23 de marzo 2018    /   IDEAS
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¿Están los adolescentes enganchados al ‘sexting’?

23 de marzo 2018    /   IDEAS     por          
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El intercambio de mensajes de contenido sexual no es un descubrimiento. Pero sí empieza a preocupar la prevalencia del sexting —el envío de fotografías eróticas o de desnudos, o de mensajes de texto de cierto contenido erótico y, o sexual— en adolescentes. Esta práctica se ha convertido en los últimos tiempos en un peligroso hobbie para muchos jóvenes con teléfono inteligente y conexión a internet. Ahora bien, ¿están los adolescentes españoles enganchados al sexting o es cosa de cuatro gatos?

Según un artículo publicado en la prestigiosa revista médica JAMA Pediatrics, uno de cada cuatro adolescentes ha recibido alguna vez un sext (mensaje de texto con contenido sexual) y aproximadamente uno de cada siete ha enviado alguno.

Pero, ¿qué lleva a estos jóvenes a hacerlo? Hay tanto motivos como poses seductoras. Algunos lo hacen por flirtear o llamar la atención de la pareja. Otros, por aburrimiento. Y los hay que incluso se sienten presionados por parte de la pareja o del grupo de iguales. A veces, sobre todo en el caso de los chicos, lo hacen por enseñar el cuerpo o porque se lo piden sus parejas. No vaya a ser que su hombría quede en entredicho…

Los autores de este artículo aseguran que en algunos estudios «los investigadores notaron que la mayoría de las personas que practicaban sexting valoraron la experiencia de forma positiva y que los resultados positivos parecen estar asociados con el sexting que se produce dentro de relaciones establecidas».

Aunque muchos de quienes lo practican desconocen que, lejos de ser un juego, esta moda entraña a su vez una serie de peligros. Y más aún en el caso de los adolescentes, que se encuentran en una situación especial de vulnerabilidad por la que, en cierto modo, podría verse comprometida su salud mental. «La pérdida de control sobre las imágenes que son distribuidas sin autorización o el potencial ilimitado de receptores de las imágenes, textos o grabaciones de contenido erótico son dos posibles consecuencias [de la práctica del sexting]», comenta la investigadora Patricia Alonso Ruido, que acaba de presentar una tesis doctoral titulada Evaluación del fenómeno del sexting y de los riesgos emergentes de la red en adolescentes de la provincia de Ourense.

Este pionero estudio ha tratado de evaluar las actitudes y comportamientos de los adolescentes de la región gallega y analizar el uso de las redes sociales desde la perspectiva de género. Para ello, su autora logró entrevistar a un total de 1.286 adolescentes (chicos y chicas) de segundo ciclo de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) y de tercer y cuarto curso y Bachillerato, con edades comprendidas entre los 12 y los 21 años.

Sorprende que un quinto de los jóvenes encuestados expresase abiertamente que a veces envía o reenvía fotografías, vídeos o textos de contenido erótico o sexual. Para la autora, la única forma de combatir esto pasa por educar a los jóvenes en el uso responsable de internet y las redes sociales. A los padres les toca sentarse con sus hijos y hablar (sin miedo ni amenazas) del tema.

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Estas son algunas conclusiones que se desprenden de este estudio:

Mejor lo hablamos por Facebook. Muchos adolescentes se sienten más cómodos hablando por Facebook o WhatsApp que teniendo cara a cara a la otra persona, sobre todo cuando se trata de cosas sin importancia o que les dan vergüenza. «Algunos dicen que teniendo como barrera las redes sociales tienen menos vergüenza o simplemente las prefieren para gastar bromas, para aquellas situaciones en las que pasan vergüenza e incluso para ligar», señala la autora. Además, no les tiembla el pulso a la hora de hablar y quedar con personas a las que no conocen de nada.

