11 de noviembre 2013    /   DIGITAL
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ScareMail: lluvia de palabras contra la vigilancia indiscriminada

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Guarden un minuto de silencio en homenaje a la privacidad, difunto concepto que ha pasado a convertirse en un ente utópico presente únicamente en mitos y leyendas del pasado. Transcurrido ese minuto, plantéense al menos comenzar a resistir activamente a los intentos por controlar su espacio íntimo.

Había un tiempo en el que la vigilancia requería grandes esfuerzos logísticos y a alguien que escuchase a los malos planear sus fechorías. En algún momento de la Historia, no hace mucho de ello, la tecnología permitió que esas tareas se automatizasen y que el personal fuese sustituido por software. Lo más grave es que esa facilitación del proceso provocó que la difusa línea que separa a los buenos de los malos dejase de tener tanta trascendencia. Era tan sencillo espiar a uno como a un millón. ¿Por qué no ampliar entonces el campo de acción?

En mayo de este año, el consultor tecnológico Edward Snowden descubrió el gran pastel de la CIA y de la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense. El gobierno norteamericano había desarrollado un programa de vigilancia electrónica capaz de escrutar las comunicaciones digitales de todo el planeta. PRISM, así se denomina el proyecto, vigila tanto a ciudadanos estadounidenses como a habitantes del resto del planeta.

Las respuestas ante el brusco despertar del sueño de la intimidad han sido muy variopintas, pero la de Benjamin Grosser, artista y compositor que estudia “los efectos culturales, sociales y políticos del software”, consiste en tratar de poner una gran zancadilla al sistema. Grosser ha creado ScareMail, una pieza de software que combina el activismo político, la desobediencia y el arte digital.

ScareMail es una extensión para los navegadores Google Chrome, Mozilla Firefox y Apple Safari que inserta textos aleatorios en la firma de cada correo electrónico. La intención es confundir a estos sistemas de espionaje cuyo funcionamiento se basa en la detección de palabras clave previamente determinadas. “No tiene ningún sentido aprovechar las ventajas que proporcionan las nuevas tecnologías de la comunicación con el objetivo de realizar vigilancias sin supervisión a personas contra las que no hay causas o procesos”, explica Ben Grosser.

El funcionamiento del software del artista estadounidense se basa en el procesamiento de lenguajes naturales a partir de un texto fuente original: Farenheit 451, de Ray Bradbury. La  generación del texto trampa comienza con una identificación de los sustantivos y los verbos en el texto original y los sustituye por “alternativas atemorizantes correctamente formateadas y conjugadas”. A partir de este texto intermedio, ScareMail genera un mensaje final totalmente diferente del basado en el libro de Bradbury y que todavía contiene las palabras señuelo para PRISM. Grosser aclara que, dado que no existe una lista ‘oficial’ de términos clave, se ha basado en la utilizada por el Departamento de Seguridad Nacional en su rastreo de medios sociales.

“La privacidad total no es posible en una sociedad en red porque un sistema basado en el software es un mundo en el que se dejan rastros en forma de datos”. Sin embargo dice Grosser que el objetivo ahora debería estar en una razonable gestión de quiénes acceden a ellos, qué pueden ver y con qué motivos lo hacen.

Casos como los del periodista de The Guardian, Glenn Greenwald, hacen que el artista norteamericano guarde cierto temor ante algún tipo de represalia por parte de entes oficiales. “Esta preocupación es, para mí, un síntoma de mayores problemas inherentes a la vigilancia masiva sin supervisión”, declara. “Si un creador no puede escribir un software que añade palabras sin sentido a un correo electrónico sin temer represalias, queda claro el nivel de temor que infunde la Agencia de Seguridad Nacional con sus programas de espionaje”.

 

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Había un tiempo en el que la vigilancia requería grandes esfuerzos logísticos y a alguien que escuchase a los malos planear sus fechorías. En algún momento de la Historia, no hace mucho de ello, la tecnología permitió que esas tareas se automatizasen y que el personal fuese sustituido por software. Lo más grave es que esa facilitación del proceso provocó que la difusa línea que separa a los buenos de los malos dejase de tener tanta trascendencia. Era tan sencillo espiar a uno como a un millón. ¿Por qué no ampliar entonces el campo de acción?

En mayo de este año, el consultor tecnológico Edward Snowden descubrió el gran pastel de la CIA y de la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense. El gobierno norteamericano había desarrollado un programa de vigilancia electrónica capaz de escrutar las comunicaciones digitales de todo el planeta. PRISM, así se denomina el proyecto, vigila tanto a ciudadanos estadounidenses como a habitantes del resto del planeta.

Las respuestas ante el brusco despertar del sueño de la intimidad han sido muy variopintas, pero la de Benjamin Grosser, artista y compositor que estudia “los efectos culturales, sociales y políticos del software”, consiste en tratar de poner una gran zancadilla al sistema. Grosser ha creado ScareMail, una pieza de software que combina el activismo político, la desobediencia y el arte digital.

ScareMail es una extensión para los navegadores Google Chrome, Mozilla Firefox y Apple Safari que inserta textos aleatorios en la firma de cada correo electrónico. La intención es confundir a estos sistemas de espionaje cuyo funcionamiento se basa en la detección de palabras clave previamente determinadas. “No tiene ningún sentido aprovechar las ventajas que proporcionan las nuevas tecnologías de la comunicación con el objetivo de realizar vigilancias sin supervisión a personas contra las que no hay causas o procesos”, explica Ben Grosser.

El funcionamiento del software del artista estadounidense se basa en el procesamiento de lenguajes naturales a partir de un texto fuente original: Farenheit 451, de Ray Bradbury. La  generación del texto trampa comienza con una identificación de los sustantivos y los verbos en el texto original y los sustituye por “alternativas atemorizantes correctamente formateadas y conjugadas”. A partir de este texto intermedio, ScareMail genera un mensaje final totalmente diferente del basado en el libro de Bradbury y que todavía contiene las palabras señuelo para PRISM. Grosser aclara que, dado que no existe una lista ‘oficial’ de términos clave, se ha basado en la utilizada por el Departamento de Seguridad Nacional en su rastreo de medios sociales.

“La privacidad total no es posible en una sociedad en red porque un sistema basado en el software es un mundo en el que se dejan rastros en forma de datos”. Sin embargo dice Grosser que el objetivo ahora debería estar en una razonable gestión de quiénes acceden a ellos, qué pueden ver y con qué motivos lo hacen.

Casos como los del periodista de The Guardian, Glenn Greenwald, hacen que el artista norteamericano guarde cierto temor ante algún tipo de represalia por parte de entes oficiales. “Esta preocupación es, para mí, un síntoma de mayores problemas inherentes a la vigilancia masiva sin supervisión”, declara. “Si un creador no puede escribir un software que añade palabras sin sentido a un correo electrónico sin temer represalias, queda claro el nivel de temor que infunde la Agencia de Seguridad Nacional con sus programas de espionaje”.

 

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