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5 de septiembre 2019    /   CREATIVIDAD
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Los locos gifs de Sholim

5 de septiembre 2019    /   CREATIVIDAD     por          
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Internet ha simplificado las cosas. Los mensajes digitales son cortos y mimetizables, replicables, repetibles. Viralizables. En este contexto, los escritos se desnudan de letras hasta los 280 caracteres para viajar más veloces. Los vídeos se reducen de planos hasta convertirse en gifs. No es algo necesariamente malo, es simplemente algo nuevo. Y hay quien ha sabido aprovechar las ventajas de este neolenguaje.

Milos Rajkovic lo ha hecho. Este artista serbio, conocido en Instagram como Sholim, es un artesano del GIF. Sus creaciones apenas duran tres segundos pero su contenido se repite como un eco visual, creando animaciones infinitas. «Creo firmemente en el potencial artístico del GIF», defiende, «son la herramienta más influyente del lenguaje visual actual. Todo lo que vemos hoy es, de alguna forma, una repetición de un mensaje corto, es decir, un GIF».

 

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Además, destacando los aspectos más prácticos de este formato, Sholim remarca que «se puede ver en cualquier dispositivo móvil, en cualquier rincón del mundo y toma inspiración de internet, de su capacidad para esparcir información y estupidez».

Este artista reivindica la estupidez y eso dice mucho de él. A pesar del éxito, los halagos y las comparaciones excesivas, no se toma demasiado en serio. La prensa especializada ha dicho de él que es una especie de versión milenial de Magritte, Dalí o el cineasta David Cronenberg. Pero cuando se le pregunta por sus influencias, Sholim omite a los grandes artistas del siglo XX para volver a musas más terrenales: «la creatividad, la estupidez y los memes de internet».

 

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Dream no.7 by #Sholim

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Puede que su trabajo tenga esa vertiente de consumo rápido que lo emparenta con los memes más facilones, pero hay una carga artística importante detrás y un mensaje de sátira política, militar y cultural. Es uno de los grandes aciertos de un artista que ha sabido imitar el lenguaje de internet sin renunciar a crear un discurso propio.

Este discurso se compone como un frankenstein audiovisual, pues los gifs de Sholim no dejan de ser un collage en movimiento. «A veces filmo material propio y otras lo cojo de películas viejas, especialmente de cintas yugoslavas de los 70 y 80 que me encantan», explica.

También rescata algo de algún telefilm americano; lo que siempre evita son las imágenes de clásicos del cine, pues quiere tirar de imágenes desconocidas. «Así les puedo dar una nueva vida mediante mis animaciones», resume.

 

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Las crea con Photoshop y After Effects en un proceso que describe como divertido y estimulante. «Es una especie de reto, usar material de hace 60 años para crear algo que sea interesante de ver en el siglo XXI en Instagram».

Esta afirmación resume el trabajo de Sholim. Es precisamente eso lo que hace este artista serbio: reutilizar herramientas del pasado para crear contenido que puede parecer innovador en su estética o su forma, pero que entronca con corrientes artísticas que llevan décadas entre nosotros. Internet ha simplificado las cosas y ha impuesto una nueva forma de lenguaje. Pero hay quien lo sabe usar para transmitir mensajes atemporales.

 

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Internet ha simplificado las cosas. Los mensajes digitales son cortos y mimetizables, replicables, repetibles. Viralizables. En este contexto, los escritos se desnudan de letras hasta los 280 caracteres para viajar más veloces. Los vídeos se reducen de planos hasta convertirse en gifs. No es algo necesariamente malo, es simplemente algo nuevo. Y hay quien ha sabido aprovechar las ventajas de este neolenguaje.

Milos Rajkovic lo ha hecho. Este artista serbio, conocido en Instagram como Sholim, es un artesano del GIF. Sus creaciones apenas duran tres segundos pero su contenido se repite como un eco visual, creando animaciones infinitas. «Creo firmemente en el potencial artístico del GIF», defiende, «son la herramienta más influyente del lenguaje visual actual. Todo lo que vemos hoy es, de alguna forma, una repetición de un mensaje corto, es decir, un GIF».

 

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Además, destacando los aspectos más prácticos de este formato, Sholim remarca que «se puede ver en cualquier dispositivo móvil, en cualquier rincón del mundo y toma inspiración de internet, de su capacidad para esparcir información y estupidez».

Este artista reivindica la estupidez y eso dice mucho de él. A pesar del éxito, los halagos y las comparaciones excesivas, no se toma demasiado en serio. La prensa especializada ha dicho de él que es una especie de versión milenial de Magritte, Dalí o el cineasta David Cronenberg. Pero cuando se le pregunta por sus influencias, Sholim omite a los grandes artistas del siglo XX para volver a musas más terrenales: «la creatividad, la estupidez y los memes de internet».

 

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Puede que su trabajo tenga esa vertiente de consumo rápido que lo emparenta con los memes más facilones, pero hay una carga artística importante detrás y un mensaje de sátira política, militar y cultural. Es uno de los grandes aciertos de un artista que ha sabido imitar el lenguaje de internet sin renunciar a crear un discurso propio.

Este discurso se compone como un frankenstein audiovisual, pues los gifs de Sholim no dejan de ser un collage en movimiento. «A veces filmo material propio y otras lo cojo de películas viejas, especialmente de cintas yugoslavas de los 70 y 80 que me encantan», explica.

También rescata algo de algún telefilm americano; lo que siempre evita son las imágenes de clásicos del cine, pues quiere tirar de imágenes desconocidas. «Así les puedo dar una nueva vida mediante mis animaciones», resume.

 

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Las crea con Photoshop y After Effects en un proceso que describe como divertido y estimulante. «Es una especie de reto, usar material de hace 60 años para crear algo que sea interesante de ver en el siglo XXI en Instagram».

Esta afirmación resume el trabajo de Sholim. Es precisamente eso lo que hace este artista serbio: reutilizar herramientas del pasado para crear contenido que puede parecer innovador en su estética o su forma, pero que entronca con corrientes artísticas que llevan décadas entre nosotros. Internet ha simplificado las cosas y ha impuesto una nueva forma de lenguaje. Pero hay quien lo sabe usar para transmitir mensajes atemporales.

 

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