13 de mayo 2021    /   CREATIVIDAD
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 Fotos de Kike Sempere

Seguro que conoces algún mural de Hyuro aunque no sepas quién fue ella

13 de mayo 2021    /   CREATIVIDAD     por          Fotos de Kike Sempere
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«Hyuro no pinta en la calle. Hyuro habla con la calle. Y lo hace con tanto respeto y cariño que somos los demás los que, al acercarnos, pintamos las paredes que ella tan solo susurra». Así hablaba el artista urbano valenciano Escif de Tamara Djurovic, más conocida como Hyuro.

Djurovic era una de las pocas muralistas femeninas que destacaron en una parcela tremendamente masculina. Quizá por eso sus obras estaban llenas de mujeres que reivindicaban su fuerza, su voz y su lugar en el mundo. Ellas llevan el peso de la vida sobre sí, pero raramente muestran el rostro o ni siquiera lo tienen. Como si en su anonimato residiera realmente su fuerza, su poder. Otras veces no son ni siquiera cuerpos, sino figuras sin cabeza reducidas a un vestido, una prenda sobre la que Hyuro quisiera volcar todo el significado, todo el sentido del mensaje.

 

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Quizá el ejemplo más representativo de ese gusto por el anonimato, por la ausencia de la figura humana para hacer llegar con rotundidad su mensaje, es el mural que tituló O que fica (Lo que queda) y que pintó en la ciudad de Belo Horizonte, en Brasil, para apoyar la legalización del aborto en ese país. Un vestido colgado de una percha, nada más. En su web lo describía así:

 

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«La imagen representa lo que queda, el vacío ante la pérdida de toda mujer que se ha enfrentado a la necesidad de provocar un aborto clandestino. La percha de la que cuelga el vestido simboliza un elemento de aguijón cotidiano, como puede ser una aguja de tejer, instrumentos con los que se siguen realizando abortos domésticos. El vestido no tiene fin, sigue debajo del edificio y seguirá hasta que esta ley no cambie».

La trayectoria internacional de Hyuro fue igual de rápida que su carrera. Apenas diez años en los que dejó su huella artística en las paredes de numerosos países: España, Alemania, Noruega, Brasil, México, Túnez, Estados Unidos, Marruecos… Su lenguaje, define Escif en la bio de la web de la artista, es sincero y cercano. Su universo, inquietante y seductor.

 

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«En su trabajo, Hyuro no habla de ella, habla con ella —afirmaba Escif—. Utiliza la pared como un espejo en el que se busca constantemente, y es en este proceso que la pintura rescata el eco de esa conversación que mantuvo con ella misma».

Tamara Djurovic nació en Buenos Aires (Argentina) y vino a España en 2005 para hacer el Máster de Producción Artística en la Universidad Politécnica de Valencia. Allí se estableció y allí murió en noviembre de 2020. Y ha sido esta ciudad mediterránea su gran lienzo, el lugar donde desarrolló la mayor parte de su trabajo y donde más presente está su obra.

 

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Mientras estudiaba ese máster, Hyuro ya empezó a mostrar interés en el arte urbano. Quería pintar muros, experimentar con esos espacios, y su director de trabajo de fin de máster, Juan Antonio Canales, la puso en contacto con Escif, un artista urbano que formaba parte de XLF (Por la Face), el colectivo de grafiteros valencianos que pintaba desde 2003 las paredes de la ciudad, en especial en el barrio del Carmen. Hyuro pintó su primer muro en 2009 y ya no paró.

«Entonces estaba dando clases de arte para niños, así que cuando empecé a pintar estas paredes no tenía ni idea de las posibilidades o las oportunidades que traerían: los viajes, el crecimiento y cómo me permitía compartirme con el mundo», contaba la artista en una entrevista para la revista norteamericana Juxtapoz.

 

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Las paredes se convirtieron en el medio por el que podía mantener un diálogo con ella misma y con quienes miraran después sus murales. Aunque no se sentía especialmente apegada a su obra. «Cuando termino un mural, ya no me pertenece», afirmaba en esa misma entrevista. Los muros se convirtieron en los lienzos donde hablaba de todas las cosas que la inquietaban y donde denunciaba injusticias sociales.

Entre sus muros más icónicos está el que pintó en el barrio de La Punta, en Valencia, en 2018, como parte del proyecto reivindicativo Sense Murs impulsado por Escif. En él, una mujer con el rostro tapado, como la inmensa mayoría de los personajes femeninos que pintó, defiende a tomatazos la huerta amenazada por la especulación urbanística.

 

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«La acción de arrojar tomates significa universalmente rechazo. Este muro habla de rechazo a todos estos proyectos urbanos desenfrenados, depredadores, impulsados por sus propios intereses sin tener en cuenta la vida y los derechos de las personas». Así describía la artista argentina este mural.

