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5 de julio 2017    /   IDEAS
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Echarte una siesta en el trabajo puede ser de buena educación

5 de julio 2017    /   IDEAS     por          
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¿No tienes jornada intensiva? ¿Hace calor? ¿No das pie con bola porque te gustaría estar en la piscina en lugar de en la oficina? No te preocupes. Échate una siesta, tu jefe te lo agradecerá.

El periodista de The New York Times Tim Herrera reconoció recientemente que llevaba varias semanas durmiendo en el trabajo. Concretamente, unas siestas de alrededor de una hora.

Además de no tener ningún remordimiento por ello, afirmaba que su rendimiento laboral había mejorado. En su opinión, si algo debían hacer sus jefes no era darle una reprimenda, sino un efusivo «gracias, Tim».

Para este periodista, las siestas en el trabajo son uno de los tabúes habituales en las oficinas. La razón principal es que el resto de compañeros no concibe que, mientas que ellos no paran de hacer cosas, haya alguien que esté descansando. Lo de menos es que ese descanso haga que la persona sea más productiva que los que trabajan sin descanso.

De hecho, uno de los grandes problemas de las empresas es la poca productividad, sí. Sin embargo, no es la de los dormilones, sino la de los que les puede el estrés porque no son capaces de tomarse un minuto de respiro.

En Japón, donde nadie duda de la productividad de sus ciudadanos, existe una palabra para denominar la acción de dormir que se realiza en presencia de otra gente: inemuri.

El inemuri se lleva practicando en el país asiático miles de años. Incluso es considerado de buena educación. El razonamiento es que, en lugar de excusarse y abandonar el puesto de trabajo o la reunión, la persona que está cansada decide dormir allí en consideración y respeto a los demás.

Esas cabezadas improvisadas son tan habituales en Japón que en ciudades como Tokio y Kioto existen locales en los que los empleados que desean echarse una siesta y les da vergüenza hacerlo en el centro de trabajo disponen de un lugar tranquilo y acogedor para ello.

Inspirada en esos locales y en otros de lugares como Londres, Nueva York o París, María Estrella Jorro de Inza acaba de abrir en pleno centro empresarial de Madrid Siesta & Go.



El local, que abre de 11 de la mañana a 19 horas de la tarde, cuenta con diferentes estancias con camas individuales, literas o sofás. En ellos, los clientes pueden descansar el tiempo que deseen.

El minuto cuesta 0,23 céntimos de euro, aunque se pueden adquirir bonos que reducen la cantidad a 0,20. También dan servicio de conexión a internet, prensa e incluso zapatillas, sábanas o ropa para dormir.

Lo que no está permitido en el local son los despertadores o teléfonos móviles. El objetivo es no molestar el sueño del resto de usuarios. Por esa razón, son los encargados del negocio los que despiertan a la persona a la hora acordada.

A pesar de su mala fama, las siestas tienen efectos muy beneficiosos según los neurólogos. De hecho, diferentes tipos de siestas pueden activar y recuperar diferentes capacidades en la persona.

En este sentido, una siesta ligera de no más de 20 minutos reactiva la memoria y la capacidad de aprendizaje. Una siesta profunda de una hora activa la creatividad. Si es una siesta de hora y media, puede ser el equivalente, en lo que a beneficios se refiere, de un ciclo completo de sueño nocturno.

En todo caso, si se va a realizar en el entorno laboral, los expertos consideran que 20 minutos es más que suficiente. Si no, se corre el riesgo de despertar un poco aturdido, lo que dificultaría retomar al ritmo de la jornada laboral.

Si bien no parece que las siestas vayan a generalizarse en las empresas, al menos a corto plazo, son cada vez más las compañías que fomentan breves pausas para tomar café. Incluso se incentivan cortos paseos alrededor de la manzana para que los empleados se oxigenen. Breves momentos de descanso que ayudan a disminuir la tensión derivada del exceso de trabajo y aumentan la productividad. En definitiva, soluciones que resulta difícil determinar si son a favor del trabajador… o de la empresa.

