29 de mayo 2020    /   BUSINESS
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La decadencia del modelo de Silicon Valley: ¿Podrán los unicornios atravesar el desierto?

29 de mayo 2020    /   BUSINESS     por          
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Los unicornios ya no son realistas. Puede que en 2013, cuando se acuñó este término para referirse a las start-ups valoradas en más de mil millones de dólares, tuviera sentido. Pero el ecosistema que las vio nacer ha cambiado. Se destacaba entonces, más allá de la rareza que les dio nombre, su naturaleza disruptiva y su capacidad para crecer mucho y muy rápido. Y estos valores se están poniendo en cuestión en el escenario cambiante que se abre ante nosotros. 

Alex Lazarow no es bueno titulando libros, pero mejora bastante a la hora de hacer análisis. En su ensayo Out-Innovate: How Global Entrepreneurs—from Delhi to Detroit—Are Rewriting the Rules of Silicon Valley, este académico e inversor explica por qué el modelo de Silicon Valley empieza a mostrar signos de agotamiento. «El mundo de la innovación necesita renovarse», clama. Esa actualización ya está en marcha. Y su epicentro es más bien difuso, pues se estaría produciendo en distintos lugares que él ha venido a denominar «la frontera»

Silicon Valley es un lugar tan mitificado como los propios unicornios. Durante muchos años su cultura empresarial ha sido venerada e imitada en todo el globo. Hasta que, hace poco, las cosas empezaron a cambiar. «En 2017, el mundo se volvió en gran medida en su contra», explica en un artículo de la revista Quartz. «La zona llamó la atención del mundo por su desproporcionado coste de vida, los problemas éticos que planteaban nuevas empresas como Uber o el impacto en los barrios de plataformas como Airbnb. A ello se sumaron otros problemas como la discriminación, el sexismo, el acoso y los controvertidos roles de las redes sociales en las elecciones estadounidenses de 2016»

Fue como si, de repente, la narrativa triunfalista y naif que se vendía de este mundo empezara a resquebrajarse, mostrando su lado menos amable. Los cuentos romantizados sobre valles, unicornios y emprendedores empezaron a sonar a vieja historia ya escuchada.

Lazarow señala este como el punto de inflexión, el momento en el que empezaron a sonar con fuerza otras narrativas y se prestó atención a diferentes puntos más allá del valle. En cualquier caso, explica el autor, «las empresas de Silicon Valley tienen éxito en un contexto muy particular de abundancia de capital humano y recursos». Su ejemplo no es extrapolable al resto del mundo. Por eso él habla de cómo las start-ups deben dejar de querer ser unicornios e intentar parecerse más a los camellos: empresas que aprovechan las oportunidades, pero también se centran en la sostenibilidad y el crecimiento a largo plazo. Es decir, sobrevivir a largas travesías por el desierto, como la que estamos empezando.

«Nosotros los llamamos iguanacornios, pero el concepto es el mismo», explica Rosa Jiménez Cano. Esta periodista madrileña fue corresponsal en Silicon Valley para el diario El País durante varios años. En la actualidad, trabaja desde Miami como chief ecosystem relations en The Venture City, conociendo y apostando por start-ups de todo el mundo. «En época de abundancia, el modelo del unicornio tenía sentido porque estaba basado en su valoración. Pero también tenía muchísimo gasto y necesidad de crecer», analiza Cano. «Ahora, en una época en la que no va a ser tan fácil levantar capital, las empresas van a necesitar demostrar que tienen un mayor recorrido, capacidad de optimizar su dinero, de ser resistentes y resilientes».

Cano cree que aún es pronto para saber si estamos en un cambio de fase, pero reconoce que hay otros modelos empresariales que han sido silenciados por el interés mediático de Silicon Valley, un nombre que «define un punto geográfico, pero también una forma de pensar». «En la propagación de ese modelo hay una conquista cultural y empresarial», añade. «Si Hollywood nos dijo durante el siglo XX como vivir y a qué aspirar, Silicon Valley lo ha hecho durante el XXI». Ella ayudó a forjar ese relato. Durante años contó como periodista lo que sucedía en este rincón de California. Y a pesar de que reconozca que hay una parte de propaganda, defiende que hay lecciones muy valiosas que extraer de este lugar. Incluso durante esta crisis.

