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25 de julio 2016    /   BUSINESS
por
ilustracion  Juan Díaz-Faes

Se vende coche en buen estado

25 de julio 2016    /   BUSINESS     por        ilustracion  Juan Díaz-Faes
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El desembarco se ha producido de manera progresiva. Llegaron hace algunos años los sistemas de coches compartidos para desplazamientos de media y larga distancia. Se disputaron el mercado y se repartieron equitativamente la ira de los colectivos de transporte de pasajeros por carretera.

Compañías como Blablacar o Amovens permiten buscar vehículos de particulares que hagan la ruta que a uno le interesa y compartir los gastos de viaje con otros usuarios. Que los compañeros de viaje sean insoportables ya es una cuestión más de azar que de otra cosa.

Reduciendo un poco el alcance, existen los alquileres rápidos de coches por horas. Los coches pertenecen a empresas como Respiro o Bluemove. Estas tienen esos vehículos distribuidos por una serie de aparcamientos de acceso público. El usuario busca en una aplicación móvil la ubicación de esos parkings y abre el coche con su terminal móvil pagando por horas de uso y por el kilometraje recorrido.

El servicio está planteado para un uso ocasional del coche en desplazamientos de cercanía o para transporte de mercancías relativamente pequeñas en las furgonetas que también se ofertan, lo que viene a llamarse ‘hacerse un Ikea’. En el caso del periodista que escribe estas líneas, el alquiler de una furgoneta de Respiro por espacio de tres horas costó 23,46 euros con el IVA y el kilometraje incluidos. Eso sí, en la furgoneta cabía todo el Ikea del Ensanche de Vallecas y parte del de Malmö.

Para el desplazamiento cotidiano, la opción pasa por propuestas como Car2Go y similares. La flota de vehículos está distribuida por las calles, aparcada a la intemperie y una app móvil permite a los usuarios localizar los coches y abrirlos. En el caso de Car2Go, la ventaja añadida es que la totalidad de los vehículos son eléctricos y, por ello, pueden circular libremente incluso por las zonas con restricción al tráfico, además de poder aparcar en el servicio de estacionamiento regulado sin meter la mano en el bolsillo. La desventaja es que el servicio está reducido al interior de la M-30 madrileña, aunque se puede salir eventualmente siempre y cuando se aparque el vehículo en el interior de la almendra central formada por esta circunvalación.

Coches, por Juan Díaz-Faes
Coches, por Juan Díaz-Faes

Adiós, Rayo McQueen

El experimento comienza dejando el vehículo en propiedad para una revisión previa a la ITV. «Manolo, me miras los niveles y te quedas el coche dos meses». Menos mal que mi mecánico es un santo y sólo me pone a caldo cuando no estoy delante.

A la mañana siguiente, como todos los días, toca llevar al colegio a la niña que se encuentra en edad de escolarización. ¿Es Car2Go una opción eficaz? Existen dos problemas iniciales: la inexistencia de sillas homologadas para que la niña se siente correctamente en el Smart eléctrico y la disponibilidad de vehículos.

El primer problema se soluciona fácilmente. Existen alzadores homologados y portátiles. El que hemos adquirido es hinchable y soluciona la papeleta sin mayor problema.

Lo de la disponibilidad de coches a ciertas horas es uno de los mayores hándicaps con los que cuentan los servicios de carsharing. Bluemove o Respiro permiten reservar con días de antelación. Bien. En cambio, Car2Go permite reservar un coche únicamente durante 20 minutos. En ciertos barrios, en algunos distritos, conseguir un automóvil a las ocho y media de la mañana es una cuestión de azar.

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¿Puede plantearse alguien que necesita un coche vender el suyo si es posible que no encuentre una alternativa de carsharing todos los días necesarios? En nuestro caso, algunas mañanas tuvimos que recurrir al autobús o incluso al taxi por cuestiones de tiempo. El costo de los desplazamientos en Car2Go al colegio eran de alrededor de 2,50 euros y el del taxi, de algo menos de 6 euros.

