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3 de marzo 2014    /   BUSINESS
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Se buscan sofás para salvar la condición humana

3 de marzo 2014    /   BUSINESS     por          
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Tú, urbanita, aunque quisieras, serías incapaz de contabilizar la cantidad de personas que ves en apenas un trayecto corto. De tu casa al trabajo, ¿cuántos había en el metro? Cuando saliste a pasear al perro, ¿cuánta gente caminaba por el parque? ¿Tienes idea de la ingente cantidad de individuos desconocidos que han pasado a centímetros de ti durante la última semana?

Ahora cuenta con cuantos de ellos has cruzado una sola palabra. Exactamente. Tú solito te has dado cuenta.

En general, el horizonte que llevamos en frente cuando salimos a la calle del siglo XXI tiene PIN, se ilumina y se desbloquea. A veces no nos hace falta ni siquiera un aparato para someternos a ese generalizado autismo voluntario. César López-Negrete y Alejandro D’Acosta son dos jóvenes mexicanos empeñados en hacer que la sociedad vuelva a levantar la barbilla. «Resolver la crisis de comunicación» que padecen los ciudadanos, especifican ellos. Quizás, tan solo una llamada de atención a nuestra pérdida de comportamiento humano.

Sala Pública es el último proyecto que han ideado estos arquitectos con vocación artística, espíritu ecológico y metodologías de sociólogo. Una idea que presentaron la primera semana de febrero en la Alameda Central de la Ciudad de México y por la que fueron invitados a participar en Mextrópoli, el Primer Festival Internacional de Arquitectura y Ciudad.

«Se trata de una propuesta artística que busca reactivar el diálogo y la convivencia en el espacio público, y también de un proyecto de reciclaje», explican.

La parte del reciclaje es lo que veían los ciudadanos cuando llegaban a esa plaza donde López-Negrete y D’Acosta habían situado un círculo de sofás recuperados –y recubiertos de cemento-  que habían obtenido en «lugares como mercados y basureros».

La parte que no se veía era el ejercicio social al que estaban sometiendo a los que decidían sentarse en su espontáneo mobiliario. Nada más y nada menos que estaban recuperando aquello que nuestros antepasados llamaban diálogo.

«El diálogo es una conversación en la que los participantes intentan alcanzar un entendimiento común, experimentando, equitativamente y sin juicios, el punto de vista de cada uno de los demás; produciendo una comprensión más profunda. No tiene un objetivo predefinido ni plan más allá que la indagación sobre el movimiento y la exploración del pensamiento», definen los creadores.

Ellos, que ya han desarrollado otros cuantos proyectos sociales nacionales e internacionales, ahora han apostado por el diálogo entre los ciudadanos porque están seguros de los beneficios de ese proceso que no sirve «para tomar decisiones», sino que es simplemente de «exploración y entendimiento, una reunión sin agenda para la creación de un espacio libre donde existe la posibilidad de que suceda algo nuevo».

Captura de pantalla 2014-03-03 a la(s) 05.30.44

El círculo de sillones tenía el propósito de lograr que «personas que no se conocen» comenzasen conversaciones para alcanzar el entendimiento común. «Experimentando», explican, «equitativamente y sin juicios, el punto de vista de los demás para permitir una toma de conciencia de por qué la comunicación en el ámbito verbal resulta más difícil y conflictiva que en todas las otras áreas, y su propósito último es resolver la crisis de comunicación de la sociedad».

Visto que el ensayo de su objetivo había quedado cumplido, ahora estos celestinos de individuos desconocidos quieren aumentar en 26 sillones más la obra que volverán a exhibir en Mextrópoli, por eso solicitan a través de la plataforma de crowdfunding Fondeadora aportaciones que les permitan hacerse con nuevos sofás que reciclar y donde mantener el diálogo abierto.

«Lo que se propone a los transeúntes que pasen por Sala Pública es que formen parte de una nueva dinámica. Que se relacionan con nuevas personas y discutan nuevas ideas», terminan de rematar su idea. «Había que recuperar un espacio de debate y comunicación en medio del caos de la Ciudad de México».

Captura de pantalla 2014-03-03 a la(s) 05.32.09 Captura de pantalla 2014-03-03 a la(s) 05.33.07

Tú, urbanita, aunque quisieras, serías incapaz de contabilizar la cantidad de personas que ves en apenas un trayecto corto. De tu casa al trabajo, ¿cuántos había en el metro? Cuando saliste a pasear al perro, ¿cuánta gente caminaba por el parque? ¿Tienes idea de la ingente cantidad de individuos desconocidos que han pasado a centímetros de ti durante la última semana?

