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28 de marzo 2017    /   ENTRETENIMIENTO
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Burdeles donde las prostitutas son muñecas

28 de marzo 2017    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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La sociedad ha convertido a la mujer en objeto sexual. No sólo su imagen, como se ha debatido en el ámbito de la publicidad o en el cine. También se ha tomado su cuerpo como referencia para crear verdaderos objetos sexuales: las muñecas hiperrealistas, que pueden adquirirse para uso privado (su precio oscila entre 6.000 y 9.000 euros) y que recientemente han sido noticia por la apertura del primer prostíbulo de muñecas sexuales en Barcelona.

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Se trataba de Lumidoll, el primer burdel en el que se pagaba no por pasar tiempo con mujeres, sino con las llamadas sex doll. El prostíbulo ponía a disposición de los clientes cuatro muñecas con diferentes rasgos: europeos, africanos, asiáticos e inspirados en el anime japonés.

El precio por una hora rondaba los 80 euros y por dos horas ascendía a 120 euros. Tras varias semanas, el negocio cerró y anunció un próximo cambio de localización. Pero ese no es el único lugar en el que gozar de la «compañía» de la versión evolucionada de las antiguas muñecas hinchables.

Los tradicionales salones rosas japoneses o los blowjobs tailandeses (bares en los que no sólo se paga por alcohol, sino también por sexo oral) han sido la inspiración para el blowjob café con robots sexuales de Londres. La idea de su creador, el empresario Bradley Charvet, parece sencilla: si está prohibido que las mujeres hagan sexo oral a cambio de dinero, el problema se soluciona si lo hacen robots. ¿Pero realmente se puede sustituir a las personas por robots o muñecos sexuales?

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Una nueva idea en el imaginario colectivo

La idea de que los robots sean la nueva revolución sexual ya ha sido defendida por diferentes voces. Así, el autor de Amor y sexo con robots y experto en inteligencia artificial David Lavy auguraba que «el sexo con robots será tan normal como el amor entre humanos», considerando que estas relaciones serán no la excepción, sino algo habitual, en 2050.

De hecho, la idea de practicar sexo con robots ya forma parte del imaginario colectivo. Uno de los primeros ejemplos fue el papel de Jude Law en la película I.A Inteligencia Artificial, como un robot-gigolo. Más actual es la serie Westworld de HBO que trata sobre un enorme parque temático en el que la diversión consiste en usar a los androides para tener aventuras en un ficticio viejo oeste. Por supuesto, eso también incluye las aventuras sexuales.

Sin embargo, a día de hoy, tal y como expone la sexóloga María Esclapez, «ni los robots, ni las muñecas, ni los juguetes pueden expresar emociones ni comunicarse. Es algo que se pierde en este tipo de relaciones sexuales». Desde su punto de vista, el principal atractivo por el que están floreciendo negocios en torno a las sex doll es que «haces lo que te apetece, sin el feedback de la otra persona. Sólo cuenta que lo hagas bien para ti mismo».

Igualmente, el hecho de que el «uso» de estas muñecas se haga en bares o cafeterías está asociado al hecho de que el sexo se ve cada día más como un producto de consumo y no como una necesidad afectiva. «Estamos en una sociedad hipersexualizada, donde todo tiene que girar en torno al sexo, un sexo carnal y despegado de lo emocional».

De hecho, tener relaciones sexuales con una sex doll permite saltarse lo que se conoce como la «fase de acoplamiento sexual». Según Esclapez, esta fase, que puede durar meses o incluso años para algunas parejas, «es una fase de conocimiento, de saber lo que le gusta al otro para acoplar esas dos sexualidades y llegar a un punto en el que ambos estén satisfechos», algo que pierde el sentido cuando el otro es una muñeca de plástico, que no tiene sexualidad propia ni necesita sentirse satisfecha.

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La importancia de la parte afectiva

Aunque la revolución de las máquinas parece ya más realidad que ficción, la también sexóloga Nayara Malnero  afirma que está claro que «un muñeco o muñeca no te va abrazar, ni te va a decir que te quiere, ni te va a invitar a cenar. Hay una parte afectiva importantísima de las relaciones que se pierde. Si buscas desfogar, como objeto, te vale una persona o un juguete; pero si buscas algo más, ya que las personas buscan también relacionarse, ahí estará la gran diferencia: en el calor afectivo y el calor físico».

Malnero no cree que el problema sea que prefiramos tener sexualidad con objetos en vez de con personas, quitando algunas tendencias en países como Japón, donde algunos hombres prefieren recurrir a cabinas donde usar juguetes sexuales y ver porno (incluso en realidad virtual) mientras sus parejas se someten a tratamientos de fertilidad para tener hijos por la ausencia de relaciones. «No creo que huyamos del sexo con otras personas, solo buscamos más variedad y otras opciones», lo mismo que ocurre con los juguetes sexuales, que pueden sumar nuevas experiencias.