Si no tienes nada que esconder, no te importará que mire tu WhatsApp. Para muchos adolescentes, es normal ejercer o recibir control por parte de sus parejas cuando la otra persona no tiene nada que ocultar. Aunque también se ejerce en muchas ocasiones por desconfianza o celos. «Las chicas son las que más admiten que controlan a sus parejas, ya sea la última conexión, las fotografías y estados, el teléfono móvil e incluso a quién siguen o los «me gusta» de sus parejas en redes sociales. Inclusive, en algunos casos admiten haber seguido a sus parejas para comprobar a dónde van», apunta Alonso.

Sé que entrañan peligro, pero no sé vivir sin ellas. Casi un 40% de los chavales considera peligrosas las redes sociales. Sin embargo, muchos se consideran totalmente dependientes de ellas. La red social más utilizada por estos jóvenes es Facebook (79,7%), seguida de Twitter (73,9%) y Tuenti (73,1%).

Mis padres no controlan lo que hago cuando navego por la red. Las chicas reciben bastante más supervisión que los chicos y no es raro que sus padres vigilen su teléfono o sus perfiles en las redes. La sombra del sistema patriarcal es muy alargada, señores.

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No necesito más formación en material sexual ni sobre el uso de las redes sociales. Casi todos confiesan estar bien informados sobre estos temas. Aun así, muchos de ellos aseguran que la gente de su edad no es responsable respecto a su uso, al no ver esta vía de comunicación como algo peligroso.

Practicar sexting es algo habitual y normal para mí. Saben que puede resultar peligroso, pero eso no les disuade (al menos, a la mitad de los encuestados). Piensan que, haciendo honor a la fábula de invencibilidad, nada malo les va a pasar. Total, les entretiene y les parece una forma práctica de ligoteo o de conseguir echar un polvo. «Las conductas de sexting entre la juventud son una realidad instaurada y normalizada en sus dinámicas sociales (…). Los chicos son los que más comportamientos de sexting llevan a cabo. Son ellos también los que son significativamente más activos en cuanto a envío de mensajes de texto erótico sexuales», detalla la investigadora de la Universidad de Vigo.

¡Ojo! Que tampoco le enviaría un sext a cualquiera. Aunque lo hagan, no les enviarían un mensaje de ese tipo ni a su enamorado (59,9%), ni a las personas con las que han tenido un rollo (81,1%), ni a alguien a quien acaben de conocer (98,4%) o con quien quieran ligar (88,8%). «En el caso de los chicos, aluden fundamentalmente que los destinatarios de sus sexts suelen ser sus amistades o las chicas. Mientras que sus compañeras expresan que los destinatarios de estas imágenes son sus parejas o gente de confianza», apostilla la investigadora.

Recibo muchos sexts, pero envío poquitos. En general, las chicas son las que más contenidos sexuales reciben. Muchas deben estar hasta la coronilla de recibir vídeos de chicos en calzoncillos, tocándose el pene o fotos de su polla —una nueva y desagradable forma de intimidación y acoso en las redes sociales—. Por fortuna, el estudio revela que los adolescentes no suelen difundir las fotografías que reciben o incluso que las borran. ¿Cuál es, entonces, el género más sexter? Los adolescentes piensan que la cosa está bastante igualadita cuando se trata de enviar por Skype o similares fotos o vídeos de uno mismo sexualmente sugerentes, en ropa interior o directamente desnudos. El comportamiento exhibicionista y el narcisismo no son patrimonio exclusivo de ningún género. «No obstante, respecto al envío de mensajes de texto sexualmente sugerentes o con proposiciones sobre actividad sexual señalan que son los chicos los que más conductas de este tipo llevan a cabo», reflexiona Alonso.

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¿Que por qué practico sexting? ¡Por lo mismo que cualquier chaval de mi edad! Los jóvenes de las nuevas generaciones nos han salido muy cumplidores. Y le dan al sexting porque se aburren, porque quieren ser coquetos e insinuantes, cumplir las necesidades de su pareja o tener algo de intimidad.

