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23 de septiembre 2015    /   IDEAS
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Si aprobaste la asignatura, entonces tú puedes ser un gran profesor

23 de septiembre 2015    /   IDEAS     por          
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Las clases particulares es aquello a lo que uno se aferra cuando no hay manera de aprobar la dichosa asignatura. Profesores en paro, licenciados que buscan ingresos extra suelen ofrecerse para impartir la materia, pero ¿realmente resultan útiles a la hora de ayudar a superar un asignatura que se nos ha atravesado?
Cuando Jordi Llonch estaba cursando la carrera de Multimedia no recurrió a ninguno de ellos. Fue en otro estudiante como él en el que descubrió a su mejor aliado. «Necesité ayuda con Programación. Y fue un estudiante de un curso superior quien finalmente me ayudó a obtener los conocimientos y técnicas necesarias para aprobar la asignatura con una nota que nunca hubiera sacado yo solo», nos cuenta.
Llonch, que por aquel entonces era piloto en una aerolínea comercial, pensó que al igual que él había conseguido superar la asignatura de esa forma, otros universitarios también podrían valerse en determinadas materias de la experiencia de otros estudiantes que las hubieran superado con éxito.
Fue entonces cuando dejó aparcada su carrera (y el avión) para poner en marcha de la mano de Incubio, Sharing Academy una plataforma de clases particulares entre estudiantes universitarios.
«Es un ejemplo de economía colaborativa, un sistema económico que optimiza los recursos infrautilizados; en este caso el conocimiento adquirido por los estudiantes que han aprobado las asignaturas».
Llonch hace referencia a los datos del Instituto Nacional de Estadística, que calcula en unos 700 euros de media lo que se gasta un universitario que asiste a clases de repaso fuera de la universidad («a esto se le suma el incremento del coste de las matrículas universitarias, que ha aumentado un 291% en los últimos 6 años»), para asegurar que las clases que se imparten a través de su plataforma resultan más baratas.
«Son un 30% más económicas, ya que el alumno se ahorra el desembolso habitual asociado a inscripciones y al pago de cursos enteros, entre otros. El coste de cada clase lo fija cada profesor particular y, en caso de que no sepa qué precio fijar, el sistema le ayuda con una propuesta basada en la media de las clases existentes al momento de publicación de la oferta».
Sharing Academy-web
Sharing Academy-web2
En cuanto a los profesores, Sharing Academy evalúa su capacidad pedagógica y sus conocimientos en la materia comprobando que ha estudiado en la universidad que dice, analiza su expediente académico, pide a los alumnos que ya han contado con sus servicios que valoren sus aptitudes para la docencia y, de forma adicional, solicita a los amigos y conocidos de los profesores que les escriban referencias en su página personal para aumentar la confianza entre futuros alumnos.
«Cuantas más clases particulares dé un profesor a través de la web, más reputación obtendrá. Y esa información se almacena en el sistema junto con el número de clases impartidas, las valoraciones obtenidas, los comentarios generados y las referencias recibidas. Todos esos datos se interpretan con un algoritmo similar al que utiliza Google para mostrar sus resultados de búsqueda».
Precisamente, la importancia que Sharing Academy da a la reputación de sus profesores es lo que, según Llonch, la diferencia de otras plataformas similares: «Conocíamos los casos de StudyRoom o WyzAnt, en Estados Unidos, pero sus propuestas son diferentes: StudyRoom está enfocado a la solución de ejercicios/deberes y en WyzAnt no exigen que el profesor haya superado la asignatura de la misma carrera que el estudiante».

Las clases particulares es aquello a lo que uno se aferra cuando no hay manera de aprobar la dichosa asignatura. Profesores en paro, licenciados que buscan ingresos extra suelen ofrecerse para impartir la materia, pero ¿realmente resultan útiles a la hora de ayudar a superar un asignatura que se nos ha atravesado?
Cuando Jordi Llonch estaba cursando la carrera de Multimedia no recurrió a ninguno de ellos. Fue en otro estudiante como él en el que descubrió a su mejor aliado. «Necesité ayuda con Programación. Y fue un estudiante de un curso superior quien finalmente me ayudó a obtener los conocimientos y técnicas necesarias para aprobar la asignatura con una nota que nunca hubiera sacado yo solo», nos cuenta.
Llonch, que por aquel entonces era piloto en una aerolínea comercial, pensó que al igual que él había conseguido superar la asignatura de esa forma, otros universitarios también podrían valerse en determinadas materias de la experiencia de otros estudiantes que las hubieran superado con éxito.
Fue entonces cuando dejó aparcada su carrera (y el avión) para poner en marcha de la mano de Incubio, Sharing Academy una plataforma de clases particulares entre estudiantes universitarios.
«Es un ejemplo de economía colaborativa, un sistema económico que optimiza los recursos infrautilizados; en este caso el conocimiento adquirido por los estudiantes que han aprobado las asignaturas».
Llonch hace referencia a los datos del Instituto Nacional de Estadística, que calcula en unos 700 euros de media lo que se gasta un universitario que asiste a clases de repaso fuera de la universidad («a esto se le suma el incremento del coste de las matrículas universitarias, que ha aumentado un 291% en los últimos 6 años»), para asegurar que las clases que se imparten a través de su plataforma resultan más baratas.
«Son un 30% más económicas, ya que el alumno se ahorra el desembolso habitual asociado a inscripciones y al pago de cursos enteros, entre otros. El coste de cada clase lo fija cada profesor particular y, en caso de que no sepa qué precio fijar, el sistema le ayuda con una propuesta basada en la media de las clases existentes al momento de publicación de la oferta».
Sharing Academy-web
Sharing Academy-web2
En cuanto a los profesores, Sharing Academy evalúa su capacidad pedagógica y sus conocimientos en la materia comprobando que ha estudiado en la universidad que dice, analiza su expediente académico, pide a los alumnos que ya han contado con sus servicios que valoren sus aptitudes para la docencia y, de forma adicional, solicita a los amigos y conocidos de los profesores que les escriban referencias en su página personal para aumentar la confianza entre futuros alumnos.
«Cuantas más clases particulares dé un profesor a través de la web, más reputación obtendrá. Y esa información se almacena en el sistema junto con el número de clases impartidas, las valoraciones obtenidas, los comentarios generados y las referencias recibidas. Todos esos datos se interpretan con un algoritmo similar al que utiliza Google para mostrar sus resultados de búsqueda».
Precisamente, la importancia que Sharing Academy da a la reputación de sus profesores es lo que, según Llonch, la diferencia de otras plataformas similares: «Conocíamos los casos de StudyRoom o WyzAnt, en Estados Unidos, pero sus propuestas son diferentes: StudyRoom está enfocado a la solución de ejercicios/deberes y en WyzAnt no exigen que el profesor haya superado la asignatura de la misma carrera que el estudiante».

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