Otra explicación de la sexóloga es que «hay mucha gente a la que lo que le cuesta no es el sexo con otra persona, sino mostrar su vulnerabilidad. Por eso, tener sexo con alguien que no te va a juzgar porque no tiene opiniones ni criterio, como una muñeca, les puede hacer sentir más cómodos. Es parecido a las redes sociales en las que te atreves a ir más allá y te sueltas porque no muestran tu cara». Aunque ella opina que «lo más aconsejable sería trabajar esas habilidades sociales para interactuar con mayor facilidad con otras personas».

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¿Por qué no triunfan los muñecos para mujeres?

Si analizamos la industria del sexo, en el mercado podremos encontrar mucha más diversidad de juguetes sexuales para mujeres que para hombres. No sólo dildos pensados para la estimulación vaginal, sino vibradores para todas las partes del cuerpo, especialmente diseñados para la excitación del clítoris, para simular el sexo oral, anal, etc. ¿Entonces por qué parece que no triunfan los muñecos sexuales para mujeres?

Hay que tener en cuenta que los muñecos sexuales permiten prácticas de todo tipo (vaginal, anal, oral, estimulación de los pechos…), «pero la idea es más que tú se lo hagas a ella, o que al menos dirijas tú la acción. Que ella te lo haga a ti, o estimular varias zonas a la vez, es más complejo», apunta Nayara Malnero.

Así, desde el punto de vista de la experta, aunque «parece muy simplista decir que las mujeres necesitamos algo más para el sexo, lo cierto es que las muñecas sexuales triunfan más que los muñecos porque nosotras por lo general tenemos en cuenta más factores. No sólo lo afectivo, sino que somos más corporales a nivel general. Parece que en el hombre está todo más genitalizado (aunque no debería ser así), y eso un juguete te lo puede hacer. Pero no te puede dar (al menos todavía) un masaje, ni estimular los cinco sentidos».

Si bien un juguete es un añadido a la masturbación o a la relación sexual, que se puede usar mientras se realizan caricias o se tiene una fantasía erótica, la dinámica con un muñeco se convierte en algo más mecánico y, quizás, más ficticio.

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Fotos: Dollstory.eu

La sociedad ha convertido a la mujer en objeto sexual. No sólo su imagen, como se ha debatido en el ámbito de la publicidad o en el cine. También se ha tomado su cuerpo como referencia para crear verdaderos objetos sexuales: las muñecas hiperrealistas, que pueden adquirirse para uso privado (su precio oscila entre 6.000 y 9.000 euros) y que recientemente han sido noticia por la apertura del primer prostíbulo de muñecas sexuales en Barcelona.

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Se trataba de Lumidoll, el primer burdel en el que se pagaba no por pasar tiempo con mujeres, sino con las llamadas sex doll. El prostíbulo ponía a disposición de los clientes cuatro muñecas con diferentes rasgos: europeos, africanos, asiáticos e inspirados en el anime japonés.

El precio por una hora rondaba los 80 euros y por dos horas ascendía a 120 euros. Tras varias semanas, el negocio cerró y anunció un próximo cambio de localización. Pero ese no es el único lugar en el que gozar de la «compañía» de la versión evolucionada de las antiguas muñecas hinchables.

Los tradicionales salones rosas japoneses o los blowjobs tailandeses (bares en los que no sólo se paga por alcohol, sino también por sexo oral) han sido la inspiración para el blowjob café con robots sexuales de Londres. La idea de su creador, el empresario Bradley Charvet, parece sencilla: si está prohibido que las mujeres hagan sexo oral a cambio de dinero, el problema se soluciona si lo hacen robots. ¿Pero realmente se puede sustituir a las personas por robots o muñecos sexuales?

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Una nueva idea en el imaginario colectivo

La idea de que los robots sean la nueva revolución sexual ya ha sido defendida por diferentes voces. Así, el autor de Amor y sexo con robots y experto en inteligencia artificial David Lavy auguraba que «el sexo con robots será tan normal como el amor entre humanos», considerando que estas relaciones serán no la excepción, sino algo habitual, en 2050.

De hecho, la idea de practicar sexo con robots ya forma parte del imaginario colectivo. Uno de los primeros ejemplos fue el papel de Jude Law en la película I.A Inteligencia Artificial, como un robot-gigolo. Más actual es la serie Westworld de HBO que trata sobre un enorme parque temático en el que la diversión consiste en usar a los androides para tener aventuras en un ficticio viejo oeste. Por supuesto, eso también incluye las aventuras sexuales.

