas posibles.

Satisfyer

SIN NECESIDAD DE PENE

Sin embargo, la verdadera cuestión de fondo, y por lo que el Satisfyer molesta más que otros juguetes, es porque su forma de estimulación no tiene nada que ver con el pene. Así de claro. Ya no vale llamarlo consolador, porque no trata de sustituir ningún falo. Ni si quiera está pensando para estimular la vagina. Y eso remueve los cimientos del sexo tradicional.

«Con los juguetes especializados en el clítoris es obvio que se le está dando protagonismo a ese órgano y se está tumbando el mito del orgasmo vaginal. Al no haber información, hay muchas personas (hombres y mujeres) que no saben cómo estimular esta parte del cuerpo y este factor, entre muchos otros, puede ser uno de los causantes de este recelo ante este juguete», reflexionan de nuevo desde Platanomelón.

Si bien hay muchos hombres que se han animado a regalar el juguete a sus parejas, o incluso a investigar más sobre la estimulación del clítoris a raíz del mismo, también los hay que se han sentido intimidados o incluso casi ofendidos por el mismo. De ahí los memes culpando al Satisfyer de la baja natalidad del país o mandándole a comprar los churros por la mañana. A pesar, incluso, de que el Satisfyer tenga su versión masculina y esté promocionada por el mismísimo Rocco Sifredi.

En tiempos en los que parece que cualquier atisbo de feminismo se ve, extrañamente, como algo negativo, hay quien cree que el Satisfyer ha venido a separar más a los hombres y a las mujeres, robando a los primeros el protagonismo en el placer femenino. Como si estos hombres hubieran descubierto ahora que la masturbación femenina existe y que, ya sea con un juguete, con la almohada o con la mano, cualquier mujer siempre ha sido capaz de llegar al orgasmo incluso sin que medie un pene de por medio.

UNA REALIDAD QUE HA VENIDO PARA QUEDARSE

El problema, o la gran ventaja, es que el Satisfyer ha hecho más visible una realidad, la de la masturbación femenina y la importancia del clítoris, que otros muchos preferían seguir negando.

No se trata, por tanto, de hacer publicidad a ningún producto, que no deja de ser un juguete sexual como muchos otros, sino de asumir que este juguete en concreto ha venido para quedarse y que ha abierto una ventana al cambio. Y que todos los cambios tienen sus críticas.

Tampoco se trata, ni mucho menos, de imponer una forma de placer ni de pensar que solo hay una única forma de buscarlo. Solo de ver como positivas todas las alternativas que surjan, para que todo el mundo sea libre de elegir la que más le guste sin tener que sentirse siempre juzgado por el de al lado.

Ha pasado de ser ese juguete sexual del que se hablaba bajito en corrillos de mujeres a ser el protagonista de memes en los debates electorales. Y como todo lo que llega a la fama de golpe, el Satisfyer ha ganado sus adeptos y sus detractores.

Por si alguien aún no se ha enterado, la fama del juguete erótico viene de su capacidad de conseguir que las personas con clítoris puedan llegar al orgasmo en cuestión de minutos. La clave es que este juguete no está pensado para la penetración. Tiene una suave boquilla ergonómica, ideada para situar sobre la cabeza del clítoris, que produce una sensación que tampoco llega a ser una succión en sí misma, sino algo así como un pequeño golpeteo.

Las versiones más modernas, como el SONA de Lelo, del que ya hablamos aquí allá por 2017 (el succionador de clítoris, en realidad, no es nada nuevo), utilizan ondas sónicas para estimular no solo la parte externa del clítoris, sino también la interna, un terreno que sí era más desconocido.

Esta estimulación directa en el clítoris tiene como resultado un orgasmo más rápido y, por lo general, más intenso, demostrando, además, que el placer femenino está más ligado a ese pequeño órgano que a la vagina.

En principio, parecen todo ventajas. Desde que se dio a conocer en redes sociales y a través de los medios de comunicación, las tiendas eróticas vivieron una auténtica revolución, las ventas se dispararon y el Satisfyer se agotó en todas partes.

Pese a ello, parece que no todo el mundo ha visto la irrupción de este juguete como algo positivo.

Satisfyer

PARA TODOS LOS GUSTOS

Una de las tiendas eróticas que ha apostado desde el principio por la promoción del Satisfyer ha sido Platanomelón y, por tanto, han sido los primeros en recibir tanto las alabanzas como las críticas. «Si algo tenemos claro, es que a todos no nos tiene que gustar lo mismo».

De esta forma, «hemos visto que hay gente a la que le ha encantado, ya sea porque han tenido un orgasmo totalmente distinto a lo que están acostumbrados, porque lo han alcanzado en dos minutos, porque han descubierto la multiorgasmia o incluso porque es la primera vez que lo hacen. Por otra parte, también hay gente a la que no le ha gustado, porque lo perciben como un orgasmo demasiado rápido e intenso».

Insisten en que solo se trata de un juguete más de entre muchísimas otras opciones que pueden encontrarse en una tienda erótica y que, como siempre, lo que funciona para unas personas puede no ser lo ideal para otras.