El desplazamiento al puesto de trabajo puede hacerse en bicicleta, ya que una sola persona causa la mitad de problemas que dos y, además, cabe en una bicicleta eléctrica de Bicimad. El problema: Bicimad es un desastre que va mejorando lenta y paulatinamente.

Al igual que ocurre con Car2Go, a ciertas horas la posibilidad de conseguir una bicicleta tiende a lo imposible. La alta demanda y el alto número de vehículos deshabilitados por avería o cualquier otro motivo ha provocado que, en un par de ocasiones, llegara tarde al lugar de destino. Si los horarios de entrada al trabajo son rígidos, hay un porcentaje de riesgo al utilizar bicicletas o coches eléctricos que no todo el mundo puede asumir.

Otros casos de uso se producen fuera del desplazamiento obligatorio, ese que no se hace por rutina cotidiana de colegios y trabajo. Ir al cine una tarde a la única sala que proyecta una determinada película y que —por eso tiramos de coche— se encuentra muy alejada del punto de origen puede sumar 20 euros (por cuatro horas de uso) al habitual gasto de entradas y chocolatinas. En este sentido, el presidente de Bluemove, Gabriel Herrero-Beaumont, trata de explicar que «la gente tiene que hacer el cambio mental y comparar cuánto cuesta un coche en propiedad con lo que cuesta uno de pago por uso».

En efecto, existe la percepción de que utilizar el coche propio sale gratis y se olvida con facilidad de que ese automóvil se ha pagado o se está pagando cada mes, que cuenta con un seguro con su correspondiente cuota y con el gasto en combustible. Los vehículos de carsharing incluyen seguro y gasolina en su precio final. «Los conductores comienzan a ser conscientes de lo que cuesta moverse, incluso con sus coches», dice Herrero-Beaumont. Además, algunos de ellos son eléctricos, por lo que se evitan gastos de aparcamiento.

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En términos económicos, la conveniencia o no de vender el coche propio y optar por una combinación de soluciones de coches o bicicletas compartidas depende, en realidad, de las circunstancias de cada familia.

Aunque las cifras bailan todo lo que uno quiera, podríamos tomar como referencia la estimación de que un coche en propiedad sale por unos 7.500 euros al año. Esa cifra incluye el precio del coche durante ese tiempo, combustible, impuestos, seguro, multas de aparcamiento, peajes y mantenimiento durante un periodo de amortización de ocho años.

En el caso de quien escribe, el experimento permite deducir que una familia residente en una gran ciudad como Madrid, en una zona relativamente céntrica, con un uso cotidiano del coche aunque no diario, puede deshacerse de su vehículo particular. Las cifras salen. Incluso sumando un alquiler anual de coche para vacaciones largas y algunos ocasionales para los fines de semana. Los problemas, como comentábamos antes, vienen de la disponibilidad de los automóviles en momentos concretos y de la disponibilidad de sillas para niños en todas las opciones de carsharing: algunos coches de Bluemove y Respiro sí disponen de ellas.

La última circunstancia es la particularidad de la realidad descrita. Esta película es aplicable a las grandes ciudades, Madrid en este caso, en las que estos servicios se encuentran implantados. Existe otro universo, más grande y numeroso, en el que la posibilidad de recurrir a vehículos compartidos no existe. En cualquier caso, es cuestión de tiempo. Según unas cifras provenientes de una encuesta realizada por Bluemove, «cada coche de la flota evita que haya 20 aparcados o circulando por las calles. Reducimos el número de kilómetros recorridos en coche en un 60%», cuenta el presidente de la compañía.

Lo que viene

La transmutación de la propiedad de un objeto en su disfrute es algo que no se reduce sólo al campo de la movilidad. Internet y el desarrollo tecnológico han posibilitado la optimización del uso de los bienes.