Lo admito: a mí también me obligaron a enviar mensajes de contenido sexual. Casi un 8% de los entrevistados ha sido víctima de presiones u obligaciones para realizar conductas de sexting. Pero aún hay más: cerca de un 40% de ellos conocen casos cercanos de personas —principalmente chicas— que han vivido esta situación. «De los que afirman que conocen a personas cercanas que han vivido esta situación, las chicas expresan que son casos de chicas, mientras que los chicos identifican a otros chicos como víctimas. También son más chicas que chicos las que afirman que conocen a alguien que haya sufrido chantajes después de enviar sexts. No obstante, ellas son las que menos identifican a su género como víctima de estas situaciones», expone la autora gallega. Asimismo, Alonso explica que aquellos adolescentes que no han sido nunca obligados o chantajeados para llevar a cabo conductas de sexting, así como los que no han sufrido burlas después de hacerlo, «tienen actitudes positivas y expectativas relacionales en las conductas de sexting».

¿Empezaremos, entonces, a pensar un poquito más con la cabeza y un poquito menos con las partes nobles? O, al menos, a ser conscientes de que enviando una foto erótica o un vídeo sexual le podemos joder la vida al prójimo (o a uno mismo). El tiempo lo dirá… Y como decía Oscar Wilde, la única ventaja de jugar con fuego es que uno aprende a no quemarse.

El intercambio de mensajes de contenido sexual no es un descubrimiento. Pero sí empieza a preocupar la prevalencia del sexting —el envío de fotografías eróticas o de desnudos, o de mensajes de texto de cierto contenido erótico y, o sexual— en adolescentes. Esta práctica se ha convertido en los últimos tiempos en un peligroso hobbie para muchos jóvenes con teléfono inteligente y conexión a internet. Ahora bien, ¿están los adolescentes españoles enganchados al sexting o es cosa de cuatro gatos?

Según un artículo publicado en la prestigiosa revista médica JAMA Pediatrics, uno de cada cuatro adolescentes ha recibido alguna vez un sext (mensaje de texto con contenido sexual) y aproximadamente uno de cada siete ha enviado alguno.

Pero, ¿qué lleva a estos jóvenes a hacerlo? Hay tanto motivos como poses seductoras. Algunos lo hacen por flirtear o llamar la atención de la pareja. Otros, por aburrimiento. Y los hay que incluso se sienten presionados por parte de la pareja o del grupo de iguales. A veces, sobre todo en el caso de los chicos, lo hacen por enseñar el cuerpo o porque se lo piden sus parejas. No vaya a ser que su hombría quede en entredicho…

Los autores de este artículo aseguran que en algunos estudios «los investigadores notaron que la mayoría de las personas que practicaban sexting valoraron la experiencia de forma positiva y que los resultados positivos parecen estar asociados con el sexting que se produce dentro de relaciones establecidas».

Aunque muchos de quienes lo practican desconocen que, lejos de ser un juego, esta moda entraña a su vez una serie de peligros. Y más aún en el caso de los adolescentes, que se encuentran en una situación especial de vulnerabilidad por la que, en cierto modo, podría verse comprometida su salud mental. «La pérdida de control sobre las imágenes que son distribuidas sin autorización o el potencial ilimitado de receptores de las imágenes, textos o grabaciones de contenido erótico son dos posibles consecuencias [de la práctica del sexting]», comenta la investigadora Patricia Alonso Ruido, que acaba de presentar una tesis doctoral titulada Evaluación del fenómeno del sexting y de los riesgos emergentes de la red en adolescentes de la provincia de Ourense.

Este pionero estudio ha tratado de evaluar las actitudes y comportamientos de los adolescentes de la región gallega y analizar el uso de las redes sociales desde la perspectiva de género. Para ello, su autora logró entrevistar a un total de 1.286 adolescentes (chicos y chicas) de segundo ciclo de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) y de tercer y cuarto curso y Bachillerato, con edades comprendidas entre los 12 y los 21 años.

Sorprende que un quinto de los jóvenes encuestados expresase abiertamente que a veces envía o reenvía fotografías, vídeos o textos de contenido erótico o sexual. Para la autora, la única forma de combatir esto pasa por educar a los jóvenes en el uso responsable de internet y las redes sociales. A los padres les toca sentarse con sus hijos y hablar (sin miedo ni amenazas) del tema.