Sin embargo, a día de hoy, tal y como expone la sexóloga María Esclapez, «ni los robots, ni las muñecas, ni los juguetes pueden expresar emociones ni comunicarse. Es algo que se pierde en este tipo de relaciones sexuales». Desde su punto de vista, el principal atractivo por el que están floreciendo negocios en torno a las sex doll es que «haces lo que te apetece, sin el feedback de la otra persona. Sólo cuenta que lo hagas bien para ti mismo».

Igualmente, el hecho de que el «uso» de estas muñecas se haga en bares o cafeterías está asociado al hecho de que el sexo se ve cada día más como un producto de consumo y no como una necesidad afectiva. «Estamos en una sociedad hipersexualizada, donde todo tiene que girar en torno al sexo, un sexo carnal y despegado de lo emocional».

De hecho, tener relaciones sexuales con una sex doll permite saltarse lo que se conoce como la «fase de acoplamiento sexual». Según Esclapez, esta fase, que puede durar meses o incluso años para algunas parejas, «es una fase de conocimiento, de saber lo que le gusta al otro para acoplar esas dos sexualidades y llegar a un punto en el que ambos estén satisfechos», algo que pierde el sentido cuando el otro es una muñeca de plástico, que no tiene sexualidad propia ni necesita sentirse satisfecha.

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La importancia de la parte afectiva

Aunque la revolución de las máquinas parece ya más realidad que ficción, la también sexóloga Nayara Malnero  afirma que está claro que «un muñeco o muñeca no te va abrazar, ni te va a decir que te quiere, ni te va a invitar a cenar. Hay una parte afectiva importantísima de las relaciones que se pierde. Si buscas desfogar, como objeto, te vale una persona o un juguete; pero si buscas algo más, ya que las personas buscan también relacionarse, ahí estará la gran diferencia: en el calor afectivo y el calor físico».

Malnero no cree que el problema sea que prefiramos tener sexualidad con objetos en vez de con personas, quitando algunas tendencias en países como Japón, donde algunos hombres prefieren recurrir a cabinas donde usar juguetes sexuales y ver porno (incluso en realidad virtual) mientras sus parejas se someten a tratamientos de fertilidad para tener hijos por la ausencia de relaciones. «No creo que huyamos del sexo con otras personas, solo buscamos más variedad y otras opciones», lo mismo que ocurre con los juguetes sexuales, que pueden sumar nuevas experiencias.

Otra explicación de la sexóloga es que «hay mucha gente a la que lo que le cuesta no es el sexo con otra persona, sino mostrar su vulnerabilidad. Por eso, tener sexo con alguien que no te va a juzgar porque no tiene opiniones ni criterio, como una muñeca, les puede hacer sentir más cómodos. Es parecido a las redes sociales en las que te atreves a ir más allá y te sueltas porque no muestran tu cara». Aunque ella opina que «lo más aconsejable sería trabajar esas habilidades sociales para interactuar con mayor facilidad con otras personas».

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¿Por qué no triunfan los muñecos para mujeres?

Si analizamos la industria del sexo, en el mercado podremos encontrar mucha más diversidad de juguetes sexuales para mujeres que para hombres. No sólo dildos pensados para la estimulación vaginal, sino vibradores para todas las partes del cuerpo, especialmente diseñados para la excitación del clítoris, para simular el sexo oral, anal, etc. ¿Entonces por qué parece que no triunfan los muñecos sexuales para mujeres?

Hay que tener en cuenta que los muñecos sexuales permiten prácticas de todo tipo (vaginal, anal, oral, estimulación de los pechos…), «pero la idea es más que tú se lo hagas a ella, o que al menos dirijas tú la acción. Que ella te lo haga a ti, o estimular varias zonas a la vez, es más complejo», apunta Nayara Malnero.

Así, desde el punto de vista de la experta, aunque «parece muy simplista decir que las mujeres necesitamos algo más para el sexo, lo cierto es que las muñecas sexuales triunfan más que los muñecos porque nosotras por lo general tenemos en cuenta más factores. No sólo lo afectivo, sino que somos más corporales a nivel general. Parece que en el hombre está todo más genitalizado (aunque no debería ser así), y eso un juguete te lo puede hacer. Pero no te puede dar (al menos todavía) un masaje, ni estimular los cinco sentidos».

Si bien un juguete es un añadido a la masturbación o a la relación sexual, que se puede usar mientras se realizan caricias o se tiene una fantasía erótica, la dinámica con un muñeco se convierte en algo más mecánico y, quizás, más ficticio.

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Fotos: Dollstory.eu

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