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14 de mayo 2014    /   CINE/TV
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Lois Griffin y el síndrome de Estocolmo

14 de mayo 2014    /   CINE/TV     por          
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En la segunda década del siglo XXI, si una mujer en Occidente mantiene una relación de pareja tóxica no puede culpar ni aducir presiones sociales, familiares y religiosas. (La excepción estaría en determinados contextos y culturas). Tres mujeres de dibujos animados ayudan a mostrar los distintos momentos de la mujer y el matrimonio en la Historia, entre los 60 del siglo pasado y la actualidad: Wilma Picapiedra, Marge Simpson y Lois Griffin.

WILMA PICAPIEDRA O LA TRADICIÓN
WilmaWilma o Vilma es feliz con Pedro. Ella no tiene dudas. Y los espectadores tampoco. Pedro es un hombre tosco, de pocas luces, pero pacífico. La mayor malicia de Pedro está en mentir a su esposa para ir a la bolera:
—Tengo un trabajo atrasado, Wilma.
Lo que él no sospecha es que Vilma lo caló hace tiempo, pero permite estas mentirijillas.
—Cosas de los hombres —dice Wilma a Betty, su vecina.
Vilma y Pedro conforman un modelo de matrimonio que sigue los cánones de la época en Occidente (Los Picapiedra se produjeron entre 1960 y 1966): Pedro es el cabeza de familia, el sustento del hogar, y Vilma es la complaciente esposa y ama de casa, sin más entretenimiento que el cotilleo con su vecina, las telenovelas y las compras.
Wilma no tiene quejas de su esposo, más allá de las meteduras de pata, y no llega a plantearse el divorcio ni la separación. De todos modos, si diera el caso, Wilma sería considerada una apestada social (como bien refleja Mad Men en algunos de sus primeros episodios). De haber sido española en aquella época —de la producción— hubiera encontrado la oposición de su propia madre y de sus tías:
—Deja que haga lo que quiera.
—Cuando un hombre está todo el día trabajando, lo que quiere es descansar en su casa.
—¿A dónde vas a ir tú sin dinero y sin preparación?
El «qué dirán» pesaba.
En aquellos tiempos, Wilma pasaba de la tutela de los padres a la tutela del marido. Wilma es tan antigua como los 50 —la Prehistoria de los tiempos modernos—: aunque la mujer alcanzó el derecho a voto y la Segunda Guerra Mundial demostró que podía trabajar en las fábricas, Wilma solo planeó casarse y formar una familia. Lo que se esperaba de toda mujer entonces. Por esto, Wilma se siente realizada. Por suerte para ella, Pedro Picapiedra, aunque bruto, es un buen tipo.
MARGE SIMPSON O EL COMPROMISO
MargeMarge es una esposa de finales de los 80, educada en una estricta moral en una pequeña localidad de los Estados Unidos. Si Marge fuera española, viviría en cualquier barrio de la periferia de una gran ciudad. (Aún seguimos siendo de pueblo aunque tengamos Iphone).
Marge es la mujer con estudios que tuvo aspiraciones que terminaron con el matrimonio y los hijos. Homer, su marido, es el hijo ideológico de Pedro Picapiedra: es un bruto sin malicia que ama a su esposa, aunque en ocasiones se muestra poco atento, poco afectuoso y olvidadizo con las celebraciones especiales.