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Estas son algunas conclusiones que se desprenden de este estudio:

Mejor lo hablamos por Facebook. Muchos adolescentes se sienten más cómodos hablando por Facebook o WhatsApp que teniendo cara a cara a la otra persona, sobre todo cuando se trata de cosas sin importancia o que les dan vergüenza. «Algunos dicen que teniendo como barrera las redes sociales tienen menos vergüenza o simplemente las prefieren para gastar bromas, para aquellas situaciones en las que pasan vergüenza e incluso para ligar», señala la autora. Además, no les tiembla el pulso a la hora de hablar y quedar con personas a las que no conocen de nada.

Si no tienes nada que esconder, no te importará que mire tu WhatsApp. Para muchos adolescentes, es normal ejercer o recibir control por parte de sus parejas cuando la otra persona no tiene nada que ocultar. Aunque también se ejerce en muchas ocasiones por desconfianza o celos. «Las chicas son las que más admiten que controlan a sus parejas, ya sea la última conexión, las fotografías y estados, el teléfono móvil e incluso a quién siguen o los «me gusta» de sus parejas en redes sociales. Inclusive, en algunos casos admiten haber seguido a sus parejas para comprobar a dónde van», apunta Alonso.

Sé que entrañan peligro, pero no sé vivir sin ellas. Casi un 40% de los chavales considera peligrosas las redes sociales. Sin embargo, muchos se consideran totalmente dependientes de ellas. La red social más utilizada por estos jóvenes es Facebook (79,7%), seguida de Twitter (73,9%) y Tuenti (73,1%).

Mis padres no controlan lo que hago cuando navego por la red. Las chicas reciben bastante más supervisión que los chicos y no es raro que sus padres vigilen su teléfono o sus perfiles en las redes. La sombra del sistema patriarcal es muy alargada, señores.

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No necesito más formación en material sexual ni sobre el uso de las redes sociales. Casi todos confiesan estar bien informados sobre estos temas. Aun así, muchos de ellos aseguran que la gente de su edad no es responsable respecto a su uso, al no ver esta vía de comunicación como algo peligroso.

Practicar sexting es algo habitual y normal para mí. Saben que puede resultar peligroso, pero eso no les disuade (al menos, a la mitad de los encuestados). Piensan que, haciendo honor a la fábula de invencibilidad, nada malo les va a pasar. Total, les entretiene y les parece una forma práctica de ligoteo o de conseguir echar un polvo. «Las conductas de sexting entre la juventud son una realidad instaurada y normalizada en sus dinámicas sociales (…). Los chicos son los que más comportamientos de sexting llevan a cabo. Son ellos también los que son significativamente más activos en cuanto a envío de mensajes de texto erótico sexuales», detalla la investigadora de la Universidad de Vigo.

¡Ojo! Que tampoco le enviaría un sext a cualquiera. Aunque lo hagan, no les enviarían un mensaje de ese tipo ni a su enamorado (59,9%), ni a las personas con las que han tenido un rollo (81,1%), ni a alguien a quien acaben de conocer (98,4%) o con quien quieran ligar (88,8%). «En el caso de los chicos, aluden fundamentalmente que los destinatarios de sus sexts suelen ser sus amistades o las chicas. Mientras que sus compañeras expresan que los destinatarios de estas imágenes son sus parejas o gente de confianza», apostilla la investigadora.

Recibo muchos sexts, pero envío poquitos. En general, las chicas son las que más contenidos sexuales reciben. Muchas deben estar hasta la coronilla de recibir vídeos de chicos en calzoncillos, tocándose el pene o fotos de su polla —una nueva y desagradable forma de intimidación y acoso en las redes sociales—. Por fortuna, el estudio revela que los adolescentes no suelen difundir las fotografías que reciben o incluso que las borran. ¿Cuál es, entonces, el género más sexter? Los adolescentes piensan que la cosa está bastante igualadita cuando se trata de enviar por Skype o similares fotos o vídeos de uno mismo sexualmente sugerentes, en ropa interior o directamente desnudos. El comportamiento exhibicionista y el narcisismo no son patrimonio exclusivo de ningún género. «No obstante, respecto al envío de mensajes de texto sexualmente sugerentes o con proposiciones sobre actividad sexual señalan que son los chicos los que más conductas de este tipo llevan a cabo», reflexiona Alonso.

