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7 de enero 2018    /   ENTRETENIMIENTO
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Tenemos jamón «ibérico»

7 de enero 2018    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Es sabido que Cervantes entregó El Quijote a imprenta sin apenas signos de puntuación. En aquella época, eran los editores los encargados de ponerlos. De ahí se desprendieron las diferencias de interpretación entre unas ediciones y otras.

Camilo José Cela colocó un solo punto en las 238 páginas de su novela Cristo versus Arizona. También Gabriel García Márquez escribe largos párrafos sin un solo punto y aparte en El otoño del patriarca. Y Benedetti escribió Testigo de uno mismo sin puntos ni comas (utilizó la barra para separar las frases).

Anécdotas aparte, los signos de puntuación parecen el «maquillaje» de los textos: pensamos que ayudan a presentar estos mejor, pero que tampoco sería tan grave omitir o cambiar uno. Pero, en ocasiones, una mala utilización de los signos puede provocar que una frase se entienda de forma totalmente diferente.

Así lo explica José Antonio Millán en su libro Perdón imposible (que no «perdón, imposible»). También en internet podemos encontrar numerosos juegos en los que un mismo texto puede significar varias cosas distintas según dónde se coloquen las comas. Pero del mal uso de las comas hablaremos más adelante, porque ese asunto podría ocupar varios artículos.

Estos son algunos de los otros signos que se escriben de forma incorrecta con relativa frecuencia:

Los puntos suspensivos son solo tres

Aunque pueda parecerlo, la intriga no aumenta por escribir más puntos suspensivos. Ese efecto se debe conseguir con la redacción, pero los puntos suspensivos son siempre solo tres.

Pueden aparecer cuatro puntos seguidos cuando los tres suspensivos se sitúen detrás de una abreviatura, ya que esta lleva su propio punto:

Disculpe, Sr….

O incluso podrían aparecer cinco en el caso de que, después de la abreviatura y los puntos suspensivos, haya un signo de interrogación y exclamación o dos puntos. Pero, de esos cinco puntos consecutivos, en realidad solo tres son suspensivos.

¿Puedo ayudarle, Sr….?

Además, los puntos suspensivos no son compatibles con el empleo de la palabra etcétera o su abreviatura. O lo uno o lo otro.

Ya tengo listos los entrantes, las bebidas, el postre…

Ya tengo listos los entrantes, las bebidas, el postre, etc.

Ya tengo listos los entrantes, las bebidas, el postre, etc….*

Las comillas no sirven para subrayar

No es difícil encontrar mensajes en los que el emisor ha pretendido resaltar una palabra o frase utilizando las comillas. Es frecuente, por ejemplo, en algunos comercios tradicionales: bares, mercerías… Me refiero a carteles con frases como Tenemos jamón «ibérico»* Se hacen arreglos «rápidos»*.

Las comillas no producen el efecto de resaltar lo entrecomillado, sino el de indicar que se trata de algo irónico. También tienen otros usos: el de enmarcar citas textuales, el de señalar una palabra vulgar o de otra lengua… Pero, cuando no se trata de ninguno de esos casos, el único uso aplicable es el de la ironía o el doble sentido.

Por eso, las personas que conocen las reglas de puntuación encuentran esos carteles bastante cómicos: lo que en realidad están diciendo esos comercios, con toda su buena intención, es que los arreglos están lejos de ser rápidos y que ese jamón es menos ibérico que una pieza de sashimi.

En cuanto al uso de comillas latinas, inglesas o simples, se recomienda utilizar las primeras («») y reservar las otras (“” y `´) para cuando un texto ya entrecomillado lleve además dentro algunas partes que tengan que ir también entre comillas.

«Su padre le dijo: “¡Deja de distraerme o se me quemarán las `cocretas´!”»

Igual significa igual

En los establecimientos de una conocida cadena de ropa masculina han estado publicados durante todas las fiestas navideñas sendos carteles promocionales en los que podía leerse: 3=2*

Un poco más abajo, un texto aclaraba que la promoción permitía hacerse con tres prendas por el precio de dos. Esa aclaración era totalmente necesaria, ya que la inscripción inicial era confusa.

Si no tenían espacio para escribir «tres por el precio de dos» o «llévese tres y pague dos», al menos podían haber puesto «3×2», una fórmula mucho más habitual y acertada para estos casos.