«El mismo concepto de teletrabajo que ahora nos está ayudando en el confinamiento empezó allí», explica. Aunque matiza un extremo que muchos han podido constatar en su propia piel en las últimas semanas: «La libertad está idealizada; al final, te fiscalizan el trabajo igual o más»

Cano asegura que el estilo de trabajo de Silicon Valley se forjó gracias, sobre todo, a dos empresas. «Intel instauró los OKR [Objectives and Key Results, por sus siglas en inglés; una forma de medir el impacto de cada trabajador], el mismo método que después usó Google. Su emerger cambió la forma de trabajar allí. Se empezaron a quitar los cubículos del ambiente de trabajo y se fue relajando la etiqueta, el código de vestuario». La otra gran revolución con nombre propio la generó Steve Jobs, quien «impregnó de su filosofía y su forma de ser no solo Apple, sino todo Silicon Valley»

Cano reivindica varios aspectos de este legado y no cree que esta filosofía de trabajo vaya a desaparecer. Aunque sí hace ciertos matices. Explica, por ejemplo, que la necesidad de crear ejercicios de team building y actividades para los empleados (algo muy común en California) son innecesarios en lugares como España. «Aquí ya nos vamos de cañas con los compañeros sin necesidad de que la empresa lo fomente», comenta. Y esto, aunque pueda parecer anecdótico, dice mucho sobre cómo este modelo se encuentra con barreras culturales a la hora de ser exportado. «Para mí, el gran problema de Silicon Valley es que quiere meternos a todos en la misma caja», subraya Cano. «No entienden otros contextos; nos doman culturalmente para que encajemos en esa visión»

Por eso, asegura, es importante aportar otros puntos de vista, otras narrativas que puedan componer un relato compartido y más diverso. No se trata de que los unicornios no sean necesarios en el futuro inmediato. Se trata de construir un ecosistema en el que puedan convivir con camellos, iguanas y todo tipo de fauna empresarial. 

Los unicornios ya no son realistas. Puede que en 2013, cuando se acuñó este término para referirse a las start-ups valoradas en más de mil millones de dólares, tuviera sentido. Pero el ecosistema que las vio nacer ha cambiado. Se destacaba entonces, más allá de la rareza que les dio nombre, su naturaleza disruptiva y su capacidad para crecer mucho y muy rápido. Y estos valores se están poniendo en cuestión en el escenario cambiante que se abre ante nosotros. 

Alex Lazarow no es bueno titulando libros, pero mejora bastante a la hora de hacer análisis. En su ensayo Out-Innovate: How Global Entrepreneurs—from Delhi to Detroit—Are Rewriting the Rules of Silicon Valley, este académico e inversor explica por qué el modelo de Silicon Valley empieza a mostrar signos de agotamiento. «El mundo de la innovación necesita renovarse», clama. Esa actualización ya está en marcha. Y su epicentro es más bien difuso, pues se estaría produciendo en distintos lugares que él ha venido a denominar «la frontera»

Silicon Valley es un lugar tan mitificado como los propios unicornios. Durante muchos años su cultura empresarial ha sido venerada e imitada en todo el globo. Hasta que, hace poco, las cosas empezaron a cambiar. «En 2017, el mundo se volvió en gran medida en su contra», explica en un artículo de la revista Quartz. «La zona llamó la atención del mundo por su desproporcionado coste de vida, los problemas éticos que planteaban nuevas empresas como Uber o el impacto en los barrios de plataformas como Airbnb. A ello se sumaron otros problemas como la discriminación, el sexismo, el acoso y los controvertidos roles de las redes sociales en las elecciones estadounidenses de 2016»

Fue como si, de repente, la narrativa triunfalista y naif que se vendía de este mundo empezara a resquebrajarse, mostrando su lado menos amable. Los cuentos romantizados sobre valles, unicornios y emprendedores empezaron a sonar a vieja historia ya escuchada.