A diferencia de Wilma Picapiedra, Marge sí ha pensado en el divorcio. Cuando Marge duda con seguir con el matrimonio no se siente coaccionada por la religión ni la familia; al contrario, las hermanas de Marge la animan a dar el finiquito a Homer.
Marge incluso ha llegado a visualizar una vida sin Homer, llena de éxitos como artista plástica. Sin embargo, ella encuentra que la vida sin Homer es insatisfactoria. Son muchos años. Y Homer tiene como virtud saber redimirse episodio a episodio:
—Si quiere un empleado que se arrastre, aquí tiene uno —dice Homer al dueño de la central nuclear para mantener a su esposa y sus hijos. Lo hace con convicción. Por momentos como este los espectadores no dudamos por qué Marge está con Homer.
Lo cierto es que Marge pertenece a una generación en la que la familia es una institución importante. Por mantenerla, Marge hará cualquier cosa.
LOIS GRIFFIN  O EL MIEDO A GESTIONAR LA VIDA
LoisLois representa la paradoja de algunas mujeres de nuestro tiempo: Peter Griffin, su marido, no muestra afecto por ella, es un hombre cruel que da una patada a un niño en la cara para hacer reír, que dice frases hirientes con auténtica malicia (la maldad del tonto) y que maltrata psicológicamente a su hija. (Es cierto que Lois también llega a ser hiriente con su hija, pero a menudo esta crueldad viene al hilo de la que muestra el cabeza de familia. A Lois le gusta seguir «las gracias» de Peter).
Los espectadores nos preguntamos cómo es posible que Lois esté enamorada de un hombre cruel y estúpido. Lois no depende del dinero de Peter (los padres de ella son ricos) y no atiende a ningún código de tradición o religión. Lois tampoco está con Peter para mantener el núcleo familiar como Marge Simpson. Lois apenas muestra afecto por sus hijos. Podríamos pensar que aquella pataleta contra los padres (la de salir con Peter como venganza) ha llegado demasiado lejos, y que no se permite a sí misma reconocer los errores. Lo cierto es que Lois vive por y para Peter, y está dispuesta a satisfacer todos sus deseos.
—Nadie me hace reir como Peter —es la excusa que Lois aduce en más de una ocasión para exculpar la crueldad que este ejerce contra ella y la familia. Como excusa es pobre.
De alguna manera, Lois representa a las mujeres de nuestro tiempo que se consideran autónomas, capaces de valerse por sí mismas, que mantienen relaciones tóxicas. Mujeres que suben a las redes sociales imágenes con lemas apelando a la dignidad, contra el maltrato, contra el sexo de pago y enlazan cuentos revisados de princesas Disney que fueron felices sin los príncipes.
Lois no llega en ningún momento a plantearse una vida distinta sin Peter. Lo único que mantiene a Lois atada a Peter es miedo a gestionar la propia vida. A diferencia de Marge, que emprende negocios que fracasan o que abandona por la familia, Lois no tiene aspiraciones aparte de complacer a Peter. Lois vive un guion que conoce; ella es como el preso viejo que no sabe vivir fuera de los muros. Lois padece el síndrome de Estocolmo.

