31 de enero 2018    /   IDEAS
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Sinestesia: cuando Neruda es verde y Dalí dorado

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«Yo, de pequeña, creía que le pasaba a todo el mundo. Le ponía color y sexo a los números y a las letras. Sexo solo a los números». Carla Sifer es psicóloga y social media, conoce el color de los nombres y de las personas y sabe de las notas de música que desprenden los colores.

Sifer es sinestésica. Sus sentidos mantienen una conexión inusual entre ellos. Le ocurre aproximadamente al 4% de la población, aunque las estadísticas varían. Es un fenómeno poco estudiado, incluso negado durante algún tiempo. Artistas como Van Gogh, Kandinsky o Vladimir Nabokov tuvieron algún tipo de sinestesia. Oír colores, saborear palabras, oler las formas…

El vídeo ¿A qué sabe el morado? explica que el cerebro de los niños enlaza unos sentidos con otros y que, al crecer, esos vínculos dejan de usarse y se deshacen. No todas las personas sinestésicas perciben lo mismo. Hay diferentes combinaciones. Léxico gustativa: captar sabor en las palabras. Grafema color: asociar letras y números a colores, asignar colores a sonidos, humanizar los números, emparejar sonidos agudos o graves con rasgos de la personalidad…

Carla Sifer no supo clasificar sus sensaciones hasta llegar a la universidad. Un día, en una clase de psicología, supo que lo que le pasaba tenía nombre. Pero antes, simplemente, organizaba su vida en colores: «En el instituto estudiaba con colores. Cogía Lengua y le ponía etiqueta y subrayaba en azul, y si alguien me lo cambiaba, me rompía los esquemas. Las Matemáticas son rojas. Naturales, verde. Música, amarilla», cuenta.

Ella hablaba sobre sexo de los números y no la entendían: «Me decían que no podía ser. Pero yo lo veía».

—El uno tiene que ser hombre, ¿no?

—El uno sí porque es un soldado—responde rápido, como si le hubiera hablado de un amigo de toda la vida.

Las percepciones no tienen por qué responder a las leyes de la lógica. «Hay partes que sí tienen un sentido y otras que no: normalmente, los números pares los veo de sexo femenino. Por ejemplo, el 23 es masculino, el 45 también, pero el 47, femenino; el nueve, depende».

'Mae West', Salvador Dalí
‘Mae West’, Salvador Dalí

Muchas personas experimentan una versión leve y esporádica de este traspié cognitivo. Sin embargo, para que se considere sinestesia, las percepciones deben ser involuntarias, automáticas e incontrolables.

Sifer recibe el color rojo al leer el nombre María, pero le llega otro distinto al hablar con una María en concreto: «Depende de mi relación con cada persona». Explica que no ve a la persona «tintada», sino, más bien, «con un aura». Por ejemplo, el blanco vibra alrededor de su hermana y de su madre. «Eso no significa que los colores oscuros sean negativos. Las personas que me parecen interesantes son azul índigo».

Algunos de los cruces, a su entender, tienen connotaciones culturales. Ocurre con Esmeralda y Esperanza, que se le aparecen verdes. «Si una palabra contiene muchas aes, la veo más cálida; si tiene muchas es, la veo verde. O por ejemplo: la palabra tiquismiquis es amarilla».

aura-sinestesia

Encuentra en la música itinerarios cromáticos. Por eso, ordena las canciones de Spotify en listas de colores. «Tengo una lista que es blanca, crema y plata donde hay canciones con solistas de piano; en la azul hay temas con guitarra; la electrónica la veo más oscura». También le ocurre al contrario, escucha los colores: «No es que se imprima un sonido en el cerebro, es como que lo veo y le doy una nota musical».

