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23 de mayo 2013    /   CREATIVIDAD
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Diez iconos publicitarios patrios (algunos para olvidar)

23 de mayo 2013    /   CREATIVIDAD     por          
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Cada vez vemos menos anuncios: o te pasas a la televisión vía satélite o consumes más programación a la carta vía internet. Pero esa experiencia de ver la tele de-toda-la-vida con sus interminables series de anuncios no se olvida fácilmente. Y tampoco se olvidan algunos de los personajes de aquella publicidad.
Por ejemplo, alguien a quien esperabas ver año a año y seguramente no lo sabías era Clive Arrindell. ¿No te suena? Es el famoso ‘Calvo’ de la Lotería, que durante ocho años sustituyó a otras campañas tradicionales como profeta de la llegada de la Navidad y, de paso, hizo subir un 11% las ventas de boletos.
Su imagen tenía tantísimo gancho que cuentan que fue precisamente eso, que canibalizara el producto que anunciaba, lo que hizo que le retiraran. La leyenda urbana decía que se debía a las exigencias de dinero que había planteado el actor que, hasta su exitazo en España, había tenido más bien mala suerte. Volvió al cabo de unos años, eso sí, reconvertido en profesor de inglés.

El que sí puede caer por motivos económicos ese es el Capitán Pescanova. Bueno, aún no ha caído la empresa, pero ha pasado de ser puntera en el sector a tener unas cuentas que hacen aguas en menos de lo que nos comíamos una varita de merluza. Bien mirada, la figura estaba bien traída, porque hay que ser muy héroe para conseguir que los niños comieran pescado

En una especie de unión planetaria en forma de vídeo a continuación, dos ídolos publicitarios de nuestros años mozos coprotagonizaban una campaña. El Capitán Pescanova presenta, ni más ni menos, que a Rodolfo Langostino

Engalanado con su bufanda y su sombrero, su inexplicable acento argentino y su alto concepto de sí mismo, Rodolfo alcanzó la fama con aquello de ‘sheváme’ a casa. Pero claro, es ver el anuncio doblado en su versión portuguesa, comprobar que allí no bromeaban con acento latinoamericano alguno y perder un poco el contexto. Quizá por eso lanzaron también una versión entera en dibujos animados, a ver si así…
No solo el capitán y el langostino ven los nubarrones de la crisis ensombreciendo su futuro. Otra empresa que no ha salido bien parada de la crisis fue la creadora de otro de los iconos publicitarios de nuestro país. Concretamente, el de Curro y su peculiar risa para escaparse al Caribe con Halcón Viajes (un éxito de campaña). Primero Pepe Frías y después Ignacio Redondo dieron vida a un personaje que, de haberlo sabido, se hubiera ido a buen seguro al Caribe para no volver.

El que no necesitaba milagros para vender era Mister Proper, un gigantón musculoso y de brillante calva que dejaba igual de brillantes los suelos. El problema, que decidieron cambiarle el nombre a Don Limpio. Hombre, quizá el nombre fuera más directo… pero como parte de la cultura popular de medio mundo molaba más Mister Proper.
Porque mundial quiere decir eso, mundial: puedes ver anuncios del viejo Mister Proper en Rusia, Alemania o Marruecos… y de su nueva identidad adecuada a los gustos de México, donde le llaman Maestro Limpio o en EE UU, donde es Mister Clean
Ahora, para molar, el spot sexual del macizo limpiador.

Allá por 1997, cuando Mister Proper era ya un clásico, apareció un chavalete por las pantallas que con cinco palabras se convirtió en uno de los pelotazos de los spots publicitarios de la década. Se trada de aquel «Hola, soy Edu, feliz Navidad» que repetía un niño marcando número a número de la guía de teléfonos.

El anuncio, de la hoy desaparecida Airtel, fue denunciado por publicidad engañosa pero al protagonista le valió un hueco en la fama y la aparición en varias campañas más.
Otro de los que se eternizó en las pantallas fue un italiano encamisado, atractivo, con pelazo, que siempre se rodeaba de mujeres que se relamían… por beber capuccino

Fuera italiano el actor o no, pocas veces un personaje se ha hecho tan famoso hablando en la televisión española en un idioma extranjero. Porque de café (y de seducir a mujeres incluso jugando al parchís) quizá sabía, pero de castellano ni papa.
Pero para seductor añejo nadie como Lorenzo Lamas. Hoy, con pelazo arriba y abajo de la cabeza, posiblemente triunfaría menos que antaño. Pero entonces, ay: quién se iba a resistir a esa imagen final de su anuncio con el torso desnudo, las manos apoyadas tras la cabeza y metido bajo las sábanas.

Mucho más reciente fue la campaña de Pancho, el perro que se fugaba con un boleto de lotería premiada. Al principio la idea era esa, sencilla y directa. Luego la cosa se fue complicando: que si bricolaje, que si el piano, que si cocina, que si llevar la casa, que si juega al billar, que si Pancho es una estrella de la moda… Con tanto estrés normal que nadie encontrara al pobre perro

Otro perro algo menos afortunado (y más añejo) desfiló por las pantallas de TVE a finales de los 80. Se trataba de Pipín, que intentaba captar la atención de su amo, absorto en la televisión, y finalmente decidía hacer la maleta e irse. Todo ello aderezado con caras tristes y música melancólica. Si no derramaste una lágrima es que no eres humano ¿Que de qué iba el anuncio? De que tenías que ver menos la televisión. Claro, es que entonces las privadas no existían aún y no había competencia, así cualquiera

Y tranquilos, que si se os queda mal cuerpo siempre está la segunda parte, en la que el perro llega a un bar donde le ofrecen comida y la rechaza de lo triste que está… y acaba tocando el piano con el camarero. Qué tiempos aquellos.