En la segunda década del siglo XXI, si una mujer en Occidente mantiene una relación de pareja tóxica no puede culpar ni aducir presiones sociales, familiares y religiosas. (La excepción estaría en determinados contextos y culturas). Tres mujeres de dibujos animados ayudan a mostrar los distintos momentos de la mujer y el matrimonio en la Historia, entre los 60 del siglo pasado y la actualidad: Wilma Picapiedra, Marge Simpson y Lois Griffin.

WILMA PICAPIEDRA O LA TRADICIÓN
WilmaWilma o Vilma es feliz con Pedro. Ella no tiene dudas. Y los espectadores tampoco. Pedro es un hombre tosco, de pocas luces, pero pacífico. La mayor malicia de Pedro está en mentir a su esposa para ir a la bolera:
—Tengo un trabajo atrasado, Wilma.
Lo que él no sospecha es que Vilma lo caló hace tiempo, pero permite estas mentirijillas.
—Cosas de los hombres —dice Wilma a Betty, su vecina.
Vilma y Pedro conforman un modelo de matrimonio que sigue los cánones de la época en Occidente (Los Picapiedra se produjeron entre 1960 y 1966): Pedro es el cabeza de familia, el sustento del hogar, y Vilma es la complaciente esposa y ama de casa, sin más entretenimiento que el cotilleo con su vecina, las telenovelas y las compras.
Wilma no tiene quejas de su esposo, más allá de las meteduras de pata, y no llega a plantearse el divorcio ni la separación. De todos modos, si diera el caso, Wilma sería considerada una apestada social (como bien refleja Mad Men en algunos de sus primeros episodios). De haber sido española en aquella época —de la producción— hubiera encontrado la oposición de su propia madre y de sus tías:
—Deja que haga lo que quiera.
—Cuando un hombre está todo el día trabajando, lo que quiere es descansar en su casa.
—¿A dónde vas a ir tú sin dinero y sin preparación?
El «qué dirán» pesaba.
En aquellos tiempos, Wilma pasaba de la tutela de los padres a la tutela del marido. Wilma es tan antigua como los 50 —la Prehistoria de los tiempos modernos—: aunque la mujer alcanzó el derecho a voto y la Segunda Guerra Mundial demostró que podía trabajar en las fábricas, Wilma solo planeó casarse y formar una familia. Lo que se esperaba de toda mujer entonces. Por esto, Wilma se siente realizada. Por suerte para ella, Pedro Picapiedra, aunque bruto, es un buen tipo.
MARGE SIMPSON O EL COMPROMISO
MargeMarge es una esposa de finales de los 80, educada en una estricta moral en una pequeña localidad de los Estados Unidos. Si Marge fuera española, viviría en cualquier barrio de la periferia de una gran ciudad. (Aún seguimos siendo de pueblo aunque tengamos Iphone).
Marge es la mujer con estudios que tuvo aspiraciones que terminaron con el matrimonio y los hijos. Homer, su marido, es el hijo ideológico de Pedro Picapiedra: es un bruto sin malicia que ama a su esposa, aunque en ocasiones se muestra poco atento, poco afectuoso y olvidadizo con las celebraciones especiales.
A diferencia de Wilma Picapiedra, Marge sí ha pensado en el divorcio. Cuando Marge duda con seguir con el matrimonio no se siente coaccionada por la religión ni la familia; al contrario, las hermanas de Marge la animan a dar el finiquito a Homer.
Marge incluso ha llegado a visualizar una vida sin Homer, llena de éxitos como artista plástica. Sin embargo, ella encuentra que la vida sin Homer es insatisfactoria. Son muchos años. Y Homer tiene como virtud saber redimirse episodio a episodio:
—Si quiere un empleado que se arrastre, aquí tiene uno —dice Homer al dueño de la central nuclear para mantener a su esposa y sus hijos. Lo hace con convicción. Por momentos como este los espectadores no dudamos por qué Marge está con Homer.
Lo cierto es que Marge pertenece a una generación en la que la familia es una institución importante. Por mantenerla, Marge hará cualquier cosa.
LOIS GRIFFIN  O EL MIEDO A GESTIONAR LA VIDA
LoisLois representa la paradoja de algunas mujeres de nuestro tiempo: Peter Griffin, su marido, no muestra afecto por ella, es un hombre cruel que da una patada a un niño en la cara para hacer reír, que dice frases hirientes con auténtica malicia (la maldad del tonto) y que maltrata psicológicamente a su hija. (Es cierto que Lois también llega a ser hiriente con su hija, pero a menudo esta crueldad viene al hilo de la que muestra el cabeza de familia. A Lois le gusta seguir «las gracias» de Peter).
Los espectadores nos preguntamos cómo es posible que Lois esté enamorada de un hombre cruel y estúpido. Lois no depende del dinero de Peter (los padres de ella son ricos) y no atiende a ningún código de tradición o religión. Lois tampoco está con Peter para mantener el núcleo familiar como Marge Simpson. Lois apenas muestra afecto por sus hijos. Podríamos pensar que aquella pataleta contra los padres (la de salir con Peter como venganza) ha llegado demasiado lejos, y que no se permite a sí misma reconocer los errores. Lo cierto es que Lois vive por y para Peter, y está dispuesta a satisfacer todos sus deseos.
—Nadie me hace reir como Peter —es la excusa que Lois aduce en más de una ocasión para exculpar la crueldad que este ejerce contra ella y la familia. Como excusa es pobre.
De alguna manera, Lois representa a las mujeres de nuestro tiempo que se consideran autónomas, capaces de valerse por sí mismas, que mantienen relaciones tóxicas. Mujeres que suben a las redes sociales imágenes con lemas apelando a la dignidad, contra el maltrato, contra el sexo de pago y enlazan cuentos revisados de princesas Disney que fueron felices sin los príncipes.
Lois no llega en ningún momento a plantearse una vida distinta sin Peter. Lo único que mantiene a Lois atada a Peter es miedo a gestionar la propia vida. A diferencia de Marge, que emprende negocios que fracasan o que abandona por la familia, Lois no tiene aspiraciones aparte de complacer a Peter. Lois vive un guion que conoce; ella es como el preso viejo que no sabe vivir fuera de los muros. Lois padece el síndrome de Estocolmo.