Vincent van Gogh dibujaba como si el color de los objetos y los sonidos contagiaran el espacio y abrieran estelas. En las obras de Van Gogh, uno siente que puede agarrar la luz, desprenderla como un algodón y acercársela a la boca. En 1885, el pintor recibió clases de piano. El profesor se percató de que atribuía un color a cada nota y de que eso lo sobrecogía; decidió expulsarlo, creía que estaba loco.

sinestesia
Foto: Wikicommons

Algunos expertos vinculan la sinestesia a una mejor memoria porque para un mismo contenido mental, el sinestésico dispone de más vías de acceso. El número de artistas que disfrutaban de esta distorsión cognitiva ha llevado a los neurólogos a preguntarse por su relación con la creatividad.

El doctor Lawrence E. Marks, como recoge Artsy.net, cree que hay una de las aristas de la creatividad que sí presenta una estimulación especial. Los sinestésicos destacan en el área de cognición creativa (una de las pruebas que la mide consiste en atribuir usos inusuales a un objeto de uso cotidiano). Es decir: son más hábiles trazando asociaciones tangenciales y originales.

Si uno no experimenta la alteración, resulta casi imposible comprenderla. ¿Cómo sucede?, ¿se ve el color directamente? Para ellos, también es difícil definirlo: al ser algo minoritario e ignorado durante siglos, no existe el material expresivo necesario como para describirlo con precisión.

'Composition VI', Kandinsky (1913)
‘Composition VI’, Kandinsky (1913)

La literatura ofrece un buen abrevadero para que quienes no disfrutan de ese empalme sináptico puedan comprender cómo chispea la percepción de los sinestésicos. «¿Por qué una negra noche/ se acumula en la boca?», escribió Pablo Neruda, uno de los mejores alquimistas de la sinestesia.

El autor de Residencia en la tierra escribía en tinta verde. Para él, ese color enlazaba mejor sus palabras que el azul o el negro, que siempre ha sido un color sin tímpano. Usaba un verde grueso, que casi se bebía el cuerpo de la hoja. Alguna conexión debía de existir entre su cosmovisión poética y el verde, porque Carla Sifer, al escuchar el nombre del chileno, responde como un resorte: «Es que Neruda es verde». Neruda verde y Dalí, «amarillo o dorado».

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Sifer es sinestésica. Sus sentidos mantienen una conexión inusual entre ellos. Le ocurre aproximadamente al 4% de la población, aunque las estadísticas varían. Es un fenómeno poco estudiado, incluso negado durante algún tiempo. Artistas como Van Gogh, Kandinsky o Vladimir Nabokov tuvieron algún tipo de sinestesia. Oír colores, saborear palabras, oler las formas…

El vídeo ¿A qué sabe el morado? explica que el cerebro de los niños enlaza unos sentidos con otros y que, al crecer, esos vínculos dejan de usarse y se deshacen. No todas las personas sinestésicas perciben lo mismo. Hay diferentes combinaciones. Léxico gustativa: captar sabor en las palabras. Grafema color: asociar letras y números a colores, asignar colores a sonidos, humanizar los números, emparejar sonidos agudos o graves con rasgos de la personalidad…

Carla Sifer no supo clasificar sus sensaciones hasta llegar a la universidad. Un día, en una clase de psicología, supo que lo que le pasaba tenía nombre. Pero antes, simplemente, organizaba su vida en colores: «En el instituto estudiaba con colores. Cogía Lengua y le ponía etiqueta y subrayaba en azul, y si alguien me lo cambiaba, me rompía los esquemas. Las Matemáticas son rojas. Naturales, verde. Música, amarilla», cuenta.

Ella hablaba sobre sexo de los números y no la entendían: «Me decían que no podía ser. Pero yo lo veía».

—El uno tiene que ser hombre, ¿no?

—El uno sí porque es un soldado—responde rápido, como si le hubiera hablado de un amigo de toda la vida.

Las percepciones no tienen por qué responder a las leyes de la lógica. «Hay partes que sí tienen un sentido y otras que no: normalmente, los números pares los veo de sexo femenino. Por ejemplo, el 23 es masculino, el 45 también, pero el 47, femenino; el nueve, depende».