En español, las preguntas y las exclamaciones llevan signo de apertura

La verdad es que los teclados táctiles no lo ponen muy fácil. A veces, escribir los signos de apertura supone la pérdida de un tiempo precioso. Pero, nos guste o no, esos signos son tan necesarios como los de cierre. Su omisión, además de ser señal de una escritura descuidada, puede hacer que el mensaje se interprete peor (por ejemplo, en casos en los que la pregunta afecte solo a la mitad del enunciado).

Por ejemplo, en frases como «A Mónica le gusta la leche desnatada, ¿tiene alguna preferencia más?» el significado varía según si los signos de interrogación enmarcan la frase al completo o solo la segunda parte de la misma.

El punto y coma existe

Y no solo eso: utilizarlo correctamente es, cada vez más, muestra de una escritura cuidada y culta. Porque es el signo más poético y subjetivo de todos.  Las reglas dejan mucho espacio a la interpretación. Por ejemplo, un punto y coma puede separar dos enunciados cuando la relación semántica entre ellos no sea tan sólida como para poner solo una coma ni tampoco tan indirecta como para poner un punto:

Solo me quedan tres meses de paro; estoy empezando a buscar trabajo también fuera de mi ciudad.

También puede utilizarse para establecer un equilibrio, de manera que se forma una balanza entre las palabras que se encuentran a un lado y a otro de este signo, aunque uno de los dos lados sea más extenso:

Despertarme y no ver tus ojos; morir.

La RAE expone algunas reglas que explican la adecuación de su uso, pero solo quien comprende plenamente sus connotaciones puede utilizar este signo con propiedad y conseguir buenos resultados.

La excepción es su uso en enumeraciones cuyos elementos ya contienen comas: es el más objetivo de cuantos se pueden atribuir al punto y coma:

Italia, ocho puntos; España, diez puntos; Dinamarca, doce puntos.

Mi consejo es, entonces, el de animaros a utilizar tantos signos de puntuación como podáis; enriquecerán vuestro texto. Siempre y cuando, claro está, tengáis «clarinete» su significado y su uso… ¡Si no, podría ser aún peor!

Es sabido que Cervantes entregó El Quijote a imprenta sin apenas signos de puntuación. En aquella época, eran los editores los encargados de ponerlos. De ahí se desprendieron las diferencias de interpretación entre unas ediciones y otras.

Camilo José Cela colocó un solo punto en las 238 páginas de su novela Cristo versus Arizona. También Gabriel García Márquez escribe largos párrafos sin un solo punto y aparte en El otoño del patriarca. Y Benedetti escribió Testigo de uno mismo sin puntos ni comas (utilizó la barra para separar las frases).

Anécdotas aparte, los signos de puntuación parecen el «maquillaje» de los textos: pensamos que ayudan a presentar estos mejor, pero que tampoco sería tan grave omitir o cambiar uno. Pero, en ocasiones, una mala utilización de los signos puede provocar que una frase se entienda de forma totalmente diferente.

Así lo explica José Antonio Millán en su libro Perdón imposible (que no «perdón, imposible»). También en internet podemos encontrar numerosos juegos en los que un mismo texto puede significar varias cosas distintas según dónde se coloquen las comas. Pero del mal uso de las comas hablaremos más adelante, porque ese asunto podría ocupar varios artículos.

Estos son algunos de los otros signos que se escriben de forma incorrecta con relativa frecuencia:

Los puntos suspensivos son solo tres

Aunque pueda parecerlo, la intriga no aumenta por escribir más puntos suspensivos. Ese efecto se debe conseguir con la redacción, pero los puntos suspensivos son siempre solo tres.

Pueden aparecer cuatro puntos seguidos cuando los tres suspensivos se sitúen detrás de una abreviatura, ya que esta lleva su propio punto:

Disculpe, Sr….

O incluso podrían aparecer cinco en el caso de que, después de la abreviatura y los puntos suspensivos, haya un signo de interrogación y exclamación o dos puntos. Pero, de esos cinco puntos consecutivos, en realidad solo tres son suspensivos.

¿Puedo ayudarle, Sr….?

Además, los puntos suspensivos no son compatibles con el empleo de la palabra etcétera o su abreviatura. O lo uno o lo otro.

