8 de julio 2014    /   CREATIVIDAD
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¿Cómo reconstruir una comunidad con dos ruedas de bicicleta?

8 de julio 2014    /   CREATIVIDAD     por          
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Un letrero de pizarra con letras de colores hace referencia al día 4 de julio en Estados Unidos. El cartel no festeja la independencia de la tierra de las barras y estrellas, sino la libertad de despojarse por unas horas, un día o una vida entera del eterno automóvil. En un país con una media de casi 800 autos por cada mil personas, apostar por las dos ruedas y los pedales es todavía un desafío, pero en Second Life Bikes lo tienen muy claro: «Declara tu independencia de la gasolina. ¡Monta en bici!».
El revolucionario letrero, montado sobre una extravagante bicicleta, da la bienvenida a un enorme almacén de techos altos. El local está plagado de bicis: oxidadas, relucientes, desmontadas, colgadas sobre la pared a modo de decoración, o boca abajo esperando a que alguien las repare. En medio de las herramientas y los tubos neumáticos también hay sitio para un ancho sofá, un piano con varias partituras y una pequeña encimera con café, galletas y cereales. En un plato de colores colgado sobre la pared se puede leer ‘Mi casa es tu casa’.
En Second Life Bikes no solo se reparan bicicletas. Las bicis son tanto un fin como una herramienta con la que mejorar la calidad de vida de la comunidad. Todos los días, de tres a cinco de la tarde, chavales de 12 a 18 años acuden a la tienda-taller para aprender a reparar bicicletas. Después de quince horas de trabajo, el aprendiz recibe su recompensa en especie: una bicicleta que se podrá llevar a casa. Algunos de ellos vuelven, otros no, pero la mayoría regresa de vez en cuando simplemente a pasar el rato. El trabajo en Second Life Bikes les deja huella a todos.
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«No esperamos que tengan o adquieran conocimientos sobre mecánica, pero esto tampoco es como un campamento de verano. Lo que buscamos es un proceso de aprendizaje que incluye la escucha, el mantenimiento del orden y la limpieza de los materiales… El fondo es proporcionarles herramientas más importantes para la vida, como saber mirar a las personas a los ojos y aprender a estrechar una mano», dice Kerry Martin, la mente y el corazón de Second Life Bikes desde hace casi una década.
Martin nació a unos kilómetros de la sede de Second Life Bikes, en Asbury Park, pero fue en Alemania donde encontró su pasión por los pedales. Después de un año dando clases de inglés regresó a Estados Unidos. Durante el día trabajaba como técnica informática y en su tiempo libre hacía de voluntaria en talleres de bicicletas en Nueva York. El 11-S le pilló en la bici y, al igual que a otros muchos norteamericanos, le hizo replantearse su vida.
«Fue un momento en el que te planteabas: ¿Debería hacer algo diferente con mi vida?, ya sabes, en plan decisión trascendental. Dejé mi trabajo y estuve viajando en bici por el país. Pasé un par de semanas en Colorado, estuve en Minneapolis, Denver, un mes en Oregón… Supongo que fue durante esa etapa cuando se fraguó la idea de Second Life Bikes».
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Martin dice que si hubiera encontrado alguna otra oportunidad durante su viaje la hubiera tomado, pero el destino le hizo volver a su Nueva Jersey natal y fue en Asbury Park donde decidió dar el salto. Después de un año organizando un taller de bicicletas en el garaje de una iglesia, encontró el local donde trabaja ahora.
Cerca de 200 niños consiguen una bicicleta cada año a través de sus talleres, y el objetivo ahora es comprar el local para quedarse. «La idea de que las ONG tienen que sobrevivir con un presupuesto ajustado ha pasado a la historia. Ahora se puede soñar en grande y actuar en grande».
Kerry Martin quiere devolverle a Asbury Park toda la energía positiva que encuentra en las calles de una ciudad que ha sido azotada por la violencia y el abandono durante décadas. Hace ya unos diez años que arrancó el último proceso de revitalización y según Martin, Asbury Park rezuma tanto talento como cariño.