'Mae West', Salvador Dalí
‘Mae West’, Salvador Dalí

Muchas personas experimentan una versión leve y esporádica de este traspié cognitivo. Sin embargo, para que se considere sinestesia, las percepciones deben ser involuntarias, automáticas e incontrolables.

Sifer recibe el color rojo al leer el nombre María, pero le llega otro distinto al hablar con una María en concreto: «Depende de mi relación con cada persona». Explica que no ve a la persona «tintada», sino, más bien, «con un aura». Por ejemplo, el blanco vibra alrededor de su hermana y de su madre. «Eso no significa que los colores oscuros sean negativos. Las personas que me parecen interesantes son azul índigo».

Algunos de los cruces, a su entender, tienen connotaciones culturales. Ocurre con Esmeralda y Esperanza, que se le aparecen verdes. «Si una palabra contiene muchas aes, la veo más cálida; si tiene muchas es, la veo verde. O por ejemplo: la palabra tiquismiquis es amarilla».

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Encuentra en la música itinerarios cromáticos. Por eso, ordena las canciones de Spotify en listas de colores. «Tengo una lista que es blanca, crema y plata donde hay canciones con solistas de piano; en la azul hay temas con guitarra; la electrónica la veo más oscura». También le ocurre al contrario, escucha los colores: «No es que se imprima un sonido en el cerebro, es como que lo veo y le doy una nota musical».

Vincent van Gogh dibujaba como si el color de los objetos y los sonidos contagiaran el espacio y abrieran estelas. En las obras de Van Gogh, uno siente que puede agarrar la luz, desprenderla como un algodón y acercársela a la boca. En 1885, el pintor recibió clases de piano. El profesor se percató de que atribuía un color a cada nota y de que eso lo sobrecogía; decidió expulsarlo, creía que estaba loco.

sinestesia
Foto: Wikicommons

Algunos expertos vinculan la sinestesia a una mejor memoria porque para un mismo contenido mental, el sinestésico dispone de más vías de acceso. El número de artistas que disfrutaban de esta distorsión cognitiva ha llevado a los neurólogos a preguntarse por su relación con la creatividad.

El doctor Lawrence E. Marks, como recoge Artsy.net, cree que hay una de las aristas de la creatividad que sí presenta una estimulación especial. Los sinestésicos destacan en el área de cognición creativa (una de las pruebas que la mide consiste en atribuir usos inusuales a un objeto de uso cotidiano). Es decir: son más hábiles trazando asociaciones tangenciales y originales.

Si uno no experimenta la alteración, resulta casi imposible comprenderla. ¿Cómo sucede?, ¿se ve el color directamente? Para ellos, también es difícil definirlo: al ser algo minoritario e ignorado durante siglos, no existe el material expresivo necesario como para describirlo con precisión.

'Composition VI', Kandinsky (1913)
‘Composition VI’, Kandinsky (1913)

La literatura ofrece un buen abrevadero para que quienes no disfrutan de ese empalme sináptico puedan comprender cómo chispea la percepción de los sinestésicos. «¿Por qué una negra noche/ se acumula en la boca?», escribió Pablo Neruda, uno de los mejores alquimistas de la sinestesia.

El autor de Residencia en la tierra escribía en tinta verde. Para él, ese color enlazaba mejor sus palabras que el azul o el negro, que siempre ha sido un color sin tímpano. Usaba un verde grueso, que casi se bebía el cuerpo de la hoja. Alguna conexión debía de existir entre su cosmovisión poética y el verde, porque Carla Sifer, al escuchar el nombre del chileno, responde como un resorte: «Es que Neruda es verde». Neruda verde y Dalí, «amarillo o dorado».

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Opiniones 4
  • Muy buen artículo para poder intentar explicar lo que se siente cuando uno es sinestesico. Siempre que intento explicarlo a alguien no lo acaban de entender y a mí tampoco me cabe en la cabeza como por ejemplo el dos no es azul claro o el tres rojo para todo el mundo 🙂
    Gracias por el artículo y por el vídeo!

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