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27 de enero 2015    /   ENTRETENIMIENTO
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'Ser sangre': descomponiendo el álbum familiar

27 de enero 2015    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Para leer Ser sangre, el libro fotográfico que firma Iñaki Domingo, hay que romper el papel que lo envuelve como si fuera un regalo. Es una fotografía familiar. Posada, fingida, perfecta. El retrato que coronaría cualquier álbum de fotos es sacrificado nada más abrir un libro que nace como homenaje y crítica a este formato. «Quiero que el espectador se tenga que implicar activamente destruyendo la imagen de un retrato de familia y así, de forma simbólica, se cuestione el contenido que representa el álbum de fotos», dice este fotógrafo madrileño.
Ser sangre es un compendio de fotografías, recortes y escritos. Es un proyecto que trasciende la fotografía para centrarse en esta. Domingo quiere con su libro revisar los esquemas del álbum fotográfico, los que lo han convertido en «una colección de sonrisas congeladas que no suele prestar atención a otras situaciones». «La vida», continúa el autor, «no son solo esos momentos fugaces, esos momentos mínimos de felicidad. También hay aburrimiento, hastío y tristeza». Ser sangre repasa todos ellos navegando entre lo cotidiano y lo mágico, entre lo corriente y lo extraordinario. Su mérito es encerrar entre sus tapas la esencia del verano familiar. El de gazpacho fresco y largas siestas, el de lecturas pausadas y juegos en la orilla. El verano que no fotografiamos, el que vivimos.
ID_REPROS_SERSANGRE_009
El proyecto parte de una acción colectiva que dirigió y fotografió Domingo, pero en la que participaron todos los miembros de su familia. «Después de muchos años dedicándome a la fotografía seguían preguntándome a qué me dedico», comenta sobre esta pequeña gesta familiar; «sabían que soy fotógrafo pero no acababan de entender en qué consistía mi día a día, así que les propuse formar parte del mismo, hacer un proyecto conjunto aprovechando la época en la que más tiempo pasamos juntos: las vacaciones».
«El tío Iñaki me ha dicho que no le ayudaba con las fotos, que si quería ser su asistente tenía que estar pendiente e ir detrás de él», comenta uno de los niños en el libro, repasando el momento más feliz y el más triste del día. «Entendía que estaban de vacaciones y que no se iban a dar una paliza», comenta sonriente Domingo cuando se le repiten las palabras de su sobrino. «Las posibles carencias intentaba cubrirlas yo, pero les di unas mínimas instrucciones: ‘me será más fácil fotografiar acciones visualmente atractivas’». Bodypainting, performances, recetas de cocina y hasta dibujos, la troupe Domingo se volcó, poco a poco, en el proyecto. «La verdad es que ellos han sido extremadamente generosos», reflexiona el autor. «Puede que algunas aproximaciones fueran un tanto naif, pero era curioso porque estaban adueñándose, desde el desconocimiento, de prácticas comunes en el mundo del arte contemporáneo».
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ID_REPROS_SERSANGRE_021 ID_REPROS_SERSANGRE_005
Domingo inmortalizó todos esos momentos en casi un centenar de fotografías que sumergen al espectador en el día a día de esta gran familia, llegando a tener la impresión de ser un voyeur espiando la vida real, no aquella que censura la naturalidad a golpe de flash.
Ser sangre supone una reflexión sobre el álbum de fotos en un momento en el que apenas hay álbumes de fotos. «Es una manera de dar una forma física a las experiencias que vivimos. Son contenedores de memoria íntima», defiende Domingo al respecto, «y no descarto que de aquí a unos años la gente vuelva a imprimir sus fotografías». En cualquier caso, en la actualidad las redes sociales han hecho que volquemos todas nuestras instantáneas en la red. Sin embargo la obsesión por la felicidad no se ha mitigado, acentuándose si cabe aún más en esta época de exhibicionismo sentimental, donde la aprobación social se cuantifica en likes y las sonrisas cotizan al alza en retuits. La foto posada y ensayada ha sido sustituida por los selfis, que eliminan lo superfluo y se centran en lo importante, en nosotros, en nuestra enorme sonrisa autómata.
Dentro de Ser sangre hay instantáneas del proceso de posado, del antes y el después de la foto que sirve de portada efímera. Hay también un espacio en blanco que debería ocupar esta instantánea. El autor la ha obviado porque Ser Sangre quiere ser un reflejo de lo que es la vida. Y la vida, a veces, es eso que pasa cuando no estamos posando para la cámara.