Cualquier persona puede escuchar música, ver cine, usar un coche o disponer de miles de casas al instante sin necesidad de poseer nada y, sobre todo, con una tremenda simplificación del proceso de búsqueda y reserva.

El nuevo paradigma amenaza a las estructuras económicas tradicionales y, en el caso que nos ocupa, a un lobby tan poderoso como el de los fabricantes de vehículos. Lo cierto es que queda la impresión de que, al menos, han escuchado doblar las campanas. «El lobby del coche apoya radicalmente el carsharing», declara Herrero-Beaumont. «Ven que las dinámicas de consumo están cambiando y que muchos ciudadanos jóvenes no contemplan comprarse un coche. En Alemania, por ejemplo, los grandes grupos proponen vender movilidad y no necesariamente coches».

De hecho, BMW está en proceso de participar en DriveNow, una alternativa a Car2Go con una flota formada íntegramente por Minis. DriveNow, que se fundó con la empresa de alquiler de coches Sixt como una de sus impulsoras, tiene Madrid y Barcelona como objetivos de implantación en España en los próximos meses. La propia Bluemove acaba de ser adquirida por Europcar.

Vende tu coche

El impulso de muchos de los grande nombres del sector automovilístico es una buena pista para darse cuenta de que la apuesta está sobre el tapete. El carsharing se encuentra aún lejos de adoptarse com masivo, pero el hecho de que el grueso de la población conozca el término es ya un gran avance del último lustro.

La batalla contra el modelo de ciudad que se ha vendido en los últimos años al españolito ya ha comenzado. Todavía habrá resistencia y pataleos. «Te han estado diciendo que te compres una casa en Seseña y que uses tu coche para todo y ahora te dicen que no lo uses», dice Herrero-Beaumont. Sin embargo, no es que se pueda intuir un horizonte mucho más verde y sostenible, es que no queda otra alternativa que reducir la velocidad a la que viven las ciudades.

El desembarco se ha producido de manera progresiva. Llegaron hace algunos años los sistemas de coches compartidos para desplazamientos de media y larga distancia. Se disputaron el mercado y se repartieron equitativamente la ira de los colectivos de transporte de pasajeros por carretera.

Compañías como Blablacar o Amovens permiten buscar vehículos de particulares que hagan la ruta que a uno le interesa y compartir los gastos de viaje con otros usuarios. Que los compañeros de viaje sean insoportables ya es una cuestión más de azar que de otra cosa.

Reduciendo un poco el alcance, existen los alquileres rápidos de coches por horas. Los coches pertenecen a empresas como Respiro o Bluemove. Estas tienen esos vehículos distribuidos por una serie de aparcamientos de acceso público. El usuario busca en una aplicación móvil la ubicación de esos parkings y abre el coche con su terminal móvil pagando por horas de uso y por el kilometraje recorrido.

El servicio está planteado para un uso ocasional del coche en desplazamientos de cercanía o para transporte de mercancías relativamente pequeñas en las furgonetas que también se ofertan, lo que viene a llamarse ‘hacerse un Ikea’. En el caso del periodista que escribe estas líneas, el alquiler de una furgoneta de Respiro por espacio de tres horas costó 23,46 euros con el IVA y el kilometraje incluidos. Eso sí, en la furgoneta cabía todo el Ikea del Ensanche de Vallecas y parte del de Malmö.

Para el desplazamiento cotidiano, la opción pasa por propuestas como Car2Go y similares. La flota de vehículos está distribuida por las calles, aparcada a la intemperie y una app móvil permite a los usuarios localizar los coches y abrirlos. En el caso de Car2Go, la ventaja añadida es que la totalidad de los vehículos son eléctricos y, por ello, pueden circular libremente incluso por las zonas con restricción al tráfico, además de poder aparcar en el servicio de estacionamiento regulado sin meter la mano en el bolsillo. La desventaja es que el servicio está reducido al interior de la M-30 madrileña, aunque se puede salir eventualmente siempre y cuando se aparque el vehículo en el interior de la almendra central formada por esta circunvalación.

