22 de febrero 2010    /   DIGITAL
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Ser un early «abandoner» es una opción

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Estamos abrumados. Bombardeados. Aturdidos. Sobreexpuestos. Cada equis cantidad de días aparece algo que se apodera de la atención de aquellos que trabajan de alguna manera relacionados con las nuevas tecnologías y/o nuevos medios (comunicadores, publicistas, economistas, tecnólogos, investigadores, periodistas y un laaaargo etc.) de una manera furiosa y en apariencia imparable.

Que el Kindle hace que Amazon venda más ebooks para las fiestas que libros tradicionales, que hay que probar Formspring.me ya que todos están usándolo, que qué ganas nos dan aunque no sepamos bien si vale la pena tener un iPad para ver qué onda, que el chico ruso de 17 años creó Chatroulette y se le fue de las manos y probemos entrando a ver porqué es un éxito, que si no usas Gowalla deberías usar FourSquare para dar a conocer por dónde andas y qué estás haciendo, que si no actualizas Twitter cada par de horas dejas de ser relevante… UN MOMENTO, GENTE, PAREMOS UN POCO.

El sociólogo estadounidense Everett Rogers acuñó allá por comienzos de los 60s el término early adopter, al desarrollar su Teoría de las Innovaciones y sus diferentes categorías de individuos en relación a dichas innovaciones. Y en esa categoría está el grupete mencionado en el primer párrafo, expuesto y dispuesto a utilizar con fruición cada cosa nueva que se asoma al mercado de manera incipiente. Y allí comienza la manía. La manía de estar conectado a todo ello, en la mayor parte de los casos, todo el tiempo.

Laptops, netbooks, smartphones y otros aparatejos nos dan la posibilidad de la conexión 24/7 y la exposición a la reacción colectiva y primal de «hay que tenerlo, no sé bien para qué, pero ya veremos…». Y de repente nos encontramos -a veces voluntaria y otras involuntariamente- administrando perfiles, nombres de usuarios y claves que influyen directa e indirectamente en nuestras vidas en ámbitos profesionales, personales y familiares.

Y usamos como si sobrara un bien no renovable, el tiempo, paradójicamente bajo la creencia de que muchas de esas herramientas nos permitirán administrarlo y aprovecharlo mejor. ¿Es tan así? ¿De veras debemos adoptar cada cosa nueva y adosarla a nuestra rutina en pos de tener cada vez más acceso a potencialmente todo aquello que alguna vez nos será útil o beneficioso? ¿No estaremos desarrallando cierta adicción y como con toda adicción nos es imposible ver ello pues estamos adentro? (Es conocido aquello de «Lo tomo cuando quiero y cuando quiero lo dejo, lo puedo manejar…» ¿no?) Seguramente hemos tenido nuestro momento Enjuto Mojamuto…

Es quizá por lo que afirma el neurocientista Jaak Panksepp que después de estudiar toda clase de mamíferos y sus emociones, llegó a la conclusión de que la búsqueda (tanto abstracta como tangible) es el motor que motiva a salir de la cama, enfrentar el día y aventurarse al mundo. Este motor es alimentado por una hormona neurotransmisora, la dopamina. De hecho se cree que la misma tiene influencias sobre nuestro sentido del tiempo. (Y de nuevo caemos en el tiempo, que no nos sobra, o al menos eso es lo que parece). Panksepp dice que la dopamina es activada por la búsqueda de encontrar algo inesperado o por la expectativa que genera «lo nuevo». ¿Te suena conocido? ¿Nunca te sentaste frente a Internet sin un plan y expectante por ver qué de nuevo aparecía?

Acá estamos entonces, abrumados. Bombardeados. Aturdidos. Sobreexpuestos. Y más de uno de nosotros debe estar sufriendo su dosis del síndrome de Atención Parcial Continua. Esos impulsos irrefrenables de consultar fuentes de información, de compartirla, de distribuirla, de resignificarla, con el el afán de comprobar que no nos perdemos de nada o casi nada. Síndrome que se hace presente en los ratos libres, durante la jornada de estudio o durante el trabajo (Y no, estar todo el tiempo conectado a todo ello no es trabajar, señores «consultores 2.0» y demás ninjas y gurúes tecnofetichistas). ¿Se puede luchar contra esto? Claro que sí, requiere un poco de voluntad, y otro poco de no prestarle atención al qué dirán.

Es tomar la decisión de ser un early «abandoner» (o como se nos dé en gana llamarlo). Dejar aquello que realmente no necesitemos, que no nos sume a nuestros intereses, ocupaciones y vidas. Estuve en Facebook un tiempo y me fui hace 18 meses. Y no me pierdo de nada de lo que me interesa y aún puedo contactar a aquellas personas con las que quiero tener algún tipo de contacto vía teléfono, SMS, email (y hace un tiempo vía los DMs de Twitter, claro). Y va todo bien.

