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17 de agosto 2015    /   CINE/TV
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Cómo la serie Manhattan manipula a los espectadores

17 de agosto 2015    /   CINE/TV     por          
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Todas las historias tienen mensaje, incluso las más tontas, aunque los artistas que las crearon no reparen en ello y tengan la intención de «que la gente no piense en sus problemas».

En algunas historias el mensaje está claro desde el comienzo como ocurre en la serie Manhattan. Esta serie trata sobre la creación de la bomba atómica y pretende que aceptemos desde el primer plano que el lanzamiento de la bomba —el lanzamiento— fue necesario.
Manhattan - primer plano del piloto
En el plano se indica el año del comienzo de la serie, el número de países en guerra y el número de bajas. Es un plano que me pone en guardia: no me invita a entrar en la historia. Continúo porque quiero creer que tan solo son datos para establecer el contexto, aunque considero suficiente «july 2, 1943».
En el minuto 3 hay una valla en el desierto con un mensaje contundente:
Manhattan (2)
«¿El hijo de quién morirá en el último minuto de la guerra?», dice el cartel mientras la panorámica continúa para mostrarlo en su totalidad:
Manhattan (3)
Aumenta la incomodidad que me produjo el primer plano: aunque los datos aparecidos en el primer plano son objetivos (podemos comprobarlos) no tienen una intención informativa sino ideológica. Intención que remarca la valla con el dibujo del soldado cayendo muerto cuyo efecto dramático es mayor que ver al soldado ya muerto.
En el minuto 9 del piloto otro mensaje contundente de Frank Winter, el protagonista de la historia:
Manhattan (4)
El protagonista de la historia es quien sostiene el peso ideológico de una historia, y Winter lo tiene claro. Su lema es: «Un científico es un soldado en la guerra».
Es en el minuto 9 del piloto cuando me asaltó una duda: Sam Shaw, el creador de la serie, y los productores ¿son muy listos o muy tontos?
Son listos si la intención es atrapar al estadounidense más bien patriotero que considera que el lanzamiento de la bomba sobre una población civil fue necesario.
Son tontos si pretenden que los espectadores que rechazan la bomba atómica acaben por aceptar el lanzamiento. Los mensajes que alimentan la idea de que «la bomba atómica fue necesaria» provocan un fuerte rechazo por lo evidentes que son. Las películas y series con fuerte carga ideológica solo interesan a quienes ya están convencidos de la misma manera que los mítines políticos solo atraen a los seguidores más entusiastas.
La curiosidad me lleva a continuar la serie unos capítulos más (hasta el quinto y me paro) contra mi tendencia a ser conducido de manera tan burda.
Hay villanos norteamericanos: son quienes ponen obstáculos al equipo de Frank Winter con recortes de personal y recortes económicos. Personajes oscuros y deshonestos dentro del Ejército que es posible que acaben pagando sus errores y pecados. (Más de cien años de cine americano enseñan que «el sistema funciona bien porque expulsa a las manzanas podridas»).
Pero por encima de todo la idea de que es necesario conseguir la bomba atómica antes que los nazis y que los comunistas. Más que para acabar la guerra, es una cuestión de hegemonía.
En ningún momento Manhattan introduce la tesis contraria a la bomba atómica. Sí hay una advertencia del personaje de Niels Bohr: para crear un arma de destrucción masiva hay que ser muy fuerte para aceptar las consecuencias y dormir por las noches. (El verdadero Niels Bohr se convirtió en un defensor del desarme nuclear acabada la guerra). Frank Winter no tiene ese problema: recuerda en la pizarra el número de bajas norteamericanas hasta la fecha.
Manhattan no quiere que el espectador reflexione: quiere hacerlo cómplice del lanzamiento de la bomba atómica.
Manhattan (5)
 

Todas las historias tienen mensaje, incluso las más tontas, aunque los artistas que las crearon no reparen en ello y tengan la intención de «que la gente no piense en sus problemas».