También destaca el que pintó en el Barrio del Cabanyal, en Valencia, en homenaje a la científica y urbanista feminista Jane Jacobs. El mural formaba parte del proyecto Mujeres de Ciencia, de la Universidad Politécnica de Valencia.

«Ella ha estado en esos diez años en cualquier parte del mundo. Y siempre alrededor de ese campo semántico, de esa cantidad de metáforas que hablan de la mujer, de su posición en la sociedad, de ella misma y de sus inquietudes… Es esa capacidad que tienen los artistas de relacionar y de hacer universal lo personal», valora su trayectoria Juan Antonio Canales, su profesor y director de su TFM en la UPV.

 

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«Su importancia ha sido, primero, por su trascendencia y profundidad. Y, poco a poco, por cómo ha ido aprendiendo. Sus primeras intervenciones eran de una línea sensible, más o menos valorativa, que la podía relacionar con la ilustración, con el art déco, con una serie de símbolos, además, muy vinculados también a su formación tanto en bellas artes, en Argentina, como cuando estuvo estudiando aquí. Pero también por su origen. Y ha sido paralelo el desarrollo del street art, del arte urbano, como fenómeno global y universal (aquí, en Valencia, de la mano de Escif), con su crecimiento como artista», concluye Canales.

 

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Son razones suficientes para que la universidad donde estudió en Valencia y sus amigos, todos artistas urbanos, quieran rendirla homenaje. Por eso, este año el festival Poliniza Dos, que organiza la Universidad Politécnica de Valencia desde 2006, está dedicado a su figura. Tanto que ha cambiado su nombre por el de Poliniza Dos x Hyuro. El encuentro ha reunido durante toda esta semana a nueve artistas urbanos como el propio Escif, Daniel Muñoz, Axel Void y Aruallan, entre otros (todos estrechamente relacionados con Tamara Djurovic), que han pintado diversos muros de la facultad de Bellas Artes como homenaje a la artista argentina.

Además, el festival ha organizado también una mesa redonda titulada Rompiendo el muro de cristal en torno a su figura, coordinado por una de sus amigas valencias y profesora de la facultad de Bellas Artes en la UPV, Mijo Miquel (Mijo Mik), en la que también estarán Vinz Feel Free, Galleta María, Inma Milán y Laura Aurallán.

El encuentro se completa con una exposición de la obra de Tamara Djurovic, comisariada por Ricardo Forriols, con sus dibujos, bocetos, acuarelas y fotografías de sus murales, junto a otros materiales cedidos por los artistas invitados. La idea es reconstruir el proceso de trabajo de Hyuro y contar su evolución a lo largo de su breve pero significativa trayectoria artística. La exposición estará abierta al público hasta el 1 de julio.

La propia Hyuro participó en dos ocasiones como invitada en este encuentro. La primera fue en 2011, cuando el festival estaba comisariado por Juan Antonio Canales. «Aquel muro de 4 x 6 metros lo resolvió con un precioso dibujo, compositiva y gráficamente impecable, con una factura lineal que podía recordar al modernismo simbolista de principios del siglo XX, pero absolutamente personal en su concepción», explica el profesor.

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Cuatro años más tarde, en 2015, volvió a participar en el evento. «Entonces Hyuro creó Contemplando el vacío para la pared grande del decanato de la facultad de Bellas Artes. La imagen se inspiró en sus paseos por las aulas y pasillos cercanos, aunque todos los personajes femeninos representados eran ella misma. Por desgracia, según la dinámica seguida por el festival, no conservamos ninguno de los dos murales».

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«Hyuro no pinta en la calle. Hyuro habla con la calle. Y lo hace con tanto respeto y cariño que somos los demás los que, al acercarnos, pintamos las paredes que ella tan solo susurra». Así hablaba el artista urbano valenciano Escif de Tamara Djurovic, más conocida como Hyuro.

Djurovic era una de las pocas muralistas femeninas que destacaron en una parcela tremendamente masculina. Quizá por eso sus obras estaban llenas de mujeres que reivindicaban su fuerza, su voz y su lugar en el mundo. Ellas llevan el peso de la vida sobre sí, pero raramente muestran el rostro o ni siquiera lo tienen. Como si en su anonimato residiera realmente su fuerza, su poder. Otras veces no son ni siquiera cuerpos, sino figuras sin cabeza reducidas a un vestido, una prenda sobre la que Hyuro quisiera volcar todo el significado, todo el sentido del mensaje.

 

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Quizá el ejemplo más representativo de ese gusto por el anonimato, por la ausencia de la figura humana para hacer llegar con rotundidad su mensaje, es el mural que tituló O que fica (Lo que queda) y que pintó en la ciudad de Belo Horizonte, en Brasil, para apoyar la legalización del aborto en ese país. Un vestido colgado de una percha, nada más. En su web lo describía así:

 

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La trayectoria internacional de Hyuro fue igual de rápida que su carrera. Apenas diez años en los que dejó su huella artística en las paredes de numerosos países: España, Alemania, Noruega, Brasil, México, Túnez, Estados Unidos, Marruecos… Su lenguaje, define Escif en la bio de la web de la artista, es sincero y cercano. Su universo, inquietante y seductor.