Probé el famoso Formspring, me aburrió y lo abandoné, no hay que insistir. Y me salí de Google Buzz ni bien noté que me tocaba la paciencia en mi inbox y que me mostraba posteos de gente a la que no conozco y de la cual no tengo en este momento necesidad ni interés de saber qué opinan sobre temas o tópicos que tampoco tenemos en común.

Jamás adopté Delicious y voy por la vida recomendando links a aquellas personas que les importa vía email, instant messaging o en una simple conversación cara a cara. Claro que uso algunas herramientas y plataformas que me son útiles como Twitter, LinkedIn, alguna que otra red de nicho basada en Ning, disfruto música en Spotify y echo mano a un par más de esto chiches, pero NO TODOS.

No es necesario sobreexponerse durante tanto tiempo a tantos estímulos tecnológicos, para un día darnos cuenta de que nuestras rutinas y maneras de percibir la realidad dependen al 100% de vivir pendientes de ellos. NO HAY QUE USAR todo lo nuevo que sale y que parece que si no estamos ahí, quedamos afuera. Estar «afuera» no está mal, es tan solo volver a ser un poco más nosotros mismos. ¿Adopters o abandoners, qué piensan?

Fernando Barbella es director creativo interactivo de BBDO Argentina

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Estamos abrumados. Bombardeados. Aturdidos. Sobreexpuestos. Cada equis cantidad de días aparece algo que se apodera de la atención de aquellos que trabajan de alguna manera relacionados con las nuevas tecnologías y/o nuevos medios (comunicadores, publicistas, economistas, tecnólogos, investigadores, periodistas y un laaaargo etc.) de una manera furiosa y en apariencia imparable.

Que el Kindle hace que Amazon venda más ebooks para las fiestas que libros tradicionales, que hay que probar Formspring.me ya que todos están usándolo, que qué ganas nos dan aunque no sepamos bien si vale la pena tener un iPad para ver qué onda, que el chico ruso de 17 años creó Chatroulette y se le fue de las manos y probemos entrando a ver porqué es un éxito, que si no usas Gowalla deberías usar FourSquare para dar a conocer por dónde andas y qué estás haciendo, que si no actualizas Twitter cada par de horas dejas de ser relevante… UN MOMENTO, GENTE, PAREMOS UN POCO.

El sociólogo estadounidense Everett Rogers acuñó allá por comienzos de los 60s el término early adopter, al desarrollar su Teoría de las Innovaciones y sus diferentes categorías de individuos en relación a dichas innovaciones. Y en esa categoría está el grupete mencionado en el primer párrafo, expuesto y dispuesto a utilizar con fruición cada cosa nueva que se asoma al mercado de manera incipiente. Y allí comienza la manía. La manía de estar conectado a todo ello, en la mayor parte de los casos, todo el tiempo.

Laptops, netbooks, smartphones y otros aparatejos nos dan la posibilidad de la conexión 24/7 y la exposición a la reacción colectiva y primal de «hay que tenerlo, no sé bien para qué, pero ya veremos…». Y de repente nos encontramos -a veces voluntaria y otras involuntariamente- administrando perfiles, nombres de usuarios y claves que influyen directa e indirectamente en nuestras vidas en ámbitos profesionales, personales y familiares.

Y usamos como si sobrara un bien no renovable, el tiempo, paradójicamente bajo la creencia de que muchas de esas herramientas nos permitirán administrarlo y aprovecharlo mejor. ¿Es tan así? ¿De veras debemos adoptar cada cosa nueva y adosarla a nuestra rutina en pos de tener cada vez más acceso a potencialmente todo aquello que alguna vez nos será útil o beneficioso? ¿No estaremos desarrallando cierta adicción y como con toda adicción nos es imposible ver ello pues estamos adentro? (Es conocido aquello de «Lo tomo cuando quiero y cuando quiero lo dejo, lo puedo manejar…» ¿no?) Seguramente hemos tenido nuestro momento Enjuto Mojamuto…

Es quizá por lo que afirma el neurocientista Jaak Panksepp que después de estudiar toda clase de mamíferos y sus emociones, llegó a la conclusión de que la búsqueda (tanto abstracta como tangible) es el motor que motiva a salir de la cama, enfrentar el día y aventurarse al mundo. Este motor es alimentado por una hormona neurotransmisora, la dopamina. De hecho se cree que la misma tiene influencias sobre nuestro sentido del tiempo. (Y de nuevo caemos en el tiempo, que no nos sobra, o al menos eso es lo que parece). Panksepp dice que la dopamina es activada por la búsqueda de encontrar algo inesperado o por la expectativa que genera «lo nuevo». ¿Te suena conocido? ¿Nunca te sentaste frente a Internet sin un plan y expectante por ver qué de nuevo aparecía?

