9 de octubre 2018    /   IDEAS
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El ‘síndrome del malentendido colectivo’: cuando la gente se equivoca en masa

9 de octubre 2018    /   IDEAS     por          
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Se llama síndrome del malentendido colectivo y es una mierda. Es cuando la gente se equivoca en masa y, además, cuantos más somos, más nos equivocamos. Una especie de jarro de agua fría para los fans de la inteligencia colectiva.

Está claro que muchas veces las colectividades pueden hacer cosas que son algo más que la suma de las capacidades de sus individuos, que el grupo suma, vaya. En esta era de internet, hay mil experiencias de esto en autogestión, en democracia deliberativa, ciencia ciudadana o mecanismos colectivos de toma de decisiones. La inteligencia colectiva, desde las hormigas a los ordenadores, no deja de asombrar a matemáticos, antropólogos, biólogos y científicos de la computación.

Pero, claro, esto de decidir juntos tiene sus puertas traseras, y lo malo es que no siempre son fáciles de ver. Los investigadores han descrito hace tiempo lo que se conoce como group thinking, cuando la gente se acomoda a la opinión del grupo aunque no coincida con la suya.

A veces pasa porque queremos ser aceptados, claro, pero otras veces el razonamiento que nos hace cambiar de opinión es que cuando vemos que un grupo es unánime en algo, pensamos que no pueden estar equivocados y acabamos cambiando la nuestra para unirnos a ese supuesto acierto general.

Y ahí es cuando cuando cobra importancia lo del síndrome del malentendido colectivo.

Les cuento. Pongamos que los miembros de cualquier grupo tienen que tomar una decisión u opinar sobre algo, y que cada individuo tiene una probabilidad de estar equivocado. Resulta que las matemáticas prueban (no es difícil hacer las cuentas) que si dos personas poco fiables coinciden en una opinión, entonces la fiabilidad de esa opinión ¡disminuye! Vamos, que cuando coinciden dos descaminados, su fiabilidad colectiva es menor que la individual.

Y además, cuantos más sean los equivocados que coinciden, menor es la probabilidad de que emitan un juicio acertado. Vamos, que la colectividad no solo refuerza el acierto, sino también el error.

Hasta las hormigas, el paradigma de la inteligencia colectiva, caen en esa trampa: a veces una hormiga equivoca el trazo de feromonas, se desvía de su fila y enlaza con alguna de las que le siguen por atrás, provocando que la fila se convierta en un círculo de hormigas que da vueltas sobre sí mismo y llegan incluso a condenar a muerte al grupo.

O sea, que las matemáticas demuestran que hay veces que la colectividad no mitiga el disparate, sino que lo potencia, contrariamente a lo que parecería de sentido común. Y esa abundancia en el error se produce cuando personas con juicio independiente pero poco fiable se unen en una misma opinión.

Estas condiciones se dan ante situaciones novedosas, cambios bruscos, crisis o conceptos pobremente explicados o insuficientemente conocidos. La coincidencia de opiniones fiables fortalece el acierto, pero la coincidencia de opiniones erróneas no reduce el error, lo aumenta.

¿Qué hacer entonces? La cosa está clara: reforzar la fiabilidad de los individuos, para que se generen unanimidades positivas y se minimice la probabilidad de que surjan las perversas. En un mundo donde cada vez los medios para una democracia real son mayores, debemos armarnos para ejercerla con garantías. Me gusta cómo lo decía Carl Sagan:

«En todo gobierno sobre la Tierra hay algún rastro de debilidad humana. Todo gobierno degenera si se confía solamente a los gobernantes. El pueblo es el único depositario seguro, pero para que exista seguridad debe cultivar el pensamiento. Si no podemos pensar por nosotros mismos, somos masilla en manos de los que ejercen el poder».

En eso estamos.

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Se llama síndrome del malentendido colectivo y es una mierda. Es cuando la gente se equivoca en masa y, además, cuantos más somos, más nos equivocamos. Una especie de jarro de agua fría para los fans de la inteligencia colectiva.