En algunas historias el mensaje está claro desde el comienzo como ocurre en la serie Manhattan. Esta serie trata sobre la creación de la bomba atómica y pretende que aceptemos desde el primer plano que el lanzamiento de la bomba —el lanzamiento— fue necesario.
Manhattan - primer plano del piloto
En el plano se indica el año del comienzo de la serie, el número de países en guerra y el número de bajas. Es un plano que me pone en guardia: no me invita a entrar en la historia. Continúo porque quiero creer que tan solo son datos para establecer el contexto, aunque considero suficiente «july 2, 1943».
En el minuto 3 hay una valla en el desierto con un mensaje contundente:
Manhattan (2)
«¿El hijo de quién morirá en el último minuto de la guerra?», dice el cartel mientras la panorámica continúa para mostrarlo en su totalidad:
Manhattan (3)
Aumenta la incomodidad que me produjo el primer plano: aunque los datos aparecidos en el primer plano son objetivos (podemos comprobarlos) no tienen una intención informativa sino ideológica. Intención que remarca la valla con el dibujo del soldado cayendo muerto cuyo efecto dramático es mayor que ver al soldado ya muerto.
En el minuto 9 del piloto otro mensaje contundente de Frank Winter, el protagonista de la historia:
Manhattan (4)
El protagonista de la historia es quien sostiene el peso ideológico de una historia, y Winter lo tiene claro. Su lema es: «Un científico es un soldado en la guerra».
Es en el minuto 9 del piloto cuando me asaltó una duda: Sam Shaw, el creador de la serie, y los productores ¿son muy listos o muy tontos?
Son listos si la intención es atrapar al estadounidense más bien patriotero que considera que el lanzamiento de la bomba sobre una población civil fue necesario.
Son tontos si pretenden que los espectadores que rechazan la bomba atómica acaben por aceptar el lanzamiento. Los mensajes que alimentan la idea de que «la bomba atómica fue necesaria» provocan un fuerte rechazo por lo evidentes que son. Las películas y series con fuerte carga ideológica solo interesan a quienes ya están convencidos de la misma manera que los mítines políticos solo atraen a los seguidores más entusiastas.
La curiosidad me lleva a continuar la serie unos capítulos más (hasta el quinto y me paro) contra mi tendencia a ser conducido de manera tan burda.
Hay villanos norteamericanos: son quienes ponen obstáculos al equipo de Frank Winter con recortes de personal y recortes económicos. Personajes oscuros y deshonestos dentro del Ejército que es posible que acaben pagando sus errores y pecados. (Más de cien años de cine americano enseñan que «el sistema funciona bien porque expulsa a las manzanas podridas»).
Pero por encima de todo la idea de que es necesario conseguir la bomba atómica antes que los nazis y que los comunistas. Más que para acabar la guerra, es una cuestión de hegemonía.
En ningún momento Manhattan introduce la tesis contraria a la bomba atómica. Sí hay una advertencia del personaje de Niels Bohr: para crear un arma de destrucción masiva hay que ser muy fuerte para aceptar las consecuencias y dormir por las noches. (El verdadero Niels Bohr se convirtió en un defensor del desarme nuclear acabada la guerra). Frank Winter no tiene ese problema: recuerda en la pizarra el número de bajas norteamericanas hasta la fecha.
Manhattan no quiere que el espectador reflexione: quiere hacerlo cómplice del lanzamiento de la bomba atómica.
Manhattan (5)
 

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Opiniones 5
  • Creo que quizás si hubieras aguantado un solo capítulo más habrías caído en la cuenta de que, más bien al contrario de lo que expones, la serie es precisamente una gran crítica tanto a los motivos como a las maneras en que se construyó la bomba y, por supuesto, a su lanzamiento. Es justo en el capítulo 6 cuando comenzamos a ver las manipulaciones que el gobierno y los militares realizaron sobre los científicos, como esos mensajes constantes que apuntas formaban parte precisamente de dicha manipulación, con el fin de que nadie preguntase más, de que nadie cuestionase que el fin merecía los medios, incluso a Costa de las vidas de los hombres y mujeres que trabajando en el proyecto y sin saberlo se estaban exponiendo a la radiación y a enormes riesgos, con el conocimiento y beneplácito del gobierno. En definitiva, son muy listos. Los guionistas tan solo nos convierte en espectadores omniscientes de una realidad que vista con la ventaja de la historia no puede sino horrorizar, adentrándonos en los entresijos más oscuros de cómo se gestó el demonio.

  • Entiendo todo lo que cuentas, aguanta unos capítulos más, y vas a ver porqué estaban convencidos de crear la bomba, el ejército de eeuu había declarado que la iba a usar en un lugar despoblado del planeta, en una zona inhóspita para que el mundo y el enemigo viera lo que eran capaces de hacerles si seguían con la guerra. Ese momento en el capítulo 2/1 es crucial para entender la ideología de la serie. Es una dura crítica al sistema de defensa estadounidense, muy macartista (todo el que pareciera raro era comunista y era secuestrado y torturado), y demás menciona muchas veces más el genocidio que implicaba usar el artefacto. Pero entiendo tu punto y compartí las mismas sensaciones cuando empecé la serie.

    • Gracias, Rubén. Debí tener paciencia. Por lo que dices y me cuentan otras personas, la serie parece pensada para Estados Unidos porque desbarata lo que parece apoyar al principio.

      • Es imposible entender el lenzamiento de la bomba sin entender la sociedad japonesa, especialmente el Bushido. Y que incluso hubo un intento de golpe de estado para evitar que el emperador se rindiera

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