Lazarow señala este como el punto de inflexión, el momento en el que empezaron a sonar con fuerza otras narrativas y se prestó atención a diferentes puntos más allá del valle. En cualquier caso, explica el autor, «las empresas de Silicon Valley tienen éxito en un contexto muy particular de abundancia de capital humano y recursos». Su ejemplo no es extrapolable al resto del mundo. Por eso él habla de cómo las start-ups deben dejar de querer ser unicornios e intentar parecerse más a los camellos: empresas que aprovechan las oportunidades, pero también se centran en la sostenibilidad y el crecimiento a largo plazo. Es decir, sobrevivir a largas travesías por el desierto, como la que estamos empezando.

«Nosotros los llamamos iguanacornios, pero el concepto es el mismo», explica Rosa Jiménez Cano. Esta periodista madrileña fue corresponsal en Silicon Valley para el diario El País durante varios años. En la actualidad, trabaja desde Miami como chief ecosystem relations en The Venture City, conociendo y apostando por start-ups de todo el mundo. «En época de abundancia, el modelo del unicornio tenía sentido porque estaba basado en su valoración. Pero también tenía muchísimo gasto y necesidad de crecer», analiza Cano. «Ahora, en una época en la que no va a ser tan fácil levantar capital, las empresas van a necesitar demostrar que tienen un mayor recorrido, capacidad de optimizar su dinero, de ser resistentes y resilientes».

Cano cree que aún es pronto para saber si estamos en un cambio de fase, pero reconoce que hay otros modelos empresariales que han sido silenciados por el interés mediático de Silicon Valley, un nombre que «define un punto geográfico, pero también una forma de pensar». «En la propagación de ese modelo hay una conquista cultural y empresarial», añade. «Si Hollywood nos dijo durante el siglo XX como vivir y a qué aspirar, Silicon Valley lo ha hecho durante el XXI». Ella ayudó a forjar ese relato. Durante años contó como periodista lo que sucedía en este rincón de California. Y a pesar de que reconozca que hay una parte de propaganda, defiende que hay lecciones muy valiosas que extraer de este lugar. Incluso durante esta crisis.

«El mismo concepto de teletrabajo que ahora nos está ayudando en el confinamiento empezó allí», explica. Aunque matiza un extremo que muchos han podido constatar en su propia piel en las últimas semanas: «La libertad está idealizada; al final, te fiscalizan el trabajo igual o más»

Cano asegura que el estilo de trabajo de Silicon Valley se forjó gracias, sobre todo, a dos empresas. «Intel instauró los OKR [Objectives and Key Results, por sus siglas en inglés; una forma de medir el impacto de cada trabajador], el mismo método que después usó Google. Su emerger cambió la forma de trabajar allí. Se empezaron a quitar los cubículos del ambiente de trabajo y se fue relajando la etiqueta, el código de vestuario». La otra gran revolución con nombre propio la generó Steve Jobs, quien «impregnó de su filosofía y su forma de ser no solo Apple, sino todo Silicon Valley»

Cano reivindica varios aspectos de este legado y no cree que esta filosofía de trabajo vaya a desaparecer. Aunque sí hace ciertos matices. Explica, por ejemplo, que la necesidad de crear ejercicios de team building y actividades para los empleados (algo muy común en California) son innecesarios en lugares como España. «Aquí ya nos vamos de cañas con los compañeros sin necesidad de que la empresa lo fomente», comenta. Y esto, aunque pueda parecer anecdótico, dice mucho sobre cómo este modelo se encuentra con barreras culturales a la hora de ser exportado. «Para mí, el gran problema de Silicon Valley es que quiere meternos a todos en la misma caja», subraya Cano. «No entienden otros contextos; nos doman culturalmente para que encajemos en esa visión»

Por eso, asegura, es importante aportar otros puntos de vista, otras narrativas que puedan componer un relato compartido y más diverso. No se trata de que los unicornios no sean necesarios en el futuro inmediato. Se trata de construir un ecosistema en el que puedan convivir con camellos, iguanas y todo tipo de fauna empresarial. 

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