Está claro que muchas veces las colectividades pueden hacer cosas que son algo más que la suma de las capacidades de sus individuos, que el grupo suma, vaya. En esta era de internet, hay mil experiencias de esto en autogestión, en democracia deliberativa, ciencia ciudadana o mecanismos colectivos de toma de decisiones. La inteligencia colectiva, desde las hormigas a los ordenadores, no deja de asombrar a matemáticos, antropólogos, biólogos y científicos de la computación.

Pero, claro, esto de decidir juntos tiene sus puertas traseras, y lo malo es que no siempre son fáciles de ver. Los investigadores han descrito hace tiempo lo que se conoce como group thinking, cuando la gente se acomoda a la opinión del grupo aunque no coincida con la suya.

A veces pasa porque queremos ser aceptados, claro, pero otras veces el razonamiento que nos hace cambiar de opinión es que cuando vemos que un grupo es unánime en algo, pensamos que no pueden estar equivocados y acabamos cambiando la nuestra para unirnos a ese supuesto acierto general.

Y ahí es cuando cuando cobra importancia lo del síndrome del malentendido colectivo.

Les cuento. Pongamos que los miembros de cualquier grupo tienen que tomar una decisión u opinar sobre algo, y que cada individuo tiene una probabilidad de estar equivocado. Resulta que las matemáticas prueban (no es difícil hacer las cuentas) que si dos personas poco fiables coinciden en una opinión, entonces la fiabilidad de esa opinión ¡disminuye! Vamos, que cuando coinciden dos descaminados, su fiabilidad colectiva es menor que la individual.

Y además, cuantos más sean los equivocados que coinciden, menor es la probabilidad de que emitan un juicio acertado. Vamos, que la colectividad no solo refuerza el acierto, sino también el error.

Hasta las hormigas, el paradigma de la inteligencia colectiva, caen en esa trampa: a veces una hormiga equivoca el trazo de feromonas, se desvía de su fila y enlaza con alguna de las que le siguen por atrás, provocando que la fila se convierta en un círculo de hormigas que da vueltas sobre sí mismo y llegan incluso a condenar a muerte al grupo.

O sea, que las matemáticas demuestran que hay veces que la colectividad no mitiga el disparate, sino que lo potencia, contrariamente a lo que parecería de sentido común. Y esa abundancia en el error se produce cuando personas con juicio independiente pero poco fiable se unen en una misma opinión.

Estas condiciones se dan ante situaciones novedosas, cambios bruscos, crisis o conceptos pobremente explicados o insuficientemente conocidos. La coincidencia de opiniones fiables fortalece el acierto, pero la coincidencia de opiniones erróneas no reduce el error, lo aumenta.

¿Qué hacer entonces? La cosa está clara: reforzar la fiabilidad de los individuos, para que se generen unanimidades positivas y se minimice la probabilidad de que surjan las perversas. En un mundo donde cada vez los medios para una democracia real son mayores, debemos armarnos para ejercerla con garantías. Me gusta cómo lo decía Carl Sagan:

«En todo gobierno sobre la Tierra hay algún rastro de debilidad humana. Todo gobierno degenera si se confía solamente a los gobernantes. El pueblo es el único depositario seguro, pero para que exista seguridad debe cultivar el pensamiento. Si no podemos pensar por nosotros mismos, somos masilla en manos de los que ejercen el poder».

En eso estamos.

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Opiniones 11
  • Pues lo q dice Sagan no tiene mucho q ver con el resto del articulo: de él se puede inferir q la masa poco cultivada toma normalmente decisiones equivocadas. El gobierno, si está bien elegido, si es competente, DECIDE mejor. De ahí la ventaja de la democracia representativa sobre la directa, por mucho necio q ensalce la última.

  • Luis,

    pero ese gobierno, ¿cómo puede estar bien elegido si lo elige la misma gente cuya “democracia directa” es, según tu razonamiento, errónea porque elegirían mal?