Ahora cuenta con cuantos de ellos has cruzado una sola palabra. Exactamente. Tú solito te has dado cuenta.

En general, el horizonte que llevamos en frente cuando salimos a la calle del siglo XXI tiene PIN, se ilumina y se desbloquea. A veces no nos hace falta ni siquiera un aparato para someternos a ese generalizado autismo voluntario. César López-Negrete y Alejandro D’Acosta son dos jóvenes mexicanos empeñados en hacer que la sociedad vuelva a levantar la barbilla. «Resolver la crisis de comunicación» que padecen los ciudadanos, especifican ellos. Quizás, tan solo una llamada de atención a nuestra pérdida de comportamiento humano.

Sala Pública es el último proyecto que han ideado estos arquitectos con vocación artística, espíritu ecológico y metodologías de sociólogo. Una idea que presentaron la primera semana de febrero en la Alameda Central de la Ciudad de México y por la que fueron invitados a participar en Mextrópoli, el Primer Festival Internacional de Arquitectura y Ciudad.

«Se trata de una propuesta artística que busca reactivar el diálogo y la convivencia en el espacio público, y también de un proyecto de reciclaje», explican.

La parte del reciclaje es lo que veían los ciudadanos cuando llegaban a esa plaza donde López-Negrete y D’Acosta habían situado un círculo de sofás recuperados –y recubiertos de cemento-  que habían obtenido en «lugares como mercados y basureros».

La parte que no se veía era el ejercicio social al que estaban sometiendo a los que decidían sentarse en su espontáneo mobiliario. Nada más y nada menos que estaban recuperando aquello que nuestros antepasados llamaban diálogo.

«El diálogo es una conversación en la que los participantes intentan alcanzar un entendimiento común, experimentando, equitativamente y sin juicios, el punto de vista de cada uno de los demás; produciendo una comprensión más profunda. No tiene un objetivo predefinido ni plan más allá que la indagación sobre el movimiento y la exploración del pensamiento», definen los creadores.

Ellos, que ya han desarrollado otros cuantos proyectos sociales nacionales e internacionales, ahora han apostado por el diálogo entre los ciudadanos porque están seguros de los beneficios de ese proceso que no sirve «para tomar decisiones», sino que es simplemente de «exploración y entendimiento, una reunión sin agenda para la creación de un espacio libre donde existe la posibilidad de que suceda algo nuevo».

Captura de pantalla 2014-03-03 a la(s) 05.30.44

El círculo de sillones tenía el propósito de lograr que «personas que no se conocen» comenzasen conversaciones para alcanzar el entendimiento común. «Experimentando», explican, «equitativamente y sin juicios, el punto de vista de los demás para permitir una toma de conciencia de por qué la comunicación en el ámbito verbal resulta más difícil y conflictiva que en todas las otras áreas, y su propósito último es resolver la crisis de comunicación de la sociedad».

Visto que el ensayo de su objetivo había quedado cumplido, ahora estos celestinos de individuos desconocidos quieren aumentar en 26 sillones más la obra que volverán a exhibir en Mextrópoli, por eso solicitan a través de la plataforma de crowdfunding Fondeadora aportaciones que les permitan hacerse con nuevos sofás que reciclar y donde mantener el diálogo abierto.

«Lo que se propone a los transeúntes que pasen por Sala Pública es que formen parte de una nueva dinámica. Que se relacionan con nuevas personas y discutan nuevas ideas», terminan de rematar su idea. «Había que recuperar un espacio de debate y comunicación en medio del caos de la Ciudad de México».

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Opiniones 8
  • @JaledAA Felicidades. Genial artículo.

    Sin diálogo (que no 2 o mas monólogos) para poner a prueba tus propias ideas con cualquiera con el que te cruces, con el propósito de matizarlas o corregirlas o regularlas, sabiendo escuchar y compartir, para obtener retroalimentación y comprender mejor, no hay ni aprendizaje ni evolución ni progreso ni perfeccionamiento.

    Esto también es cibernética genuina, bastante alejada hoy en día de las corrientes «mainstream»,

    En el peor de los casos, de esta buena praxis de potencial infinito, se aprende mucho como mínimo acerca de la condición humana. Para bien o para mal. 🙂

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