Ya tengo listos los entrantes, las bebidas, el postre…

Ya tengo listos los entrantes, las bebidas, el postre, etc.

Ya tengo listos los entrantes, las bebidas, el postre, etc….*

Las comillas no sirven para subrayar

No es difícil encontrar mensajes en los que el emisor ha pretendido resaltar una palabra o frase utilizando las comillas. Es frecuente, por ejemplo, en algunos comercios tradicionales: bares, mercerías… Me refiero a carteles con frases como Tenemos jamón «ibérico»* Se hacen arreglos «rápidos»*.

Las comillas no producen el efecto de resaltar lo entrecomillado, sino el de indicar que se trata de algo irónico. También tienen otros usos: el de enmarcar citas textuales, el de señalar una palabra vulgar o de otra lengua… Pero, cuando no se trata de ninguno de esos casos, el único uso aplicable es el de la ironía o el doble sentido.

Por eso, las personas que conocen las reglas de puntuación encuentran esos carteles bastante cómicos: lo que en realidad están diciendo esos comercios, con toda su buena intención, es que los arreglos están lejos de ser rápidos y que ese jamón es menos ibérico que una pieza de sashimi.

En cuanto al uso de comillas latinas, inglesas o simples, se recomienda utilizar las primeras («») y reservar las otras (“” y `´) para cuando un texto ya entrecomillado lleve además dentro algunas partes que tengan que ir también entre comillas.

«Su padre le dijo: “¡Deja de distraerme o se me quemarán las `cocretas´!”»

Igual significa igual

En los establecimientos de una conocida cadena de ropa masculina han estado publicados durante todas las fiestas navideñas sendos carteles promocionales en los que podía leerse: 3=2*

Un poco más abajo, un texto aclaraba que la promoción permitía hacerse con tres prendas por el precio de dos. Esa aclaración era totalmente necesaria, ya que la inscripción inicial era confusa.

Si no tenían espacio para escribir «tres por el precio de dos» o «llévese tres y pague dos», al menos podían haber puesto «3×2», una fórmula mucho más habitual y acertada para estos casos.

En español, las preguntas y las exclamaciones llevan signo de apertura

La verdad es que los teclados táctiles no lo ponen muy fácil. A veces, escribir los signos de apertura supone la pérdida de un tiempo precioso. Pero, nos guste o no, esos signos son tan necesarios como los de cierre. Su omisión, además de ser señal de una escritura descuidada, puede hacer que el mensaje se interprete peor (por ejemplo, en casos en los que la pregunta afecte solo a la mitad del enunciado).

Por ejemplo, en frases como «A Mónica le gusta la leche desnatada, ¿tiene alguna preferencia más?» el significado varía según si los signos de interrogación enmarcan la frase al completo o solo la segunda parte de la misma.

El punto y coma existe

Y no solo eso: utilizarlo correctamente es, cada vez más, muestra de una escritura cuidada y culta. Porque es el signo más poético y subjetivo de todos.  Las reglas dejan mucho espacio a la interpretación. Por ejemplo, un punto y coma puede separar dos enunciados cuando la relación semántica entre ellos no sea tan sólida como para poner solo una coma ni tampoco tan indirecta como para poner un punto:

Solo me quedan tres meses de paro; estoy empezando a buscar trabajo también fuera de mi ciudad.

También puede utilizarse para establecer un equilibrio, de manera que se forma una balanza entre las palabras que se encuentran a un lado y a otro de este signo, aunque uno de los dos lados sea más extenso:

Despertarme y no ver tus ojos; morir.

La RAE expone algunas reglas que explican la adecuación de su uso, pero solo quien comprende plenamente sus connotaciones puede utilizar este signo con propiedad y conseguir buenos resultados.

La excepción es su uso en enumeraciones cuyos elementos ya contienen comas: es el más objetivo de cuantos se pueden atribuir al punto y coma:

Italia, ocho puntos; España, diez puntos; Dinamarca, doce puntos.

Mi consejo es, entonces, el de animaros a utilizar tantos signos de puntuación como podáis; enriquecerán vuestro texto. Siempre y cuando, claro está, tengáis «clarinete» su significado y su uso… ¡Si no, podría ser aún peor!

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