29 de mayo 2015    /   ENTRETENIMIENTO
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No está bien tatuar a un amigo cuando no sabes hacerlo

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Hasta ahora el tatuador profesional, y aún más el amateur, tenía dos opciones si dudaba de su capacidad para un encargo. Una era hacerse con algún material con garantía de podredumbre y frecuentemente mal oliente como una piel de cerdo, de naranja o de calabaza. La otra, dejarse los muslos plagados de intentos fallidos de vete tú a saber qué cosa. Error imborrable.

Siempre quedaba esa tercera vía de atarse la manta a la cabeza y probar de primeras, así, a lo que salga. La decisión, obviamente, puede generar enemistades vitalicias. La revista brasileña Tattoo Art Magazine, en colaboración con la agencia Lew/Lara TBWA, dice tener una idea para ahorrar desperdicios, autoflagelaciones y disgustos. The Skin Book es un cuaderno en cuyas páginas uno puede ponerse en la piel del que lo pide.

«Fue un amigo de mi infancia que empezó haciendo tatuajes», se le compunge el rostro a una de las odiadoras del resultado final que la revista entrevistó para promover el producto. «Me quedé traumatizada, la verdad, porque todo el mundo hablaba de mi tatuaje», dice antes de tenerse que recoger la lágrima.

Otro de los entrevistados, como si estuviera hablando de un suceso con riesgo de muerte, comenta que lo suyo fue por irse con «uno de esos tatuadores que hacen tatuajes en la playa». Y un tercero, que un día decidió pintarse bien grande en el brazo la palabra paz envuelta por un árbol de largas raíces, ahora comenta que él pensaba que el tatuador sabía lo que hacía. «Pero se confundió y el tatuaje quedó boca abajo. Ahora parece un rábano», va asumiendo su desgracia.

«Lo que nosotros queremos es un mundo sin arrepentimientos», dice la empresa. Para lograr eso, en su Skin Book «todas las páginas están hechas de piel artificial y recrean diferentes partes del cuerpo humano».

Unos puños doblados, unas nalgas, unos pechos, muslos, espaldas… En cada página de este cuaderno de edición limitada, elaboradas con polímero, el experimentador de aguja puede encontrar toda la variedad de gamas físicas a las que se enfrentará el día que no haya vuelta de hoja.

«Yo solo había probado en un par de naranjas antes de hacer mi primer tatuaje a un amigo», confiesa uno de los tatuadores del vídeo. Piensa Tatoo Art Magazine, revista de referencia en asuntos de policromía corporal, que con este invento los profesionales ganan «una perfecta manera para practicar y crear portfolio». Para los tatuados la ganancia es aún mayor: «Tener un tatuaje debería ser siempre motivo de orgullo, nunca de arrepentimiento», argumentan el porqué de su edición epidérmica.

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Hasta ahora el tatuador profesional, y aún más el amateur, tenía dos opciones si dudaba de su capacidad para un encargo. Una era hacerse con algún material con garantía de podredumbre y frecuentemente mal oliente como una piel de cerdo, de naranja o de calabaza. La otra, dejarse los muslos plagados de intentos fallidos de vete tú a saber qué cosa. Error imborrable.

Siempre quedaba esa tercera vía de atarse la manta a la cabeza y probar de primeras, así, a lo que salga. La decisión, obviamente, puede generar enemistades vitalicias. La revista brasileña Tattoo Art Magazine, en colaboración con la agencia Lew/Lara TBWA, dice tener una idea para ahorrar desperdicios, autoflagelaciones y disgustos. The Skin Book es un cuaderno en cuyas páginas uno puede ponerse en la piel del que lo pide.

«Fue un amigo de mi infancia que empezó haciendo tatuajes», se le compunge el rostro a una de las odiadoras del resultado final que la revista entrevistó para promover el producto. «Me quedé traumatizada, la verdad, porque todo el mundo hablaba de mi tatuaje», dice antes de tenerse que recoger la lágrima.

Otro de los entrevistados, como si estuviera hablando de un suceso con riesgo de muerte, comenta que lo suyo fue por irse con «uno de esos tatuadores que hacen tatuajes en la playa». Y un tercero, que un día decidió pintarse bien grande en el brazo la palabra paz envuelta por un árbol de largas raíces, ahora comenta que él pensaba que el tatuador sabía lo que hacía. «Pero se confundió y el tatuaje quedó boca abajo. Ahora parece un rábano», va asumiendo su desgracia.

«Lo que nosotros queremos es un mundo sin arrepentimientos», dice la empresa. Para lograr eso, en su Skin Book «todas las páginas están hechas de piel artificial y recrean diferentes partes del cuerpo humano».

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«Yo solo había probado en un par de naranjas antes de hacer mi primer tatuaje a un amigo», confiesa uno de los tatuadores del vídeo. Piensa Tatoo Art Magazine, revista de referencia en asuntos de policromía corporal, que con este invento los profesionales ganan «una perfecta manera para practicar y crear portfolio». Para los tatuados la ganancia es aún mayor: «Tener un tatuaje debería ser siempre motivo de orgullo, nunca de arrepentimiento», argumentan el porqué de su edición epidérmica.

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