¿No tienes jornada intensiva? ¿Hace calor? ¿No das pie con bola porque te gustaría estar en la piscina en lugar de en la oficina? No te preocupes. Échate una siesta, tu jefe te lo agradecerá.

El periodista de The New York Times Tim Herrera reconoció recientemente que llevaba varias semanas durmiendo en el trabajo. Concretamente, unas siestas de alrededor de una hora.

Además de no tener ningún remordimiento por ello, afirmaba que su rendimiento laboral había mejorado. En su opinión, si algo debían hacer sus jefes no era darle una reprimenda, sino un efusivo «gracias, Tim».

Para este periodista, las siestas en el trabajo son uno de los tabúes habituales en las oficinas. La razón principal es que el resto de compañeros no concibe que, mientas que ellos no paran de hacer cosas, haya alguien que esté descansando. Lo de menos es que ese descanso haga que la persona sea más productiva que los que trabajan sin descanso.

De hecho, uno de los grandes problemas de las empresas es la poca productividad, sí. Sin embargo, no es la de los dormilones, sino la de los que les puede el estrés porque no son capaces de tomarse un minuto de respiro.

En Japón, donde nadie duda de la productividad de sus ciudadanos, existe una palabra para denominar la acción de dormir que se realiza en presencia de otra gente: inemuri.

El inemuri se lleva practicando en el país asiático miles de años. Incluso es considerado de buena educación. El razonamiento es que, en lugar de excusarse y abandonar el puesto de trabajo o la reunión, la persona que está cansada decide dormir allí en consideración y respeto a los demás.

Esas cabezadas improvisadas son tan habituales en Japón que en ciudades como Tokio y Kioto existen locales en los que los empleados que desean echarse una siesta y les da vergüenza hacerlo en el centro de trabajo disponen de un lugar tranquilo y acogedor para ello.

Inspirada en esos locales y en otros de lugares como Londres, Nueva York o París, María Estrella Jorro de Inza acaba de abrir en pleno centro empresarial de Madrid Siesta & Go.



El local, que abre de 11 de la mañana a 19 horas de la tarde, cuenta con diferentes estancias con camas individuales, literas o sofás. En ellos, los clientes pueden descansar el tiempo que deseen.

El minuto cuesta 0,23 céntimos de euro, aunque se pueden adquirir bonos que reducen la cantidad a 0,20. También dan servicio de conexión a internet, prensa e incluso zapatillas, sábanas o ropa para dormir.

Lo que no está permitido en el local son los despertadores o teléfonos móviles. El objetivo es no molestar el sueño del resto de usuarios. Por esa razón, son los encargados del negocio los que despiertan a la persona a la hora acordada.

A pesar de su mala fama, las siestas tienen efectos muy beneficiosos según los neurólogos. De hecho, diferentes tipos de siestas pueden activar y recuperar diferentes capacidades en la persona.

En este sentido, una siesta ligera de no más de 20 minutos reactiva la memoria y la capacidad de aprendizaje. Una siesta profunda de una hora activa la creatividad. Si es una siesta de hora y media, puede ser el equivalente, en lo que a beneficios se refiere, de un ciclo completo de sueño nocturno.

En todo caso, si se va a realizar en el entorno laboral, los expertos consideran que 20 minutos es más que suficiente. Si no, se corre el riesgo de despertar un poco aturdido, lo que dificultaría retomar al ritmo de la jornada laboral.

Si bien no parece que las siestas vayan a generalizarse en las empresas, al menos a corto plazo, son cada vez más las compañías que fomentan breves pausas para tomar café. Incluso se incentivan cortos paseos alrededor de la manzana para que los empleados se oxigenen. Breves momentos de descanso que ayudan a disminuir la tensión derivada del exceso de trabajo y aumentan la productividad. En definitiva, soluciones que resulta difícil determinar si son a favor del trabajador… o de la empresa.

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