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Para leer Ser sangre, el libro fotográfico que firma Iñaki Domingo, hay que romper el papel que lo envuelve como si fuera un regalo. Es una fotografía familiar. Posada, fingida, perfecta. El retrato que coronaría cualquier álbum de fotos es sacrificado nada más abrir un libro que nace como homenaje y crítica a este formato. «Quiero que el espectador se tenga que implicar activamente destruyendo la imagen de un retrato de familia y así, de forma simbólica, se cuestione el contenido que representa el álbum de fotos», dice este fotógrafo madrileño.
Ser sangre es un compendio de fotografías, recortes y escritos. Es un proyecto que trasciende la fotografía para centrarse en esta. Domingo quiere con su libro revisar los esquemas del álbum fotográfico, los que lo han convertido en «una colección de sonrisas congeladas que no suele prestar atención a otras situaciones». «La vida», continúa el autor, «no son solo esos momentos fugaces, esos momentos mínimos de felicidad. También hay aburrimiento, hastío y tristeza». Ser sangre repasa todos ellos navegando entre lo cotidiano y lo mágico, entre lo corriente y lo extraordinario. Su mérito es encerrar entre sus tapas la esencia del verano familiar. El de gazpacho fresco y largas siestas, el de lecturas pausadas y juegos en la orilla. El verano que no fotografiamos, el que vivimos.
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El proyecto parte de una acción colectiva que dirigió y fotografió Domingo, pero en la que participaron todos los miembros de su familia. «Después de muchos años dedicándome a la fotografía seguían preguntándome a qué me dedico», comenta sobre esta pequeña gesta familiar; «sabían que soy fotógrafo pero no acababan de entender en qué consistía mi día a día, así que les propuse formar parte del mismo, hacer un proyecto conjunto aprovechando la época en la que más tiempo pasamos juntos: las vacaciones».
«El tío Iñaki me ha dicho que no le ayudaba con las fotos, que si quería ser su asistente tenía que estar pendiente e ir detrás de él», comenta uno de los niños en el libro, repasando el momento más feliz y el más triste del día. «Entendía que estaban de vacaciones y que no se iban a dar una paliza», comenta sonriente Domingo cuando se le repiten las palabras de su sobrino. «Las posibles carencias intentaba cubrirlas yo, pero les di unas mínimas instrucciones: ‘me será más fácil fotografiar acciones visualmente atractivas’». Bodypainting, performances, recetas de cocina y hasta dibujos, la troupe Domingo se volcó, poco a poco, en el proyecto. «La verdad es que ellos han sido extremadamente generosos», reflexiona el autor. «Puede que algunas aproximaciones fueran un tanto naif, pero era curioso porque estaban adueñándose, desde el desconocimiento, de prácticas comunes en el mundo del arte contemporáneo».
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Domingo inmortalizó todos esos momentos en casi un centenar de fotografías que sumergen al espectador en el día a día de esta gran familia, llegando a tener la impresión de ser un voyeur espiando la vida real, no aquella que censura la naturalidad a golpe de flash.
Ser sangre supone una reflexión sobre el álbum de fotos en un momento en el que apenas hay álbumes de fotos. «Es una manera de dar una forma física a las experiencias que vivimos. Son contenedores de memoria íntima», defiende Domingo al respecto, «y no descarto que de aquí a unos años la gente vuelva a imprimir sus fotografías». En cualquier caso, en la actualidad las redes sociales han hecho que volquemos todas nuestras instantáneas en la red. Sin embargo la obsesión por la felicidad no se ha mitigado, acentuándose si cabe aún más en esta época de exhibicionismo sentimental, donde la aprobación social se cuantifica en likes y las sonrisas cotizan al alza en retuits. La foto posada y ensayada ha sido sustituida por los selfis, que eliminan lo superfluo y se centran en lo importante, en nosotros, en nuestra enorme sonrisa autómata.
Dentro de Ser sangre hay instantáneas del proceso de posado, del antes y el después de la foto que sirve de portada efímera. Hay también un espacio en blanco que debería ocupar esta instantánea. El autor la ha obviado porque Ser Sangre quiere ser un reflejo de lo que es la vida. Y la vida, a veces, es eso que pasa cuando no estamos posando para la cámara.
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