Cada vez vemos menos anuncios: o te pasas a la televisión vía satélite o consumes más programación a la carta vía internet. Pero esa experiencia de ver la tele de-toda-la-vida con sus interminables series de anuncios no se olvida fácilmente. Y tampoco se olvidan algunos de los personajes de aquella publicidad.
Por ejemplo, alguien a quien esperabas ver año a año y seguramente no lo sabías era Clive Arrindell. ¿No te suena? Es el famoso ‘Calvo’ de la Lotería, que durante ocho años sustituyó a otras campañas tradicionales como profeta de la llegada de la Navidad y, de paso, hizo subir un 11% las ventas de boletos.
Su imagen tenía tantísimo gancho que cuentan que fue precisamente eso, que canibalizara el producto que anunciaba, lo que hizo que le retiraran. La leyenda urbana decía que se debía a las exigencias de dinero que había planteado el actor que, hasta su exitazo en España, había tenido más bien mala suerte. Volvió al cabo de unos años, eso sí, reconvertido en profesor de inglés.

El que sí puede caer por motivos económicos ese es el Capitán Pescanova. Bueno, aún no ha caído la empresa, pero ha pasado de ser puntera en el sector a tener unas cuentas que hacen aguas en menos de lo que nos comíamos una varita de merluza. Bien mirada, la figura estaba bien traída, porque hay que ser muy héroe para conseguir que los niños comieran pescado

En una especie de unión planetaria en forma de vídeo a continuación, dos ídolos publicitarios de nuestros años mozos coprotagonizaban una campaña. El Capitán Pescanova presenta, ni más ni menos, que a Rodolfo Langostino

Engalanado con su bufanda y su sombrero, su inexplicable acento argentino y su alto concepto de sí mismo, Rodolfo alcanzó la fama con aquello de ‘sheváme’ a casa. Pero claro, es ver el anuncio doblado en su versión portuguesa, comprobar que allí no bromeaban con acento latinoamericano alguno y perder un poco el contexto. Quizá por eso lanzaron también una versión entera en dibujos animados, a ver si así…
No solo el capitán y el langostino ven los nubarrones de la crisis ensombreciendo su futuro. Otra empresa que no ha salido bien parada de la crisis fue la creadora de otro de los iconos publicitarios de nuestro país. Concretamente, el de Curro y su peculiar risa para escaparse al Caribe con Halcón Viajes (un éxito de campaña). Primero Pepe Frías y después Ignacio Redondo dieron vida a un personaje que, de haberlo sabido, se hubiera ido a buen seguro al Caribe para no volver.

El que no necesitaba milagros para vender era Mister Proper, un gigantón musculoso y de brillante calva que dejaba igual de brillantes los suelos. El problema, que decidieron cambiarle el nombre a Don Limpio. Hombre, quizá el nombre fuera más directo… pero como parte de la cultura popular de medio mundo molaba más Mister Proper.
Porque mundial quiere decir eso, mundial: puedes ver anuncios del viejo Mister Proper en Rusia, Alemania o Marruecos… y de su nueva identidad adecuada a los gustos de México, donde le llaman Maestro Limpio o en EE UU, donde es Mister Clean
Ahora, para molar, el spot sexual del macizo limpiador.

Allá por 1997, cuando Mister Proper era ya un clásico, apareció un chavalete por las pantallas que con cinco palabras se convirtió en uno de los pelotazos de los spots publicitarios de la década. Se trada de aquel «Hola, soy Edu, feliz Navidad» que repetía un niño marcando número a número de la guía de teléfonos.

El anuncio, de la hoy desaparecida Airtel, fue denunciado por publicidad engañosa pero al protagonista le valió un hueco en la fama y la aparición en varias campañas más.
Otro de los que se eternizó en las pantallas fue un italiano encamisado, atractivo, con pelazo, que siempre se rodeaba de mujeres que se relamían… por beber capuccino

Fuera italiano el actor o no, pocas veces un personaje se ha hecho tan famoso hablando en la televisión española en un idioma extranjero. Porque de café (y de seducir a mujeres incluso jugando al parchís) quizá sabía, pero de castellano ni papa.
Pero para seductor añejo nadie como Lorenzo Lamas. Hoy, con pelazo arriba y abajo de la cabeza, posiblemente triunfaría menos que antaño. Pero entonces, ay: quién se iba a resistir a esa imagen final de su anuncio con el torso desnudo, las manos apoyadas tras la cabeza y metido bajo las sábanas.

Mucho más reciente fue la campaña de Pancho, el perro que se fugaba con un boleto de lotería premiada. Al principio la idea era esa, sencilla y directa. Luego la cosa se fue complicando: que si bricolaje, que si el piano, que si cocina, que si llevar la casa, que si juega al billar, que si Pancho es una estrella de la moda… Con tanto estrés normal que nadie encontrara al pobre perro

Otro perro algo menos afortunado (y más añejo) desfiló por las pantallas de TVE a finales de los 80. Se trataba de Pipín, que intentaba captar la atención de su amo, absorto en la televisión, y finalmente decidía hacer la maleta e irse. Todo ello aderezado con caras tristes y música melancólica. Si no derramaste una lágrima es que no eres humano ¿Que de qué iba el anuncio? De que tenías que ver menos la televisión. Claro, es que entonces las privadas no existían aún y no había competencia, así cualquiera

Y tranquilos, que si se os queda mal cuerpo siempre está la segunda parte, en la que el perro llega a un bar donde le ofrecen comida y la rechaza de lo triste que está… y acaba tocando el piano con el camarero. Qué tiempos aquellos.

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Opiniones 7
  • No sé si ha sido olvido o conscientemente, pero creo que era de ley decir que Pipín fue el primer Grand Prix de Cannes que ganó España….

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