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Opiniones 14
  • «En la segunda década del siglo XXI, si una mujer en Occidente mantiene una relación de pareja tóxica no puede culpar ni aducir presiones sociales, familiares y religiosas. (La excepción estaría en determinados contextos y culturas)».
    En determinados contextos y culturas, incluido el Barrio de Salamanca en familias acomodadas. La presión a la mujer sigue existiendo en todos los estratos de la sociedad y en todos los países.

  • Cuidado con el «Mujeres que suben a las redes sociales imágenes con lemas apelando a la dignidad, contra el maltrato, contra el sexo de pago y enlazan cuentos revisados de princesas Disneys que fueron felices sin los príncipes.» Si seguimos haciendo cliché cualquier cosa que remotamente se pueda relacionar con este tipo de mujer seguiremos teniendo que cuestionarnos cada cosa que subimos a una red social. No hay nada de malo en apelar a la dignidad si se hace de verdad.
    El tipo de mujer «Lois» sigue existiendo porque siguen existiendo enormes presiones sociales, que ya no son tan evidentes como la Iglesia o el sustento económico pero que se encuentran desde LA secretaria a LA ayudante.

  • Lo que me parece nefasto es que ninguna de estas mujeres trabaje. En general opino que sigue existiendo un vacío en estas series sobre el mundo que rodea a estas mujeres, y que en casi todos los capítulos se narren historias de cómo sus parejas les hacen daño y ellas les perdonen una y otra vez me parece denigrante y un ejemplo pésimo de cómo tratar una relación tóxica.

    • Pues sí, Ana, tienes razón. Para bien o para mal los guionistas de estas series (la mayoría hombres) pretenden reflejar realidades sociales. Ahí está el éxito de estas parodias de la vida. ¿Quién no conoce a mujeres como Lois o Marge?

  • Yo creo que el patrón que trasmiten esas series es nefasto (aunque Homer no sea mal tipo en el fondo y Marge demuestre tener aspiraciones). El mensaje ese: si eres hormbre puedes ser bruto, patán, insensible y egoísta y puedes esperar que tu mujer te quiera incondicionalmente. La vida de una mujer es inconcebible sin ti.
    Si eres mujer tienes que querer incondicionalmente a pesar de los desprecios y de que no veas mejoras. Poner a tu familia siempre por delante de ti. Y tienes que ser virtuosa y abnegada para que se te quiera, y aún así, no lo des por sentado ni esperes recibir siempre amor y apoyo (más bien espera lo contrario).
    ¿No toca cambiar ya esto?

    • Este tipo de posturas me parecen exageradas. Es como exigir que los realizadores piensen muy bien cada palabra que usan y cada situación que plantean. Que sepan todos los posibles efectos en cada espectador y su influencia en la sociedad. Más aun con series como family guy, que hace bromas con el aborto y con el VIH. ¿Todos los personajes tienen que ser moralmente perfectos, para dar un buen mensaje?
      No obstante, estoy con vos en que es un mensaje obsoleto.

      • Hola, Luciano, si relees el texto no encontrarás ninguna referencia a qué deberían hacer los guionistas de estas series. Me opongo a toda coacción a los artistas. Siempre he defendido la voz de los autores. Aquí sólo se menciona cómo son Wilma, Marge y Lois, y que cada una representa, en cierto modo, a la mujer de su tiempo.

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