 

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«En su trabajo, Hyuro no habla de ella, habla con ella —afirmaba Escif—. Utiliza la pared como un espejo en el que se busca constantemente, y es en este proceso que la pintura rescata el eco de esa conversación que mantuvo con ella misma».

Tamara Djurovic nació en Buenos Aires (Argentina) y vino a España en 2005 para hacer el Máster de Producción Artística en la Universidad Politécnica de Valencia. Allí se estableció y allí murió en noviembre de 2020. Y ha sido esta ciudad mediterránea su gran lienzo, el lugar donde desarrolló la mayor parte de su trabajo y donde más presente está su obra.

 

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«Entonces estaba dando clases de arte para niños, así que cuando empecé a pintar estas paredes no tenía ni idea de las posibilidades o las oportunidades que traerían: los viajes, el crecimiento y cómo me permitía compartirme con el mundo», contaba la artista en una entrevista para la revista norteamericana Juxtapoz.

 

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Las paredes se convirtieron en el medio por el que podía mantener un diálogo con ella misma y con quienes miraran después sus murales. Aunque no se sentía especialmente apegada a su obra. «Cuando termino un mural, ya no me pertenece», afirmaba en esa misma entrevista. Los muros se convirtieron en los lienzos donde hablaba de todas las cosas que la inquietaban y donde denunciaba injusticias sociales.

Entre sus muros más icónicos está el que pintó en el barrio de La Punta, en Valencia, en 2018, como parte del proyecto reivindicativo Sense Murs impulsado por Escif. En él, una mujer con el rostro tapado, como la inmensa mayoría de los personajes femeninos que pintó, defiende a tomatazos la huerta amenazada por la especulación urbanística.

 

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«La acción de arrojar tomates significa universalmente rechazo. Este muro habla de rechazo a todos estos proyectos urbanos desenfrenados, depredadores, impulsados por sus propios intereses sin tener en cuenta la vida y los derechos de las personas». Así describía la artista argentina este mural.

También destaca el que pintó en el Barrio del Cabanyal, en Valencia, en homenaje a la científica y urbanista feminista Jane Jacobs. El mural formaba parte del proyecto Mujeres de Ciencia, de la Universidad Politécnica de Valencia.

«Ella ha estado en esos diez años en cualquier parte del mundo. Y siempre alrededor de ese campo semántico, de esa cantidad de metáforas que hablan de la mujer, de su posición en la sociedad, de ella misma y de sus inquietudes… Es esa capacidad que tienen los artistas de relacionar y de hacer universal lo personal», valora su trayectoria Juan Antonio Canales, su profesor y director de su TFM en la UPV.

 

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Son razones suficientes para que la universidad donde estudió en Valencia y sus amigos, todos artistas urbanos, quieran rendirla homenaje. Por eso, este año el festival Poliniza Dos, que organiza la Universidad Politécnica de Valencia desde 2006, está dedicado a su figura. Tanto que ha cambiado su nombre por el de Poliniza Dos x Hyuro. El encuentro ha reunido durante toda esta semana a nueve artistas urbanos como el propio Escif, Daniel Muñoz, Axel Void y Aruallan, entre otros (todos estrechamente relacionados con Tamara Djurovic), que han pintado diversos muros de la facultad de Bellas Artes como homenaje a la artista argentina.

Además, el festival ha organizado también una mesa redonda titulada Rompiendo el muro de cristal en torno a su figura, coordinado por una de sus amigas valencias y profesora de la facultad de Bellas Artes en la UPV, Mijo Miquel (Mijo Mik), en la que también estarán Vinz Feel Free, Galleta María, Inma Milán y Laura Aurallán.

El encuentro se completa con una exposición de la obra de Tamara Djurovic, comisariada por Ricardo Forriols, con sus dibujos, bocetos, acuarelas y fotografías de sus murales, junto a otros materiales cedidos por los artistas invitados. La idea es reconstruir el proceso de trabajo de Hyuro y contar su evolución a lo largo de su breve pero significativa trayectoria artística. La exposición estará abierta al público hasta el 1 de julio.

La propia Hyuro participó en dos ocasiones como invitada en este encuentro. La primera fue en 2011, cuando el festival estaba comisariado por Juan Antonio Canales. «Aquel muro de 4 x 6 metros lo resolvió con un precioso dibujo, compositiva y gráficamente impecable, con una factura lineal que podía recordar al modernismo simbolista de principios del siglo XX, pero absolutamente personal en su concepción», explica el profesor.

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