23 de septiembre 2015    /   BUSINESS
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¡Mírame cómo follo!

23 de septiembre 2015    /   BUSINESS     por          
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Exhibicionismo y egocentrismo a partes iguales, cuarto y mitad de alcohol, una pizca de desvergüenza ¡y un Smartphone! Estos son los ingredientes necesarios para cocinar el verdadero pastel que supone tener relaciones sexuales en público. Sí, delante de todos. Y no me refiero a una orgía donde tienes cuarto y mitad de lo que te place, desde compañeros de faena hasta mirones que solo necesitan ser público de lo que tú gozas como un animal. Hablo de sexo en la calle, en el campo, en la piscina de la comunidad de vecinos si encarta, sin importarte una mierda quién te vea, familiares e infantes incluidos.
No seré yo la que lo catalogue como moda ni mucho menos la que lo juzgue diciendo que en algunos sitios se ha convertido en un problema. No sirvo para recriminar absolutamente ninguna follada mientras que todos los implicados quieran tenerla. La fantasía sexual de ser visto mientras se tienen relaciones sexuales es común en hombres y mujeres, solo que esta es de las que materializamos rapidito.
Una vez más el cine porno tiene mucho que ver. Los portales de sexo al aire libre (protagonizado por el vecino del quinto, si se pone) crecen como la espuma. Y tenemos de todo. Desde el típico donde se dan cita los amantes de esta práctica hasta los más divertidos chats de guasap multitudinarios bajo el epígrafe dogging. ¿Perreando? Sí, algo así. El anglicismo proviene de la excusa de pasear al perro para los encuentros sexuales fortuitos o para ser testigo de ellos y hay quien sitúa su origen en la Inglaterra de los años 70.  Esas noches en las que Milú tiene que mear y no queda otra que sacarlo aunque sean las dos de la mañana, pero mira tú por donde me encuentro con otros dos y terminamos comiéndonoslo todo en una esquina del parque. Sin tener que saber ni cómo se llaman.
Dudo mucho que además del punk, los ingleses inventaran el sexo en público. Nadie debería apropiarse de semejante título.
Tener relaciones sexuales a la vista de cualquiera sacia 3 perversiones de cualquiera: que te pillen, que te envidien, que se unan. De ahí que sea tan repetitiva en el imaginario. Que te pillen nos descoloca, nos obliga a enfrentarnos o a huir y solo la posibilidad de tener que elegir una de las dos ya merece la pena. ¿O acaso sus polvos no merecen semejante tensión de glúteos?
Si cualquiera de los que leen este artículo siguen teniéndolo como fantasía pero no se atreven, se sentirán mucho más reconfortados al saber que la mayoría de los adultos han conjugado al menos una vez en la vida el verbo cancanear. Cancanear de cancaneo, que así se dice en nuestro idioma, aunque en la RAE no quieran que haya ninguna referencia sexual. De toda la vida nuestras abuelas lo han contado: «Fulanita cancanea» y la pobre lo que hacía era irse a la era con alguno del pueblo, ya le habría gustado a Fulanita las perfecciones a las que estamos llegando. Lo que pasa es que a Fulanita se la pillaba. Pero no se corten, si les apetece cancaneo, hay sitios idílicos para llevarlo a cabo.
Seacroft Marsh es una reserva natural de unas ciento veinticinco hectáreas en el distrito de East Lindsey, condado de Lincolnshire. Punto de encuentro de reunión de amantes de los pájaros, familias y reuniones escolares con ganas de disfrutar de la naturaleza. Pero no son los únicos. Seacroft Marsh se ha hecho famoso por concentrar un gran número de personas deseosas de tener sexo con desconocidos y a los que les importa una mierda quién sea testigo del polvo.
El día que la BBC dio la noticia de lo que se hacía en el paraíso lúdico-festivo-ornitocológico más de una madre inglesa debió de implosionar frente al televisor recordando dónde fue su adolescente o infante el semestre anterior.
La mía habría convulsionado incluso.
Afortunadamente para todas las madres, el resto de mortales que no nos queda tan a mano un lugar tan idílico, nos conformamos con lo típico: un parque púbico a deshoras, la playa cuando ya cae el sol o un pinar en mitad de la nada en el que además de muchos coches repletos de amantes esporádicos, poco vas a encontrar a estas horas. Solo los más osados se atreven a elegir lugares muy atestados de gente, pero la próxima vez que un viernes antes de un gran partido del Barça pasen por Canaletas fíjense; hay un tipo delicioso que se cita en los aledaños para follar con desconocidas el día antes de que aparezcan los aficionados emocionados y exaltados. Dice que le excita saber que pocas horas después habrá un montón de peña excitada. Y sí, claro que es culé. Solo faltaba.
Por cierto, más de un puntilloso estará preguntándose por qué al principio mencionaba la necesidad de un smartphone para follar en público. Está claro. ¿O es que no quieren subir su fotito después del polvo? Lo bueno de las redes sociales es que están dejando todo un reguero de pistas para que no nos despistemos si nos apetece echar un polvo delante de todo el mundo.
¡Qué rico!