Acá estamos entonces, abrumados. Bombardeados. Aturdidos. Sobreexpuestos. Y más de uno de nosotros debe estar sufriendo su dosis del síndrome de Atención Parcial Continua. Esos impulsos irrefrenables de consultar fuentes de información, de compartirla, de distribuirla, de resignificarla, con el el afán de comprobar que no nos perdemos de nada o casi nada. Síndrome que se hace presente en los ratos libres, durante la jornada de estudio o durante el trabajo (Y no, estar todo el tiempo conectado a todo ello no es trabajar, señores «consultores 2.0» y demás ninjas y gurúes tecnofetichistas). ¿Se puede luchar contra esto? Claro que sí, requiere un poco de voluntad, y otro poco de no prestarle atención al qué dirán.

Es tomar la decisión de ser un early «abandoner» (o como se nos dé en gana llamarlo). Dejar aquello que realmente no necesitemos, que no nos sume a nuestros intereses, ocupaciones y vidas. Estuve en Facebook un tiempo y me fui hace 18 meses. Y no me pierdo de nada de lo que me interesa y aún puedo contactar a aquellas personas con las que quiero tener algún tipo de contacto vía teléfono, SMS, email (y hace un tiempo vía los DMs de Twitter, claro). Y va todo bien.

Probé el famoso Formspring, me aburrió y lo abandoné, no hay que insistir. Y me salí de Google Buzz ni bien noté que me tocaba la paciencia en mi inbox y que me mostraba posteos de gente a la que no conozco y de la cual no tengo en este momento necesidad ni interés de saber qué opinan sobre temas o tópicos que tampoco tenemos en común.

Jamás adopté Delicious y voy por la vida recomendando links a aquellas personas que les importa vía email, instant messaging o en una simple conversación cara a cara. Claro que uso algunas herramientas y plataformas que me son útiles como Twitter, LinkedIn, alguna que otra red de nicho basada en Ning, disfruto música en Spotify y echo mano a un par más de esto chiches, pero NO TODOS.

No es necesario sobreexponerse durante tanto tiempo a tantos estímulos tecnológicos, para un día darnos cuenta de que nuestras rutinas y maneras de percibir la realidad dependen al 100% de vivir pendientes de ellos. NO HAY QUE USAR todo lo nuevo que sale y que parece que si no estamos ahí, quedamos afuera. Estar «afuera» no está mal, es tan solo volver a ser un poco más nosotros mismos. ¿Adopters o abandoners, qué piensan?

Fernando Barbella es director creativo interactivo de BBDO Argentina

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Opiniones 33
  • Está claro que no podemos llevarlo todo por delante. Cada vez hay más redes sociales y aplicaciones. Uno, sin darse cuenta, entra en este círculo vicioso que cada vez te deja con menos tiempo para lo que realmente importa.
    Me quedo con twitter y llevo unos días dejando atrás lo que realmente me hace perder el tiempo.

  • Bien visto

    A mi me gusta facebook para recibir noticias (Mashable, Faris Yakob…), pero tienes razón en los excesos.

    Estar una temporada sin redes sociales puede ser muy positivo para percibir en propias carnes los cambios mentales que experimentamos. Y luego ya, cada uno…

  • Que buen post! y muy bien elegido el nombre de Early abandoner, personalmente uso Twitter, Linkedin, Slideshare y para de contar. Confieso que fuí un adicto a crear perfiles, tengo en Delicious, Plurk, Places, Foursquare, Formspring, Robo.to, Tumblr, Flickr, Youtube, Facebook, y cuanta cosa fue saliendo, pero al final el tiempo es el que manda y sencillamente no me doy la lata. Prefiero estar leyendo un buen libro y pasearme en las mañanas por el reader de Google. Buzz?, ya me tiene chato.

    saludos desde Chile 😉

  • Está claro que eres un abandoner pero lo de early…

    Llevamos años metidos en esta rueda frenética que yo viví por primera vez con hotmail en su día… hace tanto que hasta puse mi nombre y eso que es muy común… (tipo luis lopez p. ej.)

    Me flipó tanto el mundo de internet que lo di todo hasta saturarme…

    Hoy en día personalmente si que me considero un «early abandoner» lo digital es abundancia de información a cambio de su desnaturalización, es rectilíneo, cuadrado, angular, no existen las curvas ni los matices, solo su imitación.

    Música, cine, foto, juego, tiempo, etc.. en analógico desde hace años porque me gusta la imperfección, el ruido y la duda…

    Creo que somos unos cuantos y sólo quería dejarlo claro antes de que alguien haga creer que es una nueva tendencia.