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¿Que por qué practico sexting? ¡Por lo mismo que cualquier chaval de mi edad! Los jóvenes de las nuevas generaciones nos han salido muy cumplidores. Y le dan al sexting porque se aburren, porque quieren ser coquetos e insinuantes, cumplir las necesidades de su pareja o tener algo de intimidad.

Lo admito: a mí también me obligaron a enviar mensajes de contenido sexual. Casi un 8% de los entrevistados ha sido víctima de presiones u obligaciones para realizar conductas de sexting. Pero aún hay más: cerca de un 40% de ellos conocen casos cercanos de personas —principalmente chicas— que han vivido esta situación. «De los que afirman que conocen a personas cercanas que han vivido esta situación, las chicas expresan que son casos de chicas, mientras que los chicos identifican a otros chicos como víctimas. También son más chicas que chicos las que afirman que conocen a alguien que haya sufrido chantajes después de enviar sexts. No obstante, ellas son las que menos identifican a su género como víctima de estas situaciones», expone la autora gallega. Asimismo, Alonso explica que aquellos adolescentes que no han sido nunca obligados o chantajeados para llevar a cabo conductas de sexting, así como los que no han sufrido burlas después de hacerlo, «tienen actitudes positivas y expectativas relacionales en las conductas de sexting».

¿Empezaremos, entonces, a pensar un poquito más con la cabeza y un poquito menos con las partes nobles? O, al menos, a ser conscientes de que enviando una foto erótica o un vídeo sexual le podemos joder la vida al prójimo (o a uno mismo). El tiempo lo dirá… Y como decía Oscar Wilde, la única ventaja de jugar con fuego es que uno aprende a no quemarse.

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Opiniones 4
  • Y si en vez de dudar de sus conductas pudiésemos aprender? Y si en vez del miedo al daño que puedan hacerte con tu imagen y tu sexo defendiesemos la libertad de mostrar y ser respetados? Acaso no tenemos derecho a ser respetados en nuestra libertad sexual?Hemos de promocionar el respeto, no el miedo. Hemos de coartar la libertad, no el miedo. Creo que el peligro y la perspectiva de género no concuerdan con los números que se ofrecen. Cómo se combinan o confunden el puritanismo y la perspectiva de género? Creo que en este caso podemos aprender de nuestra juventud y reconocer nuestros temores y nuestras limitaciones. El debate es nutritivo. Saludos!

  • *Hemos de coartar el miedo, la represión y el puritanismo.

    La libertad y el sexo deben ser respetados y protegidos. Lo dice la declaración de derechos humanos de 1948:
    Artículo 3: Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.
    Artículo 12: Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.
    Artículo 2: Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, SEXO, idioma, etc…

    http://www.un.org/es/universal-declaration-human-rights/

  • ¿De donde se han sacado esas estadísticas? Me niego a creer que un adolescente utilice Twitter para nada y Tuenti, ¡Tuenti! ¿Cuantos años hace que dejó de existir esta red social?

  • Curiosas reflexiones:
    » «Las chicas son las que más admiten que controlan a sus parejas, ya sea la última conexión, las fotografías y estados, el teléfono móvil e incluso a quién siguen o los «me gusta» de sus parejas en redes sociales. Inclusive, en algunos casos admiten haber seguido a sus parejas para comprobar a dónde van», apunta Alonso.»
    Pues esa conducta, cuando la realiza un varón, es tildada de maltrato por todos los manuales feministas. ¿Son las adolescentes maltratadoras?

    «Las chicas reciben bastante más supervisión que los chicos y no es raro que sus padres vigilen su teléfono o sus perfiles en las redes. La sombra del sistema patriarcal es muy alargada, señores.»
    O sea, que a las chicas se las protege más de los «peligros» de las redes que a los chicos. Ergo, eso del patriarcado ¿es, en realidad, más beneficioso para las mujeres que para los hombres?

    Por lo demás, de acuerdo con Felipe

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