Aunque cada vez están más de moda, las bicicletas en ciertas zonas desfavorecidas de Estados Unidos son sinónimo de un sueldo bajo o un hogar sin medios económicos para mantener un automóvil. «Nosotros queremos que la bicicleta no sea solo una forma de ocio para el verano. Queremos que los niños vayan en bici y que sus padres vayan al trabajo o a la tienda de comestibles en la bicicleta. Queremos que todas las razas y los niveles de vida vayan en bici, y que nadie se sienta menos por ello».
Aunque la temporada de verano incrementa considerablemente el trabajo en la tienda, y después de participar como ponente en TEDx Talks, la idea de escribir un libro ronda la mente de Martin estos días. En un almacén con bicicletas que alcanzan el medio siglo de vida, el material no escasea.
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Un letrero de pizarra con letras de colores hace referencia al día 4 de julio en Estados Unidos. El cartel no festeja la independencia de la tierra de las barras y estrellas, sino la libertad de despojarse por unas horas, un día o una vida entera del eterno automóvil. En un país con una media de casi 800 autos por cada mil personas, apostar por las dos ruedas y los pedales es todavía un desafío, pero en Second Life Bikes lo tienen muy claro: «Declara tu independencia de la gasolina. ¡Monta en bici!».
El revolucionario letrero, montado sobre una extravagante bicicleta, da la bienvenida a un enorme almacén de techos altos. El local está plagado de bicis: oxidadas, relucientes, desmontadas, colgadas sobre la pared a modo de decoración, o boca abajo esperando a que alguien las repare. En medio de las herramientas y los tubos neumáticos también hay sitio para un ancho sofá, un piano con varias partituras y una pequeña encimera con café, galletas y cereales. En un plato de colores colgado sobre la pared se puede leer ‘Mi casa es tu casa’.
En Second Life Bikes no solo se reparan bicicletas. Las bicis son tanto un fin como una herramienta con la que mejorar la calidad de vida de la comunidad. Todos los días, de tres a cinco de la tarde, chavales de 12 a 18 años acuden a la tienda-taller para aprender a reparar bicicletas. Después de quince horas de trabajo, el aprendiz recibe su recompensa en especie: una bicicleta que se podrá llevar a casa. Algunos de ellos vuelven, otros no, pero la mayoría regresa de vez en cuando simplemente a pasar el rato. El trabajo en Second Life Bikes les deja huella a todos.
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«No esperamos que tengan o adquieran conocimientos sobre mecánica, pero esto tampoco es como un campamento de verano. Lo que buscamos es un proceso de aprendizaje que incluye la escucha, el mantenimiento del orden y la limpieza de los materiales… El fondo es proporcionarles herramientas más importantes para la vida, como saber mirar a las personas a los ojos y aprender a estrechar una mano», dice Kerry Martin, la mente y el corazón de Second Life Bikes desde hace casi una década.
Martin nació a unos kilómetros de la sede de Second Life Bikes, en Asbury Park, pero fue en Alemania donde encontró su pasión por los pedales. Después de un año dando clases de inglés regresó a Estados Unidos. Durante el día trabajaba como técnica informática y en su tiempo libre hacía de voluntaria en talleres de bicicletas en Nueva York. El 11-S le pilló en la bici y, al igual que a otros muchos norteamericanos, le hizo replantearse su vida.
«Fue un momento en el que te planteabas: ¿Debería hacer algo diferente con mi vida?, ya sabes, en plan decisión trascendental. Dejé mi trabajo y estuve viajando en bici por el país. Pasé un par de semanas en Colorado, estuve en Minneapolis, Denver, un mes en Oregón… Supongo que fue durante esa etapa cuando se fraguó la idea de Second Life Bikes».
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Martin dice que si hubiera encontrado alguna otra oportunidad durante su viaje la hubiera tomado, pero el destino le hizo volver a su Nueva Jersey natal y fue en Asbury Park donde decidió dar el salto. Después de un año organizando un taller de bicicletas en el garaje de una iglesia, encontró el local donde trabaja ahora.
Cerca de 200 niños consiguen una bicicleta cada año a través de sus talleres, y el objetivo ahora es comprar el local para quedarse. «La idea de que las ONG tienen que sobrevivir con un presupuesto ajustado ha pasado a la historia. Ahora se puede soñar en grande y actuar en grande».
Kerry Martin quiere devolverle a Asbury Park toda la energía positiva que encuentra en las calles de una ciudad que ha sido azotada por la violencia y el abandono durante décadas. Hace ya unos diez años que arrancó el último proceso de revitalización y según Martin, Asbury Park rezuma tanto talento como cariño.

Aunque cada vez están más de moda, las bicicletas en ciertas zonas desfavorecidas de Estados Unidos son sinónimo de un sueldo bajo o un hogar sin medios económicos para mantener un automóvil. «Nosotros queremos que la bicicleta no sea solo una forma de ocio para el verano. Queremos que los niños vayan en bici y que sus padres vayan al trabajo o a la tienda de comestibles en la bicicleta. Queremos que todas las razas y los niveles de vida vayan en bici, y que nadie se sienta menos por ello».
Aunque la temporada de verano incrementa considerablemente el trabajo en la tienda, y después de participar como ponente en TEDx Talks, la idea de escribir un libro ronda la mente de Martin estos días. En un almacén con bicicletas que alcanzan el medio siglo de vida, el material no escasea.
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Opiniones 1
  • Bonita historia. Se parece a la historia del taller de bicis de Pepe en el ESOA La Dragona. Y probablemente a la de otros tantos talleres DIY de los centros sociales de Madrid.

  • Comentarios cerrados.

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