    También tengo que decir que es un sentimiento personal y que no pretende ir en contra de el maravlloso mundo digital, para gustos colores… ( O millones ó infinitos)

    Para los «too late abandoners»

  • Cuánta razón tienes. Hay que ser muy selectivos con la hiperoferta online. Y mirar de vez en cuando al cielo y al mar…..

  • ¡Por fin alguien sensato! ¿Quién hace cuentas sobre el tiempo que pierde con chorradas en las webs, en las RRSS, en correos no solicitados o viendo videos bizarros?. !Detrás de la pantalla está la playa!

  • Utiliza lo que quieras… pero que mejore tu vida no que la empeore… por eso «adoptas» y «abandonas»…. pero no empeores. Todo satura porque la vida a veces satura… incluidos los amigos 🙂 Un abrazo y excelente artículo!!

  • Enhorabuena por tu valiente post, Fernando! Sintonizo mucho con él porque últimamente me tocan mucho las narices algunos de los fenómenos de moda. Me refiero a Foursquare y Formspring, cuya aparición en Twitter me provoca sarpullidos, y Google Buzz, que desconecté a los 3 días de haberlo probado por idénticas razones que las que das.

    Gracias por abordar el debate, tan necesario y que tanto escocerá a esos que hacen de las nuevas herramientas una Biblia. Veremos si ardemos en la ‘ciberhoguera’ 😉

  • Gracias por hablar tan claro!!!
    Supongo que es como con todo en la vida cuestión de prioridades, primero pruebas y te quedas con lo que más te gusta o más te aporta…
    Y por eso, no pienso dejar de leer Yorokobu…

  • Vale, ya sé lo que siento desde hace tiempo. Creí que era algo muy chungo, es simplemente chungo, y hay gente que piensa igual. reconforta

  • Precisamente sta tarde me preguntaba hasta qué punto debo o no, implicarme en toda esta vorágine surrealista.

    Personalmente prefiero mil veces comunicándome «en tiempo real» con cosas tocables como por ejemplo mi gato Dunga.

    Pero trabajo como comunicadora y por lo tanto deseo conocer y comprender todo esto, aunque la velocidad de las novedades es como dices, agotadora.

    Así es que me planteo el asunto como parte del curro, es decir: cierro a las 8, hora a partir de la cual vuelvo a mi forma tridimensional de nacimiento.

  • Buen post Fernando!, es el momento de saturación y pérdida de confianza al social media, y lo estoy viendo en muchos blogs esta semana. Creo que estamos entrando a una época de fractura y debemos luego de poner enrumbarnos bien!

  • Tienes toda la razón. Es cierto que por nuestra profesión tenemos prácticamente la obligación- y en mi caso, la curiosidad – de probar prácticamente todo lo que aparece para ver de qué va y cómo lo podemos aprovechar, bien para nosotros o para nuestros clientes.

    Pero una vez probado y evaluado, si ves que te sirve a tí personalmente, lo usas. Si no, va al archivo.

    Yo tengo personalidades «zombies» – almas en pena que residen en purgatorios como del.icio.us que nunca visito – a mogollón. Lo que pasa es que soy menos radical que tú y no me molesto en «retirarlas», lo que quizá sería una obra de caridad.

    Excelente post. Yo llevaba un tiempo dandole vueltas para hacer uno parecido para Anuncios, pero te has adelantado.

    Un abrazo.

  • Totally de acuerdo, no puede ser más cierto. Ya está bien de saberlo todo de todo y no enterarse de nada.. Siempre hay innovación en el sector tecnológico, cada día de la vida. Aunque está bien que las estrategias incorporen en su plan táctico las novedades que puedan ser interesantes para los usuarios y las marcas, lo más importante es que como usuario no te dejes arrastrar por tu lado malo, el digital…jeje
    No me enrrollo más, sólo que me gustaría deciros que los que optéis por no estar 10 horas al día delante del ordenador y enganchados al móvil tendréis un 65% menos de posibilidades de desarrollar algún tipo de tumor cerebral.
    Viva la tecnología para momentos puntuales!

  • Muy bueno el post. Hace tiempo alguien me dijo que Internet contribuye a la deshumanización de las relaciones, no sé si hay que ser tan drástico, pero desde luego como todo hay que saber dosificarse. ¿Terminaremos siendo como los Hikikomori japoneses, aislados en su habitación y cuya única relación con el exterior es Internet?

  • Fernando te pusiste rebelde!
    De todas formas como todas las cosas de la vida, los extremos son malos. Hay que utilizar las cosas en su justa medida. Y no es necesario estar a full con todo.
    Abrazo para todos.

  • Por fin alguien dijo algo logico estamos sobreexpuestos, yo ya abandone hace un tiempo,soy un early «abandoner», deje de correr detras de todo lo nuevo que sale,para dedicarle más tiempo a mis relaciones face to face, para las que ya casi no te deja tiempo tanta tecnologia.

  • Comentarios cerrados.

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