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11 de abril 2013    /   BRANDED CONTENT
 

Deporte con efectos secundarios

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olivos
La llegada del otoño trajo consigo con un nuevo proyecto: ‘El deportista social’. Era una colaboración de Yorokobu con Sigre y consistía en aprovechar el esfuerzo y tiempo dedicado a hacer ejercicio físico para realizar, a la vez, una acción social.
En cada actividad que hacíamos, y cada actividad que nos contaban, constatamos que, como dice Sigre, “los pequeños detalles cambian el mundo”.
El invierno nos hizo pensar en la naturaleza y, dentro de la campaña Cambia con Sigre, organizamos un curso de huertos urbanos. Era una forma de sacar el tema a la calle e intentar llenar las ciudades de frutas y hortalizas.
Los propósitos se pueden convertir en hábitos y los hábitos pueden cambiar el mundo. Esperamos que te haya servido de inspiración y que lo disfrutes tanto como nosotros. Esta es la última historia que publicamos, aunque ya hay muchas más previstas, para no dejar nunca de pensar en los efectos colaterales de cada cosa que hacemos.
Miguel Baile es vaquero en Villamiel, un pequeño pueblo de la Sierra de Gata, al norte de Cáceres. En esta localidad extremeña, como en la mayoría de los pueblos de España, cada paisano tiene sus tierras y en ellas siempre hay un huerto y algunos animales que cuida toda la familia y que ayudan a la economía doméstica. En la Sierra de Gata, además, hay olivos y cada invierno recogen la aceituna para convertirla en aceite e ir tirando hasta el año siguiente.
Pero este año las cosas se han torcido en la familia de Miguel Baile. Una de sus hijas ya no vive en el pueblo, la otra tiene su trabajo, su mujer tiene una lesión en la rodilla y sus suegros están mayores para la dura tarea de recoger la aceituna. Todo parece indicar que esta temporada se quedará sin aceite y serán los pájaros los que acaben con la cosecha de aceitunas.
Yorokobu quiso echar una mano al vaquero como parte de la campaña Cambia por Sigre, una acción en colaboración con Sigre, una entidad dedicada a cuidar el medio ambiente mediante el reciclaje de envases y residuos medicamentos a través de los puntos Sigre de las farmacias. Conscientes de que un día de recogida supera con creces el ejercicio que puedas hacer durante una semana en un gimnasio, Fermín Abella se cargó la pesada vareadora mecánica y se puso a varear olivos.
Pero aguantar los 12 kilos de peso del aparato y sus vibraciones no es lo peor. A eso hay que añadir el tendido de las redes en el suelo, la limpieza de las aceitunas, que caen con muchas hojas y ramas que hay que separar, el empaquetado en sacos para transportar hasta el coche y finalmente el traslado a la almazara, donde todo ese esfuerzo se convierte en aceite.
Al final, tres días de intenso trabajo, más de 1.000 kilos recogidos y unas tremendas agujetas.
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La llegada del otoño trajo consigo con un nuevo proyecto: ‘El deportista social’. Era una colaboración de Yorokobu con Sigre y consistía en aprovechar el esfuerzo y tiempo dedicado a hacer ejercicio físico para realizar, a la vez, una acción social.
En cada actividad que hacíamos, y cada actividad que nos contaban, constatamos que, como dice Sigre, “los pequeños detalles cambian el mundo”.
El invierno nos hizo pensar en la naturaleza y, dentro de la campaña Cambia con Sigre, organizamos un curso de huertos urbanos. Era una forma de sacar el tema a la calle e intentar llenar las ciudades de frutas y hortalizas.
Los propósitos se pueden convertir en hábitos y los hábitos pueden cambiar el mundo. Esperamos que te haya servido de inspiración y que lo disfrutes tanto como nosotros. Esta es la última historia que publicamos, aunque ya hay muchas más previstas, para no dejar nunca de pensar en los efectos colaterales de cada cosa que hacemos.
Miguel Baile es vaquero en Villamiel, un pequeño pueblo de la Sierra de Gata, al norte de Cáceres. En esta localidad extremeña, como en la mayoría de los pueblos de España, cada paisano tiene sus tierras y en ellas siempre hay un huerto y algunos animales que cuida toda la familia y que ayudan a la economía doméstica. En la Sierra de Gata, además, hay olivos y cada invierno recogen la aceituna para convertirla en aceite e ir tirando hasta el año siguiente.
Pero este año las cosas se han torcido en la familia de Miguel Baile. Una de sus hijas ya no vive en el pueblo, la otra tiene su trabajo, su mujer tiene una lesión en la rodilla y sus suegros están mayores para la dura tarea de recoger la aceituna. Todo parece indicar que esta temporada se quedará sin aceite y serán los pájaros los que acaben con la cosecha de aceitunas.
Yorokobu quiso echar una mano al vaquero como parte de la campaña Cambia por Sigre, una acción en colaboración con Sigre, una entidad dedicada a cuidar el medio ambiente mediante el reciclaje de envases y residuos medicamentos a través de los puntos Sigre de las farmacias. Conscientes de que un día de recogida supera con creces el ejercicio que puedas hacer durante una semana en un gimnasio, Fermín Abella se cargó la pesada vareadora mecánica y se puso a varear olivos.
Pero aguantar los 12 kilos de peso del aparato y sus vibraciones no es lo peor. A eso hay que añadir el tendido de las redes en el suelo, la limpieza de las aceitunas, que caen con muchas hojas y ramas que hay que separar, el empaquetado en sacos para transportar hasta el coche y finalmente el traslado a la almazara, donde todo ese esfuerzo se convierte en aceite.
Al final, tres días de intenso trabajo, más de 1.000 kilos recogidos y unas tremendas agujetas.
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