Coches, por Juan Díaz-Faes
Coches, por Juan Díaz-Faes

Adiós, Rayo McQueen

El experimento comienza dejando el vehículo en propiedad para una revisión previa a la ITV. «Manolo, me miras los niveles y te quedas el coche dos meses». Menos mal que mi mecánico es un santo y sólo me pone a caldo cuando no estoy delante.

A la mañana siguiente, como todos los días, toca llevar al colegio a la niña que se encuentra en edad de escolarización. ¿Es Car2Go una opción eficaz? Existen dos problemas iniciales: la inexistencia de sillas homologadas para que la niña se siente correctamente en el Smart eléctrico y la disponibilidad de vehículos.

El primer problema se soluciona fácilmente. Existen alzadores homologados y portátiles. El que hemos adquirido es hinchable y soluciona la papeleta sin mayor problema.

Lo de la disponibilidad de coches a ciertas horas es uno de los mayores hándicaps con los que cuentan los servicios de carsharing. Bluemove o Respiro permiten reservar con días de antelación. Bien. En cambio, Car2Go permite reservar un coche únicamente durante 20 minutos. En ciertos barrios, en algunos distritos, conseguir un automóvil a las ocho y media de la mañana es una cuestión de azar.

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¿Puede plantearse alguien que necesita un coche vender el suyo si es posible que no encuentre una alternativa de carsharing todos los días necesarios? En nuestro caso, algunas mañanas tuvimos que recurrir al autobús o incluso al taxi por cuestiones de tiempo. El costo de los desplazamientos en Car2Go al colegio eran de alrededor de 2,50 euros y el del taxi, de algo menos de 6 euros.

El desplazamiento al puesto de trabajo puede hacerse en bicicleta, ya que una sola persona causa la mitad de problemas que dos y, además, cabe en una bicicleta eléctrica de Bicimad. El problema: Bicimad es un desastre que va mejorando lenta y paulatinamente.

Al igual que ocurre con Car2Go, a ciertas horas la posibilidad de conseguir una bicicleta tiende a lo imposible. La alta demanda y el alto número de vehículos deshabilitados por avería o cualquier otro motivo ha provocado que, en un par de ocasiones, llegara tarde al lugar de destino. Si los horarios de entrada al trabajo son rígidos, hay un porcentaje de riesgo al utilizar bicicletas o coches eléctricos que no todo el mundo puede asumir.

Otros casos de uso se producen fuera del desplazamiento obligatorio, ese que no se hace por rutina cotidiana de colegios y trabajo. Ir al cine una tarde a la única sala que proyecta una determinada película y que —por eso tiramos de coche— se encuentra muy alejada del punto de origen puede sumar 20 euros (por cuatro horas de uso) al habitual gasto de entradas y chocolatinas. En este sentido, el presidente de Bluemove, Gabriel Herrero-Beaumont, trata de explicar que «la gente tiene que hacer el cambio mental y comparar cuánto cuesta un coche en propiedad con lo que cuesta uno de pago por uso».

En efecto, existe la percepción de que utilizar el coche propio sale gratis y se olvida con facilidad de que ese automóvil se ha pagado o se está pagando cada mes, que cuenta con un seguro con su correspondiente cuota y con el gasto en combustible. Los vehículos de carsharing incluyen seguro y gasolina en su precio final. «Los conductores comienzan a ser conscientes de lo que cuesta moverse, incluso con sus coches», dice Herrero-Beaumont. Además, algunos de ellos son eléctricos, por lo que se evitan gastos de aparcamiento.

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En términos económicos, la conveniencia o no de vender el coche propio y optar por una combinación de soluciones de coches o bicicletas compartidas depende, en realidad, de las circunstancias de cada familia.

Aunque las cifras bailan todo lo que uno quiera, podríamos tomar como referencia la estimación de que un coche en propiedad sale por unos 7.500 euros al año. Esa cifra incluye el precio del coche durante ese tiempo, combustible, impuestos, seguro, multas de aparcamiento, peajes y mantenimiento durante un periodo de amortización de ocho años.