  • Claro, pero no has tenido en cuenta lo contrario, cuando es el pueblo el que está bien preparado, no hace falta ningún gobierno.

  • La Democracia representativa no tiene ninguna ventaja sobre la directa por diversas cuestiones:

    – La primera y mas importante: El gobierno jamás podrá estar bien elegido. Precisamente para elegir un gobierno carecemos de datos objetivos de primera mano, de informacion, para valorar la aptitud del mismo. Cuando elegimos sobre cuestiones directas (constuir esto, o lo otro) podemos informarnos sobre sus consecuencias, sobre sus costes etc… Cuando elegimos personas elegimos sobre una incertidumbre completa. Elegimos sobre desconcidos totales. Solo vemos la cara que nos muestran, no sabemos lo que piensan, como lo piensan, lo que desean, lo que buscan y aunque fuesen totalmente sinceros en lo que nos dicen sobre si mismos, no podemos saber como van a decidir, como van a cambiar (si, las personas cambian) en el futuro cuando tomen las decisiones por nosotros.

    El sistema parlamentario representativo no tiene nada de democratico, ni de decision colectiva, cae invariablemente en el terreno exacto donde se produce el efecto que el articulo señala.

    Y esto sobresimplificando, por no entrar en que la decision en si esta predeterminada a un conjunto de opciones que no hemos elegido, que vienen dadas por estructuras de poder ajenas al conjunto de la ciudadania que preseleccionan las opciones posibles.

    – La segunda y totalmente determinante, aun cuando eligiesemos a los mejores de entre los posibles (en capacidad tecnica, en inteligencia, en razonamiento y espiritu critico) sus decisiones no estarian asociadas al conocimiento de las necesidades del conjunto que los elige, y en ultima instancia como en toda aristocracia (porque es lo que estariamos formando, como bien indicaban los promotores del sistema parlamentario hace un par de silgos: Aristocracia Natural) como bien indicaba John Adams, los elegidos tomaran decisiones buenas desde su perspectiva para si mismos, alentados por el hecho de saberse los mejores. La hubris determinara dichas decisiones y no el bien comun. Incluso entre los mejor intencionados.

    Porque por muy buenos que fuesen los dirigentes elegidos (si fuese posible elegir buenos dirigentes, que como ya he indicado, no lo es) no son angeles, que diria Russeau. Y en ultima instancia la ostentacion del poder de forma continuada y personalista derivara en la potenciacion de sus vicios y no de sus virtudes.

    Incluso con los riesgos indicados por el articulo, a todas las luces la Democracia (directa, sorteada) es un mecanismo mucho mas ventajoso para el interes colectivo que la Aristocracia Electoral.

  • ¿La solución es más individualismo entonces? Jaja, llevamos medio siglo defendiendo el nihilismo, el egoísmo, el materialismo, el “yo” por encima del colectivo, y cada vez estamos peor.

    Acabemos de destruir la familia, quizá así seamos más felices

  • Me ha encantado este artículo.
    Podría resumirse como el chiste:
    “!300.000 millones de moscas no pueden estar equivocadas!…¡come mierda!”

  • Clarísimo, -que el corrector ortográfico lo subraye como falta, me parece un síntoma más de la gravedad de la cuestión. ¿Pero cómo ejercer este derecho cuando la precariedad laboral impregna todos aspectos vitales; cuando la educación está orientada a la conversión de sujetos en objetos del sistema; cuando los medios de comunicación construyen realidades que alientan el miedo, promueven la estupidez, y cultivan la mediocridad? Una tarea hercúlea.
    Gracias Eduardo por escribir algo bonito sobre la importancia de la cultura en general, el pensamiento, y el compromiso, que nos hace humanos.

  • para elegir u buen gobierno tenemos que tener una sociedad bien cultivada y asì la democracia participativa serà infinitamente mejor que la representativa

  • Comentarios cerrados.

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