Sin embargo, el debate sobre el Satisfyer no gira tanto en torno al mecanismo del juguete o las percepciones de las clientas, sino a lo que ha supuesto el mismo de una forma más global, abriendo muchas cuestiones para el debate.

LAS CRÍTICAS DE LAS DETRACTORAS

Muchos medios de comunicación se han hecho eco de las bondades del Satisfyer, pero también han aparecido diversos artículos de opinión en torno a la idea de la mercantilización del placer femenino o sobre la idea de orgasmos rápidos, como si de comida rápida se tratara. Lo quiero fácil y lo quiero ya, porque no me da la vida para nada más. Una triste realidad.

La cuestión más criticada ha sido precisamente la del eslogan del orgasmo en dos minutos. Hay que entender que no todas las mujeres llegan tan rápido ni llegan siempre al orgasmo, ya que, al fin y al cabo, también hay un componente emocional y de concentración, y no solo de estimulación, en esa explosión. También, que muchas mujeres consiguen llegar a múltiples orgasmos, por lo que no se trata solo de utilizarlo para ese primer desahogo, sino de disfrutar del tiempo que cada una quiera o necesite, repitiendo si hace falta.

«En el sexo también hay etapas y etapas, lo cual significa que quizás durante una época (y quien dice época dice días) te apetece disfrutar de un orgasmo de dos minutos y otras en las que dos minutos solo es el comienzo. Lo importante es variar para no morirse de aburrimiento», apuntan desde Platanomelón.

Otros critican que se vincule el orgasmo a un producto tan concreto, como si las mujeres no hubieran tenido orgasmos intensos, placenteros o repetidos hasta ese momento. O lo que es lo mismo, que para que una mujer goce de verdad tenga que hacer ese necesario desembolso económico en vez de apostar por el autoconocimiento (o el autocoñocimiento, como se dice).

La realidad es que los juguetes sexuales que facilitan el orgasmo existen desde la prehistoria, cuando eran herramientas manuales, y pasaron a ser un objeto comercial para todos los públicos a comienzos del siglo XX. No es, por tanto, la primera vez que un juguete erótico se ve como una forma de hacer caja con el orgasmo femenino. Pero quizás no se trata tanto de verlo como un enemigo, sino como de una variante o una alternativa más, entre otras muchas posibles.

Satisfyer

SIN NECESIDAD DE PENE

Sin embargo, la verdadera cuestión de fondo, y por lo que el Satisfyer molesta más que otros juguetes, es porque su forma de estimulación no tiene nada que ver con el pene. Así de claro. Ya no vale llamarlo consolador, porque no trata de sustituir ningún falo. Ni si quiera está pensando para estimular la vagina. Y eso remueve los cimientos del sexo tradicional.

«Con los juguetes especializados en el clítoris es obvio que se le está dando protagonismo a ese órgano y se está tumbando el mito del orgasmo vaginal. Al no haber información, hay muchas personas (hombres y mujeres) que no saben cómo estimular esta parte del cuerpo y este factor, entre muchos otros, puede ser uno de los causantes de este recelo ante este juguete», reflexionan de nuevo desde Platanomelón.

Si bien hay muchos hombres que se han animado a regalar el juguete a sus parejas, o incluso a investigar más sobre la estimulación del clítoris a raíz del mismo, también los hay que se han sentido intimidados o incluso casi ofendidos por el mismo. De ahí los memes culpando al Satisfyer de la baja natalidad del país o mandándole a comprar los churros por la mañana. A pesar, incluso, de que el Satisfyer tenga su versión masculina y esté promocionada por el mismísimo Rocco Sifredi.

En tiempos en los que parece que cualquier atisbo de feminismo se ve, extrañamente, como algo negativo, hay quien cree que el Satisfyer ha venido a separar más a los hombres y a las mujeres, robando a los primeros el protagonismo en el placer femenino. Como si estos hombres hubieran descubierto ahora que la masturbación femenina existe y que, ya sea con un juguete, con la almohada o con la mano, cualquier mujer siempre ha sido capaz de llegar al orgasmo incluso sin que medie un pene de por medio.

UNA REALIDAD QUE HA VENIDO PARA QUEDARSE

El problema, o la gran ventaja, es que el Satisfyer ha hecho más visible una realidad, la de la masturbación femenina y la importancia del clítoris, que otros muchos preferían seguir negando.

No se trata, por tanto, de hacer publicidad a ningún producto, que no deja de ser un juguete sexual como muchos otros, sino de asumir que este juguete en concreto ha venido para quedarse y que ha abierto una ventana al cambio. Y que todos los cambios tienen sus críticas.

Tampoco se trata, ni mucho menos, de imponer una forma de placer ni de pensar que solo hay una única forma de buscarlo. Solo de ver como positivas todas las alternativas que surjan, para que todo el mundo sea libre de elegir la que más le guste sin tener que sentirse siempre juzgado por el de al lado.

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