En el caso de quien escribe, el experimento permite deducir que una familia residente en una gran ciudad como Madrid, en una zona relativamente céntrica, con un uso cotidiano del coche aunque no diario, puede deshacerse de su vehículo particular. Las cifras salen. Incluso sumando un alquiler anual de coche para vacaciones largas y algunos ocasionales para los fines de semana. Los problemas, como comentábamos antes, vienen de la disponibilidad de los automóviles en momentos concretos y de la disponibilidad de sillas para niños en todas las opciones de carsharing: algunos coches de Bluemove y Respiro sí disponen de ellas.

La última circunstancia es la particularidad de la realidad descrita. Esta película es aplicable a las grandes ciudades, Madrid en este caso, en las que estos servicios se encuentran implantados. Existe otro universo, más grande y numeroso, en el que la posibilidad de recurrir a vehículos compartidos no existe. En cualquier caso, es cuestión de tiempo. Según unas cifras provenientes de una encuesta realizada por Bluemove, «cada coche de la flota evita que haya 20 aparcados o circulando por las calles. Reducimos el número de kilómetros recorridos en coche en un 60%», cuenta el presidente de la compañía.

Lo que viene

La transmutación de la propiedad de un objeto en su disfrute es algo que no se reduce sólo al campo de la movilidad. Internet y el desarrollo tecnológico han posibilitado la optimización del uso de los bienes.

Cualquier persona puede escuchar música, ver cine, usar un coche o disponer de miles de casas al instante sin necesidad de poseer nada y, sobre todo, con una tremenda simplificación del proceso de búsqueda y reserva.

El nuevo paradigma amenaza a las estructuras económicas tradicionales y, en el caso que nos ocupa, a un lobby tan poderoso como el de los fabricantes de vehículos. Lo cierto es que queda la impresión de que, al menos, han escuchado doblar las campanas. «El lobby del coche apoya radicalmente el carsharing», declara Herrero-Beaumont. «Ven que las dinámicas de consumo están cambiando y que muchos ciudadanos jóvenes no contemplan comprarse un coche. En Alemania, por ejemplo, los grandes grupos proponen vender movilidad y no necesariamente coches».

De hecho, BMW está en proceso de participar en DriveNow, una alternativa a Car2Go con una flota formada íntegramente por Minis. DriveNow, que se fundó con la empresa de alquiler de coches Sixt como una de sus impulsoras, tiene Madrid y Barcelona como objetivos de implantación en España en los próximos meses. La propia Bluemove acaba de ser adquirida por Europcar.

Vende tu coche

El impulso de muchos de los grande nombres del sector automovilístico es una buena pista para darse cuenta de que la apuesta está sobre el tapete. El carsharing se encuentra aún lejos de adoptarse com masivo, pero el hecho de que el grueso de la población conozca el término es ya un gran avance del último lustro.

La batalla contra el modelo de ciudad que se ha vendido en los últimos años al españolito ya ha comenzado. Todavía habrá resistencia y pataleos. «Te han estado diciendo que te compres una casa en Seseña y que uses tu coche para todo y ahora te dicen que no lo uses», dice Herrero-Beaumont. Sin embargo, no es que se pueda intuir un horizonte mucho más verde y sostenible, es que no queda otra alternativa que reducir la velocidad a la que viven las ciudades.

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  • Completamente de acuerdo. Soy usuaria de Bluemove desde q hace dos años se me averió seriamente el ford fiesta q había comprado de segunda mano y q usaba apenas una vez a la semana o para «hacerme un ikea». Ahora q vivo en una ciudad mas pequeña con tres amigos que tienen un coche cada uno nos planteamos muy en serio el Carsharing. Salvo q necesites el coche a diario por trabajo o por familia, se acaba convirtiéndo en un estorbo, y un gran gasto.

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