Exhibicionismo y egocentrismo a partes iguales, cuarto y mitad de alcohol, una pizca de desvergüenza ¡y un Smartphone! Estos son los ingredientes necesarios para cocinar el verdadero pastel que supone tener relaciones sexuales en público. Sí, delante de todos. Y no me refiero a una orgía donde tienes cuarto y mitad de lo que te place, desde compañeros de faena hasta mirones que solo necesitan ser público de lo que tú gozas como un animal. Hablo de sexo en la calle, en el campo, en la piscina de la comunidad de vecinos si encarta, sin importarte una mierda quién te vea, familiares e infantes incluidos.
No seré yo la que lo catalogue como moda ni mucho menos la que lo juzgue diciendo que en algunos sitios se ha convertido en un problema. No sirvo para recriminar absolutamente ninguna follada mientras que todos los implicados quieran tenerla. La fantasía sexual de ser visto mientras se tienen relaciones sexuales es común en hombres y mujeres, solo que esta es de las que materializamos rapidito.
Una vez más el cine porno tiene mucho que ver. Los portales de sexo al aire libre (protagonizado por el vecino del quinto, si se pone) crecen como la espuma. Y tenemos de todo. Desde el típico donde se dan cita los amantes de esta práctica hasta los más divertidos chats de guasap multitudinarios bajo el epígrafe dogging. ¿Perreando? Sí, algo así. El anglicismo proviene de la excusa de pasear al perro para los encuentros sexuales fortuitos o para ser testigo de ellos y hay quien sitúa su origen en la Inglaterra de los años 70.  Esas noches en las que Milú tiene que mear y no queda otra que sacarlo aunque sean las dos de la mañana, pero mira tú por donde me encuentro con otros dos y terminamos comiéndonoslo todo en una esquina del parque. Sin tener que saber ni cómo se llaman.
Dudo mucho que además del punk, los ingleses inventaran el sexo en público. Nadie debería apropiarse de semejante título.
Tener relaciones sexuales a la vista de cualquiera sacia 3 perversiones de cualquiera: que te pillen, que te envidien, que se unan. De ahí que sea tan repetitiva en el imaginario. Que te pillen nos descoloca, nos obliga a enfrentarnos o a huir y solo la posibilidad de tener que elegir una de las dos ya merece la pena. ¿O acaso sus polvos no merecen semejante tensión de glúteos?
Si cualquiera de los que leen este artículo siguen teniéndolo como fantasía pero no se atreven, se sentirán mucho más reconfortados al saber que la mayoría de los adultos han conjugado al menos una vez en la vida el verbo cancanear. Cancanear de cancaneo, que así se dice en nuestro idioma, aunque en la RAE no quieran que haya ninguna referencia sexual. De toda la vida nuestras abuelas lo han contado: «Fulanita cancanea» y la pobre lo que hacía era irse a la era con alguno del pueblo, ya le habría gustado a Fulanita las perfecciones a las que estamos llegando. Lo que pasa es que a Fulanita se la pillaba. Pero no se corten, si les apetece cancaneo, hay sitios idílicos para llevarlo a cabo.
Seacroft Marsh es una reserva natural de unas ciento veinticinco hectáreas en el distrito de East Lindsey, condado de Lincolnshire. Punto de encuentro de reunión de amantes de los pájaros, familias y reuniones escolares con ganas de disfrutar de la naturaleza. Pero no son los únicos. Seacroft Marsh se ha hecho famoso por concentrar un gran número de personas deseosas de tener sexo con desconocidos y a los que les importa una mierda quién sea testigo del polvo.
El día que la BBC dio la noticia de lo que se hacía en el paraíso lúdico-festivo-ornitocológico más de una madre inglesa debió de implosionar frente al televisor recordando dónde fue su adolescente o infante el semestre anterior.
La mía habría convulsionado incluso.
Afortunadamente para todas las madres, el resto de mortales que no nos queda tan a mano un lugar tan idílico, nos conformamos con lo típico: un parque púbico a deshoras, la playa cuando ya cae el sol o un pinar en mitad de la nada en el que además de muchos coches repletos de amantes esporádicos, poco vas a encontrar a estas horas. Solo los más osados se atreven a elegir lugares muy atestados de gente, pero la próxima vez que un viernes antes de un gran partido del Barça pasen por Canaletas fíjense; hay un tipo delicioso que se cita en los aledaños para follar con desconocidas el día antes de que aparezcan los aficionados emocionados y exaltados. Dice que le excita saber que pocas horas después habrá un montón de peña excitada. Y sí, claro que es culé. Solo faltaba.
Por cierto, más de un puntilloso estará preguntándose por qué al principio mencionaba la necesidad de un smartphone para follar en público. Está claro. ¿O es que no quieren subir su fotito después del polvo? Lo bueno de las redes sociales es que están dejando todo un reguero de pistas para que no nos despistemos si nos apetece echar un polvo delante de todo el mundo.
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Opiniones 2
  • Siempre me ha dado morbo tener sexo en público, pero la verdad es que atreverse es otra cosa. A lo máximo que he llegado es a hacerlo en la playa, en el agua… aunque había poca gente la verdad jejeje

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