7 de junio 2021    /   IDEAS
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‘Se viene’: el ‘lifting’ que el español se hace para hablar de futuro

Un relato ortográfico

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Se miraba al espejo y no se gustaba. Hacía ya años que dejó de reconocerse en la imagen reflejada y había puesto en todos los de su casa una tela colocada de tal manera que solo pudiera verse de hombros para abajo y no la cara. La vejez era un estado de la vida en el que no se sentía representada, por mucho que su DNI dijera que hacía ya muchos años que cambió de etapa. Pero una cosa es lo que decían los documentos, siempre tan impertinentes alardeando de veracidad, y otra muy distinta cómo se sentía ella. Así que el mismo día que cumplió los 87 años tomó la decisión: se haría la cirugía estética.

La noticia cayó como una bomba entre la familia, temerosa de que una mujer tan mayor pudiera quedarse en un quirófano solo por un capricho. Pero querían tanto a la abuela que decidieron apoyarla. Entre todos acordaron que su nieta Antía, que sabía mucho de ordenadores, se encargaría de encontrar en internet la mejor clínica.

Tras un par de semanas de búsqueda, le mostraron a la anciana una web donde se promocionaba una técnica pionera con una cirugía tan indolora y rápida que tendría la sensación de no haber pasado nunca por quirófano. Y, además, era a domicilio. La abuela, confiada en la palabra de sus hijos y de sus nietos, aceptó probarla y una semana más tarde, dos enfermeras y un médico se presentaron en su casa, improvisaron un quirófano en el salón, y realizaron el lifting tras dormirla con un par de pastillas que, le aseguraron, era lo último en anestesiología.

Cuando los hijos la pusieron delante del primer espejo tras la operación, no podía creer lo que veía. «¡Pero si pareces más joven que yo!», le dijo una de sus hijas. Y la mujer sonrió satisfecha. La familia tuvo que reconocer que ver a la abuela feliz era un regalo, pero cuando la anciana empezó a copar los grupos familiares de WhatsApp con cientos de selfis posando pelota picada, pensaron que la cosa se estaba yendo de madre. «Antía, reina, a ver si le bajas un poco el filtro de belleza a los espejos de tu abuela, que si envía un desnudo más nos van a estallar los ojos».

De renovación y nueva vida también sabe mucho la lengua que hablamos. Quizá sea el idioma una de las pocas cosas sostenibles de verdad de este mundo, ya que se renueva continuamente sin atacar el medio ambiente y sin amenazar a otras especies en su carrera por la supervivencia. Algo así, una vida renovada, es la que parece estar tomando en España la expresión «se viene» para hablar de algo que está a punto de ocurrir.

«Se viene meme, gente», leemos en Twitter y otras redes sociales. Y esto que a algunos les suena tan novedoso tiene ya unos cuantos siglos a su espalda. ¿Acaso no llevamos ese tiempo cantando «la Nochebuena se viene, la Nochebuena se va»?

En Hispanoamérica nunca olió a naftalina como aquí. Pero gracias a ese milagro que se llama intercambio cultural, esa forma de expresar futuro se ha vuelto a hacer fuerte en la lengua coloquial (no en la culta, de momento) en España. Por eso es quizá más apropiado hablar de lifting que de novedad. Y a los españolitos nos encanta que nos quiten las arrugas de la lengua sin pasar por quirófano y sin dolor.

Se miraba al espejo y no se gustaba. Hacía ya años que dejó de reconocerse en la imagen reflejada y había puesto en todos los de su casa una tela colocada de tal manera que solo pudiera verse de hombros para abajo y no la cara. La vejez era un estado de la vida en el que no se sentía representada, por mucho que su DNI dijera que hacía ya muchos años que cambió de etapa. Pero una cosa es lo que decían los documentos, siempre tan impertinentes alardeando de veracidad, y otra muy distinta cómo se sentía ella. Así que el mismo día que cumplió los 87 años tomó la decisión: se haría la cirugía estética.

La noticia cayó como una bomba entre la familia, temerosa de que una mujer tan mayor pudiera quedarse en un quirófano solo por un capricho. Pero querían tanto a la abuela que decidieron apoyarla. Entre todos acordaron que su nieta Antía, que sabía mucho de ordenadores, se encargaría de encontrar en internet la mejor clínica.

Tras un par de semanas de búsqueda, le mostraron a la anciana una web donde se promocionaba una técnica pionera con una cirugía tan indolora y rápida que tendría la sensación de no haber pasado nunca por quirófano. Y, además, era a domicilio. La abuela, confiada en la palabra de sus hijos y de sus nietos, aceptó probarla y una semana más tarde, dos enfermeras y un médico se presentaron en su casa, improvisaron un quirófano en el salón, y realizaron el lifting tras dormirla con un par de pastillas que, le aseguraron, era lo último en anestesiología.

Cuando los hijos la pusieron delante del primer espejo tras la operación, no podía creer lo que veía. «¡Pero si pareces más joven que yo!», le dijo una de sus hijas. Y la mujer sonrió satisfecha. La familia tuvo que reconocer que ver a la abuela feliz era un regalo, pero cuando la anciana empezó a copar los grupos familiares de WhatsApp con cientos de selfis posando pelota picada, pensaron que la cosa se estaba yendo de madre. «Antía, reina, a ver si le bajas un poco el filtro de belleza a los espejos de tu abuela, que si envía un desnudo más nos van a estallar los ojos».

De renovación y nueva vida también sabe mucho la lengua que hablamos. Quizá sea el idioma una de las pocas cosas sostenibles de verdad de este mundo, ya que se renueva continuamente sin atacar el medio ambiente y sin amenazar a otras especies en su carrera por la supervivencia. Algo así, una vida renovada, es la que parece estar tomando en España la expresión «se viene» para hablar de algo que está a punto de ocurrir.

«Se viene meme, gente», leemos en Twitter y otras redes sociales. Y esto que a algunos les suena tan novedoso tiene ya unos cuantos siglos a su espalda. ¿Acaso no llevamos ese tiempo cantando «la Nochebuena se viene, la Nochebuena se va»?

En Hispanoamérica nunca olió a naftalina como aquí. Pero gracias a ese milagro que se llama intercambio cultural, esa forma de expresar futuro se ha vuelto a hacer fuerte en la lengua coloquial (no en la culta, de momento) en España. Por eso es quizá más apropiado hablar de lifting que de novedad. Y a los españolitos nos encanta que nos quiten las arrugas de la lengua sin pasar por quirófano y sin dolor.

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